Archive for the ‘amigos’ Tag

30 de septiembre: el mes de tu cumple

Saturday, September 30th, 2017

Agitado, literalmente y en más de un sentido.

El inicio fue una continuación de agosto: el asunto de Nelson y los chinos y la revisión de los trabajos de los talleres en la UACH, en Parral, ocuparon la mayor parte de los primeros diez días. Terminamos satisfactoriamente, creo.
En el caso de Nelson y Cheetah Mobile es el punto final; en el de la UACH, es el inicio para ellos y lo que sigue depende de su interés y perseverancia para funcionar realmente como una academia, colaborando y creando.

Al mismo tiempo, al terminar esa primera semana, viajé a Tepic porque la señora que compra el terreno de lo que era la casa de mi madre (nunca habitada por ella) se comprometió a hacer un depósito a mi cuenta y a firmar un pagaré en mi presencia para el primer viernes de septiembre, pero nunca llegó.

He aprendido que hay que aprovechar cada momento, a disfrutar de la lluvia y del sol, aunque ande corriendo y me duelan los pies o la espalda. Lo he aprendido a través de lo que he perdido. Tú, por ejemplo. Entre eso y mi estilo de vida acelerado y azaroso, porque mi camino y los tiempos en que me muevo no siempre dependen de lo que yo quiero, necesito disfrutar de cada comida sin importar si se trata de un antojo callejero, de un taco en una carreta o de una comida formal, de la luna en cada fase que me muestra y del sol -especialmente en un amanecer o un atardecer. A veces puedo caminar bajo la lluvia, especialmente en Tepic, y a veces la disfruto desde mi rincón, con un libro y un café o una copa de vino. Y documentarlo para recuperar después los momentos, o compartirlos con los que están lejos y extrañan los espacios, los colores, las personas, los antojos.

En Tepic es muy sencillo disfrutar de todo esto, y estás tú: donde siempre y como siempre, atento a mi conversación, quieta y amorosamente a mi lado. Tu sonrisa y tu mirada están siempre presentes. Esta vez no fue la excepción. Te llevé una rosa. Debo decirte que buscaba una margarita, pero no encontré en ninguna florería de la ciudad. Casi llegando a tu casa, rumbo a dejarle a Raquel unos panes para su merienda, encontré un local pequeño y sencillo donde me ofrecieron las frescas rosas blancas. Solamente necesitaba una para dejarla en la misma banca de siempre, para que no olvides que siempre estoy ahí.

IMG_4966[1]

Los otros dos días que pasé en la ciudad, esperando que la mujer hiciera acto de presencia, los emplee en comer con mi mamá y mi tía, en vagabundear cuando salió el sol caminando hasta la Cruz de Zacate, reconociendo lugares que hacía mucho no visitaba, perdiéndome en calles por las que nunca había transitado a pesar de la cercanía con las que formaban parte de mis recorridos, revisando los trabajos de los huicholes en cuanta tienda o puesto estuvo a mi paso. Conversé con gente que no conocía, o con alguna que había conocido sin que hubiéramos tenido algún saludo intercambiado, y con mi primo Alonso.

Recordé a mi padre y a todos mis abuelos mientras conversaba con mi madre tomando  café frente a la plaza principal, antes de subirnos al turibús que ella no había experimentado. Las conversaciones con ella siempre traen un elemento inesperado a la construcción del rompecabezas que es mi historia la cual voy conociendo en episodios como de Star Wars, en el que las explicaciones de algunos hechos vienen apareciendo en las precuelas posteriores a los episodios los cuales, además, no se presentan en orden cronológico. Lo de esta conversación debería de haberlo sabido como unos 50 años antes, por lo menos. Pero ya qué.

La presión porque mi amá regresara a L.A. comenzó a aumentar y a provocarme lo que el estrés me provoca siempre. Por otra parte, mi economía no es precisamente boyante. Unas cuatro o cinco semanas antes Tanya me había invitado a ser parte de una charla en Guanajuato, en Casa Cuatro, en la que tres mujeres hablaríamos de mujeres, arte y ciencia. Escribí mi rollo con tiempo, no para entregarlo realmente sino como un apunte para no divagar; pedí a algunos amigos que escriben y publican que lo leyeran y me hicieran llegar sus comentarios; para la tercera semana del mes estaba listo, y lo publiqué en mi blog de Blogger.

En el ínterin me invitaron a participar en el Congreso Virtual de la UVSMP, en Perú, a celebrarse en la segunda semana de noviembre, y comencé a estructurar mi charla mientras enviaba los elementos requeridos: una foto en un formato especia (Tanya me hizo el favor de ponerla en ese formato), una hoja de vida (resumen de mi curriculum vitae) y el tema de la ponencia. No he avanzado mucho desde entonces porque esta montaña rusa va muy acelerada. Con todo eso pareció que la única opción era (fue) que yo llevara a mi mamá a San Diego al final de la tercera semana del mes. Lo conversé con ella y estuvo de acuerdo: volar de León a Otay, del lado gringo, cruzando por el puente elevado del aeropuerto de TJ con el fin de evitar traslados, filas, etc.

Funcionó aunque fue extraordinariamente cansado, extenuante, por lo que implicó como organización en todos los sentidos, incluyendo la levantada a las 3:30 de la mañana de manera de salir al aeropuerto a las 5:00 A.M., llegar a TJ al medio día con el anuncio de que habían cancelado mi reservación en el Airbnb seleccionado como consecuencia de la rotura de una tubería, y la necesidad de pagar por un alojamiento decente y seguro y, a esa hora y en esas condiciones, urgente. El Hotel Caesar’s es siempre mi mejor opción. Cierto es que TJ no es León: en cuanto hice pública la situación con el Airbnb me llovieron ofertas de mis queridas amigas para que me alojara con ellas, pero con el cansancio acumulado necesitaba un lugar en el que mi presencia no alterara la vida de nadie.

Mi primera visita, a mi comadre Haydee a quien no encontré, me llevó a la playa. Ahí pedí el agua de un coco fresco, luego me quité los zapatos y caminé hasta la reja de la frontera disfrutando del agua fría y del masaje de la arena. Fue como magia: desapareció el dolor de cabeza y el cansancio de pies y piernas. La puesta de sol se antojaba bella, pero regresé a casa de mi comadre para el deleite que es conversar con ella y ser atendida con mucho cariño, tomándonos un café. De regreso, en el restaurante de hotel cené con Venecia.

De nuevo: estar en Tijuana significa tener una actividad social y fraterna mucho más abundante en un solo día que en seis meses en León siempre, aun cuando vivía allá y más cuando estoy de visita. Con Magui Saucedo compartí una experiencia gastronómica en el Lorca, atendidas por el propietario/panadero/creador de delicias y gran conversador. Comida con Marychuy y tarde de playa con Paty y Mariana.

El jueves desayuné con mi enfermera favorita, Erika de la Mora, y luego fue de visita temprana a la Ibero. Saludé a Lety, a Haydee González, a Carmelita y a Guille y, de paso, a Raúl Olmos. Hay muchas obras en las fachadas (al día siguiente constaté que los interiores, donde la gente labora, están prácticamente sin alteración o mejora). Bajando hacia la Delegación de Playas me recogió Judith para ir a conversar y tomar un café al Ross. Comí con Haydée González y, luego, Abisag me llevó a conocer su proyecto de hidroponia.

Mi último día allá fue también muy bueno. Desayuné en la nueva cafetería  de la Ibero y fui a buscar a Magui Amézquita; se necesitaron tres vueltas a mi antigua oficina para encontrarla. El segundo piso, incluida la capilla, los pasillos y ¡los baños! no han tenido mejoras. En mis vueltas esperando a Magui conversé con Guadalupe (Enfermería), Mary Puga y, otra vez, Raúl Olmos. Interrumpí para saludar al padre David (el rector) y me senté en la banca frente a la capilla para esperar a Magui. Mientras, conversé con Gaby Ruiz muy animadamente.

Por mis fotos en Instagram y en Facebook, mis ex alumnos se hicieron presentes. Iván me quiso saludar. Fui a encontrarlo a la ceremonia de graduación que comenzaba en esos momentos y mientras conversaba con él fui levantada en un cariñosísimo abrazo por Cacho quien, además, me llevó a saludar a sus padres, en la fila de los muy serios familiares de los graduandos. Nos tomamos una foto, los tres juntos. De camino a la salida, encontré a Pedro, otro de mis ex alumnos; foto, por supuesto. Apareció otra vez Raúl Olmos y me acompañó a la salida, y hasta se me ocurrió que lo habían enviado a evitar que siguiera mi desfile 😉.

La playa me recibió como siempre, grata y plácidamente. Me tomé un té mientras se cargaba mi cel, volví a caminar hasta la reja de la frontera, tomé fotos y regresé a recoger mi maletín para dirigirme al aeropuerto y regresar a León, vía Guadalajara. Todavía conocí a una equivalente de una prima en mi vuelo a Gdl, quien puede tener otras pistas sobre la familia que no conozco y detalles de mi rompecabezas.

El lunes 25, como anunciado, estuve en Guanajuato para la conferencia y dormí (¿?) allá. Fotos, momentos, conversaciones, la visita de Elías a la plática con todos sus alumnos participantes en la Olimpiada Matemática y un regreso urgente para descansar de todo el ajetreo acumulado.

Estuve en una marcha; sigo los desastres provocados por los terremotos buscando maneras de colaborar, desde el primero en Chiapas; participo en el Comité de Colonos; mantengo mi mente muy ocupada y mi cuerpo también. A ratos solamente contemplo a los pájaros, especialmente a los colibríes y coincidiendo (a cualquier hora, como siempre, ya sabes) con el del color verde como tus ojos que viene a pasearse por la ventana, escuchar música y libar de cada flor, especialmente las del plumbago bello que te recuerda. Las flores todas ofrecieron sus ramilletes el día de tu cumple: gardenias, rosas, lavanda, plúmbagos y la dormilona.

Te quiero. Te espero siempre a cualquier hora y en cualquier lugar, como siempre.

 

Las fotos, mañana.
De mis paseos por la playa

P.D. Desde el lunes pasado Pako vive en Dundee, Irlanda, y trabaja para Outplay.

 

Advertisements

27 de agosto: ¿De qué me canso?

Sunday, August 27th, 2017

Casi termina agosto.
Mucho ajetreo, mucho disfrute.

La primera semana fue de actividades académicas en Parral, que no conocía, lo que me permitió estar cerca de gente que quiero, disfrutar haciendo lo que me gusta, reorganizar y actualizar cursos y materiales. El plus fue visitar a Toño y Ceci en Ciudad Juárez, desde donde volé a Guadalajara para regresar a León; 24 horas muy disfrutables y muy de agradecer.

En Parral, de entrada, el gusto que es conversar con Olinda aumentado con/por la participación de su familia completa, y la buena acogida de su selecto grupo de amigas nativas de ese lugar; luego las conversaciones e intercambios con los profesores de la Escuela de Economía, los participantes de los dos talleres. No hubiera sido un curso en forma si Murphy no hubiera intervenido desde el inicio: fallaron el salón, el cañón, la señal de internet y la electricidad, en ese orden, en la primera mañana de actividades. Nada que no se resuelva con mi rollo interminable, un par de marcadores para el pintarrón y la buena voluntad de los participantes.

Resistentes al inicio, entre broma y broma fui dejando saber mi postura ante lo que es el trabajo dentro de cualquiera de mis cursos, independientemente del estudiante y las medallas que se quiera colgar. Que abollé algunas coronas, me dijeron. “Me da una pena tan grande, que me tengo que reír”, como siempre.

17 inscritos, pero solamente unos 8 presentes de los cuales uno estaba de manera remota y es de los más participativos. Para algunos el asunto de tener que ver con lo virtual sigue siendo del diablo y prefieren no meterse. El quid de la cuestión es que los dos cursos y los apoyos para cada uno están documentado en Edmodo, que ahí deben entregar algunas de las tareas mientras que el resto, incluidas las discusiones, se desarrollan en un wiki de PbWorks. De los 7 que tenía ya nomás me quedan 5, activos, discutiendo y colaborando en línea. Falta que entreguen las tareas finales, cuya fecha límite es el 31 de agosto. Y “calificar” con las rúbricas que les fueron proporcionadas desde el inicio.

Mientras, comenzó el proceso de liquidar al único empleado de News Republic en México; la empresa es ahora parte de un consorcio chino y decidieron cerrar esta plaza (yo la hubiera cerrado hace unos 6 meses, al menos). El asunto es que el salario de ese empleado se hacía a través de Astrolol (la empresa de Pako que no tiene ya ninguna otra actividad). Así que, mientras estaba en Parral enfrascada en mi curso, fui notificada de la situación y hubo que proceder a organizar el finiquito, lo que implicó asegurarme de que se cumplieran todas las cláusulas que contempla la Ley Federal del Trabajo (LFT) en beneficio de los trabajadores; Gaby Naranjo me hizo el enorme favor de asesorarme para que el contador hiciera su trabajo a mi gusto (y el de la Ley), de manera de ofrecerle al empleado lo que por derecho le corresponde. Y hacerle la propuesta al empleado que ya tenía un abogado listo para saltar, pero no fue necesaria su participación y nos evitamos un disgusto y un desgaste.

Siguió el trance de hacerle entender al negociador de los chinos, entre Skype hablado y escrito y por correo (supongo que es el que mejor habla inglés, y es el único que está en California … y le tocaba negociar conmigo, en mi inglés que nunca se ejercita) lo que debían pagar, traduciendo cada uno de los artículos de la LFT para que entendiera y pudiera transmitirlo a su gente en Beijing. A veces había que repetir la información, detallar e insistir en el asunto legal y lo inconveniente de provocar un litigio. Aceptaron, pero lo volvieron a complicar con formas de pago en chino. Terminé sugiriéndole que fuera a TJ para que entendiera lo del tipo de cambio (parece que no le gustó la sugerencia) y que alguien iba a tener que pagar por el estrés que me estaban provocando, afectando mi salud física y mental (shhh no digan nada al respecto). Finalmente depositaron el dinero del finiquito y mañana comenzaremos con la última fase: pagarle al empleado, al contador, y los gastos que surjan. Y cerrar la cuenta y la empresa.

Por detrás de todo eso, el asunto de la casa de mi mamá, y la salud de ella, y sus ganas de salir a la calle y de visitar jijos, y de…lo cual también parece haberse resuelto el viernes 25. Viernes de celebración, porque los cerrojos se descorrieron para destrabar todo lo que estaba detenido.

Por supuesto que no ha faltado ocasión de celebrar la vida con los amigos (de otra manera sí estaría ya en una casa de salud). Fue la ópera, “Carmen”, con Alma Rosa; Beatriz y Lizzeth en una reunión en casa; merienda con Ada y Toño seguida de un mini baby shower para Yamile; ver el eclipse con Tanya y terminar en el nuevo acuario, en Altacia, para luego comer deliciosamente; y que surgiera un proyecto que verá la luz, efímera, el 25 de septiembre. Ayer fue cafécito y donas con Poncho, seguido de una caminata de León Moderno al Poliforum; hoy, “Yo me enamorí de un ayre” en el Teatro María Grever, para aplaudir el trabajo de Ghislaine (¡esa voz!), de Jorge y de Bertha. Siguió una caminata por el centro de esta ciudad que ya se adorna con los colores de la bandera, y encontrar antojos.

Me he desahogado, por supuesto, en Facebook.

A propósito del eclipse he recordado otra etapa de mi vida y a mis queridos amigos, los que están todavía presentes y los que ya se fueron, y hemos tenido una buena interacción feisbuquera. Otras vidas, otros recuerdos y un amor eterno han sido parte de mis días y mis noches, acompañada por música, lecturas, coincidencias.

La ópera Carmen merece un texto aparte, próximamente. Se trata de que yo conserve la memoria, simplemente.

Y bueno, hay que organizar todo lo que sea necesario para comenzar mañana con los detalles formales del finiquito del empleado (ya no sabemos ni de quién es empleado). Si todo va bien y sin tropiezos, quisiera estar “desocupada” el miércoles por la mañana, para ir de jueves a sábado a Tepic, para vigilar de cerca el proceso de la casa y ver a mi amá, checarla y chiquiarla tantito, sacar un acta de nacimiento original original (recuerden que soy como Batman) antes de regresar a León a seguir con los procesos que están en marcha.

Las fotos y los videos están en Facebook e Instagram.

Me cansé leyendo. Hora de detener el tiempo.

15 de noviembre: De los vericuetos en la mente de cada uno

Tuesday, November 15th, 2016

Después del curso taller en Aguascalientes, hace poco más de dos semanas, y mientras disfrutaba de una excelente comida con César, Carmen y Elías, conversando como hace mucho tiempo no lo hacíamos, Elías comentó respecto a lo que yo narraba: “¿por qué a mí no se me ocurre eso?”

Uno va creciendo, generando sus propios códigos mientras va separando lo que le gusta de lo que no, lo que está dispuesto a compartir con el mundo, lo que comparte con muy pocas personas y lo que es privado. Al mismo tiempo aprende a respetar el derecho de los otros a su privacidad. Bueno, eso es lo que a mí se me ocurre y es una de mis construcciones y uno de mis códigos. Lo otro, la intromisión en la vida y el pensamiento de los otros, es algo que simplemente no se me ocurre hasta que resulto afectada. Y sí, hago un gran escándalo de lo que para algunos, con toda seguridad, no es más que un incidente.

Alguna vez tuve un diario, seguramente regalo de alguna de las pen pals que teníamos en las clases de inglés, en la secundaria. Era rojo con un par de líneas doradas y tenía llave. No recuerdo qué escribí en él, en una época en que ni siquiera prestaba atención al mundo ni, mucho menos, a esos seres de los que había tres en mi casa y que se reunían con otros similares y con los que ocasionalmente tenía que convivir. Conservaba el diario guardado en el cajón de mi ropa, en la cómoda compartida con mis hermanas, un cajón para cada una. Un día descubrí que la cerradura había sido violada; me deshice de él y nunca volví a escribir mis pensamientos, hasta la creación de mi blog personal en WordPress, hace unos seis años.

Mientras leo Nadie me verá llorar, de Cristina Rivera Garza, me queda claro que uno puede dedicar una parte de su vida a indagar sobre los orígenes y la vida de una persona de la que se ha obsesionado o que lo ha fascinado, en un afán de conocerla a fondo y tratar de comprender lo que la ha llevado a ser lo que es; y que la investigación puede ser profunda y cuidadosa, al modo de un investigador que se documenta para escribir una biografía, un hecho histórico, y similares.

Cierto que a mí eso no se me ocurre, ni siquiera para conocer mis orígenes. Ocurre en ocasiones que, conversando con mi madre y mi familia cercana, particularmente los mayores que yo, descubro que tengo parientes cercanos de los cuales nunca había sido consciente -como los otros hijos de mi abuelo paterno, a los que conocí seguramente en su propia casa, con su madre y mi abuelo pero que nunca integré a mi familia hasta que me lo hicieron ver. O el nombre completo de ese mismo abuelo, o la personalidad que fue mi abuelo en la vida política en mi ciudad natal.  Hay cosas sobre la vida de mi propio padre, particularmente sobre su vida como docente y como defensor de los derechos de los trabajadores, de las que me he enterado por aquellos que fueron tocados por él y he agradecido mucho las historias compartidas que refuerzan mi conocimiento de su valor como persona dentro de una amplia comunidad que lo reconoce. Pero nunca pregunté sobre sus vidas, sobre sus amistades, sobre sus motivos, y ni se me hubiera ocurrido ponerme a hacer cábalas al respecto. Sé solamente lo que me ha sido confiado de manera directa y lo que resulta de mi observación.

Nada de la vida personal de los otros estaba en la conversación de mi abuelo (un hombre muy callado, amable y discreto, por cierto) o en la de mi padre que nunca se metía en los asuntos de los demás. Del lado femenino de mi familia desconozco las historias, en general. Mi madre me ha venido enterando de algunas, cuando se acuerda de algo que le parece significativo. Mi abuela cantaba y contaba historias pero no chismes, y tampoco se entrometía en las vidas ajenas.

Y yo no pregunto, sencillamente porque odio que me interroguen. Cuento todo lo que se me ocurre y me ocurre a lo largo del día; cuento mucho de mi actividad docente y profesional; desnudo mi sentimiento en muchas de las publicaciones en mi blog, en mis historias -cuentos, les llaman, aunque yo no sea realmente cuentista, en las canciones que comparto, etc. Pero nadie tiene derecho a interrogarme sobre lo que no comento. Y a nadie le concedo el derecho a escuchar/leer lo que no le está destinado.

Mi hijo aprendió que las puertas cerradas indican privacidad y solamente se llama si hay un motivo válido; que la correspondencia solamente puede ser abierta por su destinatario; que las aplicaciones en los dispositivos electrónicos, etc. son privados aunque se encuentren abiertos y abandonados; y que uno no hurga en las pertenencias de los otros, por ningún motivo.

Intervenir la correspondencia y las conversaciones y/o darse los medios para hacerlo, de cualquier manera, es o debería ser un delito. Denota, a mi parecer, la falta de seguridad y el consecuente deseo de control de quien lo comete. Y me recuerda a esas personas que son las últimas en abandonar una reunión con la esperanza de que nadie se quede comentando algo sobre ellas. Enfermos, además de delincuentes.

De las relaciones de mis amigos, sus familias, sus amores, sus errores, etc., me voy enterando cuando me lo van contando. Hay muchas cosas que no sé ni de ellos ni de las vidas de mis hermanos. Lo mismo con la vida de mi hijo: conozco aquello que me ha querido compartir o lo que sus amigos sueltan en alguna conversación. Y, de todos, lo que observo y de lo que derivo algunas conclusiones que a veces resultan muy acertadas, a la luz de los acontecimientos siguientes.

Pero no indago sobre las vidas de las otros. De repente veo que dos de mis amigos están comentando algo y que se han vuelto amigos (lo que eso significa en las redes sociales). A veces me sorprende y generalmente es grato, pero nunca me pregunto cómo es que surgió esa amistad o lo que está detrás de ella. No me interesa saber quiénes son los amigos de mis amigos ni sobre sus familiares o lo que conversan entre ellos. Ni siquiera si conversaran sobre mí (de lo que ni me entero).

Lo dije ayer: lo peor que me puede suceder es que no encuentre una manera segura de conversar con la gente que más quiero, pensando en que lo que escribo o digo puede ser leído o escuchado por alguien a quien no está destinado porque se ha dado los medios para hacerlo. Y no, no hay complots ni planes contra alguien en esas conversaciones (esos los hago públicos). Se trata, simplemente, de conversaciones privadas. Y detesto la idea de que puedan ser intervenidas.

Mucho ruido y pocas nueces, dirán algunos. Para mí es crucial.

15 de junio: Actualización de perfil

Wednesday, June 15th, 2016

He vivido tiempos privilegiados, sin duda.
Ayer, actualizando mi perfil en Facebook, agregué uno de los hechos más relevantes en mi vida el cual, por alguna razón, no había incluido: mi llegada a la Ciudad de México a los 15 años para estudiar el bachillerato, en principio. Me quedé ahí poco más de 25 años y en ese tiempo todo llegó a mi vida además de las oportunidades de formación y trabajo. Ese cincuentenario lo celebré el año pasado, en agosto, caminando de la mano de mi memoria.

Es interesante recordar que antes de mi nacimiento (1950) ya existían:

  •          1911 Aire acondicionado, de W.H. Carrier
  •          1911 Vitaminas, de Casimir Funk
  •          1911 Lámpara de neón, de Georges Claude
  •          1921 Insulina, de Frederick Grant Banting, Charles Herbert Best, John James Rickard
  •          1922-26 Películas cinematográficas con sonido de T.W. Case
  •          1928 Penicilina de Sir Alexander Fleming
  •          1933 Modulación de frecuencia (FM), de Edwin Howard Armstrong
  •          1935 Buna (caucho sintético), de Científicos alemanes
  •          1935 Radiolocalizador (radar), de Sir Robert Watson-Watt
  •          1935 Cortisona, de Edward Calvin Kendall, Tadeus Reichstein
  •          1940 Televisión en colores, de Guillermo González Camarena
  •          1946 Computadora digital electrónica, de John Presper Eckert, Jr. y John W. Mauchly
  •          1947 Cámara Polaroid Land, de Edwin Herbert Land
  •          1947 Horno de microondas, de Percy L. Spencer

En mi primera década aparecieron:

  •     1954 Vacuna contra la poliomielitis, de Jonas Salk
  •     1956 Videocinta, de Charles Ginsberg y Ray Dolby
  •     1958 Satélite de comunicaciones, de Científicos del gobierno de EEUU
  •     1959 Circuitos integrados, de Jack Kilby y Robert Noyce
  •     1960 Píldora anticonceptiva, de Gregory Pincus, John Rock y Min-chueh Chang

Y a partir de los 60 se sucedieron muchos y muy importantes descubrimientos, como

  •      1962 Diodo emisor de luz (LED), de Nick Holonyak, Jr.
  •      1964 Pantalla de cristal líquido, de George Heilmeier Estadounidense
  •      1966 Corazón artificial (ventrículo izquierdo), de Michael Ellis DeBakey
  •      1967 Trasplante de corazón humano, por Christiaan Neethling Barnard
  •      1970 Primera síntesis completa de un gen, por Har Gobind Khorana

Estudiando la licenciatura en el Instituto Politécnico Nacional, a partir de 1968, conocí y utilicé las primeras computadoras, enormes máquinas de diferentes tipos para las que había que generar el código, en alguno de los lenguajes de la época, para resolver algunos problemas de álgebra, por ejemplo. Pero esa es otra historia.

Para cuando me fui al DF, a finales de 1965, ya había estado dos veces de vacaciones en Tijuana, con mi madre y mis hermanos. Había estado en el Zoo de San Diego y en Disneylandia, en donde lo que más me gustó fueron el submarino y el monoriel. Recuerdo cuando regresamos de ese viaje y le conté al Profe Villalobos (clase de inglés, inicio de tercero de secundaria) mi escapada cuando un gringuito me invitó a subirnos juntos a Magic Mountain. Se rió de mi simpleza y me dijo que debí aprovechar la oportunidad de practicar mi inglés; como parte de las actividades en su clase teníamos pen pals en los Estados Unidos, con quienes intercambiábamos experiencias y regalos. Así que cuando llegué al DF no me maravillé tanto. Era una gran ciudad pero la gente, en general, no conocía ni el estilo ni las comodidades americanas.

A Tepic la televisión llegó en 1968 y el enorme televisor a colores que compró mi padre hizo que los chiquillos del vecindario se congregaran para ver los Juegos Olímpicos que se celebraban en nuestro país. Afortunadamente yo ya no vivía ahí.

En el DF no tenía tele ni la necesitaba, pero sí mi radio de transistores que supongo me regalaron en algún momento mientras estudiaba la secundaria. Fue parte de los juguetes tecnológicos que pude conocer y disfrutar con mis hermanos, que incluyen el avión de motor de Manuel y la muñeca enorme con grabadora integrada de Irma. Por supuesto, la cámara Súper 8 con la que mis padres registraron muchos de los eventos familiares. El chiquillo de Velarde también tenía una y a veces, en el aserradero, veíamos las películas grabadas. Los patines, el Meccano, el tren, la bicicleta y el juego de química fueron parte de los juguetes de mi infancia. Cuando me fui al D.F. me regalaron mis patines para patinar en hielo.

La ropa que me confeccionaba mi abuela era tomada de los libros de modas americanos: minifaldas toda la vida, bikinis, colores psicodélicos, pantalones antes de que fueran moda en México, etc. Algunas veces hasta las prendas llegaban directamente de allá. El contacto de mi padre con sus amigos americanos nos acercaba mucho al estilo de vida americano: las lecturas en inglés, comenzando por la Encyclopædia Britannica y la serie de libros The Children’s Classics, siempre a estuvieron presentes al igual que la música; primero la clásica, las grandes bandas, el swing, el rockandroll y luego el twist. Tuve mi tocadiscos (americano, por supuesto) y mi propia colección de discos. A la muerte de mi padre heredé la Encyclopædia, que doné a una escuelay la colección de libros para niños, que conservo.

En Ciudad de México la gente, las familias, era mucho más tradicional y convivían y celebraban mucho como se muestra en las películas costumbristas del cine mexicano (las cuales he ido conociendo en los últimos años a través de cable): madres sufridas y abnegadas, mujeres abandonadas por cometer “el pecado” que las dejaba embarazadas y cuya “vergüenza había que ocultar regalando o abandonando a las criaturas o criándolos como si fueran sobrinos, hijos que veneraban a sus padres a quienes obedecían sin chistar, etc. Las cosas y las personas eran como esas películas: en blanco y negro sin posibilidad de aceptar que hay una gama de grises y que nadie está en los extremos de ese espectro.

Tepic era otra cosa. Una ciudad pequeña en la que cada uno de sus habitantes cumplía un rol, por su trabajo, el cual no lo confinaba a ningún gueto; la convivencia y la colaboración no encontraban restricciones de tipo alguno. En mi familia, particularmente, crecimos con la influencia de la rebelión y de lucha obrera de mi abuelo que lo llevó a asilarse en los Estados Unidos siendo mi padre un bebé, y de la formación integral de mi padre en aquellas tierras. Su manera de ver la vida era muy diferente a la de la gran mayoría de los padres de mis amigas y compañeras. Nunca se trató de veneración sino de respeto; y nunca se trató de obediencia ciega sino de discusión, diálogo y colaboración.

En mi comunidad (todo el pueblo) había solteras mayores, madres solteras y solteras que conseguían marido a través de los pequeños anuncios en la revista Confidencias. Y había las que se casaban embarazadas y, seguramente, las que abortaban, aunque el primer caso de aborto lo conocí en el D.F. hacia 1973.   También había homosexuales -hombres y mujeres- y, excepto por los vagos que se metían a hacer desatinar a Chayo el tostadero, la comunidad los respetaba y eran personas respetables que aportaban su talento y su trabajo, como un par de los excelentes maestros que tuve en la secundaria.

Este año celebro el cincuentenario de mi filiación politécnica.

 

Dicen que pa los toros del Jaral los rancheros de allá mismo y … sí. La única persona totalmente compatible conmigo vino a ser mi paisano, encontrado en mi segundo año de bachillerato, en el mismo grupo, y que resultó ser vecino de Raquel, de Lupita Láscares, de mi abuela María y hasta de mi tía  Elena. El amor de mi vida, mi santísima Trinidad.

El cincuentenario está a unos meses.

 

20 de abril: Taller en el Tec

Wednesday, April 20th, 2016

Hace algunas semanas que Alex Usabiaga me hizo llegar la invitación a la Semana de la Ciencia, para ofrecer un taller a los alumnos de bachillerato del Tec de Monterrey. Acepté, fundamentalmente, porque me gusta trabajar con los jóvenes, aprender de sus inquietudes y sorprenderme con sus comentarios.

De la institución, en el tiempo de la dirección del Ing. Coutiño,  guardo excelentes recuerdos y experiencias, tanto de los fantásticos y comprometidos alumnos que se inscribieron en alguno de los muchos cursos que impartí en los diferentes programas y carreras, como de los compañeros de trabajo que dejaron el campus antes o al mismo tiempo que yo. Todavía hay ahí algunos a los que aprecio y a los que encuentro en alguno de los eventos a los que me invitan o a través de Facebook. Guardo un recuerdo y un agradecimiento especial para el rector del Sistema en aquellos tiempos, el Dr. Rafael Rangel Sostman; para el rector de la Zona Centro a la que entonces pertenecía el campus, el Ing. Luis Caraza Tirado  y, por supuesto, para mi jefe y amigo el Ing. Hugo Millán Arellano. Eran buenos tiempos, y el equipo académico del que fui parte puso al campus en primer lugar en Calidad Académica dentro del Sistema, lo cual no es poco logro.

Luego todo cambió: se fue el Ing. Coutiño, se fue Hugo, la adscripción del campus cambió a la Zona Occidente, llegaron personas sin arraigo, sin memoria y sin historia a ocupar los puestos directivos. El equipo de trabajo fue desmembrado (nos despidieron por razones económicas, pues) y el foco pasó de la Calidad Académica a la Salud Financiera. El último año que pasé ahí estuve en depresión, clínicamente diagnosticada y muy bien atendida por el Dr.  Roberto Gómez Alba, psiquiatra en el Aranda de la Parra. Luego me fui a Tijuana. Juanjo Rivaud, con quien me encontré en Ensenada recién llegada a la frontera se congratuló: “ese no era tu espacio; qué bueno que ya no sigues ahí”.

Regresé hace tres años porque me buscaron para darme un reconocimiento como uno de los maestros que dejaron huella en los 30 años del campus y 70 del Sistema. Luego, hace dos años, para colaborar en un concurso de matemáticas. Así, no es muy frecuente que suba a admirar la vista desde el Cerro Gordo.

IMG_4062

La vista desde Aulas 4. Mi oficina estaba en el segundo piso de este edificio (la parte de la izquierda).

El evento de hoy estuvo organizado por el Bachillerato del campus, orientado a los jóvenes estudiantes de ese ciclo. Algunos ex alumnos y algunos ex compañeros ahora colaboran ahí y la verdad es que da gusto encontrarse con ellos.

La recepción fue divertida: siguiendo las instrucciones me dirigí al auditorio principal, que no existía hasta 2004, por lo menos. Llegué reconociendo a Natzín, Luly e Irma, que estaban a cargo de la organización. Rosy García, maestra de siempre en el Bachillerato vino a saludarme muy amistosamente (y me sorprendió, pero esa es otra historia), así como Rosy Moreno con quien tengo amistad de años. “Me pregunté quién es esa que llegó reconociendo y llamando la atención del staff”, dijo una de ellas, y añadió “inmediatamente supe que eras tú”. Pos sí, así nací y así soy. Más: “comentábamos que hoy debimos venir con una etiqueta de nerd (por aquello del tema del evento), pero tú si te la pusiste”. Pos sí, si ya me conocen …

me

Alex Usabiaga estaba encargado de acompañarme, ¿será que paga por haber cometido alguna falta grave?, pregunté en broma. En realidad pasó de ser un muy buen alumno a un excelente amigo.

A las 11:30 de la mañana comenzó el taller, con la asistencia de una veintena de jóvenes. Alex hizo una breve presentación y entramos en materia.  La presentación en Power Point es breve, pero el cuerpo se encuentra en el Popplet enlazado a la mitad del documento y el enlace está activo, como todos los que aparecen. Chavos atentos que suspendieron el uso del celular sin que se les pidiera, participativos algunos.

Detalles: desconocen cualquier cosa de la historia del campus o la institución; ignoran, por ejemplo, quién ES el Dr. Rangel y su papel en la creación del campus y su desarrollo. Desconocen lo que pasa en la ciudad, especialmente en lo que se refiere a la mala administración que padecemos y sus acciones. Cuándo les pregunté sobre el uso de su tiempo libre dudaron; una chica dijo que casi no tenían porque se la pasaban texteando, revisando enlaces, etc., sin reconocer que ese es el uso que hacen. Se sorprendieron/rieron cuando les pregunté si nunca se habían ido de pinta o a jugar una cascarita. Me sorprendió que apenas uno de ellos haya visto 2001: Odisea del espacio o Gravity!, que no supieran quien era Asimov aunque algunos hayan visto Yo, Robot (no leído), y del estilo. Me sorprendió que no conocieran Wolfram Alpha, y se sorprendieron de lo que puede hacer con sus tareas. Me sorprendió que tomaran notas a mano en lugar de tomar fotos de los enlaces que iba abriendo en el Popplet o los títulos que escribía yo en el pizarrón y aunque comenté que les haría llegar la presentación completa.

DSCN2595.JPG

 

Al preguntarles sobre sus planes de vida, suponiendo que ya tuvieran uno, apenas un par de chicas y un par de chicos fueron muy claros y asertivos sobre lo que tienen pensado estudiar, incluyendo los sitios donde lo piensan hacer. Y me divirtió la respuesta de otra chica que dijo que le interesaba la cinematografía pero también la ciencia; le pregunté si había visto Gravity!, precisamente, y contestó que no le gusta la ciencia ficción, luego dudó y dijo que no le gusta la astronomía y terminó por reírse de sí misma, confundida.

Fue sano, fue bueno y fue divertido, como siempre. La cereza de este sabroso pastel llegó cuando revisaba mis mensajes en los jardines de Aulas 4, al terminar el taller, esperando a que nos reuniéramos para comer. Un joven que no había estado en la sesión se acercó para preguntarme si podía responderle una duda, porque alguien le dijo cuál es mi oficio: quiere estudiar matemáticas y quería una orientación. Le interesa la computación y la estadística, con posibles aplicaciones a la economía, dijo.  Le sugerí acercarse al CIMAT y buscar a la gente que conozco ahí y en los que tengo confianza (no esos que he mencionado en otros espacios y que juegan al yoyoyoyo intensamente).

 

Vino la comida, en una mesa compartida con queridos amigos, y nos quedamos en una amena sobremesa (siempre hablo de más, sorry) hasta pasadas las cuatro de la tarde.

colegas.jpg

Muy agradecida, definitivamente.

3 de marzo: Entre la lluvia y mi llorar

Thursday, March 3rd, 2016

A mí nunca me ha gustado asistir a congresos, como no sea para reencontrar a amigos queridos. Así es como asistí por última vez al congreso de la Sociedad Matemática Mexicana, en Ensenada, recién llegada a Tijuana en octubre de 2004. Por eso asistí tambien a los de Aguascalientes y Guadalajara, de la misma SMM. A veces asisto y participo con algún rollito a eventos convocados por amigos o algún grupo cuyo trabajo me parece relevante y a los cuales me invitan. Pero oír rollos y ver/soportar egos inflados no se me da. Prefiero conocer las ponencias, por escrito, para tener tiempo de digerirlas sin que a la presentación en vivo preceda el elogio curricular del ponente. De esa manera puedo saber si hay algo relevante o interesante para mí.

En Ensenada reencontré a Juanjo Rivaud y a Shirley Bromberg, así como a muchos de mis ex compañeros de Matemática Educativa. Compartir la comida y la conversación con Shirley y Juanjo, degustando la maravillosa cocina del puerto, es uno de mis mejores recuerdos de mi querido profesor, quien me invitó a formar parte de su equipo unos tres años antes de que yo decidiera renunciar al Cinvestav, el SNI y a mi vida en la Ciudad de México. Antes de esa incorporación formal Juanjo era ya un amigo/consejero muy importante en mi vida; murió casi un año después de este encuentro.

Asistir pues a un congreso de lo que sea no es lo mío pero, por alguna razón, el tema del evento anunciado me pareció interesante porque era un área de la que no sabía nada y me permitiría adentrarme en rutas desconocidas. Tuve que viajar para llegar la noche anterior al registro y no perderme la oportunidad de conocer gente que suponía interesante. A pesar de ser la primera en llegar fui la última en ser atendida porque primero las celebridades, cómo no.  Cuando por fin llegó mi turno me entregaron un paquete de bienvenida armado casi con lo que había quedado. Una gran desorganización fue lo que observé. Pero estar ahí me había permitido conversar con los ponentes que iban llegando y enterarme, a grandes rasgos, de lo que expondrían. Suficiente para mí.
Regresé en autobús a pasar la noche a casa de mi madre. Mientras me acomodaba para dormir reparé en que era la segunda noche durmiendo en camas distintas y que dormir en cualquier parte que no sea mi cama es algo que mi cuerpo resiente y hace patente. Pero era el plan de viaje y  estaba contenta por estar en casa, de alguna manera. Comencé a oír la lluvía cayendo intensamente, y el fresco de la noche hizo que necesitara jalar una manta sobre las sábanas.
Me despertó abruptamente la sensación de tener una especie de cepillo peludo sobre mi cara; sin abrir los ojos quise sacudirme lo que fuera que me despertara cuando todavía tenía sueño, pero no encontré nada. Mi amá despertó también y dijo que, seguramente, había sido un sueño. Acostumbrada a que dormida argumento, peleo, hago cuentas, etc., desde que yo soy yo, no le dio mucha importancia. Ya no pude dormir de nuevo.
Un ratito después me incorporé para encontrar a un pequeñín peludo, casi un osito, que me miraba con sus grandes ojos, queriendo jugar. Lo regañé por haberme asustado y respondió meneando su colita mientras aceptaba su culpa bajando la cabeza. De pronto salió corriendo y regresó con un trapo que me llevó a la cama, insistiendo en que lo aceptara. Con la mirada triste me indicaba que lo usara… para secar mis lagrimas.
Desperté ahora sí. No llueve, no hay perritos junto a mi cama y nadie se da cuenta de mi llanto. Yo misma no me había dado cuenta, pero el cubreojos que uso para dormir está mojado. Y sí, me duele la espalda.

21 de febrero: De convivios y encuentros

Sunday, February 21st, 2016

Anuncié mis planes para el día, como siempre, a través de Facebook.
Se trataba de una salida a comer acompañada de mi madre, mi hijo y mi sobrina. Nada extraordinario, pero compartir la comida es uno de los placeres de toda mi vida, aprendido en mi familia.

Cuando era muy pequeña mi tía, hermana de mi madre, aparecía en nuestra casa trayendo la comida preparada por ella que tenía una sazón mágica, independientemente de lo que mi madre o mi abuela hubieran preparado.  Años más tarde vivimos todos en casas separadas por pequeños patios y compartiendo un enorme patio/jardín/corral. Ir de una casa a otra para comer lo que más se nos antojara o degustar todos juntos  los antojos preparados por mi abuela o la comunidad era lo más natural. Algunas veces se unían al clan los amigos de mis hermanos y algunas de mis compañeras de clase y de vez en cuando otros parientes. Incluso tuvimos a la mesa  migrantes que bajaban en la Estación del Ferrocarril, a 650 m de nuestra casa, en busca de comida a cambio de trabajo.

La ocasión para compartir, más frecuentemente, era la hora del café. O. mejor dicho, las múltiples ocasiones en que se tomaba café en casa. Alguien podía entrar preguntando si ya estaba el café y ese era el momento de prepararlo para acompañarlo, siempre, del buen pan de alguno de los tíos Aldaco, especialmente mi padrino Carlos.

Así que mi familia y yo nos hicimos presentes en el restaurante seleccionado y anunciado, que parecía bien ambientado. Al entrar noté su presencia, acompañado de un par de amigos que yo no conocía. Me sorprendió darme cuenta de que parecía menos avejentado de lo que yo hubiera supuesto después de tantos años sin vernos. Sonreí para mí misma reconociendo que no era casual, porque vivimos en ciudades muy distantes. Me esperaba, seguramente, y me di cuenta de que me miraba buscando que lo reconociera y lo saludara. Lo bueno es que mi cara de despiste total es permanente y  no me cuesta mucho trabajo hacerme pasar por distraída.

El servicio tardaba, de modo que me levanté a buscar a quien fuera necesario para que nos atendiera. Me enviaron a la entrada a buscar a quien nos había conducido a nuestra mesa para que nos dijera quién era el mesero a cargo de nuestra mesa y lo enviara inmediatamente. En ese momento me alcanzaron mi madre y mi sobrina; mi hijo se había ido, me informaron, con el hijo del dueño de una escudería a ver los carros y las instalaciones de prueba. Lo conoció, mientras yo deambulaba en busca de atención, a través de uno de mis primos con quien el joven se encontraba comiendo en otra mesa cercana. Seguramente lo disfrutará, pensé, y me alegré por la oportunidad que se le presentaba.

Ya no volvimos a la mesa, y desperté sin saber qué había motivado a mi viejo amigo a buscarme.

 

17 de febrero: Al corte

Wednesday, February 17th, 2016

Dice Wolfram Alpha que hasta este momento llevo:

65 años, 11 meses y 27 días = 3443 semanas y 4 días = 240105 días. En breve: 66 años.

Mucho tiempo en el que ha habido de todo. Lo mejor: las amistades y los afectos de todo tipo. El amor ha estado presente en todas sus manifestaciones (más o menos) y solamente un dolor inmenso, involuntariamente causado e impensable, me ha quedado. Por lo demás, no puedo quejarme.

Decidí comenzar a celebrar hace una semana, viajando a mi tierra, visitando a la única amiga que tengo en Tepic, la que tan cuidadosamente evita que los recuerdos me lastimen –como si fuera posible. La que comienza como a desvariar, hasta que caigo en cuenta que eso solamente ocurre si yo toco el tema, aunque sea de rozón. Por lo demás es capaz de acordarse, mejor que yo, de anécdotas de la escuela, de mi familia, de la academia de mi padre, etc. y mantener una conversación de dos horas con total coherencia.  Platicamos de mis paseos y caminatas, desestructurados y sin rumbo, y confiesa que ella no podría viajar conmigo. Necesita certezas y mantener sus costumbres; para que luego uno crea que todos los Acuario somos igualmente vagos. LOL

Platicando sobre su casa, muy deteriorada pero muy bien ubicada, le pregunté si no le convendría venderla para cambiarse a algo más cómodo y a la medida de sus necesidades. “No”, respondió. La casa ya está asignada a alguien para cuando ella falte, y mudarse equivaldría a dejar todo lo que conoce. Al despedirnos, después de partir la rosca de su cumpleaños, me pidió que la siga visitando cada vez que vaya a Tepic y me acompañó para hacerme dar la vuelta por el parque Juan Escutia impidiendo que pasara frente a la casa que él construyó y en la que lo asesinaron, “al cabo puedes bajar por la Zapata” me dijo. Tuvo razón, seguramente; si el recuerdo duele desde acá, caminar por su acera hubiera sido terrible.

Pero parte de la ida a Tepic es ir al mismo lugar de tantos encuentros que el azar dispuso, en la Alameda. Ahora está en remodelación total, aunque están respetando los árboles y las plantas. Desde la banca de siempre le escribí, como lo hago desde hace años. No podía quedarme mucho tiempo pues en el sitio solamente había albañiles, y casi lo escuché diciéndome que buscara un espacio más seguro. “Te espero siempre, en cualquier lugar y a cualquier hora, como siempre”, escribí para despedirme. Caminé hasta el café Chilindrón y escogí el rincón menos visible: una mesita para una persona, entre una columna y una maceta, apenas una rendija dando a la calle. Hasta esa rendija llegaron dos trovadores a cantar “Cien años” (llevo ya 49) y “Sabor a mí”. Forever.

Ir a Tepic también es visitar a mi hermano Saúl y a mi cuñada Cata (siempre trabajando), pasear por el centro, comer antojos que solamente ahí encuentro y, esta vez, cumplir la fantasía de conocer y alojarme en el “Hotel Sierra de Álica”, que es un año más joven que yo. Ese y el “Bola de Oro” eran los hoteles reconocidos en Tepic, en la ciudad que yo conocí antes de ir a vivir a la Ciudad de México. Pude también entrar, por primera vez desde 1968, a la escuela Amado Nervo, en la que estudié la primaria; no ha cambiado en lo absoluto, y seguramente el esqueleto  aquel sigue estando en los baños del colegio. Esta vez también pude convivir con mi primo Alonso, con quien raramente había conversado en el pasado, y hasta me tocó cenar con Arturo Gutiérrez que iba de paso, trabajando para Flexi, y coincidió conmigo.

De Tepic a Amatlán, donde no hay prisas, donde uno puede ir al mercado cuatro veces en menos de media hora y donde mi hermano Manuel y mi cuñada Alicia me atienden muy bien también. ¡Esta vez hasta me dejaron cocinar!

De entonces para acá han sido días de una sensación de dejarme ir, de absoluta debilidad, de querer dormir y no saber más. Hasta que el hijo me marca para saludarme, mandarme los avances del diseño estadístico y financiero del juego que está produciendo, las consultas sobre el caso del empleado de News Republic y la necesidad de contactar al contador. En esos momentos me siento muy activa. Luego regreso a la melancolía, la punzada, y algunos signos fuera de mí que me llevan nuevamente a mi estado de languidez.

Pako me felicitó hace unas horas, cuando la mañana del 18 llegó a Hyderabad. Le recordé que eso significa que hace 37 años mi impresora 3D (dijo la Lore, a propósito de los úteros) produjo una obra maestra de precisión basada en algunos requerimientos técnicos de mi parte, indispensables dadas mis escasas habilidades y conocimientos sobre la crianza de un escuincle. La respuesta cuando lo elogio o le digo que estoy orgullosa es siempre “eh?”, y me cambia la conversación.

Así que fui a atender los asuntos de la contabilidad, caminé mucho, comí pizza, cambié de zapatos y regresé a casa cansada pero con casi todos los pendientes del mes ya resueltos.

Y mañana, me voy de paseo.

 

 

 

12 de septiembre: Gracias

Saturday, September 12th, 2015

Tantos agradecimientos en este día:

A mi sobrino Jorge que me recibió y acompañó en Guadalajara;

A los que hoy me trajeron a Amatlán de Cañas y me alojan en su casa: mi hermano, su esposa y sus hijos.

A los que me reciben y me integran a esta comunidad nayarita, cada que vengo aquí.

A los nuevos amigos, miembros de esta comunidad, y a sus compañeros de escuela que con tanto cariño y respeto recuerdan a mi padre en sus reuniones. Una muy emotiva memoria.

A mi padre, por sembrar la semilla que ha dado buenos frutos y, muy especialmente, por lo que en mí dejó.

A mi amá, que soporta valientemente todo lo que venga (y a veces caen gotas grandes).

A mi escuincle, que mantiene conmigo una comunicación constante y me alienta en cada momento.

A los amigos y sus porras.

A la vida.

Me voy a dormir con un gratísimo sabor: mi memoria, lo que yo recuerdo de mi padre, concuerda con la imagen y la presencia que de él permanece en una comunidad importante, conformada a lo largo de años: los que lo conocieron como profesor (por amor a la docencia) en la Escuela Normal Rural de Xalisco, Nayarit, y quienes lo conocieron como defensor de los derechos de los trabajadores (por amor y por compromiso real) desde su puesto en la Oficina de la Secretaria del Trabajo en Nayarit. Un orgullo genuino y un honor inmenso el de ser su hija. Un beso, Profe. ❤

28 de agosto: la ausencia que duele y Modiano

Friday, August 28th, 2015

Y hay días, como éste, en que es terriblemente dolorosa. Aunque intente trabajar, aunque ponga música alegre, aunque me ponga a chatear. Es constante, persistente, obsesiva. Cualquier cosa hace que regrese a ella; ni el pensamiento de preparar algo de comer me distrae. Y sí, termino por hacer algunas cosas de manera mecánica: regar las plantas, cambiar el agua a los bebederos, recoger y ordenar la cocina o mi cuarto, pero con los ojos húmedos y el quebranto a flor de piel. Termino por dejar que fluya.

Escribí algo para descargar mi sentimiento y, según yo, lo copié a Evernote; borré el archivo de Word. Todo desapareció de alguna manera. Tal vez llegó a su destino. Mucho rato después, cuando la calma se instaló en mí, me puse a leer a Modiano: Una juventud.

Es una novela corta, y la terminé más rápidamente de lo que me hubiera gustado, contada en tercera persona y en una época no precisada aunque seguramente anterior a la que yo viví en París. Sin embargo la lectura me llevó por lugares conocidos y muy apreciados no solamente en la ciudad.

Cuando recién llegué a Francia pasé las primeras semanas en Grenoble, porque el entonces marido había necesitado de un curso de inmersión total de tres meses, previo a su ingreso al doctorado. De paso, y tarde, supe que si uno no aprendía lo que debía en el curso de un año en el Consulado en México (Centro Científico y Técnico, se llamaba), el “castigo” era esa estancia que permitía pasear por los alrededores de Grenoble, vivir en esa bella ciudad y convivir con muchos estudiantes de diferentes culturas. Pero yo sí había aprendido 😦

Como quiera, estando ahí viajamos justamente a Annecy y de ahí al Mont Blanc y sus alrededores; el siguiente viaje sería a Provence y la Costa Azul, hasta Mónaco, siempre viajando en grupos de estudiantes. De manera que el paseo por Annecy de Louis y Odile, los personajes principales de la novela, podía imaginarlo. Hasta recordé el vin du pays, las frutas y jamones de los mercaditos y el buen pan, que hicieron nuestras comidas. De manera semejante puedo recorrer el “camino” hasta Londres porque viajamos allá en la Semana Santa de 1979, junto con un buen amigo que conocimos en México en los cursos del Consulado, estudiante en el doctorado de Geología y también egresado el Politécnico (IPN).

En Grenoble estuve unas tres semanas, en total, y me fui a París a buscar departamento mientras el don terminaba su curso, y a iniciar mi trámite de inscripción en la Universidad Paris VII o Paris Diderot, parte de la Facultad de Ciencias de la Universidad de París. Porque mi inscripción original y mi carta de aceptación estaban en Burdeos, con Brousseau,  aunque también tenía aceptación en Estrasburgo, directo a hacer la tesis, dado que su director (el querido Georges Glaeser) conocía mi trabajo en México y desde entonces me había “adoptado” en una amistad invaluable que duraría hasta su muerte. Pero en términos de lo que yo creía que era mi deber, necesitaba cambiarme a París.

En París tenía ya alojamiento en una casa de estudiantes, pero contacté a Guillermo Arreguín (amigo de mucho años y profesor en Matemática Educativa, en su segundo año del mismo doctorado al que yo iba a ingresar) porque, entre otras cosas, vivía en la Casa de México, en la Cité Universitaire, y podía ayudarme a investigar si era posible encontrar alojamiento ahí. Resultó que no. Hicimos un tour por los restaurantes y cafés de la Cité, mucho mejores que los de la universidad en cuanto a la calidad y variedad de la comida, puesto que hay un restaurante en cada una de las casas; de ahí que cuando era posible uno fuera a comer “hasta allá”. Conocí, por supuesto, el Parc Montsouris que tanto disfrutaría mi escuinclito posteriormente:

“Un matin dans le lumière de l’hiver
Au parc Montsouris
À Paris
À Paris sur la Terre
La Terre qui est un astre”

cantaría Montand.

Pero el relato de Modiano nos lleva también por muchos de los barrios y lugares muy reconocibles de esa ciudad que me encanta … pour flaner. Definitivamente la Plaza de Jussieu que describe, donde está la Facultad de Ciencias (Paris VI y Paris VII), no se parece a la que yo conocí entre 1978 y 1980 y, mucho menos, a la que vi en el año 2000.

En suma: me gustó el paseo, y esa idea de ir buscando la memoria de los que ya no están (los padres de Louis, en la ocasión), pero también tratando de conocer a los amigos y socios que se van consiguiendo mientras se crece. Por lo menos es algo que yo hago cuando vuelvo a los sitios en los que crecí.

Al terminar la lectura la tormenta interior se había despejado. Vamos a ver qué nos trae el sueño.