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14 de septiembre: tu cumpleaños

Monday, September 14th, 2015

Profundo, agudo. El sentimiento se manifiesta en una tristeza infinita por tu ausencia

Parecía que libraría el día pensando en la dicha de haberte encontrado, de haber compartido contigo un par de años de conversaciones y caminatas en los parques de nuestros barrios; la dicha de descubrir la existencia de quien pareció, y sigue pareciendo, como hecho sobre pedido, para mí. Luego, los encuentros casuales y a cierta distancia en los que solamente conversábamos con los ojos, ansiosos, y los casi casuales encuentros en los mismos sitios a los que siempre volvíamos, y que extendimos a cualquier otro espacio público en nuestras comunidades.

(Google transformó la foto que yo tomé por la mañana y me ofreció esta versión)

Parecía que libraría el día sin pensar en el dolor de saberte ausente para siempre. Pero es imposible separar una cosa de la otra. Duele físicamente, la punzada está clavada en mi pecho. Estoy ausente, ida,  y me sobresalto con cualquier ruido que me trae de regreso a esta realidad.

Hoy brindaré por tu nacimiento, por haber coincidido contigo, por todo lo que me queda de ti, por tu presencia constante. Y lloraré por tu ausencia vital, otra vez. hasta el fin de los tiempos.

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28 de agosto: la ausencia que duele y Modiano

Friday, August 28th, 2015

Y hay días, como éste, en que es terriblemente dolorosa. Aunque intente trabajar, aunque ponga música alegre, aunque me ponga a chatear. Es constante, persistente, obsesiva. Cualquier cosa hace que regrese a ella; ni el pensamiento de preparar algo de comer me distrae. Y sí, termino por hacer algunas cosas de manera mecánica: regar las plantas, cambiar el agua a los bebederos, recoger y ordenar la cocina o mi cuarto, pero con los ojos húmedos y el quebranto a flor de piel. Termino por dejar que fluya.

Escribí algo para descargar mi sentimiento y, según yo, lo copié a Evernote; borré el archivo de Word. Todo desapareció de alguna manera. Tal vez llegó a su destino. Mucho rato después, cuando la calma se instaló en mí, me puse a leer a Modiano: Una juventud.

Es una novela corta, y la terminé más rápidamente de lo que me hubiera gustado, contada en tercera persona y en una época no precisada aunque seguramente anterior a la que yo viví en París. Sin embargo la lectura me llevó por lugares conocidos y muy apreciados no solamente en la ciudad.

Cuando recién llegué a Francia pasé las primeras semanas en Grenoble, porque el entonces marido había necesitado de un curso de inmersión total de tres meses, previo a su ingreso al doctorado. De paso, y tarde, supe que si uno no aprendía lo que debía en el curso de un año en el Consulado en México (Centro Científico y Técnico, se llamaba), el “castigo” era esa estancia que permitía pasear por los alrededores de Grenoble, vivir en esa bella ciudad y convivir con muchos estudiantes de diferentes culturas. Pero yo sí había aprendido 😦

Como quiera, estando ahí viajamos justamente a Annecy y de ahí al Mont Blanc y sus alrededores; el siguiente viaje sería a Provence y la Costa Azul, hasta Mónaco, siempre viajando en grupos de estudiantes. De manera que el paseo por Annecy de Louis y Odile, los personajes principales de la novela, podía imaginarlo. Hasta recordé el vin du pays, las frutas y jamones de los mercaditos y el buen pan, que hicieron nuestras comidas. De manera semejante puedo recorrer el “camino” hasta Londres porque viajamos allá en la Semana Santa de 1979, junto con un buen amigo que conocimos en México en los cursos del Consulado, estudiante en el doctorado de Geología y también egresado el Politécnico (IPN).

En Grenoble estuve unas tres semanas, en total, y me fui a París a buscar departamento mientras el don terminaba su curso, y a iniciar mi trámite de inscripción en la Universidad Paris VII o Paris Diderot, parte de la Facultad de Ciencias de la Universidad de París. Porque mi inscripción original y mi carta de aceptación estaban en Burdeos, con Brousseau,  aunque también tenía aceptación en Estrasburgo, directo a hacer la tesis, dado que su director (el querido Georges Glaeser) conocía mi trabajo en México y desde entonces me había “adoptado” en una amistad invaluable que duraría hasta su muerte. Pero en términos de lo que yo creía que era mi deber, necesitaba cambiarme a París.

En París tenía ya alojamiento en una casa de estudiantes, pero contacté a Guillermo Arreguín (amigo de mucho años y profesor en Matemática Educativa, en su segundo año del mismo doctorado al que yo iba a ingresar) porque, entre otras cosas, vivía en la Casa de México, en la Cité Universitaire, y podía ayudarme a investigar si era posible encontrar alojamiento ahí. Resultó que no. Hicimos un tour por los restaurantes y cafés de la Cité, mucho mejores que los de la universidad en cuanto a la calidad y variedad de la comida, puesto que hay un restaurante en cada una de las casas; de ahí que cuando era posible uno fuera a comer “hasta allá”. Conocí, por supuesto, el Parc Montsouris que tanto disfrutaría mi escuinclito posteriormente:

“Un matin dans le lumière de l’hiver
Au parc Montsouris
À Paris
À Paris sur la Terre
La Terre qui est un astre”

cantaría Montand.

Pero el relato de Modiano nos lleva también por muchos de los barrios y lugares muy reconocibles de esa ciudad que me encanta … pour flaner. Definitivamente la Plaza de Jussieu que describe, donde está la Facultad de Ciencias (Paris VI y Paris VII), no se parece a la que yo conocí entre 1978 y 1980 y, mucho menos, a la que vi en el año 2000.

En suma: me gustó el paseo, y esa idea de ir buscando la memoria de los que ya no están (los padres de Louis, en la ocasión), pero también tratando de conocer a los amigos y socios que se van consiguiendo mientras se crece. Por lo menos es algo que yo hago cuando vuelvo a los sitios en los que crecí.

Al terminar la lectura la tormenta interior se había despejado. Vamos a ver qué nos trae el sueño.

 

4 al 15 de diciembre: Tu ausencia

Tuesday, December 16th, 2014
Un amigo le dio “Like” a mi foto de portada, decía una notificación en Facebook. Como siempre, entré a ver la foto, como sí no supiera que mi foto de portada es el escenario donde tú y yo nos encontrábamos cuando el azar lo decidía.  Ver el espacio vacío en el centro de la Alameda de Tepic dolió más que cualquier golpe en la cabeza. El dolor de tu ausencia lo volví a sentir como el día mismo en que Raquel me dijo de qué manera te habían arrancado para siempre de mi vida; justo cuando fui a buscarte.
Más de treinta años y todavía no lo supero, todavía lloro como entonces. Ni siquiera es provocado por la nostalgia; llega así, intenso, peor que la peor de las migrañas, sin aviso, en cuanto algún detalle escapa del control. Recordé el miedo que le tenía a las víboras, ¿te acuerdas? La misma reacción instintiva, pero ahora no es temor sino dolor intenso. Me quiebro, no puedo contenerme por más que la razón, o cualquier cosa que dependa de la voluntad, intente llevarme al otro lado de ese río de llanto, de tristeza infinita, de aullido sofocado.
Intento distraerme, sí, con alguno de los programas que regularmente me entretienen, con los comentarios de lo amigos en las redes. Todo lo observo detrás de mis lentes que necesitarían una especie de limpiaparabrisas para despejar mis lágrimas. Te necesito. Necesito tus palabras, tu caminar junto a mí, tu risa, tus ojos, tu tranquilidad y tu cuidado por mí.
Y mira que el día iba terminando en paz. Con el golpe que me provocó un chichón en la cabeza, con el ajetreo de trasplantar y re acomodar las plantas en mi patio, con la visita sorpresiva de montones de colibríes en parejas y tríos sin que mi presencia los ahuyentara. Ocupada en mil cosas, que es la manera de no ocuparme de mí, de lo que me turba, de lo que me duele.
Estás aquí, en mí, y no quiero que te alejes. No importa si lloro, no importa si me duele, te necesito. Necesito sentirte cerca, a mi lado. Como en aquel poema que me escribiste: no quiero sentirme tan triste al no verte, quiero contemplarte dulce amada mía. Pero es a ti a quien quiero contemplar, aunque sea en mi sueño.
Necesitaba decirte todo esto, y muchas más cosas que de todas formas sabes, porque las has sabido siempre. Eres mi única debilidad, lo único que ha logrado hacerme temblar sin que me hayas tocado ni una sola vez. El punto donde mi supuesta fortaleza, se derrumba.
Y después de decirte cómo me siento y la falta que me haces encuentro un poco de paz. Me calmo, pero no me resigno. Sé que me escuchas mientras escribo; sé que, de alguna manera, me harás sentir que sigues conmigo. Y entonces hasta vuelvo a sonreír, anticipando una sorpresa que sé que llegará pronto.
Te quiero, y será así por siempre.
Postdatas:
1.  Antes de irme a dormir, la luz de mi Android se enciende, como si hubiera entrado un mensaje. Lo abro y quito el “candado”:
Bonjour      Je       Merci
Tres palabras que aparecen en Twitter, como sí estuvieran esperándome. Nunca escribo en francés en esa red, y nunca desde ese celular que solamente se conecta a Internet cuando estoy en casa.
Gracias a ti ❤
Un beso.
(Después quise mostrarle a Alma Rosa lo que había visto, y tuve que llevar a cabo unos tres o cuatro pasos para mostrarle el tipo de pantalla, que ahora mostraba palabras en español).
2.  Diez días después, encuentro este poema de Marguerite Yourcenar, quien sabía de este sentimiento:
Absent, ta figure se dilate au point d’emplir l’univers. Tu passes à l’état fluide qui est celui des fantômes. Présent, elle se condense; tu atteins aux concentrations des métaux les plus lourds, de l’iridium, du mercure. Je meurs de ce poids quand il me tombe sur le coeur.
En Feux. Gallimard.
3. Apenas ahora lo puedo poner acá.

31 de octubre: el viento trajo el sentimiento

Friday, October 31st, 2014

Había comprado dos macetas de cempazúchiles hace una semana. Se trataba de no perder la tradición y de recordar a los que ya no están. Pero por la mañana me entró como una urgencia de ir a comprar por lo menos una calaverita de alfeñique, al centro. 

Fui directamente a la Plaza Fundadores, a un lado de la Plaza Principal; ahí se instala el Festival del Alfeñique cada año. Figuras de mazapán de almendra y dulce de limón, pero también toda suerte de dulces pequeños y elementos para adornar un altar. 

Terminé comprando un pequeño anafre, carbón, copal, incienso y mirra, una catrina, la calaverita,  una canastita para la fruta de dulce de limón, y pequeñas cacerolitas con comida simulada. Y entonces tuve que entrar al Templo de la Tercera Orden, franciscano, a un lado de la plaza, porque no podía contener el llanto. Afortunadamente estaba solo, y en silencio. Estuve un rato para calmarme, la punzada haciendo daño, y regresé al estacionamiento, para recoger mi carro. De camino a mi casa compré panecito de muerto.

Y entonces, mientras ponía el altar, la punzada llegó con más intensidad. Lloré mucho, mucho rato. Tristeza pura por la ausencia. Ni reclamos ni rabia. Muy tarde decidí comer algo: sopa de fideos que quedó de ayer y una torta. Cuando estaba terminando, uno de los colibríes que habían estado llegando en parejas y en tríos entró a mi casa hasta quedar suspendido sobre la mesa por un momento, muy cerca de mí. No me moví, pero mejoró mi estado de ánimo. La punzada desapareció poco a poco, aunque el sentimiento sigue ahí y mis ojos no quieren estar secos.

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Mañana por la tarde encenderé el anafre y las velas, y volveré a leer lo que escribió para mí. Será un momento muy especial. 

31 de octubre: víspera del Día de Muertos

Friday, October 31st, 2014

Regresaba de Guadalajara y la oscuridad en el autobús te trajo a mí.

Te reclamo que no estés a mi lado. Voy en el asiento #4 y tú deberías estar en el #3, pero está vacío.
Te reclamo que aunque me pediste un beso (y tímidamente te di uno en la mejilla y entré en mi casa cerrando la puerta a punto del desmayo), nunca te atreviste a darme uno ni yo siquiera imaginé pedirlo. Inmediatamente siento la punzada en mi cuerpo, cuatro dedos abajo de la clavícula izquierda,  y te escucho diciendo mientras me digo que éramos dos hijos bien portados que nunca hubiéramos roto las reglas. Te digo me digo que tienes razón, mi mano sobre ese piquetito que se va disolviendo mientras la  lagrima que acompañaba al reclamo da paso a la sonrisa. Estamos tranquilos, ya sé. Hasta que me vuelva a dar rabia y te reclame o te convoque.
Hasta el fin de los tiempos

Hasta el fin de los tiempos