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3 de enero: Esperanza y fe

Thursday, January 3rd, 2019

Fue mi primera ida al centro de la ciudad después de un par de meses, por lo menos.

En el Descargue Estrella realicé mis compras, las previstas y algunos antojos imprevistos,  y luego me acerqué a una sencillísima birriería. Mientras esperaba que el taquero y su mujer, cualquiera de los dos, escuchara mi pedido de dos tacos, sentí una mano dándome una ligera palmada en la espalda. Volteé a mi lado izquierdo para encontrar la cara risueña de una chiquilla, con algunas pecas y unos dientecillos más torcidos que los míos. Cómpreme una bolsita de té de limón por diez pesos, dijo muy amistosamente. Le ofrecí un taco, como respuesta; lo pensó y aceptó. Hasta entonces le pagué la única bolsita que traía en su mano, con tres manojitos de té de zacate limón como el que mi abuela cultivaba en su jardín para prepararnos bebidas confortantes. Dijo, sin embargo, que “allá” todavía tenía mucho más para vender.

Por fin, la mujer del taquero se acercó para tomar mi orden: dos tacos para mí y uno para la niña, pedí. Antes le había preguntado si quería algo más y había negado con la cabeza. Lo que quería era conversar, definitivamente, y me eligió a mí, lo cual no es poco honor.

¿Eres de aquí?, preguntó. Le respondí que no, que soy de Tepic pero que hace un rato que vivo en León. Pregunté a mi vez y dijo que es de Don Francisco, un pueblo o rancho cerca de San Miguel de Allende. Luego, respondiendo a mis preguntas, dijo que vive con sus padres y que ellos cultivan las plantas que luego traen para vender a este mercado, en forma de tés y otras hierbas; viene y regresa con ellos a su pueblo. El lunes hay que estar en la escuela, aseguró.

Hablamos de la familia: yo conté que somos seis y que soy la mayor; ella me dijo que son siete, que la mayor es una niña (sic) de 16 y que ella es la cuarta, tiene ocho años; son cinco niñas y dos niños. Una chiquilla muy desenvuelta, muy abierta, muy honesta; recargaba ligeramente su cuerpo sobre su brazo izquierdo mientras conversaba.

Le pregunté por la escuela: sabe leer bien, dice, y no lo dudo porque se ven las chispas titilando a través de su mirada. Las miradas no se fingen a esa edad. Le gusta la escuela, va en segundo año y quiere estudiar “la secu” y convertirse en maestra. Comenté que yo soy maestra y me hizo detallarle mi trabajo y mi recorrido, si estoy de vacaciones y cómo trabajo. En su escuela, dijo, tienen biblioteca, buenos maestros y conexión a Internet. Una niña satisfecha, contenta, es algo muy precioso en estos tiempos.

Había comido su taco con lentitud, alargando la conversación (había desayunado con sus padres), pero en ese punto se levantó sin haber terminado lo que le sirvieron, dio las gracias y se fue.

Regresé a mi casa, animada por lo que representa una chiquilla que sabe lo que quiere a una edad en la que yo (creo) iba a la escuela porque me hubiera aburrido mortalmente dentro de mi casa.

Mis compras, incluido el té de limón:

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30 de diciembre: evento de cierre, en el Tec

Sunday, December 30th, 2018

Me contactaron por Messenger, cuando mi hijo acababa de llegar a casa a pasar sus vacaciones. Carla Pons quería saber en dónde andaba yo antes de enviarme una invitación a un evento del Tec Campus León. Imaginé de qué se trataba pero no quise adelantar vísperas, aunque se lo hice saber a Pako. Antes que cualquier otra cosa lo había felicitado por el premio que obtuvo el juego que estuvo produciendo para Outplay durante su primer año de trabajo en Dundee. Hacia el 16 de noviembre, me enviaron la invitación oficial:

Por medio del presente tenemos el gusto de comunicarle que usted ha sido de los profesores seleccionados por sus exalumnos como una persona que marcado su vida, siendo acreedor al reconocimiento Profesores que Dejan Huella.

La entrega de reconocimiento será el día 15 de diciembre del 2018 a las 9:00 horas en auditorio principal.

Nos encantaría que compartiera este momento con sus seres queridos por lo cual podrá asistir con 4 acompañantes al desayuno, favor de confirmar su asistencia.

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El evento

Siguieron tres mensajes de correo, uno del director del campus, para reiterar la invitación y asegurar mi asistencia. Pensé en quiénes podrían acompañarme al evento y decidí que quien ha estado siempre cerca de mí, apoyándome de muchas maneras y físicamente cerca, es mi hermano Manuel. Lo invité, junto con Alicia, mi cuñada, a acompañarme. Aceptaron. Luego me informaron que su hijo Víctor y la novia querían asistir también. Al final vino mi sobrina Daniela, la mayor de los dos hijos de Manuel y Alicia, con sus bebés, y Norita, sobrina de Alicia pero quien me ve como su tía. Por supuesto, el evento no era para chiquitos y terminaron acompañándome Manuel y Norita.

Es la segunda vez que se entregan estos reconocimientos, uno cada 5 años, y es la segunda vez que me lo otorgan. Viendo la lista de los reconocidos en esta ocasión y la de hace 5 años, comenté con algunos de mis excompañeros y exalumnos que va siendo hora de que se pongan las pilas y contraten a buenos profesores. Es satisfactorio que los exalumnos, sobre todo porque son excelente profesionistas y seres humanos y amigos, reconozcan el trabajo docente que hicimos … hace entre 15 y 25 años, pero esas listas no incluyen profesores nuevos y no es buena señal. Tristemente, mientras preparábamos las tortas para compartir con los familiares de enfermos en los hospitales públicos, el 23 de diciembre, una de las alumnas actuales de la institución, exalumna en el bachillerato del Colegio del Bosque, me comentó que no tenían buenos profesores, y no es la única que lo dice.

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La lista completa de profesores reconocidos en esta ocasión

Excepto por el que encabeza la lista, fallecido muy recientemente, muy joven y a quien no conocí, el resto pertenecemos al grupo de docentes que hizo que el campus tuviera primer lugar en calidad académica, a nivel nacional, hasta 2004. Entonces cambiaron las prioridades.

Cuatro de los trece profesores de profesional enlistados (los otros tres trabajaban en el bachillerato), yo incluida, formábamos parte del Departamento de Ciencias y Humanidades que yo creé y del que estuve a cargo hasta que renuncié a él por agotamiento, y entonces el director general desapareció esa entidad y reasignó a los docentes a otros departamentos académicos. Los cuatro, en las áreas “duras”: Muyshondt y Maritza solamente en temas de cálculo y álgebras; Garibay y yo, además de las matemáticas, en temas de estadística y sus aplicaciones, y de física. Muyshondt falleció hace unos años. Enrique Garibay desapareció en Los Ángeles después de aterrizar en esa ciudad y de rentar un carro, proveniente de Hungría, su lugar de residencia, hace unos 18 meses, sin que tengamos noticias de lo que le haya sucedido a él o al carro. Maritza vive en Estados Unidos, desde hace años. Yo salí del Tec en 2004.

Decidí portar las perlas que me regaló mi hijo en su primer viaje a la India, hace unos cuatro años, como manera de tenerlo a mi lado. Pako ya había regresado a Escocia después de sus vacaciones y de festejar su cumpleaños. Complementé mi atuendo con ropa sencilla y zapatos formales, y un rebozo guanajuatense, porque ese día amanecimos a 2° Celsius.

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Norita y mi hermano, acompañándome

A mi mesa llegaron a saludar muchos excompañeros y algunos exalumnos que ahora laboran en este campus, y hasta el director, a quien no conocía. Mis queridas Cony y Anita habían pedido acompañarme en mi mesa, lo cual fue una gratísima sorpresa.

Después del desayuno vino la entrega de reconocimientos (idénticos a los de hace 5 años). Saludé con mucho cariño a Aceves, a las hijas del Lic. Muyshondt, a Gerardo (quien además fue el orador por parte de los profesores reconocidos), y a otros más. Solamente evité a uno.

Las fotos del evento y mi agradecimiento se encuentran el álbum que publiqué en Facebook.

Después del evento regresamos a la casa, cambié mis zapatos por unos “de caminar”, para usar con calcetines, y la familia completa nos fuimos a recorrer los outlets de calzado, completitos. Comimos en el recién inaugurado Panteón Taurino, en los outlets, por la tarde recorrimos los locales de calzado y bolsas frente a la Central de Autobuses de León, y todavía hicimos un recorrido en camioneta por la Calzada de los Héroes, la calle Madero y luego la Pedro Moreno, para atravesar todo el centro y mostrarles los monumentos y edificios representativos de la ciudad. Era un hervidero de gente y salmos tan rápidamente como fue posible para regresar a casa. Ellos pidieron una pizza para cenar, la Norita y yo trabajamos sobre algunas dudas que tenía con su curso de matemáticas en la universidad a la que recientemente ingresó. Terminamos alrededor de las 11 de la noche.

Ellos regresaron a Guadalajara y Amatlán el domingo 16, muy temprano. Yo seguí empijamada todo el día, comí en mi cama, y todavía el lunes fue de acciones mínimas.

El martes retomé el estudio formal de la Teoría de grupos y compré un libro de Cédric Villani, Birth of a Theorem, que ha resultado un deleite a pesar de que la introducción podría desanimar a cualquier persona. El jueves 27 fui a la Librería del FCE y compré La tregua, de Benedetti, que terminé de leer en dos días; ayer, leyendo las últimas páginas lloré mucho; impensable que encontrara una descripción tan cabal de mi caso.

la tregua

Mañana será día de recogimiento. Se cumplen 49 años de que yo me alejé pensando en evitarle un conflicto, creía yo, pero también por ignorancia y estupidez de mi parte. Y son 37 años de su muerte a manos de uno de sus estudiantes. Sigue siendo todo, para mí.

El martes, comenzaré a poner en un disco duro externo todo el contenido útil de esa laptop para migrar a la que me dejó mi hijo.

Mucho por agradecer en este año. Y muchas conversaciones que han comenzado, augurando un excelente inicio del 2019.

Una vez más, ¡Gracias a la vida!

27 de diciembre. Sesión 3 y la tarea final

Thursday, December 27th, 2018

Tercera sesión. 20 de noviembre

Bien tus textos. De hecho hoy vamos a trabajar con la descripción de ciertas emociones.

  • OK

Hay, según los expertos, 6 emociones básicas.

  • La ira, por ejemplo. LOL

Exacto: felicidad, tristeza, ira asco, sorpresa y miedo. En este momento, ¿sientes alguna de ellas?

  • Estos días son de felicidad, aunque no solamente estos. Para mí son el equivalente de las fiestas grandes. Es como si fuera mi Navidad, por decir.

Muy bien. Qué te parece si tratas de describir la felicidad

  • La foto de mi perfil, en Facebook, es de hace un par de días
con Pako, en su visita de diciembre

Con mi hijo: parrillada para recibir a los amigos, tradiciones en esta casa

  • La felicidad se presenta de mil manera en mi vida: el colibrí, verde como aquellos ojos verdes, que entra por mi ventana y revolotea sobre mi cabeza, o que me acompaña en el jardín mientras riego las plantas. En el medio sueño en el que aparece quien amo, conversa conmigo y me da un beso en la mejilla, mientras yo nos observo y me veo exactamente como estoy vestida y recostada, y entonces abro los ojos maravillada. Al escuchar el concierto que me recuerda la hora de la comida con mi padre, porque era la entrada del programa en la radio, en el momento. En compartir con mi hijo un café, una película, una extensa conversación. En despertar y encontrar la luna en mi patio en el que todavía no se escuchan los ruidos de los vecinos. En caminar en mi pueblo, Tepic, bajo la lluvia, o en sentarme en la Alameda del mismo lugar y saber que no estoy sola. Es calma y dicha.

Ok, muy bien. Todas esas son experiencias y acciones que te hacen sentir feliz. Pero, a nivel físico, ¿cómo es la felicidad para ti?

  • El agua que corre por mi cuerpo, mientras me baño, el primer café del día, el olor al pan que horneo.

Bien, ¿cómo es tu respiración?

  • Generalmente es relajada, y solamente una persona ha logrado que se acelere mi respiración y el flujo sanguíneo y que se me doblen las rodillas.

Ok, muy bien. Tu temperatura, ¿sube o se mantiene estable?

  • Lo único que puede descender es mi nivel de glucosa, o la presión arterial

Ok. Ahora dime, cuando estás feliz, ¡qué te dan ganas de hacer?

  • Pongo CD de Queen o Rock o Swing o … Puedo hasta bailar en la calle. Pero no bailo en fiestas (que no me gustan) porque no me gusta que me saquen a bailar.

Muy bien. Excelente. Hagamos una descripción imaginaria. Si ahora estuvieras en la calle, describe ese baile y esa emoción

  • Habría música saliendo de alguna bocina (el estacionamiento del Queen Mary, en L.A., es una maravilla, por ejemplo), y tendría que ser música que sienta. Estoy feliz por alguna razón y comienzo a caminar al compás de lo que suena y a moverme hacia los lados; hasta doy una vuelta o cambio el sentido de mi caminata; sonrío a quienes me observan al pasar. Mis dedos chasquean marcando el compás; mis hombros participan subiendo y bajando. También puede terminar en llanto, porque un pensamiento lleva a otro.

Excelente. Muy bien. La felicidad si fuese un elemento cuál sería? (fuego, agua, aire, tierra)

  • Sería la luz, que alguna vez he recibido como descarga sobre mi pecho, como entrando a través de mi ventana, justo cuando acabo de llegar a ese punto. Si no, el agua del mar
  • Todo está muy conectado

Muy bien, va tomando forma todo eso que has sentido. Ahora, esa luz podría entrar en el agua del mar y fundirse?

  • De hecho entra, en cada atardecer. Y a veces voy a San Blas (Nayarit), solamente para ser testigo. En Tijuana era todas las tardes, y lo repito cada vez que voy.

Muy bien. ¿Podrías escribir un poema sobre eso? La luz del sol entrando en las aguas de San Blas

  • Trataría, eso seguro. Desde el muelle viejo

¿Lo dejamos para tarea?

  • Perfecto

Quiero que pongas todo tu esfuerzo en este poema. No te sientas presionada sino por el contrario, libre, ¿vale?

  • Perfecto

El poema tiene que ser un testimonio de tu felicidad. Quiero que leas un poema de Oliverio Girondo que se llama Gratitud

  • ¡Me encanta!

Quieres que nos veamos el lunes?

  • Nos veremos el lunes. Mi terremoto acaba de despertar ¡Gracias!

Sale y vale; un abrazo, y cárgate de felicidad

Hice mi tarea. La cuarta y última sesión estuvo dedicada a la revisión de ella, a modificar la sintaxis un poquito, a evitar lo superfluo y lo redundante, a limitar los lugares comunes. El resultado lo compartí en una publicación anterior.

No me convertí en poeta, pos supuesto, y ese no era el objetivo. Pero agradezco a Jair por cada uno de los aprendizajes.

27 de diciembre. Sesión 2 y sus tareas

Thursday, December 27th, 2018

Iniciamos puntualmente la segunda sesión.

Jair: Bien, ya leí tus textos.

  • Me extendí en los contextos, creo

¿Qué crees que fue el mayor problema para escribirlos?

  • Sobre Pako, la cantidad de detalles, gestos, expresiones con las manos, entonaciones. No podría describir todo eso. Dulce (quien era mi asistente en Tijuana) dice que hablar con él es como hablar conmigo, intensificado

Oh, ok. Muy bien. Bien. Los textos están bien, pero veamos primero algunos detalles que podrían estar en detrimento del proceso de escritura.

  • De mi padre, las meriendas eran como momentos de intimidad con mi madre. No recuerdo nada en mis primeros años (siempre me he ido a dormir muy temprano, y a la secundaria entrábamos muy temprano a clases), entonces era como estar un poquito al margen, leyendo, cuando iba de vacaciones a la casa.
  • En el último, quise escapar a la emoción, y encendí la tele para escuchar la música que prometía Canal 22, Camerata, que resultó ser un recital de canciones que me regresaron a lo emocional
  • Me había mantenido trabajando, esperando el momento adecuado, y no resultó

 

Ok. Muy bien. Hay un detalle que predomina en los tres. En sí no es algo negativo pero sí parece ser recurrente. Cuando propuse elaborar retratos fue con la intención de que el yo quedara lo más fuera posible de la escritura.

  • Lo sé. Por eso dije que me extendí en el contexto

Pero parece que más bien predomina en tu escritura. Tenemos dos opciones

  • Por supuesto

La primera es insistir en describir algo “fuera” de ti.

  • Como si viera un retrato ajeno

Sí. Vamos a trabajar en este:

retrato

¿Conoces ya el cuadro?

  • Lo he visto antes, cierto. ¿Te lo describo?

Ok; sí. vamos a hacer de cuenta que no lo conozco.

  •  Sentada y observando al frente, sólo se puede mirar su blanco perfil; una mujer de unos 45 o 50 años, totalmente cubierta de negro excepto por la cofia de gasa y encajes que cubre sus cabellos entrecanos. El perfil de una dama viuda, probablemente, la cual conserva los rasgos de su belleza física: la nariz recta, la barbilla afilada, aunque la edad se hace evidente en el cuello y las líneas caídas a los lados de la boca. El pelo recogido y sin más adorno en el traje que el discreto y albo cuello del vestido. Las manos, sin embargo, muestran algo de crispación, apretando un pañuelo fino.

Ok; bien, eso está mucho mejor. Ahora quiero que describas un objeto sin que me digas qué es y veremos qué tanto me puedes comunicar en palabras lo que ves, ¿vale?

  • Verde casi fosforescente, un par de ojos blancos excepto por los puntitos negros en el centro de cada uno, que fungen como pupilas. Una pequeña línea del tamaño de un paréntesis, volteado hacia abajo, dan a su cara un aspecto de sorpresa no muy bienvenida. Su cuerpo semeja estar formado por dos bolas, la menor haciendo las veces de cabeza, con un par de orejitas triangulares en la parte alta, alineadas con los ojos. En la esfera que forma el cuerpo, dos pequeños promontorios redondeados indican que hay extremidades, aunque solamente esas son visibles.

¿Una rana?

  • No.

¿?

Intentemos con algo que pudiera ser más “conocido”…

  • Regalo de mi hijo, hace un año. No recuerdo cómo se llama, pero en el Comic Con de este año la gente hacía largas filas para comprar uno de peluche.
    P.D. Se llama Kuchi Kopi, y a esta casa llegó en una caja de Loot Crate.

Ah, ya

  • Va: Describe casi un semicírculo en color chocolate con rayos de madera clara recogidos en el centro; muy amplio, extendido en un diámetro de casi 75 cm, me recuerda que lo primero es estar en paz con mi mente, y luego con el mundo.

¿Un abanico?

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Recuerdo de Deer Park Monastery, en Escondido, CA

Excelente, vamos bien.

  • Del Monasterio de Deer Park, con caligrafía de Thich Nhat Hanh

Lo importante del lenguaje es la precisión. Ahora describe su uso

  • Va: Es un objeto de ambientación en mi cuarto de trabajo, para recordar lo esencial. Encabeza la pared frente al escritorio, los libreros y el sofá.

Ok, ese el uso que le das, pero ¿el uso para el que fue creado? ¿o desde el inicio fue concebido para ser decorativo?

  • Supongo que es ese. La otra opción eran cuadros para enmarcar, con esa caligrafía y algunas de las citas de Thay

Ok. Bien. Describe el uso que se le da a un abanico.

  •  Tengo tres abanicos.

Ah, qué bien. ¿Los tres decoran las paredes de tu casa?

  •  No. Decorativo tengo otro, pero todavía no lo saco de su caja.
  • Ahí voy: El abanico se utiliza, comúnmente, para refrescarse en tiempos de calor o en lugares cerrados y llenos de gente; por supuesto, hay quienes los usan con mucha destreza para comunicar, como hacen las geishas y algunos gitanos, por ejemplo. También son útiles cuando uno conversa con personas que dicen disparates de manera que creen seria y circunspecta; entonces uno cubre suficientemente la cara para que la mirada y la sonrisa no delaten los pensamientos, y nadie se sienta ofendido

Bien. Vamos a trabajar con estos elementos.

  • De los tres que tengo, el formal (eventos) es de Final Fantasy. El de reuniones con amigos, es un regalo de Pako, de Star Wars; el otro es el de diario, regalo de Dulce. Cuando hace frío me cubro con mascadas y pashminas

Trata de escribir un poema describiendo el abanico, sus múltiples usos, y ahora sí sé tú misma la protagonista del poema.

  • Negro como ala de murciélago, extendido a ratos, recogido en otros, lo sostengo en mi diestra para ahuyentar humores y calores; en mi siniestra, mientras escucho las tonteras de circunspectos y doctos personajes El discreto diseño en tonos grises anima a conversar al que entiende el lenguaje de los signos, aleja a quienes solamente parlotean o se lucen; En mi infancia aprendí el arte de mover uno moviendo mis manos al son de mis pies; desistí de hacerlo con la gracia de una geisha.

Ok, muy bien. De tarea vas a tratar de explayarte mucho más en el poema. Creo que tienes un muy buen inicio.

  •  ¡Gracias!

Pero harás dos versiones; una en la que sólo describas (sin ti de por medio) el abanico. Y la segunda donde tú seas el personaje usándolo.

  •  Trataré, lo prometo

Lo lograrás. Te paso un tip. Primero haz el que te parezca más sencillo, quizá donde tú seas el personaje

Y así quedaron los textos de tarea:

  1. Mi yo incorporado
    Negro como ala de murciélago, extendido a ratos, recogido en otros, lo sostengo en mi diestra para ahuyentar humores y calores; en mi siniestra, mientras escucho las tonteras de circunspectos y doctos personajes; vela mi rostro cuando es conveniente ocultar lo que cruza por mi mente. Proporciona un lenguaje de comunicación silenciosa y cómplice hacia quien atentamente sigue mis movimientos y gestos, pero es de un mutismo absoluto para al resto de los presentes. En espacios abiertos, su discreto diseño en tonos grises anima a conversar al que entiende el lenguaje de los signos, mientras aleja a quienes solamente parlotean o buscan exhibirse; se convierte así en un fiel escudero, pequeño y discreto. En mi infancia aprendí el arte de acompañar el taconeo de mis pies sosteniendo y moviendo uno con mis manos, pero desistí de tratar de alcanzar los delicados y seductores movimientos que le imprime una geisha. En gran formato, exhibiendo su media luna de tela y sus costillas de madera, las inscripciones que los adornan son elocuentes recordatorios soportados sobre alguna de las paredes que me rodean: Paz interior, ante todo.
  2. El puro objeto
    Regalo bienvenido en lugares calurosos, adorno de tradicionales trajes, femeninos o masculinos, agitados al compás de un son, en un tablao, en delicado aleteo oriental y hasta en modernas coreografías. Se mueve según las manos expertas de hombres o mujeres que con él simbolizan aves, vientos o caricias, al ritmo de alguna melodía. Confeccionado en materiales suntuosos o en simple cartoncillo, adornado con exóticas plumas, finos encajes o un mero listón entre sus costillas. Decorado a mano o impreso comercialmente en mayoreo, disponer de uno ayuda en los trances de ansiedad, cuando las manos no encuentran en qué ocuparse. Pueden servir para castigar a algún impertinente con un sonoro e inofensivo golpe. Pueden enviar, a quien entiende el lenguaje, mensajes devastadores o llenos de esperanza. La destreza en su uso habla de la cultura y sensibilidad de quien lo porta. Su diseño ayuda a identificar gentilicios, estilos, y clases, y abre conversaciones sobre los lugares donde se adquirieron: Japón o Madrid, souvenirs de viajes y aventuras, o simple regalo de la tienda de abarrotes. Pueden atizar un fogón, ayudando a crear el calor que los cuerpos necesitan; pueden, al contrario, sofocar y ocultar los rubores inoportunos e indiscretos. Que sea regalo o que sea compra, que adorne una pared o sea accesorio de un atuendo, el abanico exhibe el lado práctico y el estilo de su dueño.

26 de diciembre: Tarea 1 del Taller 2. El amor

Wednesday, December 26th, 2018

Tercera parte de la tarea, la que duele.

Vivir con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez.

Volver. Tango
Carlos Gardel.

Una naranja cubierta en mayo de 1967

Era la segunda vez que el azar nos hacía viajar juntos en un Ómnibus de México, yendo a Tepic a pasar vacaciones; esta vez eran las de mayo y viajábamos en los asientos contiguos 5 y 6. La primera vez había sido en Semana Santa, en las primeras vacaciones del ciclo escolar, iniciado en enero; entonces habían sido los asiento 3 y 4, y ese había sido el inicio de nuestra amistad, el momento de conocernos reamente, a pesar de ser del mismo pueblo y de muchos otros detalles. En enero de ese año nos habíamos encontrado al iniciar los cursos en el grupo A de segundo año en Voca 3, en el Politécnico. El azar y sus caprichos.

Entre los dos viajes habíamos ido convirtiéndonos en amigos de tiempo completo … dentro de la escuela. No había manera de que nos encontráramos fuera de ella, dadas nuestras restricciones económicas.

Habiendo llegado de Tepic a CDMX en enero del año anterior, y viviendo casi en la esquina de Puente de Alvarado y Guerrero, mi diversión consistía en salir a caminar por el centro de la ciudad sin tener que gastar gran cosa. Así conocí y recorrí las librerías de viejo de Donceles y pude comprar lo necesario para entretenerme. En los cafés de chinos, de comida económica, encontré unos bisquets buenísimos. Al transitar por las calles de Madero y de Tacuba encontré una dulcería tradicional.

Preparando ese viaje de mayo había gastado mis últimos centavos en comprar algunas naranjas cubiertas de la dulcería de la calle de Tacuba y unos bisquets de los cafés de chinos, para llevarle a mi padre.

El autobús salía a las 5 de la tarde de la central de Ómnibus de México, situada en contra esquina de las oficinas del PRI. El viaje duraba entre 13 y 15 horas, de manera que uno llegaba a Tepic al clarear el día siguiente.

Instalada en el asiento 5, me sorprendió verlo aparecer y sentarse a mi lado, otra vez. Sonreímos y retomamos la conversación que habíamos iniciado por la mañana, en la última hora de clases. Solamente las cabezas se inclinaban ligeramente, una hacia la otra, mientras conversábamos; los brazos de cada uno dentro del espacio asignado, sus largas piernas extendidas. El autobús se detuvo en algún restaurante sobre la carretera, para que los pasajeros descendiéramos a cenar. No teníamos ni un centavo, de manera que nos quedamos arriba del autobús para seguir conversando. Recordé las naranjas y los bisquets que llevaba en el pequeño maletín de mano. Me ayudó a bajarlo y saqué mi carga para ofrecerle. Dijo no al pan, pero aceptó compartir una naranja.

En la penumbra del autobús, los cuerpos girados uno hacia el otro, comenzamos a cortar pequeños trozos con los dedos, para llevarlos a la boca, reconociéndonos. Una comunión. Sus ojos verdes reflejaban las luces exteriores que entraban por la ventanilla, a mi espalda. La figura delgada se recortaba en la sombra mientras conversábamos quietamente, relajadamente, mordisqueando los pedacitos de cáscara dulce. Un mechón de pelo lacio caía sobre su frente, al inclinarse hacia mí. Media hora, tal vez, antes de que el autobús reemprendiera el viaje. Retomamos nuestras posiciones de viajero sin dejar de conversar hasta llegar a nuestro pueblo. No dormimos, pero vimos el amanecer mientras cruzábamos el puente de San Cayetano.

 

26 de diciembre: Tarea 1 del Taller 2. Mi hijo

Wednesday, December 26th, 2018

Segundo texto de mi tarea.

Cena con Pako el 24 de diciembre de 2014

A mediados de ese año se había ido a trabajar a Hyderabad, pero había venido a pasar aquí (y Guadalajara y CDMX) dos semanas de vacaciones. Primero los amigos, siempre.

Salió de casa después de almorzar, hacia el mediodía, para ayudar a Luis Alejandro en el depósito de cerveza, mientras conversaban. Llamó para avisar que Luis Alejando y su novia cenarían con nosotros. Usualmente preparo diferentes antojos para su estancia: tamales, carnitas, galletas de nata, rollitos de membrillo, tacos de pollo para dorar, ravioles, etc.; en diciembre añado buñuelos y hasta una cacerola de bacalao (para hacer tortas) más por los amigos que pueden caer a pasar la tarde/noche, jugando dominó o videojuegos, que por nosotros. Nunca hago pasteles, flanes o gelatinas. Vinos, mezcal, tequila y otros licores nunca faltan; ni los paquetes de café para cualquier tipo de preparación, en su respectiva cafetera.

Iban a dar las 6 de la tarde cuando llamó para “recordarme” que había salido muy temprano de casa y sin desayunar, respondí con un recuento de su mañana en casa. Insistió y acabé con un “OK”, sin entender. Hay dos cosas prohibidas en esta casa: las mentiras y las faltas de respeto.

Llegó a casa acompañado por la novia que todavía tenía en Guadalajara, quien había decidido “caer” sin invitación a lo que ella suponía un festejo en forma. Le expliqué que nuestra celebración, en cualquier época del año, consisten en estar juntos y disfrutar de las actividades que nos interesan: cine, música, libros y largas conversaciones. Apenas llegando, mi hijo anunció que Luis Alejandro y su novia habían cancelado la visita.

Una hora más tarde puse la mesa y enlisté el menú. Pako se sentó en su lugar habitual, la esquina derecha frente a la ventana, y procedió a servirse un tamal verde mientras hacía elogio de mis preparaciones. Al tamal siguió una torta de bacalao, y un par de buñuelos en miel de piloncillo para acompañar el café. Durante ese tiempo conversamos, como siempre, tratando de incorporar a la chica a las conversaciones.

Pako disfruta de la comida de una manera muy zen, degustando cada bocado y disfrutando de la compañía, cuando está en confianza. En su decir, si se trata de comer de carrera, vamos al Oxxo por unos tacos o por una hamburguesa a McDonald’s. Conversa mientras come, y sus ojos almendrados se entrecierran al reír o al recordar vivencias, especialmente las que involucran amigos que conserva desde la infancia y adolescencia; al color café de sus ojos se agregan destellos dorados. Un “¡Ah!, ¿Sabes a quién me acabo de encontrar?” anticipa anécdotas, risas, exclamaciones y gestos de incredulidad, sorpresa, satisfacción o, en algunos casos, pesadumbre. Ocasionalmente se chupa un dedo que acabó metido en la torta o cubierto de miel, sin que le pase por la cabeza que otros pueden incomodarse. Es también regla de la casa: cada uno come a su modo, como se sienta cómodo y no como visita formal. Nunca comemos de mal humor, de manera que la conversación es muy animada, llena de sonrisas y complicidades comunicadas con los ojos y alguna mueca elevando las rectas cejas; la boca puede acompañar el gesto, curvándola hacia abajo y, en ese movimiento, la barbilla recta se adelantará un poco.

Cruza una pierna sobre la rodilla de la otra, la espalda descansando sobre el respaldo de la silla, durante el disfrute del café que siempre prepara él mismo, manteniendo en todo momento la conversación y el recuento de todo lo que ha hecho. Durante esa cena hablamos de los libros que habíamos comprado un año antes, en la FIL de Guadalajara, en la que habíamos recorrido varias veces los pasillos hasta encontrar Persépolis, como regalo para la novia, quien no nos había acompañado en ese evento. Mi hijo y yo seguimos conversando y sacó el iPad para mostrarme los avances del juego en el que trabajaba. En momentos como ese la mirada y la actitud cambian denotando concentración en los detalles, los codos sobre la mesa y la cabeza y las manos dirigidas hacia mí para involucrarme no en el juego mismo sino en el diseño. Mientras, me contaba las dificultades de la interacción con su equipo indio. Hice un alto con la mano (uno de los gestos que aprendió de mí) para señalarle la hora, y decirle que habían pasado casi dos horas desde que su chica había abandonado la mesa, y que le tocaba ir a hacerse cargo. Dejó salir un ¡Ah! acompañado de unos ojos como platos, dándose cuenta de lo abstraído que había estado; guardó el iPad, ayudó a recoger la mesa; agradeció, me dio un beso en la frente y dijo buenas noches.

Solos, sin visitantes, hubiéramos merendado algo hacia las 7 P.M. y luego hubiéramos hecho un bonche de palomitas de maíz o hubiéramos pedido una pizza, antes de subirnos a la cama para ver un montón de películas (compradas para la ocasión). Esa ha sido nuestra manera de celebrar, lo que ocurre cada vez que nos reencontramos. Netflix ha sustituido la compra de películas desde hace un tiempo.

En este momento (4 P.M del 8 de noviembre) está llegando a Cancún. El martes próximo volará para llegar a casa. Mientras, me organizo para tener los antojos listos.

 

26 de diciembre: Tarea 1 del Taller de Poesía 2. Mi padre

Wednesday, December 26th, 2018

Mis tareas de la primera sesión salieron así. No precisamente lo que esperaba Jair, que había pedido descripciones. La primera, sobre la frugal cena cotidiana de mi padre.

Noche de un día cualquiera, en la vida de mi padre

Mi padre era el primero que se levantaba, hacia las 5 de la mañana, para asearse antes de irse a su clase matutina en una preparatoria. Las clases iniciaban a las 6 de la mañana para secundaria y preparatoria, y uno regresaba a desayunar a su casa de 8 a 9. De 9 a 2 trabajaba en la Oficina de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, en Tepic, de la que era responsable. Comíamos de 2 a 3 de la tarde y él se iba a dar una clase a la Normal Rural en Xalisco y estoy más que segura de que era lo que más disfrutaba del día. Al regresar a Tepic, hacia las 6 de la tarde, abría las puertas del local donde tenía una pequeña academia de inglés, 30 pesos al mes por una hora de clase al día. Cerraba después de que los alumnos que iban de 8 a 9 de la noche abandonaban el lugar. Todos los días hábiles excepto, tal vez, Semana Santa y las vacaciones de Navidad.

Llegaba a casa pasaditas de las 9:30 de la noche. Un hombre fuerte, de complexión robusta pero atlética gracias al ejercicio del tenis todos los fines de semana y al caminar incansable, a paso veloz, en sus recorridos por la ciudad; solamente abordaba el camión suburbano en el que se trasladaba a y desde Xalisco.

Mi madre tenía bien medido el tiempo y tenía casi servida la taza de leche caliente en la que mi padre disolvería una cucharada de Nescafé, con algo de azúcar. El pan fresco, traído de la panadería de mi padrino Carlos, estaría ya dispuesto sobre la mesa. Adicionalmente habría una cacerolita con guayabas o plátanos o camote o calabaza en almíbar, según la temporada o el antojo. Era la merienda regular de mi padre, todos los días, casi a la misma hora.

La entrada de esa casa “provisional” (y lo fue por más de 20 años) era por la cocina/comedor/estancia, pasando el pequeño patio que la separaba de la casa de mi tía Cuca, situada el frente del terreno. Nomás entrar, se lavaba las manos en el fregadero antes de sentarse a merendar. De paso jugueteaba con mi madre, a veces secándose las manos en las enaguas de ella, y conversaban sobre los hechos del día. Se sentaba siempre de frente al fregadero, el cual se situaba a la izquierda de la puerta de acceso.

En ese momento mi amá le acercaba la taza de leche caliente no sin antes probarla ella misma, para evitarle una quemadura, supongo. Nunca vi tristeza o hastío en sus ojos cafés; nunca vi su cabeza de cabellos lacios caída o agachada. El mentón de su cara ovalada siempre en alto, la espalda derecha, los codos casi pegados al cuerpo; las lecciones bien aprendidas de unos padres exigentes y vigilantes del comportamiento de sus dos hijos, de los cuales mi padre fue el menor y el único que sobrevivió a mis abuelos. La expresión de sus ojos y cejas, mientras cenaba, hablaban de la animación interior mientras, entre bocado y bocado, susurraba conversando con mi madre. Porque mi padre educaba con el ejemplo: no se habla mientras uno tenga algo en la boca, mucho menos se canta; no se manotea ni se molesta al de al lado invadiendo su espacio con los codos o las piernas o bailoteando mientras se come. Se utilizan los cubiertos excepto cuando se trata de antojos que tradicionalmente se comen con las manos. Uno no se levanta de la mesa antes de terminar de comer. Y nunca se maldice o se dicen palabrotas, independientemente del contexto o situación en la que uno se encuentre.  Cierto es que, particularmente yo, no respondimos a todas esas enseñanzas.

Mi madre aprovechaba para hacer la lista de las travesuras y otros comportamientos de sus hijos, que según ella ameritaban castigo (y luego se arrepentía, cuando el castigo ya lo habían recibido mis hermanos). Mientras la escuchaba, mi padre solamente asentía mientras sorbía su café, o le daba ánimos a su Chata asegurándole que no volverían a ocurrir las desobediencias y rebeldías reportadas. Los perfiles de mis padres en esos intercambios los vi más cuando iba de vacaciones, ya estudiando en CDMX, que mientras viví en esa casa; el de él erguido, la nariz aguileña y la mirada cálida dirigidas hacia mi madre, mostrando la devoción que sentía por ella, explicitada en la última carta que me escribió.

Eran momentos preciosos entre ellos; a esas horas casi todos los hijos estarían ya en sus respectivas camas, leyendo, escuchando música o, de plano, dormidos. Algunos de mis hermanos no se percataron de ellos y no aprendieron cómo se vive el amor cotidiano, sin estridencias, sin exhibiciones para el mundo.  El simple detalle de probar la leche caliente, para servirla a la temperatura adecuada, y la recepción del regalo con ojos de agradecimiento, más elocuentes que el “gracias” expresado verbalmente, es un gesto que conservo en mi memoria.

 

 

 

 

 

25 de diciembre: Sesión 1 del taller de poesía 2.

Tuesday, December 25th, 2018

El año que está terminando fue venturoso en muchos aspectos, había comentado. Pero también tuvo momentos de tristeza, y otros de angustia.

Escribir, aunque solamente sea para mí, realmente me ayuda a descargar mis emociones, algo en lo que no soy muy buena, y también a reorganizar mi propia historia. En este último proceso colaboran los amigos que vienen a mi casa a tomar un café o a comer. No son muchos los que vienen, pero los que lo hacen son fuente de momentos de reencuentro conmigo misma, de reflexiones que no hubiesen ocurrido de otra manera. Así, conversando con Moony fui consciente del momento en que explicité lo que quería hacer con mi vida, y ocurrió al cumplir 22 años. Una propuesta de matrimonio inesperada, de parte de alguien a quien solamente consideraba un amigo, me hizo decir que quería terminar mi carrera y trabajar. Hasta entonces, supongo, iba a ESFM como algo normal, algo que disfrutaba pero de cuya trascendencia no era consciente. Pero nunca había caído en cuenta de que, ciertamente, ese momento hizo que me concentrara en mis estudios y que buscara un trabajo ese mismo año, dejando de depender de mi padre.

Pasa igual con las sesiones de curso con Jair, mientras me instruye en la escritura de poesía, sin que yo pretenda ser poeta en algún momento. Sus preguntas, los ejercicios que me propone, van dando lugar a algunas reflexiones y a revivir experiencias intensamente.

Las sesiones del segundo taller, que culminaron con ese intento de poema, comenzaron con una petición de su parte:
Bien, comencemos con unos ejercicios acerca de la descripción. Quiero que describas el rostro de tres personas muy significativas para ti. Trata de hacer una especie de descripción física solamente. Por el momento no entraremos en el territorio de las emociones.

Difícil, porque no tengo costumbre de observar los rasgos de las personas. Puedo reconocer a quienes quiero, puedo imaginarlos vívidamente, pero me cuesta describir sus características o dibujarlos.

Comencé:

  • Mi padre: Moreno, nariz aguileña, barba partida; la frente cubierta por un mechón, si es que no había acabado de peinarse con alguno de los productos de la época. Los ojos risueños que reflejaban la bonhomía, pero que dejaban asomar también el sarcasmo y, en contadas ocasiones, el enojo.

Jair me recordó las instrucciones y me pidió detalles:
Ok, pero como quedamos por el momento sin emociones sólo descripción física ¿color de los ojos? ¿cómo eran las cejas? ¿la barbilla?

Tomé una de las fotografías en las que mi padre me sostiene, a los dos meses de nacida, antes de responder:

  • Ojos café oscuro, las cejas pobladas. La barbilla de una cara ovalada, idéntica a la mía (al revés). Pómulos altos; y una cara angulosa de joven, que fue redondeándose con la edad.

Tomé luego una foto de mi hijo, de hace unos 10 años, para atenerme a las instrucciones;

  • Mi hijo: Un bebé de ojos café oscuro, una boca muy roja no muy grande, güerito. Al crecer, los ojos almendrados, el mentón cuadrado, la frente amplia, las cejas rectas, medianamente pobladas. La boca sigue igual: no muy grande, bien definida y coloreada. La nariz recta. Delgado, pero también ha ido embarneciendo con los años. De todas maneras parece mucho más joven de lo que es.

Me dijo que lo había hecho bien. Faltaba el tercero, del que solamente tengo una foto guardada en mis ojos y mi memoria:

  • El tercero es más complicado: Moreno, ojos verdes aceitunados, una boca mediana, bien definida, un óvalo también bien definido. La frente redondeada. Las cejas medianamente pobladas. La nariz: no tengo idea. No podría definirla. Es una imagen que viene a mí siempre de frente.

Jair me preguntó por las dificultades en esta tarea:

  • Para mi padre y mi hijo, disociar la descripción física del ser de cada uno, pero tengo muchas fotografías alrededor para poder completarlas. En el otro caso: es que no hay una sola fotografía. Es solamente el recuerdo que viene a mí constantemente, pero es más el ser; fui consciente de su físico a través de otras personas, unas que se decían “amigas”. Para mí era otra cosa. No soy buena para detectar belleza o fealdad, es decir los rasgos físicos. Puede pasar el hombre más bello del mundo sin que yo lo perciba (algo que hacía reír a mis compañeras en la secundaria). En cambio, puedo reconocer a alguien por su voz, por su mirada, por la forma en que camina. Tampoco puedo decir la edad que aparenta una persona. La descripción de mi niño bebé la hizo una vecina ancianita, diciéndome que era como la descripción de Blanca Nieves, pero en güero.

Muy bien, de hecho, hacia allá vamos. Ahora vas a describir de cada uno lo siguiente: la voz (lo más descriptivas que puedas).

  • Mi padre: una voz enérgica, categórica, pero suave mientras discutíamos sobre cualquier tema; nunca más alta ni más baja para dirigirse a nosotros; sonora sin estruendo; cordial, al decir de los externos a la familia;
  • Pako (mi hijo): también una voz enérgica, pero que a veces se exalta. Cálida, a ratos juguetona cuando conversamos; potente y sonora cuando se trata de marcar su territorio.
  • Voy a nombrar al tercero. Arturo. Una voz cálida, íntima. Risueña y tranquilizadora; mejor dicho, “amansante” para mis arranques. Suave al cuestionar alguna estupidez que estuviera a punto de cometer yo, que me pusiera en riesgo. Ni siquiera lo escuche gritar al recibir una agresión en un partido de básquet. Ni idea de cómo sonaba para el resto.

Mientras Jair me iba diciendo lo que seguía, comenté acerca de las cosas que Pako tiene por herencia de mi padre y otras que ha copiado de mí, dicho explícitamente por él mismo.

Ok, muy bien. Excelente, Blanca. Si te das cuenta, cada uno va tomando forma e identidad. Ahora vas a describir la postura que toma cada uno cuando come.

  • Va: Mi padre era muy ordenado para comer, siguiendo todas las reglas de la buena educación. Codos casi pegados al cuerpo, nunca hablar mientras tenía algo en la boca, mucho menos cantar. Comer con las manos lo que se come con las manos, solamente; espalda siempre derecha. Conversando con mi madre que no se sentaba a comer con él y conmigo (mis hermanos preferían no, porque podía comenzar a hacer preguntas sobre lo que suponía que debiéramos conocer).
  • Pako: iPad por un lado, porque mientras comemos me comparte videos (matemáticas, física, videojuegos) y conversamos al respecto. Relajado, manteniendo las buenas costumbres, pero no dudando en chuparse los dedos si está comiendo una costilla en BBQ, por ejemplo, sin importar en dónde esté. Dicen que en casas de otras personas se comporta como un caballero. La comida puede durar unas cuantas horas porque degusta el aperitivo y una buena entrada, la comida propiamente dicha y el café espresso que él mismo prepara, siempre. Pero también puede comer en la taquería de un Oxxo
  • Con Arturo compartí, pura coincidencia, los primeros dos viajes de vacaciones a Tepic, en el segundo año de bachillerato en Voca 3, que fue donde nos conocimos. Asientos contiguos en ambas ocasiones. En el segundo viaje compartimos una naranja cubierta (yo le llevaba esos antojos a mi padre) tomando pedacitos y comiéndolos mientras conversábamos. Nunca comimos juntos ni siquiera un antojo, porque ni dinero teníamos para ir más allá de los límites de la escuela o de un ocasional paseo cerca del lugar en que yo vivía. Hasta el 31 de diciembre de 1969 en que su madre nos obligó a sentarnos a cenar tamales (una reunión en la que coincidimos), para evitar que bailáramos escapando al deseo de la señora de emparejarlo con una elegida por ella. No puse atención mientras comíamos, y me retiré inmediatamente.

Ok, es decir, ¿no recuerdas nada de su forma de comer?

  • Excepto por el deleite de comer la naranja cubierta, nunca estuvimos en situación de compartir comidas.

¿Cómo sientes ahora las descripciones de cada uno?

  • Las de mi hijo y de mi padre son muy familiares porque tengo fotos, y videos de la convivencia de mi padre con toda la familia (extendida), hasta en un campamento playero, hacia 1967. Y relatos gratos, muy recientes, de la gente que lo conoció. Y de Pako tengo muchas fotos y videos, y muchos relatos de sus amigos y de mis amigos que lo conocen en diferentes contextos.
  • En el caso de Arturo la descripción es más la de las limitaciones impuestas, especialmente por su familia, para controlarlo y alejarlo de esta mala influencia.

Ya entiendo.

  • Nunca fui el modelo de chica que una madre (o los hermanos) quiere para su hijo menor, la joya de la familia.

Bien, con este ejercicio podrás percibir la diferencia entre una descripción física y una emotiva o emocional.

  • Por supuesto. Por eso no publico todo lo que le escribo.

A continuación, el profe estableció el objetivo de los ejercicios y me asignó la tarea para la siguiente sesión:

Si sólo te decantas por una forma de descripción el texto estará incompleto. Ambas se complementan, pero hay que aprender a diferenciarlas y a ser conscientes de los alcances de cada una.

De tarea vas a hacer los tres retratos y vas a situarlos en una escena específica, por ejemplo: mi padre, en la cena de navidad de 1974

  • ¡Ah! es que nosotros no tenemos esas costumbres. Tepic era diferente al centro del país. Y en la familia no teníamos celebraciones de ese tipo, nunca. Era otro tipo de convivencia. Ni siquiera hacemos funerales como el resto de las familias. No hacemos cenas familiares.

De esto hablaba yo en la publicación previa a ésta, sobre las Navidades.

Oh, sólo es un ejemplo. Puede ser: Mi padre en una cena del verano tal … ¿Cómo ves?

  • Podría ser mi padre en una comida en el campamento playero; o mi padre durante un festejo familiar obligado. Porque de cenar solamente tomaba una taza de Nescafé en leche y algún pan o galletas hechos por mi amá.

Eso podría ser: Tu padre cenando una taza de café con leche. De hecho es mucho más interesante ver cómo abordarás los detalles de algo tan ligero… Trata de capturar los gestos, recuerda que harás un retrato…  ¿Nos vemos el siguiente martes a la misma hora?

Así dimos por terminada la primera sesión. Problema para mí: no logro atrapar detalles de nada. Parte porque soy muy distraída, parte porque siempre me ha parecido inadecuado observar a las personas. Se darán cuenta en la publicación siguiente.

 

 

25 de diciembre: Navidades

Tuesday, December 25th, 2018

Es Navidad.
Es la primera vez que me desconecto del mundo casi totalmente. No estoy presente en Facebook y decidí desconectar WhatsApp por un rato y, a la luz de la asquerosa actitud de quienes se regocijan/tratan de sacar provecho de una tragedia ayer, decidí dejar de leer Twitter. Quienes me buscan lo hacen a través de Messenger, ya sea para pedirme una receta de cocina o para enviar sus buenos deseos y compartirme sus festejos. Son pocos, pero son los que más cuentan. El teléfono permanece desconectado durante la noche y de día solamente respondo a lo que es necesario.

El año pasado mi hijo estuvo en casa, por una semana, y fueron días muy ricos en vivencias y paseos, conversaciones e intercambios. Esta vez la visita anual ocurrió en noviembre, adelantando las festividades, y más rodeados de amigos. Supongo que es lo que debe ocurrir, y creo que la muy cercana relación madre-hijo ha durado muchos más años que lo que veo que duran en otras familias.

Mantenerme alejada de las redes no ha añadido tiempo a mis días, solamente calma y paz. Colaborar con grupos de gente que se ocupa por apoyar a los que menos tienen, caminar buscando los pequeños regalos para una muy próxima reunión con amigos cercanos, deambular por el mercado para encontrar ingredientes para un platillo solamente para mí y anticipar la preparación de otros antojos, recibir a algunos amigos en casa, han ocupado los últimos días. En esas andanzas, el reencuentro con mucha gente querida, de manera inesperada, pone el toque festivo. Nos prometemos cafés, comidas y visitas sabiendo cuán improbables son en esta ciudad.

De las conversaciones que hemos tenido surgen, inevitablemente, los recuerdos de las Navidades pasadas. Algunos sufren todavía las ausencias de los padres, hermanos o hijos. Otros, por las tristezas de cuando carecían de alguna cosa o de no haber tenido algún juguete u objeto que esperaban como regalo. Hay quienes quisieran estar rodeados de familia. Y, por supuesto, no faltan los que asumen que tenemos las mismas tristezas.

Recordé mis propias Navidades, que en ocasiones debo explicitar para que no me miren con lástima por estar sola en estos días, cuando ni siquiera me siento nostálgica.

En la casa en que crecí, en el pueblo en el que nací, no se recibía a Santa Claus (supongo que esa moda la introdujo la Coca Cola). Los regalos los traía el Niño Dios y era más usual que la gente pusiera un nacimiento en su casa que un pino (artificial en la época), excepción hecha del gran pino en el frente de la casa de mi tía Cuca, de unos 12 o 15 metros de alto, que ella mandaba engalanar para la temporada. En casa podíamos armar un arbolito con una rama seca, pintada de blanco, a la que le colgábamos pelo de ángel, decoraciones confeccionadas por nosotros mismos y algunas esferitas y luces, compradas en Ferretería Pantoja, donde mis padres adquirían los regalos de muy buena calidad.

Sé que mi primer regalo, antes de cumplir un año y cuando yo ya caminaba por toda la casa, fue una muñeca. Y sé que nunca jugué con ella y que terminó guardada en el arcón de mi abuela Hilaria.

El segundo regalo fue un piano pequeño. Yo recuerdo que lo tocaba con los pies. Mi madre dice que con los talones. Antier, una terapeuta que conocí en una de las reuniones me preguntaba por qué con los talones. No tengo idea pero supongo que ya entonces mis manos hacían una cosa y mis pies otra y que, si se trataba de hacer sonar el instrumento, los pies tenían más fuerza que los dedos de mis manos tan propensas a causarse lastimaduras (tengo dos dedos rebanados y uno astillado, resultado de mi participación rebanando jamón y jitomates).

Supongo que el tercero de los regalos, antes de cumplir tres años, fue una batería de aluminio muy completa, cacerolas y ollas, con las que tampoco jugué, algunos de cuyos elementos acabaron utilizándose en la cocina de mi madre. El recuerdo viene del que tengo de la casa que habitábamos en la época.

Vino el triciclo, que luego compartí con mi hermano Manuel, y del que sí hay fotos.

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Manuel tendría ya 2.5 años y yo 4, cuando le permití conducir.

No puedo recordar el orden con el que recibí otros regalos navideños, pero muy pronto supe que los compraban mis padres y los escondían en casa de mi tía Cuca (donde yo pasaba mucho tiempo, como ya he narrado). De los que recuerdo:

  • El trenecito eléctrico que mi padre compró para mis hermanos porque era algo que él siempre quiso tener, con el cual me entretenía más yo que Manuel o Juan, los dos que siguen de mí
  • Los patines de cuatro ruedas, que dejaron recuerdos en las espinillas de mis piernas
  • El Meccano, de metal (también pensado para mis hermanos), que me entretenía por horas
  • El juego de química completísimo, incluyendo microscopio
  • La bicicleta roja, solamente para mí, a los 10 años. Ese sí es un recuerdo preciso
  • El juego de bádminton profesional, traído de Estados Unidos, a los 12 años
  • Un radio de transistores, tal vez a los 13 años
  • Patines de hielo, a los 15

Después de los 15 y hasta los 18, el regalo de Navidad para los mayores era un billete de 50 pesos = 4 dólares, que cada uno invertía en lo que se le antojara. Yo, en discos de vinil y libros.

Adicionalmente yo recibía regalos de mi tía Cuca y de mi prima Licho, como los 100 pequeños libritos de cuentos, solamente texto en letra minúscula, que conservo. Mi abuela tejía o cosía para mí (no puedo hablar por los otros cinco) alguna prenda. Mi abuela María nos daba un aguinaldo sustancioso, para ir a gastarlo a la feria.

No recuerdo que me gustara salir a jugar con los vecinos en la calle, para mostrar los regalos y jugar con ellos en la mañana del 25 de diciembre. Tampoco creo que a mis vecinitas les gustara jugar con lo que a mí me interesaba, dentro de mi casa.

En Tepic no se tenían las tradiciones del centro del país. No recuerdo a nadie en mi barrio cantando y pidiendo posada, pero si recuerdo los bailes cada noche: posada de kilo, del suéter, de blanco y negro, de Leyes, de la Prepa, y así. Bailes a los que se traía un grupo de moda, generalmente de Guadalajara, que tocaba música bailable de diferentes épocas, pero nunca música tropical. Los bailes tenían lugar, generalmente, en el Casino de Tepic, ahora convertido en plaza comercial. A mí no me gusta que me saquen a bailar, pero asistía a esos eventos por dos razones: la insistencia de mi padre, a quien le encantaba el baile, y la presión de mis amigas de la época, a quienes no les permitían asistir si no era en compañía de mis padres. Por otra parte, había que vestirse de largo y peinarse “de salón”, y tampoco se me antojaba ni se me antoja.

La celebración de la Navidad o la de despedir el año tampoco era semejante a la que ocurría en otras familias o en otros lugares. Colaboraban mi tía Cuca, Licho (y luego se agregó Hermilo, su esposo), mis padres, mi abuela y mi tío Juan y mi tía Carmen, todos quienes compartíamos el gran patio/jardín/área de juegos que posteriormente sería el “Comedor Aldaco”. Alguno de mis tíos Aldaco nomás pasaba para aportar un lechón al horno, preparado por él mismo,

Mi tía Cuca criaba el guajolote y, llegado el momento, lo emborrachaba con tequila para luego darle cran, rellenarlo y cocinarlo deliciosamente. Mi abuela hacía los tamales, y mi hermano Manuel todavía extraña los de pollo, que llevaban dentro una pieza completa. Mi madre hacía los frijoles puercos o la ensalada. Probablemente Licho se encargaba de los buñuelos o de la ensalada. El tío, probablemente mi tío Chuy, llevaba el lechón. Nunca hubo pasteles. Bebidas: atole, ponche, aguas frescas, pero nunca refrescos/sodas. Para los mayores había, además, “Cuba libre”, cerveza, whisky, tequila, al gusto de cada uno.

La comida, con las tostadas y el pan para acompañar, se disponían sobre la barra entre la cocina  y el comedor en la casa de mi tía,  separada por un pequeño patio de la nuestra. Las bebidas, en la cocina. Los adultos pasaban la noche jugando dominó, conversando y escuchando música variada. Mi abuela podía sacar a bailar a cualquiera, particularmente el 31 de diciembre que era su cumpleaños. Los escuincles mayores podíamos ir a la feria navideña, instalada cerca del Río Mololoa, en aquel Tepic donde todos cuidaban de los hijos de los demás. Si alguno había sido invitado a otra casa, se iba sin problema. Cada uno comía lo que se le antojaba, cuando se le antojaba. Ir a Misa de Gallo (o algo así) era una actividad social a la que uno podía asistir con sus amigas, más que otra cosa. Nadie tenía que vestirse de gala. Conforme fuimos creciendo, algunos amigos de mis hermanos podían preferir acompañar esta tertulia. Nunca hubo en casa amigos de mi padre o de mis tíos.

Así sigue funcionando para mí. Sin reglas. Hay comida suficiente y variada, siempre, por si viene algún amigo. Pero, si estamos solos, puede ser que terminemos atendiendo una invitación o yendo al cine, o que nos subamos a la cama a comer palomitas y pizza. O así fue hasta el año pasado.

Estudiando en CDMX regresaba en cada período vacacional a estar en mi casa, la de mis padres. Después de casada algunas Navidades regresé a casa, con mi hijo. Otras las pasé en Tampico, y la verdad es que nunca fueron muy gratas.

¿Nostalgias en esta fecha? Ninguna. Tengo muchos bellos recuerdos. Por otra parte, creo que muchas de las “tradiciones” son copiadas de las películas mexicanas o gringas, con todo y los melodramas, y no se me antojan. Prefiero una verdadera noche de paz.

 

 

8 de diciembre: la tarea final del taller de poesía

Saturday, December 8th, 2018

La segunda parte del taller inició el 6 de noviembre, con reuniones cada martes, de 10 a 11; tuvimos que saltarnos uno, por compromisos previos. Concluimos el 4 de diciembre.

El último trabajo consistió en la revisión de la tercera tarea, editando algunas partes. Éste es el resultado final:

Tatei Haramara, diosa del mar, cuyo lugar de residencia está en San Blas

Lo que viene de antiguo se antepone a todo

Tatei Haramara, diosa del mar,

Tu casa es la que siento como mi casa: San Blas.

Buscando la luz, del mar salimos;

En peregrinación, al mar volvemos

A celebrar nuestros ritos,

A sellar compromisos de amor,

A iniciar a los que nos suceden.

 

Tayau, Nuestro Padre, el dios sol,

Surge de las llamas del Abuelo Fuego;

Luz que permite que cada cosa alcance su esplendor.

 

Salimos del mar para crear el mundo,

Para soñar el mundo,

Para plasmar el mundo en mágicas imágenes,

Para contar quiénes somos y a dónde vamos.

 

Nuestro camino es el de la luz;

Volvemos a ella y volvemos al mar.

Mar y cielo, luz y agua,

Extienden la paleta de azules en una unidad infinita;

Agua tibia que besa nuestros pies,

Sol que baña nuestra piel color de barro.

 

Si el mediodía es espléndido,

El atardecer produce magia;

Los rayos de luz viajan sobre la superficie marina

Rieleando hasta alcanzar nuestros pies

Que se resisten a abandonar el húmedo confort

Que seguramente recuerda el del útero en que fuimos concebidos.

 

Desde el viejo muelle del puerto

Contemplo la fusión de nuestros dioses;

Tatei Haramara y Tayau se reúnen tarde a tarde

En un espectáculo de múltiples colores y tonalidades

Mientras las barcas atadas al muelle descansan mecidas por el oleaje.

La fusión que renueva nuestros pactos

Que alimenta nuestro espíritu,

Que calma mis angustias,

Que alivia mis penas.

 

Momento de agradecer por cada cosa que nos ha sido dada:

Los frutos de la tierra y los del mar,

Las montañas, los campos y los bosques,

La generosidad de quienes nos acompañan,

El amor que sigue manifestando su presencia,

La paz que reina en un mundo de caos.

 

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No pretendo ser poeta, por supuesto.
Los ejercicios previos, y lo que trajeron como autoconocimiento, como recuperación de vivencias, de recuerdos, de emociones, los dejaré reposar unos días para compartirlos antes de que termine este año.