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25 de septiembre: Modiano y mi barrio

Friday, September 25th, 2015

(Mi tarde de ayer)

Estoy harta, dije. De todo. Entonces intento desconectarme de lo de siempre. Primero busco algo que me distraiga: episodios viejos de The Big Bang Theory. Al terminar no encuentro alguna otra cosa que me haga sentir tranquila o que me entretenga. Estoy entre de mal humor y ansiosa.

De repente esas ganas de deshacerme de todo y de irme a vivir a otra parte. Algunas veces he dicho que a una playa, pero en realidad no sé a dónde iría; solamente me retiraría de todo y daría por terminadas muchas cosas.

Entonces tomo la novela de Modiano, Para que no te pierdas en el barrio, que compré en la venta nocturna de la librería del Fondo de Cultura. Trato de meterme en la lectura. Tocan a la puerta y el timbre, simultáneamente, con insistencia (mientras en la novela suena insistentemente el teléfono de Jean Daragane). Preferiría no tener que ver qué quieren, pero siguen tocando como si hubiera una emergencia. Me asomo por la ventana de la recámara de Pako: la niña del médico zapatero  y el vecino de la bicicleta me dicen que a las 8 PM habrá oración en la casa de al lado (he visto una manta que cubre la ventana del vecino de la moto, pero invitaban a orar en la parroquia de Bugambilias, no aquí al lado). Estoy enferma y no puedo bajar, les digo, y se van deseándome alivio.

Vuelvo a la lectura: pareciera que hay un pleito de perros, aunque cada perro del vecindario está detrás de su respectiva reja, en su casa. Pero el concierto es desesperante.

Logro un poco de concentración pero tengo que levantarme a cerrar todas las ventanas para reducir al máximo la música de zumba de la vecina.

Un poco de calma y avanzó unas cuantas páginas. Ahora es el elotero, seguido del de los tamales. Cada uno tiene su propio altavoz.

No sé cuando se volvió tan ruidoso este barrio.

Finalmente la calma es suficiente para que me ponga a leer. La lectura de Modiano me recuerda lo que escribía sobre las canciones que puedo cantar completas sin que las haya aprendido conscientemente, que describí hace unos días, y muchas otras cosas que han estado ocurriéndome en mis paseos por mis barrios. Es casi media noche cuando termino de leer.

Sorprendente la memoria con todas sus trampas.

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26 de enero: American Hustle y los recuerdos que trajo

Sunday, January 26th, 2014

Ayer fui a ver American Hustle.  Hacía mucho que no iba sola al cine, y extrañé la ceremonia de compartir las palomitas con Pako. Él piensa, por alguna razón, que yo como muchas palomitas. Entonces compra el paquete más grande y pide un recipiente para vaciar en él su porción… que luego rellena varias veces :). Y la verdad es que, para mí sola, incluso el tamaño más pequeño es un desperdicio; lo mismo pasa con la bebida. Y todo es extraordinariamente caro.

Una ventaja de Cinépolis es el poder seleccionar el asiento.  Sin embargo, a pesar de ser sábado, no había más de unas cincuenta personas en la sala, al iniciar la proyección. Y no había niños, lo cual agradezco, generalmente, sobre todo cuando la película es para mayores de 13 años. Recuerdo una ida al cine en Buena Park, con mi mamá y mis hermanas. Fuimos a ver The Black Dahlia, definitivamente para adultos. Sin embargo a mi lado estaba una familia con una chiquita de unos cuatro o cinco años que se tapaba los ojos, escondía la cara entre las manos, prácticamente enroscada en la silla y sumamente incómoda con las escenas y los diálogos. Aparentemente los padres no se percataron del hecho, ni de lo inadecuado de la película para la chiquita.

La película me gustó y me mantuvo entretenida. La música incorpora algunas de mis canciones favoritas, y si la hubiera visto en casa me hubiera puesto a cantar (al cabo que nadie me escucha). El vestuario, la ambientación. Claro, el haber vivido esa época contribuye a esa apreciación. Fines de los 70’s y principio de los 80’s. Una época llena de momentos trascendentes en mi vida.

El 31 de diciembre  de 1969 cerraba una puerta, convencida de que no era el momento. No sabía entonces que no habría otro momento. Por eso me hace tanto sentido el poema de Ángel Buesa, aunque parezca cursi

Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que, aunque el amor nos une, nos separa la vida.

Me dediqué a mis estudios, básicamente. Con los amigos que hice en 68 iba a fiestas, al cine, a Chapultepec, a llevar serenatas a sus madres, etc. Hasta un viaje a Puerto Escondido había hecho con ellos y Feliciano Sánchez Sinecio y su esposa, para observar el eclipse total de sol, en marzo del 70. Eran como mis hermanitos. En la Semana Santa de 1972 vinieron a mi casa, en Tepic, a pasar las vacaciones. Se graduaron ese año.

En septiembre de 1972 comencé a trabajar como docente, y me puse de novia del papá de Pako, nomás para tener con quien ir a las fiestas y que nadie me sacara a bailar (detesto que me saquen a bailar).

En 1973 terminé la carrera, y al comenzar 1974 me inscribí a la Maestría en Planeación Urbana, en la ESIA del Poli. Me di de baja porque no significaba reto alguno y aproveché que se abrió Matemática Educativa, en el CINVESTAV, para inscribirme como alumna de tiempo completo pero sin dejar de trabajar. El CONACYT me dio beca para todo el programa. Era la primera generación y la planta de profesores era de primera: Rivaud, Imaz, y Filloy, acompañados de Papini, Arreguín, Antoniano y Riestra. Me incorporaron como ayudante de investigación, sin salario, y comencé a escribir lecciones para Matemáticas 100 horas y a ponerlas a prueba, al tiempo que trabajábamos con profesores de Neza para conocer el impacto de los materiales. Así conocí también la realidad educativa en la Sierra de Guerrero.

En 1976 me casé, porque no encontré argumentos que parecieran lógicos para no hacerlo. Mi familia no estaba tan entusiasmada con  la boda. Mi padre me autorizó a vivir en pareja sin casarme, y  mi hermano Manuel dejó de hablarme desde que me puse de novia. Mis amistades, en cambio, no encontraban más que ventajas: estudiaron la misma carrera, les va bien, ya tienen cuatro años de novios, etc. Decidí que solamente me casaba por el civil. Lo bueno de todo eso es que tengo a Pako.

Entre 1977 y 1978 hice mi tesis de maestría, dirigida por Papini. Y en 1978 el papá de Pako y yo nos fuimos a estudiar el doctorado, a Paris. No alcancé a presentar la tesis antes del viaje. CONACYT me becó por tres años y el Gobierno Francés también me otorgó beca.

En mi cumpleaños número 29 concebí a Pako, quien nació en noviembre de ese año, como si hubiera estado contando los días precisos para nacer.

1980 fue el año de aprender a ser madre de tiempo completo, lo cual resultó muy disfrutable. Solamente iba a la universidad los miércoles, al Seminario de Didáctica, y lo demás podía hacerlo en casa.  Para finales de ese año mi proyecto de tesis estaba suficientemente estructurado, y aprobado para ser desarrollado en México. En diciembre regresamos a México. CONACYT siguió depositando puntualmente las mensualidades de la beca, hasta 1981. Un buen fondo para el regreso.

Comencé a ir a Matemática Educativa, hacia abril o mayo de 1981, por dos razones: tenía que presentar la tesis de maestría, lo cual hice en el mes de junio de ese año, y necesitaba tener con quién rebotar lo que iba saliendo de mi trabajo de tesis del doctorado. Nadie mejor que Papini y Shirley Bromberg para esos efectos. Un día me dijeron que pasara por mi cheque. Para mi sorpresa, me habían contratado sin siquiera preguntarme. Una alta clasificación, como si ya estuviera doctorada.

Eso implicó ponerme a trabajar de tiempo completo mientras recopilaba la información para mi tesis en los bachilleratos públicos de la Ciudad de México. Mucho trabajo y muy ricas experiencias. A fines de enero de 1985 viajé de regreso a París, para discutir la última versión de mi trabajo con mi querido André Revuz. Pako se fue conmigo, obviamente, y logré que lo aceptaran, a la mitad del curso, en una escuela de Saint Germain. Para mi sorpresa, a mediados de marzo Revuz me anunció que mi tesis ya estaba aprobada por la Rectoría y que se había enviado un informe sobre ella (que de contrabando me dio a conocer la secretaria, por lo elogioso del documento), había que imprimirla, reproducirla, empastarla y completar la serie de trámites administrativos de rigor, y uno se encarga de hacer todo eso.  En junio de ese año presenté la tesis con unas maravillosas apreciaciones de parte del jurado y del mismo Revuz, e inmediatamente regresamos a México para retomar la chamba.

La película me hizo recordar todos estos momentos. El personaje caracterizado por Bradley Cooper (el estilo, el aspecto, el caracter) me recordó al papá de Pako. 😦

Colofón: en julio de 1991 renuncié al CINVESTAV, directamente ante Feliciano Sánchez Sinecio, entonces Director General de la institución. Dejé el D.F. Cargué con mi hijo y comencé una vida distinta.