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12 de enero: Voy a buscarte, voy a encontrarte

Thursday, January 12th, 2017
La bella me esperaba frente a la puerta de mi casa.
Es mi raite.
Voy a buscarte, voy a encontrarte, voy a llevarte fuera del mundo, fuera del mundo. Tú y yo, nosotros dos. Ahora, así, aquí.
12 de enero de 2017: 50 años de que el azar, caprichoso, decidió que teníamos que encontrarnos. Dos números primos solitarios.
Lo hizo bien. Estábamos ahí probablemente porque, de origen, nuestros padres lo decidieron así. En mi caso es así; en el tuyo debió serlo puesto que tus dos hermanos mayores ya estudiaban en el Poli. Ahora que lo pienso hasta es probable que ellos conocieran y fueran amigos del medio  hermano que tramitó mi ficha para el examen de admisión a Voca 3, dado que eran vecinos cercanos en nuestra ciudad y estudiaban en la misma institución. Y si es así, desde el inicio estábamos condenados a nunca ser más de lo que fuimos en el camino que juntos recorrimos en esta vida; pero no sabían  lo que seriamos a pesar del tiempo, de la distancia o de la muerte.
Ellos no podían anticipar que desde el primer año, antes de conocernos, elegiríamos el mismo taller (Construcción). No podían anticipar que  elegiríamos el mismo grupo en nuestro segundo año en Voca 3; en mi caso, estoy casi segura de que el medio hermano apostó a que yo ni siquiera aprobaría los cursos del primer año y que me regresarían a Tepic ante el fracaso. Mucho menos podían imaginar que habríamos de viajar en asientos contiguos en las primeras vacaciones escolares y las que le siguieron, con 15 horas o más para conversar y conocernos en cada uno de esos viajes.
Yo estaba donde ninguno de ellos suponía que tenía que estar. Y te encontré y me encontraste. No pudieron imaginar que éramos justo lo que el otro necesitaba.
Mi raite me espera, y voy a buscarte. Te amo.

10 de septiembre: Collar de perlas

Thursday, September 10th, 2015

Hoy ha sido uno de esos días en los que, desde el despertar, el viento y la luz te traen de regreso. La canción que amanece en mi cabeza es Collar de perlas y la busco en YouTube tan pronto me siento a desayunar. El almuerzo se queda por un lado, y a esa canción siguen otras que simplemente hablan del sentimiento intenso. Un día de extrañarte.

Huyendo del olor de la fumigada mensual, salí a surtirme de lo que necesito para la siguiente semana. Mientras escuchaba la radio de la Universidad de Guanajuato (prácticamente fija en el aparato de mi carro) me pregunté de dónde conozco yo esas canciones y esos cantantes. La respuesta vino de manera instantánea: mi abuela, sin duda, que disfrutaba de las canciones tradicionales y de la música de banda de aquella época. Dos almas, por ejemplo, estoy segura de que ella la cantaba. Pero seguramente nada la conmovía tanto como Dios nunca muere. Yo, que nunca fui aficionada a esa música, recuerdo todas las letras y lloro con muchas de ellas, quién lo hubiera dicho.

Un pensamiento trajo otro: ¿en qué o en quién pensaba mi abuela cuando cantaba con tanto sentimiento? Sé, por lo que mi amá va contando cuando se acuerda de algo, que se quedó sola, con sus dos hijas, alrededor de los 40 años. Cuando yo nací ella tenía ya 57 años y vivía en nuestra casa, acompañando a mis padres en la familia que estaban creciendo. Mi tía Cuca, su hija mayor, tenía ya a mi prima Licho, que andaría por los 12 años. ¿Desde cuándo mi abuela fue una mujer cuyos únicos afectos eran los de la familia?

En mi memoria no aparecen otras amistades que las vecinas y parientes. La recuerdo cosiendo, bordando, tejiendo, cuidando de sus plantas y de sus pájaros, cocinando antojos para el chiquillerío, contándonos historias -particularmente en los días de lluvia-, haciendo los tamales para mis cumpleaños y los festejos familiares, iniciando el baile en las navidades y fines de año (su cumpleaños también), y cantando. No la recuerdo llorando ni lamentándose. A veces muy callada, pero nada más. Sin embargo, en ocasiones debe haber necesitado algo más que las travesuras de sus nietos o de hacerse cargo de los bisnietos, cuando comenzaron a llegar.

Viviendo yo en la Ciudad de México iba de paseo, acompañada por alguno de sus hermanos (probablemente mi tío Luciano), para que juntos fuéramos a comprar textiles a Santa Ana, Tlaxcala. Otros viajes eran al rancho de su hermana Margarita, en plena sierra nayarita, alejados de la “civilización” y durante los dos meses de las vacaciones; por supuesto que cargaba con todos nosotros. Y en la ciudad visitábamos (el privilegio de acompañarla) a los otros Aldaco, sus hermanos y sobrinos. Era feliz, ciertamente.  Tal vez la familia le bastaba.

Aunque aprendí mucho de ella, no tengo ni su templanza ni su serenidad. Es el carácter, por supuesto, pero también la diferencia de épocas, de oportunidades, de estilos de vida. En todo caso, me hizo falta una buena conversación con ella, sobre ella, que posteriormente me ayudara a entender todo lo que todavía no entiendo.

Te extraño, abuela, y me haces falta.

P.D. Mi día cierra con la última canción del playlist: Solamente una vez. Y vuelvo a ti, a esperar que aparezcas en mi sueño.

22 de marzo: tu presencia que me inunda

Monday, March 23rd, 2015
Salgo de Guadalajara recuperando los gratísimos momentos que tuve en compañía de mi hijo; las conversaciones, los libros compartidos, los acuerdos.
En medio de esos pensamientos te deslizas muy cerca de mí, tocándome con un beso que semeja el roce de un pétalo. Mi piel se eriza al sentirte, algo dulce y cálido se deshace dentro de mí y me inunda; te sonrío mientras las lágrima escapan, igual que ahora que lo escribo. Pasa de la media noche y no logro dejar de pensarte.
Un rato de ponernos de acuerdo. ¿Por qué en el autobús, cuando vengo de regreso a esas horas, en la oscuridad de un espacio apenas iluminado por algunas pantallas digitales? No es la primera vez. Cierto. Esos viajes en Omnibus de México rumbo a Tepic,  que duraban toda una noche, fueron los momentos de mayor intimidad que tuvimos. Así supimos quienes éramos y qué nos identificaba, estableciendo, sin percatarnos, ese lazo que tan firmemente nos mantiene unidos.
Sonrío sin que los ojos dejen de gotear mientras permaneces a mi vera, juntos en un asiento que se supone individual. Pero me quedé dormida por un momento y cuando desperté ya no estabas.
¿Dirás de nuevo que me dormí sobre tu hombro?

1 de febrero: La bendición que es Pako

Sunday, February 1st, 2015

Sé que la mayoría de las madres, si no es que todas, creemos que nuestros hijos son lo máximo; y sé que todos los que nos ven y nos escuchan se quedan con las ganas de decirnos que somos madre cuervo y que no todo es miel sobre hojuelas. Y algunos hasta quisieran salpicarnos con algunos cuentecillos para que le bajemos al elogio.

A Pako lo conozco casi mejor que a mí misma, y hasta puedo anticipar muchas de sus respuestas y reacciones. Conozco sus debilidades y la mayor parte de sus defectos; muchos de ellos son copia de los míos y cuando me he reconocido, al renegar de alguno de los que observo, no puedo menos que aceptar que lo ha heredado y lo ha aprendido. Dulce (aka La Morra) dijo que platicar con ambos es como platicar conmigo dos veces.

Por supuesto que no es mi copia, sino un refinamiento interesante. Mucho más generoso que yo, recuperando características de mi madre; mucho más capaz para aprender y desarrollar habilidades, recuperando las de mi padre. También es más terco, más radical, menos consecuente con la estupidez, y más paciente, tolerante y atento con los que ama de alguna manera. La amistad es lo que más valora, y la formalidad y las apariencias lo que menos le importa. Su sueño: tener dinero suficiente para impulsar una regeneración de la cultura nacional a través de la música y el arte.

Tenerlo en casa es la celebración. Puede ser en la temporada de fiestas, como Navidad o Semana Santa, o cuando decide tomarse el tiempo para compartir conmigo -como ahora, previo a su viaje a la India. Celebrar, para nosotros, es compartir alimentos, videos, películas, lecturas, caminatas y, sobre todo, conversar. Hacer planes a corto y a largo plazo, y llevarlos luego a la práctica, aunque algunos no se realizan porque las circunstancias cambian.

Y no, no estamos juntos todo el día porque cada uno necesita su espacio, desde siempre, y no interferimos. Ahora yo estoy tranquilamente en mi cama, leyendo, escribiendo y checando los avances del partido de tiempo en tiempo; Pako se fue con sus amigos después del café de la sobremesa.

Si todo va como se espera, estará una semana en India y regresará para organizar su estancia allá por dos años, al menos. Ayer conversábamos sobre lo que puede interesarles, además de sus habilidades y la experiencia en su trabajo. Primeramente, creo yo, la disponibilidad y facilidad para moverse de un lugar a otro, sin ataduras ni cargas; luego, el que no tenemos costumbres ni tradiciones que nos hagan viajar para regresar a casa en fechas críticas, ajenas a las costumbres de aquel país; también, la voluntad para aprender de otras culturas y disfrutar las diferencias. No es poca cosa haber aprendido a lidiar con una madre terca y exigente. Y no es poca cosa saber que en ninguna circunstancia lo presionaría de manera alguna para hacerlo regresar a cuidarme o atenderme. Así fue en mi casa y así es con él.

Al inicio del año habíamos planeado que lo acompañaría a San Francisco, en un viaje de trabajo para él, para celebrar allá mi cumple. El plan cambia, por supuesto, en términos de sus nuevas perspectivas y de mis nuevas actividades. Ahora el plan es ir al D.F., visitar algunas exposiciones, ir a comer al Mercado Roma y regresar a León. Será cuando vuelva de su viaje y suponiendo que sí se vaya a trabajar a aquella parte del mundo.

Pero lo seguro es la compañía y el disfrute de estos días. Y a eso me dedicaré, sin dudarlo. El tesoro que son estos momentos es mi mejor regalo.

3 de mayo: aquí me recargué en el farol para esperar

Friday, May 3rd, 2013

Dormí bien, por fin. Di clase y me tocó la misa de viernes primero, que tiene lugar durante mi segunda hora de clase. Y luego me fui a recoger las plantas de lavanda que Betty me hizo favor de venderme para ahuyentar a las hormigas que se comen mi árbol de limón. Era atravesar la ciudad completita en una ruta que nunca había recorrido y con la confianza de que mi brújula interna me guiaría; por extraño que resulte, funcionó. En el camino a casa una llanta se ponchó. Cuando llegué eran pasadas las 11 y tenía un mensaje de mi madre sobre un viaje rápido que hará a Tijuana este domingo para renovar su permiso de internación y regresar a Buena Park. Problema: no tiene idea de los detalles del viaje y a mí me causa preocupación.

De esas cosas en que la gente no imagina las mil peripecias y eventualidades que pueden surgir y de las cuales uno ha sido testigo o víctima. ¿A lo mejor algunas las he leído o he visto en algunas películas?   Pero no quiero que a mi amá le ocurra alguna eventualidad en la frontera y se encuentre sola y sin apoyo (y por supuesto que recuerdo el viajecito de hace exactamente tres años). Claro que le pido que se informe de los detalles del viaje con la persona que la llevará (porque la persona va a consulta médica y no estará con ella todo el tiempo): ¿en qué garita la dejará para hacer el trámite? ¿La esperará ahí o la dejará y se irá a su cita médica? Y si la deja ¿dónde y a qué hora la recogerá para regresar a Buena Park? Y si hubiera un problema con el trámite, ¿qué camino tomaría?

Lo comenté con mi hermano Manuel y vio los mismos problemas.  Ni siquiera se puede hacer un plan de apoyo con algún alumno o amigo en Tijuana si no tenemos información (y siendo viernes por la tarde y en fin de semestre). Después de nueve horas seguimos en las mismas.

Mientras, hice el té de hojas de lavanda y lo esparcí por todos los lugares donde las hormigas andan, y en el rodete del árbol. Ciertamente, parece que es un aroma que les disgusta. Pero no ceden, así que repetí la dosis y me aseguré de que todos los rincones de la cocina quedaran impregnados. Veremos mañana.

Entre eso, ir al súper, cocinar un poquito y estar checando el Skype y el Facebook en busca de alguna respuesta, se me fue el día. Nadie contesta. Definitivamente, cada uno tenemos nuestra propia agenda y lo demás no importa. Como con las hormigas: veremos mañana.