Archive for the ‘Luna’ Tag

12 de enero: Voy a buscarte, voy a encontrarte

Thursday, January 12th, 2017
La bella me esperaba frente a la puerta de mi casa.
Es mi raite.
Voy a buscarte, voy a encontrarte, voy a llevarte fuera del mundo, fuera del mundo. Tú y yo, nosotros dos. Ahora, así, aquí.
12 de enero de 2017: 50 años de que el azar, caprichoso, decidió que teníamos que encontrarnos. Dos números primos solitarios.
Lo hizo bien. Estábamos ahí probablemente porque, de origen, nuestros padres lo decidieron así. En mi caso es así; en el tuyo debió serlo puesto que tus dos hermanos mayores ya estudiaban en el Poli. Ahora que lo pienso hasta es probable que ellos conocieran y fueran amigos del medio  hermano que tramitó mi ficha para el examen de admisión a Voca 3, dado que eran vecinos cercanos en nuestra ciudad y estudiaban en la misma institución. Y si es así, desde el inicio estábamos condenados a nunca ser más de lo que fuimos en el camino que juntos recorrimos en esta vida; pero no sabían  lo que seriamos a pesar del tiempo, de la distancia o de la muerte.
Ellos no podían anticipar que desde el primer año, antes de conocernos, elegiríamos el mismo taller (Construcción). No podían anticipar que  elegiríamos el mismo grupo en nuestro segundo año en Voca 3; en mi caso, estoy casi segura de que el medio hermano apostó a que yo ni siquiera aprobaría los cursos del primer año y que me regresarían a Tepic ante el fracaso. Mucho menos podían imaginar que habríamos de viajar en asientos contiguos en las primeras vacaciones escolares y las que le siguieron, con 15 horas o más para conversar y conocernos en cada uno de esos viajes.
Yo estaba donde ninguno de ellos suponía que tenía que estar. Y te encontré y me encontraste. No pudieron imaginar que éramos justo lo que el otro necesitaba.
Mi raite me espera, y voy a buscarte. Te amo.

25 de diciembre: y fue Navidad

Friday, December 25th, 2015

No es la primera vez que nos encontramos en lugares distantes en estas celebraciones. Cierto, en los últimos seis o siete años estuvimos juntos, ya fuera en algún lado de las Californias o aquí, en casa. Esta vez tenemos una diferencia de 15 horas, lo cual no impide que compartamos gracias a las maravillas de la tecnología. Hasta me hizo llegar un regalo que fue entregado al medio día del 24, con los servicios de Amazon y FedEx: una máquina de hacer palomitas con aire caliente, misma que estrené por la tarde preparándome para una tarde de películas que terminó con un maratón de The Big Bang Theory.

Mientras subía a Instagram un videito mostrando el regalo y la nota de Pako al ritmo de “Crazy Little Thing Called Love” (escuchaba Queen desde antes de que llegara el paquete) uno de mis amiguitos alados entró a la casa y quedó suspendido frente a mí por unos instantes, luego intentó libar de la nochebuena antes de salir volando rumbo al parque. Me emocionó y me hizo feliz.

Al medio día vino Angélica a comer y conversar. Me trajo galletas, mermelada y chongos, todo hecho por ella misma. Conversamos más de lo que comimos y compartimos nuestras historias. Lloré, lo cual no es una sorpresa.

Las palomitas, “Les quatre cents coups”, “The Big Bang Theory” y la luna llena. Tomé varías fotos de la bella en una noche muy clara en la que las estrellas eran perfectamente visibles. El barrio estaba en absoluta calma, y así permaneció hasta alrededor de las once de la noche en que comenzaron a tronar cuetes.


Le pedí a la luna dos cosas antes de irme a dormir.  La primera es la petición que hago, y por la que trabajo, todas las noches desde hace un poco más de 36 años: el bienestar de mi hijo, en todos los sentidos. La otra es también permanente: soñar y conversar mientras sueño. A veces lo logro y es maravilloso. Pero me queda claro que hay saltos que todavía no puedo dar, por la razón que sea. Miedos, tal vez.

Me dormí casi cuando comenzaron a tronar los cuetes, provista de tapones para los oídos. Durante el sueño hubo tres momentos en los que deliberadamente decidí permanecer pegada a mi cuerpo físico. Cada momento estuvo precedido de un ligero desprendimiento del que era absolutamente consciente, y entonces decidía “reintegrarme”. Todo quedó grabado en mi memoria.

Hacia las cinco de la mañana me despertó un olor a quemado que no podía identificar. Me levanté e inspeccioné la casa para descartar cualquier riesgo. Era la atmósfera de la ciudad, cargada de los residuos producidos por la quema de cuetes y cualquier otra cosa que  la gente utilice para “celebrar” las fiestas.  Traté de dormir otro rato, pero el olor y los residuos terminaron por lastimar mi garganta y afectar mi nariz. El olor persiste.

El día transcurrió entre felicitaciones a través de las redes, fotos compartidas con mi hijo, comer cada que tenía hambre, preparar la masa para las galletas que me compartió mi amá y, por fin, podar y limpiar mis plantas. La casa está ahora relativamente en orden. Y las galletas será lo primero que haga mañana por la mañana. Pero la batería se me agotó y planeo dormirme temprano, después de conversar un poquito con mi hijo pata de perro.

Ha sido bueno y, en lo general, estoy contenta.

 

8 de marzo: Sueño y sueños

Sunday, March 8th, 2015

Desperté y tenía mucho sueño. 

La noche anterior me había dormido temprano, antes de las 11 P.M., cansada del ajetreo. Habían sido doce horas entre trabajo y caminatas, subiendo y bajando escalones, cargando mi backpak y mi bolsa/portafolios. El único espacio libre totalmente había sido el de la comida, sin apresuramientos y sentados cómodamente, recuperando algunos de los detalles de la sesión de trabajo.  

Al terminar los pendientes, al filo de las 8:30 P.M., caminé hasta mi hotel envuelta en la luz de la luna llena, asomada entre los nubarrones que habían hecho presentir una lluvia que nunca llegó, y acompañada por el aullar de un viento que con violencia había enfriado una tarde amable; solamente paré para cenar unos tacos. 

La habitación invitaba al descanso y me quedé dormida tan pronto apagué las luces, pero desperté a las 2:50 A.M. en el silencio absoluto; vi la hora en el celular que me sirve de reloj. El espacio estaba tan iluminado como si hubiese encendido la lampara del buró; supuse que mi fantasma había decidido acudir para velar mi sueño, viajando en alguno de los rayos de luna, y me volví a dormir. Desperté a las 6:30, lista para organizarme y regresar para ir a trabajar.

Pero desperté con sueño. El café del Starbucks, el único lugar abierto aparte de los OXXO, apenas me ayudó a llegar a clase. Ya en casa, medio organicé las cosas que traía cargando y me  dispuse a dormir de nuevo. Aunque generalmente no puedo dormir de día, en esta ocasión ni el sol entrando a través de la persiana ni los ruidos del vecindario lo impidieron.

Me estiré, el brazo izquierdo sobre el derecho, y sentí que alguien  tomaba mi mano. Me incorporé molesta al ver al visitante sentado tranquilamente al borde de mi cama, como si ese lugar le perteneciera. ¿Qué estás haciendo aquí? Pregunté casi en un grito. “Decidí que valdría la pena volver”, dijo el visitante. ¿Decidí? ¿Y a quién le importa lo que tú decidas? ¡Vete! Esta vez sí fue un grito. 

Mientras se ponía de pie observé que estaba menos acabado de lo que yo hubiera esperado, pero me irritaba sobremanera su presencia y ese jodido pensamiento de creer que si lo decide, es un hecho. Ni al caso. Todavía trató de “hacerme entender” que valdría la pena reintentar vivir juntos. ¡Vete ya! ¡No quiero verte cerca de ninguna manera! dije mientras abría la puerta para que saliera. Ni siquiera se me ocurrió preguntarle cómo había entrado a mi casa, a mi recámara. 

Entonces escuché el grito del que vende agua, y los toquidos en todas las puertas. Miré el reloj del celular: eran las 2:50 P.M. y había dormido por poco más de una hora. 

No todos los fantasmas son bienvenidos.

17 de abril: un día de visitas inesperadas

Thursday, April 17th, 2014

Han sido días de maravillas y encuentros felices. De mensajes concatenados, de experiencias bellas.

Comenzaron el día en que conversé con Eduardo, a través de mensajes de Facebook  en que me compartió un poema sometido a concurso, y durante esa conversación me sugirió escribir ya para publicar posteriormente en formato de libro. Lo mismo que me había sugerido Teresita Dovalpage y a lo que todavía no me decido totalmente aunque muchas cosas vuelan en mi cabeza desde hace rato.

La conversación llevó a compartir algunas de las experiencias sobre las que mi querido profesor Revuz decía que yo no podía creer porque soy muy cartesiana. Así que supongo que debo ser polar. O bipolar. En aquella ocasión solamente le dije que yo no creía nada, que simplemente llevaba un registro y que, ciertamente, no podía encontrar razones ni las estaba buscando. Hay cosas que ocurren sin que podamos explicar su origen. Hay muchas experiencias que se remontan a mi adolescencia y que me alejaron de todo lo que sea cartomancia y ocultismo. Hay cosas que no quiero saber, simplemente. Pero el traer todo a mi cabeza me provocó una especie de convulsión, con el pulso acelerado locamente, de la que tardé en recuperarme.

Luego vino el eclipse de Luna, compartido por un grupo de entusiastas lunáticos, incluida mi madre, que estuvimos despiertos hasta que la sombra de la Tierra cubrió completamente a la Luna y ésta se tornó rojiza. En ese momento uno de mis contactos en Fb nos hizo saber que la estrella brillante al lado de la roja Luna era Spica, de la constelación de Virgo. Y entonces supe que hay una trayectoria reconocida que va de Spica a Arturo (o Arcturus), en Alpha Centauri (Arturo es la  la estrella más brillante del hemisferio celeste  norte)“Arc to Arcturus, then spike to Spica”.  Mi sobrina Mónica posteó en ese momento el mensaje que ahora es mi foto de perfil. Me fui a dormir contenta con la experiencia, aunque no pude dormir (lo cual ocurre cada vez que me desvelo).

Ayer fue una tarde mágica. Decidí ir al Metropolitano a retomar mis caminatas, olvidadas por cinco semanas. Hasta creí que no aguantaría los 5 km de ejercicio más los 2 km de caminar relajadamente para llegar al punto de partida. Pero no tuve ningún problema y, a cambio, tuve maravillosas vistas de la presa

IMG_0742
y de los paseos bordeados por jacarandas en flor

Para sentarme a pensar, llorar, relajarme

Para sentarme a pensar, llorar, relajarme

 Mis 5 km terminan justamente en el arbusto de las flores azules 🙂

Mis flores azules

Mis flores azules

A partir de ahí se trata solamente de caminar relajadamente 2 km, hasta el estacionamiento donde dejo mi carro. Por la hora (cerca de las 8 P.M.) pude observar esta maravillosa vista:

cerrando el día

cerrando el día

 

Hoy he tenido un día lleno de visitas y amistades. Amistades con quienes converso a través de Fb u otras redes. Amistades ccon quienes tengo ya programado tomarme un café, mañana. Y mi hijo, que llegó de sorpresa y de carrera, camino de San Miguel de Allende, y que estará de regreso el sábado para permanecer hasta el domingo. Simultáneamente vino de visita el colibrí, que ya sabemos que viene a decirnos que los que ya cruzaron están bien.  Pako me traerá el bebedero, de San Miguel. Luego vino un petirrojo a pararse frente a mi ventana por unos momentos.

Mi tarde ha terminado viendo el episodio 4 de la segunda temporada de Da Vinci’s Demons.

Todo está bien, todo está en orden. Y yo me siento feliz.