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15 de agosto: Destino manda

Sunday, August 15th, 2021

Fue una mañana de finales de abril de 1985. Lo sé porque antes de iniciar mayo, mientras atendíamos la celebración de la obtención del doctorado de una compañera, M. André Revuz, director del IREM de París (IREM que ahora lleva su nombre) me comunicó que la siguiente sería yo. Se me atragantó el petit four y protesté: ¿Yo? Pero creo que todavía me falta, dije como si la dictaminadora fuera yo misma. Agregué que la renta del departamento estaba pagada ¡por todo el mes de junio! Mediados de junio será, dijo impasible mi querido profesor y me sugirió que hablara con mi casera.

A principios de febrero habíamos comenzado a reunirnos al menos dos veces por semana, en su oficina del IREM, para afinar mi redacción (casi totalmente hecha en México, sin mayor supervisión). Al principio, a las sesiones me acompañaba mi pequeño de cinco años porque no encontraba escuela que lo admitiera a medio curso, todas con cupo completo. Pero a finales de febrero se abrió un espacio en una escuela privada, dependiente de la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, llamada Cours Adeline Désir, sobre la Rue de Rennes, muy cerca del Boulevard Saint Germain. Una escuela que ya no existe, como tampoco existe el departamento en que vivimos durante ese semestre, en el número 14 de la Rue Lincoln, a 20 metros de la avenida des Champs-Élysées.

Esa mañana de abril, todavía con rastros de invierno (el 8 de mayo nevó, para darse una idea), nos levantamos temprano, desayunamos y lo llevé a la escuela. Para entonces ya se había ambientado, hablaba, leía y escribía en francés y con caligrafía francesa; la maestra estaba sorprendida de su capacidad de razonamiento que, incluso desde los primeros días ahí, le permitía resolver los ejercicios de matemáticas sin siquiera tener que leer el texto que los acompañaba. Siendo la escuela una institución de orientación católica, los chiquitos del grupo se preparaban para su bautizo; lo supe el día que entramos a conocer el templo de Saint Germain y el hijo cayo de rodillas rezando el Padre Nuestro en francés, obviamente.

Excepto los miércoles, día en que los padres de familia se hacen cargo de darles la orientación religiosa de su preferencia, los chiquillos permanecían en la escuela de 8:30 am a 5 pm. Ahí les proporcionaban la comida, el refrigerio de la tarde, y los llevaban al circo, o a nadar, o les daban lecciones de ¿violín?, por ejemplo. Yo debía recogerlo en punto de las 5 pm.

Desde el momento en que M. Revuz me alertó sobre la inminencia de la defensa de mi tesis, comencé a trabajar febrilmente sobre los últimos detalles, tecleando en la pequeña máquina electrónica, con características fantásticas, en cuanto dejaba al hijo en la escuela; apenas me levantaba de la mesa para comer algo, atenta al reloj para ir a recoger al escuincle de mis amores.

Esa mañana, antes de que me levantara para preparar algo para comer, las cosas sobre la mesa (lápices, plumas, etc.) comenzaron a “reptar”. Me levanté, incrédula, puse las cosas en perspectiva y decidí que tenía que salir a que me diera el aire. Tomé mi pequeño bolso con apenas las llaves, mi cartera y mis documentos oficiales, por aquello de que uno nunca sabe si será objeto de control en el metro (nunca me ocurrió, por cierto), pero no había que cargar con celulares, anteojos, etc. Fui directamente a la escuela y pedí que permitieran que llevara a mi hijo a comer, dando por terminada la sesión del día. El antojo del hijo fue de comer hamburguesas, y encontramos una especie de McDonald’s (o ¿era un McDonald’s?) para satisfacerlo. Después fuimos a un parque y terminamos caminando por Champs-Élysées, deteniéndonos de cuando en cuando, hasta llegar a casa. Fue mi único episodio psicótico durante todo el proceso.

El documento ya completo pasó a revisión de los expertos, quienes enviaron su reporte a la rectoría. Un reporte confidencial que el estudiante o cualquier otra persona no debe conocer. Se fijó el 13 de junio para la defensa, la cual tuvo un giro inesperado, divertido, insólito, que condujo a que me otorgaran la mayor de las menciones honoríficas. Después de la defensa, mientras entregaba los sobres con estampillas para que me hicieran llegar todos los documentos a mi casa, la secretaria del Instituto me entregó una copia del reporte, dado que nunca había leído algo tan elogioso, haciéndome jurar que nadie lo sabría. Han pasado 36 años y supongo que ya a nadie la importa.

Siguió la impresión de los ejemplares necesarios para la Universidad y el Conacyt, más un par que conservo y que nunca volví a leer. Hubo quienes lo leyeron y, por ejemplo, tomaron “prestada” mi definición de variable, la que yo construí, aprobada por M. Revuz, M. Lacombe y Mlle. Adda, para utilizarla en sus trabajos de maestría y doctorado. Un honor ser plagiada por n-ésima vez.

Todo esto pasó por mi cabeza anoche, mientras ese escuincle, a punto de cumplir 42 años, dejaba este país después de dos semanas de vacaciones que disfrutó junto con su esposa aquí en León, Guanajuato, y en Isla del Carmen, Quintana Roo. Hoy deberían de haber llegado a Londres, pero el Reino Unido cerró sus fronteras a los viajantes que salen de México y Aeroméxico (la aerolínea que les vendió los boletos Londres- México-Londres) ya no viaja a Londres y solamente los podía llevar a París. La cuarentena impuesta por Reino Unido la pasarán en la ciudad natal de mi niño. Cierto, mañana él tiene que regresar a la oficina virtual, full time, pero nadie dice que no pueden pasear por las tardes y disfrutar de, por los menos, los dos próximos fines de semana. Hoy enviaron fotos de los alrededores del hotel que eligieron: Los Inválidos y la Torre Eiffel.

Destino manda y uno agradece. Y yo soy feliz.

19 de julio: cuarentena de 130 días

Sunday, July 19th, 2020
El hambre pasó frente a mi casa
Tocando una trompeta y un tambor, simultáneamente, el jefe de familia recorre la calle con pesadez;
Le sigue la mujer, casi niña, tocando a las puertas que no se abren.
Un par de chiquillos caminan a su lado;
Se reparten una naranja y una granada, sonriendo agradecidos.
El vecindario está como ausente.

18 de abril: días llenos de actividades

Saturday, April 18th, 2020

No sé cómo transcurre la cuarentena para cada uno, cierto, excepto por los que comparten conmigo a través de las redes. Algunos están desesperados por el encierro, algunos no quieren saber de la realidad, algunos anhelan un regreso total a lo que era su normalidad, y así. Yo, para no variar, voy a contracorriente. He disfrutado de, y buscado, el aislamiento social desde que nací. He vivido sola muchos años sin que me haya parecido terrible y, por el contrario, he tenido compañías que me hicieron aislarme de ellos metiéndome de lleno en el trabajo y llevando conmigo, física y amorosamente, a mi único compañerito de vida: mi escuincle.

Mi escuincle me sigue acompañando, aunque desde hace 15 años esté en otra ciudad, en otro país. Las benditas redes permiten que compartamos momentos de nuestras vidas, regalos, música, conversaciones divertidas o profundas, textos, y todo lo que es posible compartir.

Mathematician's Dice

Regalo

En estos días se vuelve el depositario de mis recetas de cocina y panadería y se pone a experimentar con lo que tiene en su despensa y lo que puede conseguir en los mercados de Guilford para preparar antojos mexicanos y pan tradicional de nuestra cocina, la de mi familia.

Yo, para no perder la costumbre, tengo un circo de muchas pistas, que incluyen:

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  • cocinar mis propios antojos y hornear el pan que me gusta;
  • mantener mi casa razonablemente limpia;
  • mantener el jardín florido y a los colibríes alimentados;
  • mantener mi página de cursos y apoyos con actividades o notas que a mí me parecen de interés;
  • no descuidar mi red de amigos y familiares muy cercanos (los que me toleran, cierto);
  • atender solicitudes de recetas, de consejos y recomendaciones, de escucha;
  • disfrutar de conciertos, ópera, películas, audiolibros (mientras cocino, son un placer), libros, y toda la oferta gratuita que surge cada día. Hoy, sin falta, estaré en la proyección de Carmen, la última producción de Alonso Escalante para el Teatro del Bicentenario, en 2017, en la versión “Quédate en casa” de la Ópera Picnic. Mañana, también sin falta, el ballet Cendrillon, transmitido por la Ópera Nacional de París;
  • bailar mientras cocino o limpio;
  • retroalimentar las tareas de los docentes del curso/tal impartido en la Univrsidad Tecnológica de Durango, los días 27 y 28 de febrero pasado. Voy con lentitud, ciertamente;
  • estudiar programación (reaprender), esta vez comenzar a utilizar HTML, CSS, Bootstrap y JavaScript. Llevo cubierta la introducción, la instalación y configuración de Sublime y de Visual Studio Code, como espacios de trabajo, y en el proceso voy “traduciendo” del ambiente Mac en el que está diseñado el curso al ambiente Windows de mi lap. De paso, trabajo en la comprensión del iglés hablado;
  • escribo rollos: El Muelle de la Sal me invitó a colaborar, primero con una conferencia, ofrecida el 4 de marzo pasado, y a publicar en su revista en Medium. Van cinco textos, en In #T5eS🌈emergencia y esclavitud digital:
En todo este tiempo, a seis semanas de mi propio aislamiento casi total, interrumpido solamente por las entregas de las compras de lo que requiero para que mis antojos y necesidades sean satisfechos, algunos eventos se han cancelado o pospuesto, por necesidad:
  • mi propio festejo cumpleañero, previsto para la primera quincena de marzo, después de regresar del curso de Durango;
  • la boda de Dulce y Eduardo, en Las Vegas, prevista para el 2 de mayo y cancelada, y la cual se realizóhace un par de días, cerca de su casa, en Santa Cruz, California, sin invitados;
  • el Comic Con, en San Diego, CA, cancelado formalemente ayer, para el cual tenía todo comprado;
  • el curso que ofrecería en Colombia, en la tercera semana de mayo;
  • la renovación de mi visa, en Guadalajara, dentro de cuatro semanas;

Tal vez ocurran otras cancelaciones, para las cuales también tenía boletos comprados, reservacione hechas, etc. Sigo muy de cerca la realidad nacional, y la contrasto con lo que ocurre en otros lados. Prefiro seguir aislada y cancelar eventos.

Excepto por esos detalles, mi vida transcurre casi sin cambios, extrañando solamente lo que simpre extraño. No puedo quejarme.

Y sueño. Sigo teniendo bellos sueños y muchas muestras tangibles de compañía amorosa. Veo el amanecer y las estrellas que pueblan mi cielo:

Arcturus, solitario

 

 

29 de marzo: dos semanas de reclusión

Sunday, March 29th, 2020

Crónica de mi primera salida al supermercado.

Las noticias de ayer no fueron alentadoras y provienen de la autoridad en salud, aunque el jefe del gobierno no atienda las instrucciones y sea su ejemplo lo que guía a la mayor parte de los iletrados que siguen sus pasos. El mensaje del subsecretario de Salud, López-Gatell, fue muy explícito y desesperado: no salgan de sus casas, es nuestra última oportunidad. Cierto, ocurre apenas unos tres días después de que ellos mismos dieran que no había que alarmarse e, incluso, que iba contra los derechos humanos pedirle a la gente que deje de trabajar para aislarse. Lo triste de nuestra sociedad es que mucha gente vive de los que hace o vende día a día, sin posibilidad real de quedarse en su casa.

Esta mañana, al despertar, el tuit de @isidrocorro, quien aparentemente da cuenta de todos tipos de asaltos y sucesos de nota policiaca en CDMX, describía el asalto a un Sanborns en las calles de Tacuba y Eje Central, frente al edificio de correos, ayer por la noche:

#CDMX.

Se suma a otros actos delictivos, organizados a través de las redes, para sembrar caos y cometer atropellos que nada tienen que ver con carencias para sobrevivir.

Como sea, esta mañana yo necesitaba dinero en efectivo, para prevenir cualquier contingencia, y algunos insumos de limpieza regular, además de sal fina. Conociendo los hábitos de esta ciudad, es poco probable que uno encuentre gente haciendo compras antes de las 9 am. Avisé a mi hijo de mi intención y salí a Walmart a las 8 en punto.

Caminar cruzando el parquecito que colinda con mi casa, cubierto de flores de colores, con naranjas agrias tiradas junto al árbol en el que crecieron, y pisar el sutil tapete de jacarandas es reconfortante. Los únicos ruidos, aún a esta hora, son los de los pájaros que ahí habitan.

Como lo esperaba, en todo el recorrido por Francisco de Goya no encontré a persona alguna, excepto por un motociclista que pasó muy rápidamente. La miscelánea que está a unos 80 m desde mi casa estaba cerrada. El parque grande también está engalanado con las flores de la temporada; solamente algunas palomas se desplazan por los prados que ya piden agua.

Casi al llegar a Walmart apareció un señor de unos 50 años cargando una pequeña bolsa del supermercado: un litro de leche y un paquete de galletas; apenas la compra del día.

El estacionamiento de la tienda estaba vacío, y solamente uno de quienes ayudan a los clientes con sus compras esperaba, sentado en una banqueta. No había clientes afuera. Los carritos del mandado atados con cadenas, excepto por una de las filas. Tomé uno de los carros con un kleenex que mojé en gel antibacterial para limpiarlo bien: mugre, no solamente gérmenes. Los cajeros automáticos de los bancos (Banamex y Bancomer) también estaban solos. De nuevo: primero desinfectar el teclado del de Bancomer, y no necesité recurrir al de Banamex adicionalmente.

Los pasillos estaban desiertos en el lado de la ropa, la cocina, etc. Poca gente buscando artículos de aseo personal. No había gente en el pasillo de los artículos de limpieza, pero se nota la ausencia de cloro, por ejemplo. Encontré lo que yo necesitaba.

En el área de abarrotes no hay sal, en cualquier presentación. Yo buscaba sal fina porque de grano, blanca y rosa, tengo buenas cantidades. No hay harina ni de maíz ni de trigo, no hay consomé en polvo o tableta, y esto sí buscaba. Pero encontré vinagre y tortillas, tanto de harina como de maíz.

La panadería se ve desierta; ni siquiera es necesario que haya empacadora: el pan que hay está dispuesto en cajitas; ni bolillo ni teleras, pero sí para hacer capirotada de temporada.

Compré los quesos que necesitaba, y solamente ahí encontré a un par de señores buscando productos; esperé a que se fueran para acercarme a la vitrina porque, evidentemente, eso de respetar distancias todavía no lo incorporan a su rutina.

Había una caja en servicio cuando llegué a formarme y una persona pagando. En ese momento se abrió otra caja y pasé ahí. No hay empacadores voluntarios, de modo que fui poniendo en mis grandes bolsas los artículos de mi compra. Nadie más tuvo contacto con ellos. Salí muy cargada, aunque no es ninguna prueba extrema, todavía.

En mi recorrido de regreso apenas encontré unas cuantas personas, todas caminando por media calle. La miscelánea ya estaba operando; afuera esperaba un señor con su bicicleta y el canasto de pan, asumí que acababa de entregar. Esperé en la entrada a que se desocupara el interior. Un joven con una bolsa entró presuroso, sin esperar su turno, e igualmente presuroso llegó a la caja, donde declaró que solamente llevaba una coca cola en su bolsa. Una señora se entretenía comprando churros, sin empaque, frijoles guisados y tortillas. Otra señora, adulta mayor, se instaló junto a mí y le indiqué que estábamos haciendo fila; se asomó a la vitrina del pan, sin hacerme caso. Le comenté que acababan de decir que era pan de ayer, y que yo pensaba que el señor de la bicicleta estaba esperando surtir. Respondió que no, que ese señor es el que entrega los churros y que ella solamente venía por ese antojo.

La dependienta se desocupó, compré el consomé y la sal que no encontré en el súper. Llegué a mi casa sin contratiempo, dejando los zapatos en la entrada y la ropa que traía en el bote de la ropa para lavar. Los vecinos comienzan a despertar, parece, en punto de las 10:30 am.

En este proceso de relatar el primer día de salida, después de dos semanas de reclusión completa, conversé con mi hijo, vía telefónica, quien esperaba atento mi regreso. Me contó cómo está organizado y cómo está acompañado y cómo se protege. Sus últimas compras: pechugas de pollos que le llevaron, tortillas y harina que pidió en línea. Y una batidora. Estamos bien y estamos en paz, pase lo que pase.