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17 de septiembre 2016: La zarzamora

Saturday, September 17th, 2016
No me recuerdo llorando
Ni siquiera cuando me llevaron para vivir, sola, en Ciudad de México;
ni siquiera después de la masacre de Tlatelolco:
entonces quedé aturdida, dolida,
incapaz de comprender el tamaño y la fuerza del odio.
Tampoco lloré al dar por terminada la más bella relación;
esperaba que fueras feliz,
sin conflictos con tu familia,
pero esperaba también verte cada día, aunque fuera a lo lejos;
que tu mirada y la mía se quedaran enganchadas
aunque fuera un instante;
No lloré nunca … hasta que me rompieron el corazón con tu muerte.
Con la noticia de tu muerte.
Entonces sí lloré, mucho, y me quedé muda para cualquier cosa;
muda excepto para permitirme funcionar en cada uno de mis roles.
Fui aceptando que era irremediable,
pero nunca me resigné.
Después de que me dieran la noticia regresé sobre mis pasos a la Alameda;
no podía ser cierto, tenían que estar mintiendo, pensaba.
Se acercaron dos evangelizadores a hablarme de Dios y exploté:
era y es injusta y estúpida la circunstancia de tu muerte.
Blasfemé, dirían los creyentes, y lloré en medio de la Alameda.
Mi hijo me preguntó la causa de mi llanto,
ni siquiera recuerdo la respuesta que le di
pero no volví a llorar en público.
Mi fuente de alegría ha sido Pako, y más desde entonces.
A partir de ahí me volví llorona, estoy segura,
aunque durante mucho tiempo lo controlé:
ocupándome más, sintiendo menos.
Gradualmente fui largando lo que me impedía manifestar mi sentir.
Ayer hice conciencia de esto;
hablar con mi tía Lola destrabó mi memoria;
la luna llena de septiembre hizo el resto.
Aprender a reconocer mi sentimiento llevó mucho tiempo,
aunque el mundo -mi mundo- supiera mi sentir
a través de mi explícita obsesión, desde el inicio de esos tiempos.
Para mostrar mi sentimiento he recorrido un muy largo camino,

el hacer conciencia de mis trabas es parte de lo que hago apenas ahora.

Tal vez mi madre o mi prima Licho -las únicas personas vivas que acompañaron mi crecimiento desde el día en que nací- recuerden mejor mi naturaleza “desprovista” de la parte emocional; por mi parte recuerdo a una de mis hermanas diciéndome que yo no tenía sentimientos y a alguna compañera que pensaba que la ausencia de manifestaciones afectuosas comunes, entre nosotros dos (iguales en muchos aspectos), era síntoma de falta de interés.

Postdata: Hace un par de noches, ante la recurrente palabra “soledad” escuchada en varias canciones y comentarios, llegué a la conslusión de que lo que más me duele es saber (porque así me lo contaron) que estabas solo en el momento en que ocurrió. Nadie cerca de ti para escucharte, para interponerse, para sostenerte. Eso es lo más terrible. (23 de octubre 2016)

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17 de febrero: Al corte

Wednesday, February 17th, 2016

Dice Wolfram Alpha que hasta este momento llevo:

65 años, 11 meses y 27 días = 3443 semanas y 4 días = 240105 días. En breve: 66 años.

Mucho tiempo en el que ha habido de todo. Lo mejor: las amistades y los afectos de todo tipo. El amor ha estado presente en todas sus manifestaciones (más o menos) y solamente un dolor inmenso, involuntariamente causado e impensable, me ha quedado. Por lo demás, no puedo quejarme.

Decidí comenzar a celebrar hace una semana, viajando a mi tierra, visitando a la única amiga que tengo en Tepic, la que tan cuidadosamente evita que los recuerdos me lastimen –como si fuera posible. La que comienza como a desvariar, hasta que caigo en cuenta que eso solamente ocurre si yo toco el tema, aunque sea de rozón. Por lo demás es capaz de acordarse, mejor que yo, de anécdotas de la escuela, de mi familia, de la academia de mi padre, etc. y mantener una conversación de dos horas con total coherencia.  Platicamos de mis paseos y caminatas, desestructurados y sin rumbo, y confiesa que ella no podría viajar conmigo. Necesita certezas y mantener sus costumbres; para que luego uno crea que todos los Acuario somos igualmente vagos. LOL

Platicando sobre su casa, muy deteriorada pero muy bien ubicada, le pregunté si no le convendría venderla para cambiarse a algo más cómodo y a la medida de sus necesidades. “No”, respondió. La casa ya está asignada a alguien para cuando ella falte, y mudarse equivaldría a dejar todo lo que conoce. Al despedirnos, después de partir la rosca de su cumpleaños, me pidió que la siga visitando cada vez que vaya a Tepic y me acompañó para hacerme dar la vuelta por el parque Juan Escutia impidiendo que pasara frente a la casa que él construyó y en la que lo asesinaron, “al cabo puedes bajar por la Zapata” me dijo. Tuvo razón, seguramente; si el recuerdo duele desde acá, caminar por su acera hubiera sido terrible.

Pero parte de la ida a Tepic es ir al mismo lugar de tantos encuentros que el azar dispuso, en la Alameda. Ahora está en remodelación total, aunque están respetando los árboles y las plantas. Desde la banca de siempre le escribí, como lo hago desde hace años. No podía quedarme mucho tiempo pues en el sitio solamente había albañiles, y casi lo escuché diciéndome que buscara un espacio más seguro. “Te espero siempre, en cualquier lugar y a cualquier hora, como siempre”, escribí para despedirme. Caminé hasta el café Chilindrón y escogí el rincón menos visible: una mesita para una persona, entre una columna y una maceta, apenas una rendija dando a la calle. Hasta esa rendija llegaron dos trovadores a cantar “Cien años” (llevo ya 49) y “Sabor a mí”. Forever.

Ir a Tepic también es visitar a mi hermano Saúl y a mi cuñada Cata (siempre trabajando), pasear por el centro, comer antojos que solamente ahí encuentro y, esta vez, cumplir la fantasía de conocer y alojarme en el “Hotel Sierra de Álica”, que es un año más joven que yo. Ese y el “Bola de Oro” eran los hoteles reconocidos en Tepic, en la ciudad que yo conocí antes de ir a vivir a la Ciudad de México. Pude también entrar, por primera vez desde 1968, a la escuela Amado Nervo, en la que estudié la primaria; no ha cambiado en lo absoluto, y seguramente el esqueleto  aquel sigue estando en los baños del colegio. Esta vez también pude convivir con mi primo Alonso, con quien raramente había conversado en el pasado, y hasta me tocó cenar con Arturo Gutiérrez que iba de paso, trabajando para Flexi, y coincidió conmigo.

De Tepic a Amatlán, donde no hay prisas, donde uno puede ir al mercado cuatro veces en menos de media hora y donde mi hermano Manuel y mi cuñada Alicia me atienden muy bien también. ¡Esta vez hasta me dejaron cocinar!

De entonces para acá han sido días de una sensación de dejarme ir, de absoluta debilidad, de querer dormir y no saber más. Hasta que el hijo me marca para saludarme, mandarme los avances del diseño estadístico y financiero del juego que está produciendo, las consultas sobre el caso del empleado de News Republic y la necesidad de contactar al contador. En esos momentos me siento muy activa. Luego regreso a la melancolía, la punzada, y algunos signos fuera de mí que me llevan nuevamente a mi estado de languidez.

Pako me felicitó hace unas horas, cuando la mañana del 18 llegó a Hyderabad. Le recordé que eso significa que hace 37 años mi impresora 3D (dijo la Lore, a propósito de los úteros) produjo una obra maestra de precisión basada en algunos requerimientos técnicos de mi parte, indispensables dadas mis escasas habilidades y conocimientos sobre la crianza de un escuincle. La respuesta cuando lo elogio o le digo que estoy orgullosa es siempre “eh?”, y me cambia la conversación.

Así que fui a atender los asuntos de la contabilidad, caminé mucho, comí pizza, cambié de zapatos y regresé a casa cansada pero con casi todos los pendientes del mes ya resueltos.

Y mañana, me voy de paseo.

 

 

 

25 de diciembre: y fue Navidad

Friday, December 25th, 2015

No es la primera vez que nos encontramos en lugares distantes en estas celebraciones. Cierto, en los últimos seis o siete años estuvimos juntos, ya fuera en algún lado de las Californias o aquí, en casa. Esta vez tenemos una diferencia de 15 horas, lo cual no impide que compartamos gracias a las maravillas de la tecnología. Hasta me hizo llegar un regalo que fue entregado al medio día del 24, con los servicios de Amazon y FedEx: una máquina de hacer palomitas con aire caliente, misma que estrené por la tarde preparándome para una tarde de películas que terminó con un maratón de The Big Bang Theory.

Mientras subía a Instagram un videito mostrando el regalo y la nota de Pako al ritmo de “Crazy Little Thing Called Love” (escuchaba Queen desde antes de que llegara el paquete) uno de mis amiguitos alados entró a la casa y quedó suspendido frente a mí por unos instantes, luego intentó libar de la nochebuena antes de salir volando rumbo al parque. Me emocionó y me hizo feliz.

Al medio día vino Angélica a comer y conversar. Me trajo galletas, mermelada y chongos, todo hecho por ella misma. Conversamos más de lo que comimos y compartimos nuestras historias. Lloré, lo cual no es una sorpresa.

Las palomitas, “Les quatre cents coups”, “The Big Bang Theory” y la luna llena. Tomé varías fotos de la bella en una noche muy clara en la que las estrellas eran perfectamente visibles. El barrio estaba en absoluta calma, y así permaneció hasta alrededor de las once de la noche en que comenzaron a tronar cuetes.


Le pedí a la luna dos cosas antes de irme a dormir.  La primera es la petición que hago, y por la que trabajo, todas las noches desde hace un poco más de 36 años: el bienestar de mi hijo, en todos los sentidos. La otra es también permanente: soñar y conversar mientras sueño. A veces lo logro y es maravilloso. Pero me queda claro que hay saltos que todavía no puedo dar, por la razón que sea. Miedos, tal vez.

Me dormí casi cuando comenzaron a tronar los cuetes, provista de tapones para los oídos. Durante el sueño hubo tres momentos en los que deliberadamente decidí permanecer pegada a mi cuerpo físico. Cada momento estuvo precedido de un ligero desprendimiento del que era absolutamente consciente, y entonces decidía “reintegrarme”. Todo quedó grabado en mi memoria.

Hacia las cinco de la mañana me despertó un olor a quemado que no podía identificar. Me levanté e inspeccioné la casa para descartar cualquier riesgo. Era la atmósfera de la ciudad, cargada de los residuos producidos por la quema de cuetes y cualquier otra cosa que  la gente utilice para “celebrar” las fiestas.  Traté de dormir otro rato, pero el olor y los residuos terminaron por lastimar mi garganta y afectar mi nariz. El olor persiste.

El día transcurrió entre felicitaciones a través de las redes, fotos compartidas con mi hijo, comer cada que tenía hambre, preparar la masa para las galletas que me compartió mi amá y, por fin, podar y limpiar mis plantas. La casa está ahora relativamente en orden. Y las galletas será lo primero que haga mañana por la mañana. Pero la batería se me agotó y planeo dormirme temprano, después de conversar un poquito con mi hijo pata de perro.

Ha sido bueno y, en lo general, estoy contenta.

 

20 de noviembre: 36 años de ser la madre de Pako

Friday, November 20th, 2015

Hace 36 años, alrededor de esta hora pero en otra latitud, ingresaba yo al Hôpital Tenon, en el 20ème Arrondissement de París. El hospital que me correspondía por mi domicilio. Siete meses antes había ido buscando consulta porque, entre otras cosas, traía un mal genio que yo misma notaba. Lelis Páez, una amiga venezolana que vivía en el mismo barrio y que estaba en lo que parecía ser el término de su doctorado, a punto de terminar su tesis, me recomendó que preguntara por una doctora quien, además de ser muy buena en su especialidad, hablaba impecable español. Lelis es mayor que yo, con un par de hijos, adolescentes en aquella época, y una madre pintora naif.

Llegué a la recepción y pedí ser atendida por la doctora. “¿Está usted embarazada?”, preguntó la recepcionista. ¡Claro que no!, dije muy convencida. “¿Está usted segura?”. Por la forma en que me miraba entendí que no le bastaba mi palabra. Yo digo que no, porque no lo creo, respondí. “Y si estuviera embarazada, ¿querría tener al bebé?” preguntó.

Hasta ese momento nunca me había pasado por la cabeza que yo pudiera ser madre. Cierto es que a mí nunca me pasan por la cabeza las cosas de esta vida. Por eso el destino se encarga siempre de empujarme. Sin pensarlo dije que sí, suponiendo que lo estuviera.

“Entonces no la voy a pasar con la doctora sino con el Dr. Fulano.” Y me indicó a qué pasillo dirigirme para esperar mi turno. Muchas mujeres africanas con sus atuendos tradicionales, muchas lenguas distintas, y un grupo de traductores para auxiliar en cada caso. En ese momento no podía hacer comparación alguna con los servicios de salud en este país, pero definitivamente me sorprendió gratamente.

Por fin me tocó pasar y, para mi sorpresa, el doctor hablaba un español castizo bastante bueno. Y resultó que sí, que tenía dos meses de embarazo. Supe, sin duda alguna, que mi hijo era la consecuencia de la celebración de mi cumpleaños, con una botella de tinto, en el pequeño departamento del número 2 del Passage Dagorno que habitábamos su padre y yo. Un edificio pequeño en un barrio lleno del folclor de los vecinos de diversas nacionalidades, que podían pelear y romper puertas a media noche. El barrio se ha modernizado y no queda nada de aquella visión.

Me dieron un certificado y un pase para la caja de Allocations Familliales, un servicio público destinado a proporcionar apoyos económicos para las familias con menos recursos. Al mismo tiempo me notificaron que el seguimiento del embarazo sería con ese médico, cada mes, y con cargo al Estado.

 

Como becarios, formalmente no teníamos recursos. Desde que rentamos el departamentito en el Passage Dagorno, la caja  nos entregaba mensualmente una cantidad casi igual al monto de la renta. Con el embarazo recibiría yo tres cantidades adicionales: la primera, luego de la detección del embarazo; otra a los 6 meses y la última casi un mes antes del nacimiento. Todo lo empleamos en buscar y rentar un departamento con dos habitaciones (Pako ha dormido solo desde que nació) y comprar todo lo que el libro “J’attends un enfant” recomendaba.  Nos mudamos un mes antes del nacimiento, a un departamento en el 125 de la Rue Lecourbe, en el 15ème Arrondissement. Antes limpiamos y acondicionamos el espacio. Es un hermoso barrio, con un parque cercano y con calles llenas de comercios de frutas, verduras, panes, conservas, etc.

Por la misma razón de que no teníamos ingresos, aparte de las becas, el gobierno de la ciudad se hizo cargo de los gastos del parto. Y la caja de Allocations nos asignó un bono mensual casi equivalente al monto de una beca francesa. El primer año de Pako fue monitoreado también por los servicios médicos del Estado.

 

El 21 de noviembre de 1979, a las 3:15 de la tarde nació mi escuincle. No sabíamos si sería niño o niña, pero yo estaba convencida de que era varón, y lo que tejí y compré era en verdes y azules. La mamá de un amigo michoacano, que habíamos conocido en México y que estudiaba el doctorado en Geología y Petroquímica, me envió un juego de sabanitas rosas bordadas por ella misma. Mi familia me envió ropa de todos colores. Pero yo sabía, quería, que fuera niño. Sin embargo nunca pensé en un nombre. Al momento de nacer,  los médicos (se reunieron tres porque se complicó el parto natural y planeaban ya una cesárea que no fue necesaria) preguntaron cómo se llamaría, para hacer el registro in situ. Su padre dijo “Francisco” y así quedó asentado.

 

Por razones de una epidemia en varios hospitales, en la que habían muerto tres bebés, en cuanto mi hijo nació, al igual que los otros bebés, fue llevado a un espacio muy protegido al que teníamos que entrar como los médicos a un quirófano. Dos semanas en que tuve que permanecer ahí, hasta que saliera con mi bebé. Y yo quería salir del encierro. Debo haber dado mucha lata porque, aun cuando podría haberme quedado otra semana, nos dieron de alta. En ese tiempo aprendí a bañarlo, alimentarlo y cargarlo, con la ayuda experta de las enfermeras.

 

Así llegamos a casa, ya en diciembre. Pako ya tenía un ritmo de sueño y comidas muy bien organizado. No fue llorón, no fue enfermizo, no necesitaba que lo cargara pero sí que le prestara atención constante y conversara con él, desde entonces. Despertaba haciendo gorgoritos, y reía mucho. Buscaba la atención de la gente en cualquier parte. Afortunadamente es algo que se le ha dado muy bien.

No puedo decir que mi vida cambió en términos de lo que hacía y lo que hago, porque nunca dejé de hacer lo que me gusta. Pero su nacimiento me dio claridad acerca de lo que es importante y de dónde está el centro de mi vida. Cualquier decisión, por loca que parezca, está desde entonces orientada al bienestar y seguridad de ese escuincle que es el amor de mi vida.

Sonrío mientras escribo esto porque me vienen a la cabeza nuestras discusiones (como las que tenía yo con mi padre), nuestros paseos y antojos, nuestros placeres compartidos, nuestros juegos y apapachos apaches, nuestras interminables conversaciones mientras tomamos café o vino, o mientras viajamos.

Si me hubieran dado un check list para seleccionar las características del hijo, no habría elegido otras. No es perfecto, claro, pero aprecio incluso esos detalles.

Si me dieran a escoger entre lo que he perdido y esta vida con este hijo, sigo prefiriendo este hijo y esta vida. Nada cambio.

Gracias, chaparrito, por todo lo que me has enseñado, por lo que me has apoyado, por los retos, por las experiencias. Te quiero.

 

 

 

13 de febrero: de cumpleaños, amistades y carnavales

Friday, February 13th, 2015

Y el clima cambió ayer. En lo que llegué a Guanajuato para la junta del IEEG, hacia las 2 de la tarde, habíamos pasado de una mañana soleada y fresca a una tarde progresivamente fría y lluviosa. Para las 6 de la tarde el frío calaba los huesos y la humedad lo hacía peor.  La conferencia de Julieta Fierro sobre Astronomía Mesoamericana daba inicio a las 7 y no parecía que las cosas mejoraran. Decidí quedarme a dormir en Guanajuato; Poncho Embriz me sugirió un hostal a la vuelta del Teatro Principal, lugar de la conferencia, y me dispuse a disfrutar de una charla muy animada y divertida en la que terminé ganando una moneda nuevecita de 10 pesos (lanzadas a los asistentes para observar la Piedra de sol grabada en ella) y un par de chocolates.

Aunque había pensado salir de la rutina yéndome a San Miguel de Allende este sábado, a la Bodega Dos Buhos, como paseo cumpleañero, la agradable velada y la muy confortable estancia en Cuévano, con el amanecer nublado de regalo, me hicieron sentir más que satisfecha.

Lluvia en Guanajuato. Imagen pueblerina

Lluvia en Guanajuato. Imagen pueblerina

Una ciudad que duerme a las 7 A.M.

Una ciudad que duerme a las 7 A.M.

Hasta el panadero espera a que el comercio despierte

Hasta el panadero espera a que el comercio despierte

 

El fin de semana se anuncia relajado y sin necesidad de salir de mi cama -que ni se antoja, por el clima-: leyendo, escribiendo, comenzando a colaborar en el semillero, leyendo la tesis de Karim y los avances de la de la Morra, revisando materiales para el asunto de los conteos rápidos y produciendo pequeños storyboards con los conceptos básicos. Mientras, sigo al pendiente de las novedades del viaje de Pako.

Mañana es Sábado de Mal Humor, como el día en que nací hace 65 años. Inicio del Carnaval. Esta vez el carnaval terminará el martes 17 y mi cumple ocurrirá en el inicio de la Cuaresma. Recuerdo los carnavales en Mazatlán, cuando mi tío Gonzalo y mi tía Cuca tenían casa allá. Y recuerdo cada uno de los festejos de cumpleaños que mi familia organizó para mí hasta que cumplí 15: compañeras de la escuela, vecinas y algunos familiares reunidos para disfrutar de los tamales hechos por mi abuela. No recuerdo ni los juegos ni las piñatas que deben haber habido, porque sí recuerdo la manufactura de las canastitas para los dulces; tampoco recuerdo regalos. No hay memoria de que bailáramos, ya en la adolescencia. En cambio recuerdo muy bien la culebra viva, enredada en un palo, que mi hermano Manuel y Fierros me llevaron el día que cumplí 15, antes de los tamales. Y una caja de lombrices vivas que el mismo Manuel me regaló en algún cumpleaños previo.

No hubo festejos ya, hasta los 19 años. Norma (mi roommate en casa de Juanita) inventó que festejaríamos mi cumple con un único objetivo: hacer que Arturo asistiera. Los convocados eran solamente amigos que estudiaban Arquitectura pero el objetivo no se logró, como yo lo anticipaba aunque tenía la enorme ilusión de equivocarme. No recuerdo los aspectos de la reunión aunque sí la presencia de algunos amigos sinaloenses, compañeros de Norma.

La más memorable de las celebraciones de mi cumple, sin duda, fue la de 1979: una botella de tinto, en el mini depatamento que rentábamos en el 20ème Arrondissement, pa lo que alcanzaba la beca. 276 días después nació Pako. Mi mejor regalo.

Aquí en León celebramos mis 3 x 15 en la oficina de Blanca Elías, en el Tec. Corsage, vals, mini pastel quinceañero decorado en fondant por la Maluca -que justo hoy cumple años y que entonces era mi alumna. Otros festejos fueron en comunidad. Pako organizó dos festejos sorpresa, uno en el Antares de Plaza Mayor que ya no existe: convocó a mis amigos, llevó flores y el pastel, y se aseguró de que todo estuviera listo cuando él y yo llegáramos a comer como si fuera un día cualquiera; tengo muy buenos recuerdos de las dos reuniones.  En Tijuana los compañeros se encargaron de festejarme en el comedor de empleados: Magui Saucedo, Dulce, Oliva, Lety, Ketta, Magui Amézquita, Paty, los amigos de Intendencia, y mis alumnos/amigos; gente que me hizo sentir apreciada realmente.

Creo que más que pensar en todas esas ocasiones como en festejos de cumpleaños, para mí han sido festejos de amistad, de afecto y de solidaridad. Y no, nunca he celebrado el 14 de febrero excepto por los chocolates que suelo regalar a mis alumnos, de la misma manera que les regalo dulces en Halloween.

Ahora Pako está lejos por una excelente razón -aunque regresará pronto-, yo me fui de parranda ayer, me siento relajada y muy afortunada por todas las sorpresas y todos los proyectos que trajo este año, conservo un montón de los buenos amigos de toda la vida y de los que se han ido agregando a lo largo de todos estos años y en todos los lugares por los que he pasado, y mi familia. Estoy llena de muy buenos recuerdos, y aquel que no asistió a una reunión está siempre presente y no solamente en mi recuerdo. Más afortunada no puedo ser.

8 de febrero: una semana como ¡má!

Sunday, February 8th, 2015

Llegó el sábado 31 de enero para entregar la moto al comprador en San Pancho. Saliendo de Guadalajara la camiontea tronó. Bueno, luego supimos que tronó antes, cuando iba con un amigo a Vallarta; oyeron el ruido  de un metal que cayó pero no vieron nada, y así siguieron su viaje y luego regresaron a Guadalajara; una semana después se quedó a 20 Km de la caseta de Zapotlanejo. Tuvo suerte. Estuvo tres horas esperando la grúa y llegó aquí ya tarde. Ese día ya no pudo cerrar el trato. La moto se quedó sobre la camioneta, y hasta el lunes se la llevó la grúa del taller que nos queda cerca, hicieron el diagnóstico y una reparación rápida para que el martes Pako terminara su pendiente; luego tendría que volver al taller para la reparación en serio.

Pero León Municipio y sus mañas dijeron que no. Todo un día perdido en vueltas inútiles. Que el contrato de compraventa, hecho aquí en León hace alrededor de un año, ya no era válido y había que volver a pagar revisión de la moto y a hacer un nuevo contrato notariado para llevar a cabo la venta. Y en eso se ocupó el miércoles completo. Para la revisión, le pidieron ir a una Farmacia Isseg a pagar una cuota (no en Tránsito, como es lo normal); ahí le dieron un boletito sellado y con la cantidad impresa, sin membretes, sin conceptos. En la oficina de revisiones, escribieron “Harley” sobre el boleto sellado, a modo de comprobante de pago de…¿alguien sabe? Y con eso debía ir a San Pancho, al asunto del contrato notariado.

El mismo notario dijo que ese pago era irregular, y que no podía tener validez. Pero en Tránsito (o la oficina que sea) le dijeron que sí, cuando llamó para preguntar, aunque no le pareciera legal. Fialmente se hizo la venta, Pako recibió el dinero y entregó la moto, y regresó corriendo para llevar la camioneta al taller. Apenas ayer sábado por la tarde estuvo lista.

Fue bueno porque tuvimos tiempo de conversar y de hacer planes, de comer, de tomar café, de ir al cine y a la feria. Y porque la camioneta quedó en muy buenas condiciones, y muy segura. Presintiendo que su viaje a India, este martes, es el anticipo de lo que puede ser una larga estancia allá, estuvo de lo más afectuoso (a nuestro modo) revolviéndome el pelo, dándome palmadas en la espalda, abrazándome brevemente, animándome y ayudándome a relajarme y bajarle a mi estrés, que andaba por las nubes.

Ayer llegó la novia y hoy regresaron a Guadalajara, apenas a tiempo para arrreglar su maleta y cerrar algunos pendientes de trabajo. El martes 10 saldrá a las 7 A.M. y volará de regreso el martes 17, pero hará una escala en San Francisco CA por un par de días. Entre el largo viaje y las estancias, vendrá llegando a Guadalajara alrededor del 21 de febrero. Y luego comenzará la mudanza para traer todos sus triques, se vaya o no de manera definitiva a la India. Yo espero que sea un sí.

Por lo pronto estos días han sido de puro gusto, pero voy a estrañar el ¿Má? Má, ¡Ma!

20 de enero: contentísima

Tuesday, January 20th, 2015

Y cómo no. Además de la lluvia de proyectos y actividades de todo tipo a los que he sido invitada, tengo los amigos y la familia.

Los proyectos, todos, están ya andando. Cierto que no todos producen dinero, pero lo que generan es mucho más valioso.  Y me siento satisfecha.

Los amigos me conectan con más gente interesante, productiva, rica en ideas, con quienes se amplía el disfrute de las conversaciones y del pan y el vino compartidos.

Mi familia me echa porras nomás con que salude y ponga una de las terribles selfies con las que documento mi acercamiento al fin de los 64 años. Y me mandan regalos, bendiciones, buenos deseos, mensajes de apoyo, etc.

Y mi chaparrito, además de todo el afecto, además de compartir conmigo su trabajo y de solicitar mi retroalimentación – lo que muestra su confianza en mi juicio- está orgulloso de lo que hago, igual que mi padre lo estaba.

No necesito más.

Y por todo eso, doy gracias ❤

15 de enero: Cabañuelas

Thursday, January 15th, 2015

Dicen que las cabañuelas predicen lo que ocurrirá a lo largo del año, con referencia al clima. Extrapolando eso a los asuntos laborales, diría que mi año tiene un aspecto súper, lleno de actividades interesantes y productivas, en diferentes sentidos

Comencé el año con la seguridad de que tenía un curso (Física para las ciencias de la vida I) para impartir en la Ibero. Comenzó ayer con 10 alumnos y muy buen ambiente. Dos de ellos habían llevado conmigo Pre requisitos de Matemáticas para Bionanotecnología, y decidieron que valía la pena volver a estar en un curso conmigo.

La semana pasada me contactaron del ITAM para que colabore en un proyecto de Tecnologías de Información. Dije que sí y encontré alguna información útil, que inmediatamente les compartí. A partir de ahí pareciera que quiero abrir el cofre del tesoro gringo: hermetismo por donde lo vea. No desespero, pero no es tan rápido como imaginé.

Ayer, por fin, coincidí con Liliana García (ITESO) en una conversación vía Skype. A partir de ese momento me involucré en un proyecto que trata de “plantar semillas” de colaboración, trabajando con docentes. Mañana tendremos la primera reunión, a la que yo me uniré a través de un hangout en G+. Es un proyecto que promete, con tres líneas de trabajo. Yo participo en “prácticas” de manera más concentrada, pero incursionando en las otras dos.

A media tarde, ayer mismo, sonó mi celular: me notificaban que el día de hoy debía a estar en el IEEG, en Guanajuato, para que me dieran nombramiento como miembro de un comité técnico, trabajando sobre las estadísticas en las próximas elecciones locales. Hoy fue la toma de protesta y el lunes tenemos la primera reunión, donde sabremos mejor de qué se trata. Un grupo amable, dos ex alumnos que colaboran ahí, una persona que me pide apoyo en áreas de aprendizaje de matemáticas para su hijo, lo que nos lleva a una agradable conversación.

Ayer mismo me había comprometido a enviar un video para The Granny Cloud,
paso necesario para colaborar como Granny. Es algo que pretendo hacer en este fin de semana.

Y justo cuando comenzaba a apagar mis aparatos, disponiéndome para dormir, llegó un mensaje de correo de Jenny, de Desmos. Ahora hay una aplicación para Android, y me pedía traducir la presentación. Y luego trabajar en la traducción de las adiciones al sitio web. La primera parte ya está hecha y enviada. Como de costumbre, recibiré un paquete con alguna playera y detalles de Desmos. Lo que vale es la colaboración. Y mi nombre en las guías en español, para el ego 😉

Aparte, sigo con cuatro de los 16 docentes del Taller de PBL que inicié con la SEG. Son los verdaderamente comprometidos y no me cuesta ningún trabajo en asesorarlos para que terminen lo que iniciaron.

Mi chaparrito me compartió la actualización de Monster Pop, just for my eyes, entre otras cosas, y espera mi retroalimentación.

Por lo pronto estoy agradablemente cansada. Mañana comenzaremos a trabajar los temas del curso de Física, Seguida de la reunión virtual con ITESO y, después, tendremos una presentación de los laboratorios que, espero, podremos utilizar para animar Física.

El fin de semana estará animado también: de TJ llega Gustavo Villafaña para trabajar en CIATEG, pero tendremos tiempo de conversar. Y el domingo el plan es ir a casa de Lirio, a Guanajuato, para una comida de cuates.

Es hora de descansar.

2 de enero: Le vent se lève!…

Friday, January 2nd, 2015

Pako me trajo de regalo la película Se levanta el viento, de Hayao Miyazaki. Una oda al sueño ingenieril de  diseñar y construir un avión que fuera bello y eficiente: el moderno avión de combate japonés Mitsubishi A6M Zero.

El título de la película es parte de un verso de Paul Valéry: “Le vent se lève!… Il faut tenter de vivre!” del poema Le Cimetière marin. Una belleza de película en cada aspecto: la animación, el diseño de los paisajes, la música y el guion. La historia que va del sueño de un chiquillo, de construir aviones, a la conceptualización y la realización de ese avión, por el Dr.Jiro Horikoshi, me  parece una perfecta ilustración de lo que debería uno imaginarse cuando decide ser ingeniero, en cualquiera de sus áreas. Recordé a Leonardo da Vinci (aka My sweet love) cuando decía que si no era perfecto, no estaba terminado; pero también en la identificación de elementos de la naturaleza como sustento de sus diseños.

Para plantearse la situación de la tecnología de Japón con respecto a la de Alemania, en los años 30, hay una referencia explícita a la paradoja de Zenón sobre Aquiles y la tortuga. El trabajo de diseño del avión -en equipo con los ingenieros de producción- se muestra cabalmente tanto en su parte de trazo de las piezas, a mano y con instrumentos,  como en la parte del cálculo formal, utilizando el conocimiento de las ciencias y el uso de la regla de cálculo.

El sueño como motor de la ingeniería, se describe en las frases de Caprioni, el inspirador del héroe de la historia: “Los aviones son hermosos sueños que esperan ser tragados por el cielo” y  “Los ingenieros convierten sueños en realidades”.

Los ingenieros convierten sueños en realidades


Me gustó, pues. Y me gustó más la sesión de cine que organizó mi hijo para verla juntos, con palomitas a la pimienta cocinadas en cacerola por él mismo.

Creo que esta película será un recurso excelente para iniciar un curso de ingeniería, planteando enseguida algunas preguntas sobre motivación, ciencia, dedicación y trabajo bien hecho.

24 de diciembre: disfrutando de la compañía del hijo

Wednesday, December 24th, 2014

Llegó el domingo en la noche, y se puso a trabajar. El lunes platicamos durante el almuerzo, luego en mi cuarto de trabajo, después en los trayectos de ida y vuelta a La Gran Plaza, a donde fuimos a ver la última entrega de El Hobbit. Muchas opciones, muchos proyectos y a saber por cuál se decidirá al final.

El martes continuamos conversando sobre los avances de sus proyectos, sin saber todavía para donde apuntará la perinola, cuando la suelte. Surgió la posibilidad de viajar a San Francisco, como mi regalo de cumpleaños. Dependerá de lo que haya como trabajo pero, de entrada, es un entusiasta sí.

Un proyecto que define cada vez más claramente es el apoyar la creación/re creación de una cultura nacional a partir de experiencias artísticas. La música, particularmente, sería su apuesta si consigue los medios. Y me siento muy recompensada. No le interesa tener dinero o tener una gran casa o un gran carro. Es generar ingresos suficientes para apoyar la creación de ese tipo de música no comercial. Y claro, hablamos de la música y los músicos; de la canción de protesta a los cantantes actuales, productos comerciales sin propuestas significativas. Hablamos del valor de la canción y los cantantes mexicanos; y me sorprendo agradablemente: Pako no tiene esos prejuicios que me acompañaron (y ni siquiera estoy segura de que sea pasado) por muchos años, impidiéndome valorar mucha de la música popular.

Hoy salí a comprar pan para las tortas de bacalao, y a la librería del Fondo de Cultura Económica. Al entrar me encontré a Jorge Jáuregui y platicamos seguramente por más de una hora: libros, vivencias, películas. Él acababa de comprar un libro sobre la música mexicana: Mi vida, mis viajes, mis canciones, y me pareció el regalo ideal para mi hijo, en función de ese interés manifiesto.

Hace un rato cenamos tortas de bacalao y tamales; yo tomé atole, él prefirió agua de melón. Luego intercambiamos regalos y le gustó su libro 😉 Como siempre, la sobremesa es de lo mejor. Del análisis de Sim City a los resultados de la liga NFL (video juego) en la que participa anualmente con varios de los amigos que tiene desde la prepa. Pero también la inflación, los excesos de Barbarita, el saqueo que llevan a cabo todos los frentes de gobierno, la miseria que observamos…

Pero se acaba el día y yo estoy agradablemente cansada.

Que sea una verdadera Noche Buena.