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5 de agosto: Días de agosto

Sunday, August 5th, 2018

Días cargados de nostalgias, de buscar en las sombras, de sentir intensamente las ausencias. Días en que es mejor no estar muy expuesta al mundo. A ratos me asomo, cuando me siento un poco aligerada y la curiosidad me gana; generalmente caigo en cuenta, muy rápidamente, de que no hay mucho que valga la pena en las múltiples ventanas que se abren en cuanto enciendo uno de los muchos aparatitos que tengo al alcance. Retirarme definitivamente todavía no lo considero, porque hay asuntos de vida y familia que solamente se vehiculan por alguno de esos medios. Los teléfonos han dejado de cumplir esa función y, de cualquier manera, el sonido del timbre siempre me ha molestado, alterando mi estado, cualquiera que sea en ese momento; no suelo responder cordialmente porque preferiría que no sonara.

Antes, hace mucho tiempo, era el telegrama breve, no más de diez palabras, el que llevaba o traía el mensaje necesario o urgente; ni una palabra de más ni, mucho menos, adornos de cortesía. La comunicación cordial, afectiva, llena de detalles no necesariamente explícitos pero entendidos en el contexto y entre líneas era ideal para comunicarse con algún ser particularmente querido. Cada noche retomo esa práctica escribiendo pequeñas notas, a veces no tan pequeñas, a quien sigue ocupando mi alma y mi mente.

Pero los días de agosto parecen demasiado largos, las horas transcurren como con modorra y la noche tarda en llegar. Sin Importar en cuantas actividades de todo tipo me involucre, me sobran horas. Coso, leo, cocino, hago jardinería, barro, organizo,… y hay mucho tiempo antes de que el sol se ponga. Algunos días comienzan con tal carga emocional que el ritmo al que hago todo es muy intenso, para aturdirme, para no pensar ni, mucho menos, dejarme llevar por el sentimiento.

Hoy fue uno de esos y decidí huir, engentarme, responder a las incidencias de andar en el mercado grande, en día y horas de mercado, cuando el gentío se aglomera en algunos lugares impidiendo el paso de los transeúntes, entre empujones y cuidando el monedero y las compras. Toda la atención se concentra en deambular por los pasillos mientras hago una selección de lo que se ofrece en venta tomando en cuenta lo que creo que puedo necesitar durante la semana, en buscar un par de antojos que solamente ahí encuentro, en cuidarme de los carros y de la gente que carga bolsas grandes o de los comerciantes que cargan costales o cajas de productos buscando paso.

Antes de ir al mercado, al descender de la oruga, fui a dar de lleno al costado de Catedral, cuyas campanas repicaban llamando a misa de 12 o algo así. El antojo me hizo detenerme en la esquina de enfrente y pedir un tamal oaxaqueño de costilla (muy bien servido) y un atole de cajeta; luego busqué un lugar para sentarme a comer bajo un arbolito que no ofrecía mucha sombra, en la placita aledaña. Llegué a la esquina de la plaza principal; en los portales que la encuadran hay múltiples vendedores de esa ilusión llamada Lotería Nacional y recordé que tenía un cachito, comprado en el supermercado hace unos días: tiene un premio neto de 139.50 pesos, dijo la vendedora en el primer puesto que encontré, entrando al portal más cercano. ¡Loteria!, dije al recibir mi premio.

Decidí ir a la tienda de telas a buscar el material para un pantalón casi de tubo, pero lo que busco parece inexistente en esta ciudad. Al salir del local escuché la banda municipal, instalada en el quiosco de la plaza. Corrí para llegar a escuchar la siguiente melodía, que resultó ser el vals “Sobre las olas”. Encontré un lugar justo frente a la escalinata de acceso al quiosco y comencé a transmitir en vivo el evento. Soy muy despistada pero hay algún sentido que se activa de manera automática para percibir una especie de sombras.

Mientras grababa, sentí la mirada sobre mí; sin dejar de grabar me puse de pie para hacer una toma que incluyera los extremos de la plaza a ambos lados, pero observando el entorno a ojo limpio, por debajo del celular. Ahí estaba, observándome. Saludé con un gesto (intenté que fuera cordial, no sé qué resultó) y seguí con mi grabación. Se asumía, aparentemente, como una más de de las personas de la tercera edad, solitarios, sin otra cosa en qué emplear su tiempo, comiendo pepitas de calabaza y dejando que el día pase sobre sus cabezas.

No, no me causan tristeza, pero tampoco se me antoja ser parte de ese grupo al que parece que se le terminó el interés por la vida. Y no soy buena para escuchar la conmiseración que se tienen a sí mismos. Justamente ayer hablaba, con los amigos que vinieron de visita, de esa persona y de su manera de observarme casi obsesivamente, tratando incluso de inmiscuirse en mi vida. Me subí a la banca para hacer una toma de 360 grados de la plaza, mientras la banda tocaba íntegramente el vals. Cuando finalmente terminó busqué la mirada, que sabía que encontraría, para despedirme con un gesto similar al primero. Terminé de cruzar la plaza, pedí un café en el portal y, ahora sí, me dirigí al mercado.

Debo haber tardado un par de horas en todo mi recorrido, hasta regresar a mi casa.

Barrí el frente de la casa, cambié el agua de los bebederos, lave las fresas, guardé mis compras, comí, recogí la cocina, revisé mi proyecto de pantalón que ahora decidí que será falda, escribí este rollo y todavía le quedan unas cuatro horas de luz a este día.

El objetivo de mi huida se logró casi en su totalidad.

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7 de julio: consecuencias de mis conversaciones

Saturday, July 7th, 2018

Consecuencias de mi encuentro con mis excompañeras y mi talller de poesía. Lo que esas historias trajeron sobre mi historia personal y, particularmente, sobre mi relación con mi madre.

En 2010 recibí una invitación de Vianett Medina, Directora del Centro de Posgrados y Estudios Sor Juana, en Tijuana, para participar en un taller que impartiría Rocío Cerón sobre la elaboración de libros objeto, sin que recuerde el título. Asistí, por supuesto, y fue una grata experiencia compartida con un grupo diverso de mujeres con diferentes ocupaciones e intereses. Aprendí sobre las múltiples formas de elaborar uno, con elementos tan sorprendentes como puede ser un trozo de carne rebanado en “páginas” cuya textura es la parte descriptiva, al tacto. Sobre esta experiencia escribí una nota en Es lo cotidiano, en 2013, y acabo de reencontrarla; describo ahí mi interés en encontrar la parte de mi formación y de mi personalidad que debo a mi madre, porque como ahí se explicita:

Soy la mayor de seis hijos, tres hombres y tres mujeres. Después de mi hay dos hombres, luego una mujer, otro hombre y una mujer. Mi relación con mi padre siempre la he tenido muy clara y siempre dije/digo que soy “hija de mi padre”. Heredé el genio y la figura, el modito lo aprendí. Siempre dije que la formación intelectual se la debo a él y, sin duda, la manera de discutir, de emplear el lenguaje incluso para herir sin agredir. A los quince años me enviaron a estudiar a la Ciudad de México y solamente regresaba en las vacaciones de más de una semana (en la época, un viaje del D.F. a Tepic duraba entre 14 y 18 horas). 

El objetivo era elaborar un libro objeto reconociendo esa parte materna. Y es la hora en que no puedo ni siquiera comenzarlo. Palabras nunca me faltan, pero no termino de entender mi objeto de análisis. La punta de la hebra es saber que soy la mayor de seis hermanos, pero la madeja se enreda y hay que regresar una y otra vez para deshacer los pequeños nudos. De pronto creo que ya tengo el ovillo listo para tejer la historia, pero entonces mi madre misma comenta algo sobre su vida o sus sentimientos que, primero, me desconciertan y, luego, me hacen darme cuenta de que todavía no la conozco lo suficiente como para identificar y empatar lo que sé de mí con lo que voy sabiendo de ella; y eso hace que recomience. Una y otra vez. Me parece que es Marguerite Duras quien señala que no hay nada más difícil que escribir sobre la madre de uno.

Y si no es mi madre, la información llega de otra parte y deja ver los huecos en el rompecabezas que trato de armar. En mi relato para Es lo cotidiano salté toda mi infancia para ir directamente a lo que mejor conozco, mi adolescencia y lo que siguió. Sin embargo, las claves comenzaron a aparecer y se hicieron evidentes en dos momentos:

  1. En mi reencuentro con mis excompañeras de la secundaria, cuando Yuya habló de la corona de reina, de la cual yo sigo sin tener memoria, y de la cual mi madre sabe menos que yo.
  2. En mi primera sesión del taller de poesía, Jair, mi maestro, me pidió contarle sobre mi infancia. Lo hice sin reflexionar (lo cual es habitual, aunque sea por escrito). El resultado está en Aprendiendo ando, en este blog. Ahí verbalicé lo que estuve elaborando sin darme cuenta durante el mes que pasó entre los dos momentos.

Luego, por supuesto, han venido reelaboraciones. Y nuevos encuentros con mi madre.

Conversando con mi hermana Nidia, digo en voz alta lo que sé de siempre: mi amá no está acostumbrada a saber que a veces no tengo fuerza, y la única razón es que ella se ocupaba de los menores, que necesitaban de su presencia para alimentarse, para comenzar.

Yo no sé cuándo me destetaron, pero tomando en cuenta que comencé a caminar a los 9 meses, sin haber gateado o haberme arrastrado, supongo que controlarme era casi imposible; mi madre se embarazó justo en ese momento. Mi hermano Manuel es 18 meses menor que yo. Y es seguro que ya no me alimentaba mi madre y que yo prefería el caldito de frijoles, el pan, y los lácteos y frutas. Sí, en mis primeras fotos me acompañan mis padres y el entorno es el de nuestra casa o de los jardines a los que me llevaban de paseo. Recuerdo a mis padres haciendo canastitas de cartoncillo azul, una noche, para alguno de mis primeros cumpleaños. Algunos días de lluvia, en verano, mi abuela se encargaba de entretenernos contándonos historias, subidos en la cama, a los dos mayores.

Durante el kínder, las vacaciones las pasaba con mi abuela y/o mi tía, ya fuera jugando con mi hermano Manuel fuera de la casa de mi tía o viajando yo con ella en tren, pasando semanas en Mazatlán o en Guadalajara, o simplemente recorriendo la ruta del Ferrocarril del Pacífico en el pulman. Mi primera carta, en 1953, está escrita desde allá y dirigida a mi madre que esperaba el nacimiento de mi hermano Juan, el tercero de nosotros. A mi tía y a Licho también las recuerdo acompañándome en Guadalajara, a donde me llevaban para que me pusieran transfusiones de sangre (también soy anémica crónica de nacimiento). Con mi tía desarrollé el gusto por el beisbol y una cierta afición al traje de luces, no a la “fiesta”, a partir de las corridas a las que asistí con ella. En cambio, nunca me interesé por aprender a jugar canasta o cualquier juego de cartas (o de mesa, en general), aunque la acompañaba a tertulias con sus amigas. Tampoco desarrollé gusto por el baile, aunque mis padres eran bailadores y con mi prima Licho asistía a sesiones de baile con sus amigas (cha cha cha y esas cosas, puras mujeres jóvenes).

De la primaria a la secundaria, los tiempos que pasaba con mis padres y hermanos eran las vacaciones; pero por lo menos en tres de esos veranos mi abuela nos llevó al rancho de los Becerra (su hermana mayor y sus hijos y nietos), en la sierra nayarita, a vivir libremente y sin más tecnología que la que desarrollaban los primos y tíos con lo que encontraban a su alrededor (y no era poco) y sin otros alimentos que los que resultaban de los productos del mismo rancho; mi madre nos llevó a Tijuana en dos veranos (1962 y 1964) a conocer a mi tío Alberto y sus otros hermanos, en el Cañón K, y a compartir con una gran tribu de primos enterregados, y conocer las atracciones de California, por supuesto.

Por eso no recuerdo nada de la cocina de mi mamá antes de los 10 años, que creo fue cuando nos cambiamos a la casa contigua a la de mi tía. De la cocina de mi tía ya he comentado y recuerdo a Elvira, quien ayudaba a mi tía y venía a ser pariente de mi tío Gonzalo en algún grado. Ella ponía una silla para tenerme cerca, junto a la estufa, mientras conversaba conmigo y me preparaba algo para comer. Nunca intenté meter las manos, aunque dudo mucho que ella lo hubiera permitido. Las fotos de esa época tienen como escenario el patio del frente de la casa de mi tía, o la banqueta, posando para la foto yo sola o acompañada de mi hermano Manuel y/o mi abuela. Y por eso mi madre no sabe nada de mi actuación como princesa con corona de reina.

De las cosas que no me afectaron, por este vivir entre dos casas, está la ausencia de mi padre. Según me contó Manuel, y mi madre confirmó, mi padre no vivió siempre con nosotros, porque estaba casado. No tengo la menor idea de cuándo se integró de lleno, porque para mí siempre estuvo presente. Siempre estaba cerca de mí y atento a mis necesidades, a mis conversaciones, a mi desarrollo. Conversaba con él durante el desayuno y durante la comida, a veces también en la ventana de su oficina cuando iba o cuando venía de la escuela en las horas de la mañana; pero también al salir de la primaria, por la tarde, en la academia de inglés que tenía exactamente frente a la escuela Amado Nervo. Sus clases ahí terminaban a las 9 de la noche, y entonces nos llevaba a algún merendero, especialmente El Maracas, cerca de la academia; mi madre y yo (y supongo que algunos de mis hermanos) lo alcanzábamos a la salida para irnos juntos y regresar a casa. Los días en que jugaba el equipo de futbol local, Los Coras, me llevaba con él a los partidos, los cuales seguía simultáneamente en una radio de transistores, mientras tomaba notas para su crónica en el periódico. Los domingos lo acompañaba(mos) al tenis, su pasión, y a las nieves al terminar. Por supuesto: hubo paseos y campamentos en los que participábamos todos, incluida mi abuela y mi tía y familia. Están las fotos y videos para probarlo.

Tampoco tengo muchos recuerdos de mis tres hermanos menores, que incluyen a mis dos hermanas. Tal vez todo eso explica por qué no me afectó estar sola, fuera de casa, desde antes de cumplir los 16 años. Y eso debo agradecerlo. El carácter se fue formando a lo largo de todos esos años y con todas esas experiencias. Una parte de mi formación quedó en el aire a pesar de todos los cuidados y, como cuento de fantasía, fue ahí donde el pinchazo tuvo lugar y me agarró sin preparación, para bien y para mal. La parte emocional y afectiva.

Antes de irme a México, faltando semanas para que cumpliera los 16 años, mi tía Cuca me entregó una novela gráfica, La novela semanal, que había conservado para mí, para ese momento. Me pidió leerla con cuidado y estar atenta. Es un recuerdo dulce y tierno que habla de su preocupación, su cariño y de que era totalmente consciente de que, como dijo el psicólogo de mi hijo, no entiendo nada ni me entero de gran cosa. La novela era una historia de una pareja de adolescentes, alrededor de mi edad. Acostumbrada a leer desde muy pequeña, rápidamente llegué al punto donde los novios van a pasear a un parque; seguían un par de páginas con florecitas, pajaritos y mariposas, después de las cuales la chica estaba embarazada … y no recuerdo el desenlace. Lo que se refiere a mi desarrollo en esa área está contado también en la entrada del blog ya citada.

Y aquí va mi madeja, todavía con muchos nudos. Sin que pueda tejer la historia que lleva ya ocho años en espera. Ciertamente, saber esto me ha ayudado a enfocar mejor mi trato con doña Margarita, de manera mucho más objetiva y abierta. Sigue siendo difícil.

 

 

 

 

15 de junio: mi encuentro con mis excompañeras

Friday, June 15th, 2018

Febrero: me fui a pasar tres días a mi pueblo, para festejar mi cumpleaños a mi modo.

Previamente había soñado con Nely Robles y, durante el sueño, había recordado su teléfono (cinco dígitos, en la época) y pude recomponerlo en la marcación actual. Al tercer intento me contestó ella misma, inconfundible a pesar de los años, muchos, de no tener contacto con ella. Me contó que hacía poco se habían reunido las ex compañeras de la secundaria (éramos 70 en tercer año, en un solo grupo, y yo no podría identificar a más de una decena, por su nombre, de las cuales la mayoría serían de compañeras mías desde la primaria) y que hubiera sido bueno juntarme. Le pregunté si habían buscado a Raquel, mi verdadera amiga desde los 6 años, durante toda la primaria y secundaria, y respondió que no porque “ya sabemos que no está en condiciones”. Por supuesto que yo no hubiera asistido; ya lo habían intentado en algún momento del año 2000 para celebrar que todas (muchas, porque había algunas compañeras que eran hasta tres años mayores que nosotras) cumpliríamos 50 años en esa época. También entonces pregunté por Raquel, también entonces me dijeron que no la incluían. Y yo decidí que no tenía nada qué hacer en un grupo enorme de mujeres en crisis de la edad.

Acepté que nos reuniéramos “con las que puedan” sabiendo que sería difícil reunir a esa cantidad de mujeres y que muchas de ellas no querrían involucrarse conmigo dada la personalidad que ellas mismas me construyeron (pareces vago, eres comunista, tienes muchos amigos, etc.). La realidad es que SOY un vago, que nunca he sido ni comunista ni cosa que se le parezca y que sí tengo muchos amigos desde mis 16 años, para bien mío.

Llegué a Tepic y visité a mi tía Esperanza y a Raquel. Con Raquel comenté el probable encuentro con las excompañeras, invitándola, pero se negó. Conversamos un buen rato y quedamos de vernos al siguiente día para festejar nuestros cumpleaños (ella cumple el 9, yo el 18) comiendo en forma. Paseé un poco y me entretuve en la plaza escuchando un mariachi tradicional, lo que originalmente es el mariachi, surgido en Nayarit (no el modernizado por los jaliscienses) y tocando sones muy nayaritas, la Negra entre ellos. Por la noche me puse de acuerdo con Nely: había contactado a unas seis amigas que asistirían al día siguiente a tomar café en el restaurante del Hotel Fray Junípero, justo enfrente del hotel donde me hospedo habitualmente; la cita era a las 5 de la tarde.

Por la mañana acudí, como siempre, a almorzar al mercado y a comprar fruta en las carretas de las calles aledañas; compré café nayarita en tres partes distintas, aretes y pulseras huicholes; y pomada de peyote, para llevarle a mi comadre cuando vaya a TJ, en julio. La mañana se me fue en paseos; al medio día fui por Raquel y comimos en un restaurante vegetariano. A medio camino nos encontramos a una familia de músicos wixárika/huichol que me dedicó el “Corrido de Nayarit” para que lo grabara completo. Es tan grato sentirse envuelto por la cultura local y sentir que es ahí a donde uno pertenece, independientemente del lugar de residencia.

Dieron las 5 P.M. y me dirigí al restaurante para encontrar a las excompañeras. Las busqué sin éxito y me fui a esperarlas al lobby; les mandé un mensaje y un rato después me llamaron paa preguntar dónde estaba. Tampoco ellas me habían reconocido cuando entré a buscarlas. Nely y Billy (Luz Elvira) son las únicas dos con las que mantuve algún contacto hasta los 20 años, más o menos. Había otras dos, desconocidas para mí, aunque reconocí el nombre de una de ellas cuando se presentó. Jolgorio grande, y comenzamos a ponernos al día, o algo así. Yo había anticipado que, conociendo les mœurs, les daría información suficiente para que siguieran hablando de mí por los siguientes 50 años, y no me equivoqué. Querían saber todo de mi vida; por supuesto que no les daría acceso a Facebook para que se enteren de mis andanzas, pero siempre puedo dosificar lo que parece relevante para ellas y adicionarlo con fotos, anécdotas, etc. Mis exmaridos (“¿no estabas enamorada de Tony?”, NUNCA, “siempre lo creímos”, cada uno cree lo que le parece), mi hijo (mamá gallina saca las mejores fotos del escuincle y sus paseos, y hace un recuento de sus logros) y …

Y en ese punto alguien me llamó por mi nombre “Blanca Parra”, escuché y volteé a mi izquierda. No la reconocí, así que pregunté Y tú, ¿quién eres? “Yuya Rosales, ¿no me reconoces?”. No, dije, es que recordaba que eras más alta. “Siempre he medido lo mismo”, replicó, y ya no supe que otra mentira contar para disimular. En alguna parte en este blog conté de ella y su familia. Fuimos compañeras de kínder a secundaria y solíamos frecuentarnos mucho, viviendo sobre la misma calle, a escasos 30 metros una casa de la otra. Y sin embargo no recordaba su rostro.

Dijo que tenía que irse pronto por lo que a ella tendría que contarle todo rápidamente. Hice un recuento breve de lo que antes había compartido y comenté que en mi blog había mencionado a su familia por lo cual su hermano me había contactado de alguna manera y que me había pedido que corrigiera lo dicho en mi blog: en su casa había caballerizas y no solamente pasturería; y que lo hice sin problema. Ella confirmó el asunto y preguntó si recordaba que además de los coches, la camioneta y la bicicleta -en los cuales el Cano, el chofer e IBM de esa familia, nos llevaba y/o nos recogía a/de la escuela- también tenían una carreta en la que el mismo Cano nos llevó a pasear alguna vez. Tuve que hacer memoria, rápidamente. Cierto, dije; nos llevó a dar una vuelta por las calles alrededor de la casa en un cumpleaños de tu papá, en el que fuiste la reina del palenque (privado, en la casa) y yo fui tu princesa. Hasta recuerdo mi vestido azul, de falda de varias capas de gasa y la blusa de satín o tafeta, sin manga y de cuello redondo; y recuerdo que me peinaron con un chonguito. “Pero llegaste con la corona de María Luisa”, dijo con resabio.

¿Cómo?, pregunté; porque de eso sí no tenía ni tengo recuerdo alguno. “La corona de tu prima, que fue reina de un antro”. No; Licho fue reina del Carnaval en el barrio en el que vivíamos (barrio al cual pertenece su familia, por cierto) y la coronación fue en el casino Olímpico, también en el barrio, repliqué. “Pero llegaste con esa corona”. Me aguanté la risa, porque yo no recuerdo el hecho, pero puedo suponer que mi tía Cuca, mi segunda madre y madre de Licho, fue quien decidió ponerme el accesorio e imagino, dada su personalidad y su cariño por mí, que debió decir algo así como “princesa, ni madres; tú eres reina”, antes de mandarme al festejo.

Cambiamos de tema, las otras le hicieron saber de mis estudios en Francia a lo que respondió que ella hizo allá una maestría y la habían tratado muy mal, por lo que antes de regresar les advirtió lo equivocados que estaban con respecto a ella y que algún día se darían cuenta de que ella tenía razón. Los franceses. OK.

Me hicieron decir de quién había estado y sigo estando enamorada; no lo conocen, dije, pero describí brevemente al amor de mi vida. Pasamos a los asuntos de trabajo y Yuya dijo que había trabajado en el Tecnológico de Tepic. Entonces tú si lo conociste, dije, y di el nombre y la circunstancia de su muerte. “Sí, lo mató uno de sus alumnos, por una calificación”, dijo corroborado. Lo siguiente que recuerdo es que se puso de pie diciendo muy lentamente “Altísimo, guapísimo, moreno, de ojos verdes; ¿tú?”. Yo; yo que añoro la fina estampa, pero infinitamente más el ser.

No supe en qué momento se fue, porque luego pasamos al divertido asunto de repartir la cuenta según lo que cada un había consumido. Hora y media hasta que hice lo inusual: hacer yo la cuenta de cada una. No quiero imaginar la cara del mesero que escuchaba a un grupo de mujeres de la tercera edad que olvidaban lo que se les acababa de decir y se enredaban una y otra vez con los gastos.

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Georgina, Yuya, Bertha, Yo, Nely, Billy

Regresé al hotel y le mandé un mensaje a mi mamá para que me confirmara lo de la corona. Si yo no tengo recuerdo mi amá ni siquiera se enteró de que fui princesa ni de la fecha en la que Licho fue reina (y también fue reina de la playa, por cierto). Mandé un mensaje a Mari Cruz, la hija mayor de Licho; respondió con la foto de la coronación y la fecha: Carnaval de 1955; yo acababa de cumplir cinco años, un mes antes, y tenía razón en que había sido mientras estaba en el kínder y de que tenía el pelo largo para hacerme un chongo; porque la foto de la fiesta de coronación de mi prima me muestra con el pelo largo peinado en caireles, con un vestido blanco y con mangas largas. Y muestra la corona.

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Yo a los cinco años, y mi vestido de pincesa como lo recuerdo

1955 mi prima fue reina y yo su paje

Mi prima en su coronación. Yo en la esquina inferior. Imaginen esa corona en mi cabeza

Sigo divertida por lo que se refiere a ese punto. Sigo sorprendida por la otra reacción y esa pregunta de incredulidad “¿Tú?”. Yo, yo y mi enorme privilegio, el que agradezco a la vida.

El siguiente día, el día de mi cumpleaños, dediqué la mañana a estar a solas con mi dulce fantasma, mi fina estampa, en nuestra banca de la Alameda; conversé y le escribí, como siempre. Luego fui a San Blas a comer, acompañada por mi primo Alonso. En el malecón nuevo decidí caminar por un andador solitario. Ahí estaba mi regalo de cumpleaños:

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Mi regalo de cumpleaños, en mi camino solitario

Es similar al que encontré en mayo de 2017, también en San Blas, al comenzar a caminar en la playa. Un día antes, en la misma banca de la Alameda, había pedido una señal de que seguía caminado conmigo.

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A la iquierda, mi regalo de mayo de 2017; a la derecha, el de mi cumleaños 68

Yo y mi privilegio, que sigue siendo solamente mío.

12 de junio: la cartera que encontré

Tuesday, June 12th, 2018

He ido dejando cosas que pensaba relatar, con pequeñas notas para recordar cada asunto, pero el tiempo ha transcurrido sin que me ocupara de esas historias.

  1. La cartera que encontré en el baño de la Central de Autobuses de Guadalajara, unos minutos antes de salir para León, hace unos meses.
  2. Las sorpresas divertidas de mi encuentro con mis excompañeras de secundaria
  3. Lo que esas historias trajeron sobre mi historia personal y, particularmente, sobre mi relación con mi madre
  4. Lo que las vueltas y vueltas sobre mi reconstrucción personal aportan a mi visión del pasado que añoro
  5. Mi inscripción a ESFM, hace justo 50 años, descartando ya la arquitectura y, sin saberlo, definiendo aspectos de mi vida futura que nos llevarían a alejarnos. Y comprender que en tu poema de enero ya lo anticipabas sin que yo entendiera tu queja.
  6. Y vuelta reconstruir mi historia sobre mí misma.

Vueltas y vueltas.

  1. La cartera.

Me parece que era negra, con un cierre alrededor y tres o cuatro departamentos que contenían una tarjeta de débito, una muy pequeña libreta de notas, arracadas de fantasía envueltas en papel de china, un celular muy sencillo con unos tres contactos en su memoria, unos 200 pesos y una tarjeta de Coppel.  La encontré sobre el dispensador de papel sanitario en uno de los baños de la Central de Autobuses de Guadalajara, minutos antes de salir para León. Los números telefónicos de los contactos eran de León, de CDMX y de Tijuana; la tarjeta de Coppel era de León; asumí que la dueña viajaría en el mismo autobús que yo o que la encontraría en los alrededores.

Pedí que vocearan a la dueña, a partir del nombre en las tarjetas; primero en el mostrador de Primera Plus y luego dentro del mismo autobús en el que yo viajaría a León. La gente me miraba con cara de fastidio y sin entender por qué quería yo encontrar a la mujer. De todas maneras, nadie respondió a los llamados.

Comencé a marcar a cada uno de los contactos registrados, sin éxito, hasta que la batería del telefonito se agotó. Llegué a León pasadas las 10 de la noche, esperando dedicar parte de la mañana siguiente a encontrar  a la mujer de la que solamente tenía el nombre y los tres contactos. La señora Silvia tampoco entendía mi empeño en encontrarla. En la libretita encontré el NIP de su tarjeta de débito y lo destruí antes de que a alguien se le fuera a ocurrir algo. Nada pude saber a través de Coppel. Seguí llamando a cada uno de los contactos, sin éxito. Al cabo de unos días desistí: destruí las tarjetas, le di a la señora Silvia la cartera con todo su contenido, excepto por la libreta y una pequeña bolsa de plástico con imágenes. Luego destruí las tres hojas que tenían algún escrito.

Recuerdo uno de los escritos, en el que se marcaban fechas de encuentro con uno de los contactos telefónicos, alguien dedicado a hacer sanaciones, limpias, amarres y todo ese tipo de “trabajos”. Revisé la bolsita con imágenes y encontré oraciones a San Cipriano, al “ánima sola de Juan Minero”, al “Espíritu Intranquilo”, una “oración Atrayente” y una de “Amarre Total”. Adicionalmente, cinco recortes con otros tantos conjuros para asegurar el amor y la permanencia de alguna persona.

Una mujer sola y rogando por el cariño de un hombre, evidentemente. Más que por el cariño, por la posesión completa de la persona, a juzgar por lo que se pide en las oraciones y conjuros. Por ejemplo, la oración de Amarre Total reza:

Por los poderes de San Cipriano y de las tres Almas que vigila: Él viene ahora sobre mí. Enamorado, lleno deseo por mí. Cualquier mujer que esté en su cabeza se va. Que Él tenga la certeza de que soy la mujer de su vida. Que al comer piense en mí, que al dormir piense en mí; que sólo quiere verme, olerme, tocarme. Que sólo quiera besarme, abrazarme, cuidarme, protegerme las 24 horas de todos sus días. Espíritu de Rosita Alvirez, del Caballo Prieto y de Santa Inés del Monte Perdido: que sin mí se sienta perdido; que se sienta perdidamente enamorado de mí. Te agradezco, ¡Oh, San Cipriano! por interceder en mi favor para enamorar a __________ y traerlo cariñosos, derrotado, dedicado y fiel, lleno de deseo a mis brazos. Amén. (Rezar tres días consecutivos).

El refuerzo viene con un conjuro, en uno de los recortes:

Espíritu dominador que dominas en los planes terrenales y espirituales, te llamo tres veces para que vengas y te manifiestes en este Polvo de Amor y Cariño y que, por medio de Él, me concedas el amor y cariño de __________________________
ven pronto y rápido que dominado te tengo, por el poder y meditación del Espíritu Dominador.

Espíritu de Juan Minero, tráelo

Espíritu de Caballo Prieto, Ciégalo de amor por mí.

Espíritu de Juan Perdido, Búscalo y tráelo a las puertas de mi casa.

Espíritu de Rosita Alvirez, enamóralo y nunca lo dejes, hasta que rendido y humillado venga a las puertas de mi casa.

Estos dos elementos concentran el resto de las peticiones. Se deduce que aparte de pagar por las sesiones con el “sanador” -y probablemente el viaje en cada ocasión-, hay que comprar las estampitas plastificadas de las oraciones, las velas y los polvos de amor a los que hacen referencia. Más que pensar en los niveles de credibilidad de la dueña de la cartera, de su necesidad de aferrarse a algo, me pregunto: ¿de qué tamaño tiene que ser la soledad de uno para ir a confiar los anhelos y pesares a una de estas personas?

En mi visita a Guadalajara, en febrero, después de almorzar con mi prima Licho y su cuñada Lupe, me dejaron en el centro de la ciudad; buscando pitayas, ciruelas y nanches llegué el remodelado mercado Corona, que recorrí de arriba a abajo (encontré los antojos en los puestos externos). En el segundo piso tropecé con el área de hierbas, veladoras y elementos para sanaciones, conjuros y demás. Leen cartas, hacen limpias, etc. A la mitad de uno de los estrechos pasillos, al pasar, me llamó una mujer que para mí había estado invisible; me sobresalté, y algo en mí y mis muy breves respuestas la llevó a decir alguna cosa respecto a mi estado real, no visible, que me sorprendió; pero no quise indagar ni darle elementos adicionales, y ella no insistió. Es seguro que se dan cuenta de la fragilidad de las personas y que insisten con aquellas en quienes reconocen la necesidad de escucha o de compañía, o la desesperación ante algún desastre en sus vidas. Pero una cosa es que yo cuente mi vida en las redes sociales, y otra, muy distinta, que cuente mis secretos a desconocidos.

 

 

 

 

 

 

5 de abril: última tarea del taller de poesía

Thursday, April 5th, 2018

La envié por la mañana. Se trataba de escribir un poema para cada una de las estaciones del año. Esto resultó:

Primavera
Llegas envuelta en el ala dulce de la chuparrosa; avecilla vibrante que surca mi jardín, revoloteando sobre mi cabeza inmóvil.
Te presentas en la mañana clara, cálida y llena de luz, mezclada con el suave aroma de las rosadas petunias, y en las blancas corolas de las margaritas que te saludan gustosas, elevando sus cabezas al sol.
Te exhibes en el armonioso canto de la dorada calandria, oropéndola que brinca de rama en rama y de maceta en maceta en busca de alimento, sin desdeñar el néctar destinado a esas mágicas criaturas que son los colibríes.
Habitas el pensamiento de un mayo cercano, siempre cargado de ilusiones y de sueños; resides en la memoria de mi juventud lejana, pendiente de una flor de plúmbago azul.

Verano
Irrumpes cálido, húmedo, lleno de recuerdos de una infancia dulce y placentera, de tardes de relatos, de antojos simples, de “ruido de uña’ mientras mi abuela nos contaba cuentos;
traes la torrencial lluvia vespertina que limpia mi tejado cubierto de palomas y que alimenta mi espíritu con el tintinear de sus gotas sobre los mismos charcos que ha formado y sobre las piedras tibias del patio de nuestros juegos tempranos.
Sueños de paseos amorosos, reposados, bajo los árboles frondosos, de altas siluetas, que se alinean bordeando un sendero iluminado por pequeñas y frágiles luciérnagas.
Tiempo de vacaciones largas, extendidas por semanas, esperadas siempre para volver a encontrar brevemente a los que amamos, para volver a visitar los sitios en los que hemos amado.

Otoño
Alfombras de hojas que recojo para hacerme una mullida almohada con aroma de antaño (los migrantes deportados me enseñaron que unas tablas y unas llantas sirven para simular una cama que recuerde vidas menos duras).
Dorados atardeceres cuyas tonalidades traen a la memoria los naranjas y amarillos de las puestas de sol en playas suaves, lejanas y queridas; temporada de regalos inesperados recuperados del mar -una piedra, una concha o una almeja- o de los campos – las bellotas y las hojas multiformes, multicolores-, y que inspiran a ejercer manualidades aprendidas en otro tiempo.
Dulce olor de la cosecha recogida; antojo del elote blanco en su mazorca, de los higos maravillosos que se abren para descubrir la multitud de flores de su dulce cavidad, de rojas granadas formadas por pequeños rubíes que adornarán platillos, y de duros membrillos y tejocotes -frutos secos, astringentes- que con el calor sueltan su aroma a bosque y sus dulces sabores.
Remembranzas de escuelas y pupitres, de inquietudes compartidas en las tardes de lectura conducida por una diligente maestra en el largo pasillo donde anidaban las golondrinas en verano.

Invierno
Llegas sorprendiéndonos a veces, irresponsables en el manejo de los alegres y despreocupados días en los que plantar y recolectar nos conectan directamente con la vida;
nos encuentras desprovistos de reservas, sin recursos y, acaso, carentes de afectos y de mimos, ni una mano fresca que se pose dulcemente en nuestra frente, ni un cálido abrazo para mitigar el frío. 
Tardes de vientos helados, de granizo que lastima como balas, de lluvias que no invitan a caminar despacio para disfrutar del contacto con el agua; obligas a buscar cualquier refugio, a cubrirse, para conservarse, con oscuros y pesados trapos que impiden bailar al aire libre.
Nos presentamos frente a ti así: sin abrigo, sin fuego, solitarios, sin saber si habrá otro mañana.

Este taller se ha dado por concluido.

Lo que sigue es comenzar con mi proyecto del vestido (descrito en la Tarea 1 del taller):

  1. hacer el trazo del molde, en papel
  2. cortar las piezas en una tela sencilla, a modo de prueba, y coserlas a mano para poder armarlo y ajustarlo sin problemas
  3. ajustar lo necesario/corregir en el papel
  4. cortar el vestido definitivo y armarlo (primero hilvanado y luego a máquina)

La semana siguiente estaré ocupada en esto. Hace unos 42 años que no hago algo semejante. Si resulta, verán el proceso y el vestido.

30 de marzo: tarea y quinta sesión

Saturday, March 31st, 2018

Mi tarea para esta sesión del taller de poesía, la última, era escribir una carta de Carla para Álvaro, antes del fin del mundo (detalles en el post anterior).

Mi texto:

Desde algún lugar del planeta hasta donde te encuentras, en otro punto del universo, esperando el espectáculo que será el fin del mundo.

Amor de tu madre,

Imagino que a estas horas el restaurante estará lleno de celebridades y periodistas que van buscando la última foto de la Tierra, algunos incluso pensarán en tomarse una selfie con ese fondo. Anticipo que tendrás mucho trabajo atendiendo a esa multitud que seguramente acampará ahí hasta después de que todo termine. El menú que dispusiste me parece muy práctico y muy del agrado de casi cualquiera, aunque siempre habrá el vegano-intolerante al gluten-intolerante a la lactosa y que aborrece la cerveza.

 

De alguna manera me divierte. Lo que escriban y publiquen, fotos incluidas, serán efímeros intentos pues, apenas enviados, los destinatarios habrán dejado de existir con todo lo que formaba parte de su entorno. Los que te acompañan seguramente ya tienen planeado, y hasta reservado, el lugar al que habrán de dirigirse para dar continuidad a sus vidas, aunque tal vez dejaron acá lo que les daba sentido.

 

Tú tienes ese lugar, en el que laboras ya desde hace un par de años y, ya arraigado, lo compartes con alguien muy cercano. Ese es el último detalle que yo necesitaba para saber que mi trabajo ha terminado. Así que no estoy triste por partir, sino ilusionada por lo que será tu porvenir. Nuestra pequeña familia seguirá siendo pequeña, tú y tu compañía; y de vez en cuando leerás esta carta para recordar que desde donde me encuentre, seguiré a tu lado, que disfrutaré siempre tus aventuras y compartiré tus sueños. Y sabrás que un día, nos encontraremos en ese lugar habitado por todas las conciencias de la humanidad, espero que reconocibles y hasta organizadas de acuerdo con los intereses compartidos.

 

Have fun! Disfruta todo lo que puedas en medio del trabajo, y guarda la memoria de lo que fue para darle forma a lo que será. Por mi parte, te cuento que tuve un sueño alegre y, tal vez, premonitorio: me encontraba en una fiesta con amigas, disfrutando de conversaciones, bromas y hasta chismes. A ratos me aburría porque la fiesta se alargaba demasiado y me hacía falta tu compañía para compartir las vivencias y los antojos servidos. Entonces, supongo que significa que en ese lugar de las conciencias encontraré a la gente que quiero, y que espero aburrirme un rato antes de que me alcances. Te reconoceré no por tu piel blanca ni tu cabello castaño sino, tal vez por la profundidad de la mirada de tus ojos cafés que reflejan tu alma.

 

Y ahora ponte a trabajar, que el espectáculo, dicen las noticias, ocurrirá en unas 50 horas o algo así. Cierto que el meteorito puede impactar sin acabar con todo el planeta, porque no saben a ciencia cierta el curso completo de su trayectoria; de modo que bien puede ser que pasado mañana volvamos a conversar. Pero siempre es mejor decir a tiempo “Hasta pronto”, decirte siempre que te quiero, que has sido la mejor experiencia de mi vida, y que espero que tu vida sea tanto o más plena que la mía.

Te quiero, niño de mi vida.

La sesión continuó con la escritura de un poema breve para cada una de las estaciones del año, y algunas sugerencias para darles un poco más de intensidad. La tarea es revisar cada texto previo a la luz de esas sugerencias, y enviarlas.

La siguiente semana estaré trabajando en eso, y en mi proyecto del vestido.

 

28 de marzo: Cuarta sesión del taller

Friday, March 30th, 2018

Construí los intentos de poemas que me había solicitado Jair, desarrollando un poco más cada una de las versiones mínimas de la sesión anterior:

I
Ruge y frunce el entrecejo para simular la fiera del tigre que no encarna; las rayas no confieren la furia.
Descubre que se puede ser diferente, encuentra señales en su entorno; sin miedo, se dice animoso, vivamos siguiendo lo inmanente
De los otros no me ocupo en lo absoluto, declaró en franco testimonio; soy el que soy y a mucho orgullo, y se encaminó a encararse con el mundo.

II
Nada, nadie, ninguna nube en su noche nueva; panda que estrena escondrijo
Nunca más admitir presencias falsas, imágenes carentes de alma
No hay rostros, ni brazos llenos de sol, ni aromas necesarios
Solamente la paz de las palomas, la que se busca para yacer al final de la jornada
Esa paz, la que el alma clama al terminar la brega cotidiana
Y llevarla hasta el final del hilo del que pende mi destino

III
Prueba primero un prometedor pretzel, pero el gato prefiere el postre del precipitado pregón pronunciado al paso;
Gatito mimoso, mimado por su ama en la calma de las mañanas luminosas;
Minino consentido, curioso, consciente de su encanto, calmado si conviene, escandaloso si tiene hambre;
Cómodamente colgado del candil, como mostrando su indolencia plena, limitado a lamerse la cola mientras observa la araña que cuelga a un lado, listo para lanzar un letal zarpazo.

Los textos los escribí en Word y, ante la imposibilidad de conectar iPad con iPhone, tomé una foto de la pantalla de la laptop y se la envié.

Bien, leí ya los tres textos. Muy bien. Pero ahora escribirás el primero en tiempo pasado y el tercero en tiempo futuro.

Van:

Ib (pasado de I)
Rugió frunciendo el entrecejo, simulando una fiera no encarnada; las rayas no le habían conferido la furia necesaria;
Descubrió que podía ser diferente, y encontró señales en su entorno; sin miedo, díjose animoso, viviremos siguiendo lo inmanente
De los otros no me ocuparé en absoluto, declaró en franco testimonio; soy el que soy, a mucho orgullo

Ok; excelente

 

IIIb) (futuro de III)
Probará primero un prometedor pretzel, pero el gato preferirá sin duda el postre del precipitado pregón pronunciado al paso
Gatito mimoso, curioso, consciente de su encanto; calmado cuando convenga, escandaloso cuando tenga hambre
Cómodamente colgado del candil mostrará su indolencia plena y, limitándose a lamerse la cola, observará la araña colgada a un lado antes de lanzarle un letal zarpazo.
Ok, ¿sientes una diferencia sustancial entre las primeras versiones y éstas?
Claro, tienes que buscar otros modos de decir lo mismo, agregando esas cosas de las cuales nunca pude aprender el nombre en ningún idioma mmm a ante bajo etc. ¿Preposiciones? Mi maestro de francés se reía porque no conozco la terminología
Sí. Eso con calma, siempre es mejor aprender de manera práctica.
Bien.

Ahora quiero que escribas un breve poema sobre tu estado de ánimo el día de hoy.

 

(Eso fue un gancho al hígado. Antes de la sesión algo había cruzado mi alma, mientras quebraba piñones para un guiso y escuchaba Yesterday tocada al piano en el CD Yazzterday, y me había costado mucho dejar de llorar; parte de eso lo había publicado en Facebook).
Romper piñones para un arroz, en el silencio amortiguado por un piano
Piedra de molcajete que irrumpe y rompe, de paso, el caparazón de otro recuerdo
Un primer baile, inexistente, desencadena un terremoto; no hubo alerta y no hay refugio.
Habrá que esperar a que el tsunami pase.
Muy bien, Blanca.
Siento que hay cierta contención …
¿Qué te parece si escribes algo sin pensar mucho en la ortografía ni en la coherencia de las frases?

Llorar abiertamente es algo que todavía no puedo hacer, después de casi 40 años. Pero lo intento desde hace como 5. La racionalidad pesa siempre. Lo intentaré
Sí, muchas veces es el mayor obstáculo. Espera; hagamos lo siguiente:

yo escribo una palabra y tú escribes otra que venga a tu mente sin pensarlo mucho.

Y siguió una intercambio de ese estilo. Luego cambió el juego:

Ahora me vas a acompañar respondiendo las siguientes preguntas, ¿vale?
Ok

¿De dónde vienen los sueños?

Algunos, de recuerdos , de vivencias reales; otros, de otros mundos que desconocía y que, sin embargo, resultan existir. Otros conectan dos vidas
El día del fin del mundo, ¿en dónde te gustaría estar?
En el restaurante de enfrente de ese espectáculo
¿Cuál será el menú?
Cervezas y botanas, pizza, quesos, pan

¿Cómo se llama el chef que preparará todo eso?
Álvaro
¿Cuántos años tiene?
Como 24
¿Es casado?
Probablemente no
 
¿hijos?
Definitivamente no
¿De qué color es su cabello?
Castaño
¿sus ojos?
Cafés
¿Cómo se llama su mamá?
Mmmm Carla?
¿Carla extraña a su hijo?
Solo cuando no hay comunicación en varios días
¿Qué soñó ayer Carla?
Andaba en una fiesta, con amigas
¿estaba alegre?
A ratos, a ratos aburrida

Ok. Bien. Ahora quiero que de tarea escribas una carta que Carla podría escribirle a su hijo.
Una página.


Bonus extra: Jair me regaló otra sesión, la cual tendremos hoy. Todavía no escribo la carta, pero estará lista antes del medio día. Pero no aceptaré más trabajo gratis de su parte, le dije. En todo caso, un taller II. Ha sido un disfrute, verdaderamente.

Junto con los poemas de tarea, le había enviado otro, que evolucionó luego, pero que solamente lo compartí con el objeto de mi obsesión y mis tristezas. Lo que le envié a Jair fue el primer intento libre:

“Amarte, amor, ha sido fácil;
amarte en la Alameda, en la soleada mañana;
amarte, amor, alumbrada por la luna, arrullada por la mar y aún en la plena soledad de la madrugada tibia.
Amarte, pensarte y encontrarte en el vuelo del ave, en el verde del prado y en la fuente.
Amarte por destino, porque estabas en el cruce en mi camino, porque ajustas tu caminar al mío.”

 

26 de marzo: Tres animales en busca de… (tarea 2b)

Friday, March 30th, 2018

Se desperezó como si volviera de un largo sueño; se sentía relajado, como si nada pudiera turbarlo en el futuro próximo. Se estiró y abrió los ojos para encontrar a un pequeño minino que lo miraba con curiosidad, sin acercarse demasiado.
“Hola, pequeño, ¿qué haces aquí? ¿Estás perdido?”, inquirió.
“Hola, gordito”, respondió el impertinente chiquillo, y todavía añadió: “¿por qué traes máscara? ¿Acaso eres mimo?”

Terminó de despertar; el lugar tenía algo de familiar pero no era un entorno en el que hubiera estado antes, y no tenía idea de cómo o por qué estaba ahí. Parecía un gran jardín, pero era demasiado grande para estar dentro de una casa; el sol apenas asomando por entre los árboles, muchos murmullos y revoloteos alrededor. Las aves parecían entretenidas en procurarse alimento y bebida, aunque se escuchaban algunos trinos. Sonrió y respondió calmadamente:“no es máscara ni soy mimo”; soy un oso panda y éste es mi aspecto: gordito, pachoncito, en blanco y negro. Puedes llamarme Panda, simplemente.”
“¡Ah! Pues tú puedes decirme Gatito, porque no tengo otro nombre”.

“¡Turistas!”, exclamó alguien con voz potente que los hizo volverse con cuidado.
“¿De paseo por la ciudad?”, preguntó el curioso. Panda y Gatito miraron sorprendidos al bello ejemplar frente a ellos; era un majestuoso tigre de mediana edad que parecía amigable, hasta donde un tigre puede parecerlo. El instinto los hizo ponerse en guardia aunque Panda era suficientemente grande y fuerte como para enfrentar un ataque y Gatito, a fin de cuentas, era un pariente muy cercano del hermoso animal; por otro lado, como buen felino, sabía instintivamente cuáles eran sus fortalezas y no estaba dispuesto a perder una vida: su tamaño y agilidad le permitirían trepar árboles con mucha facilidad y esconderse en cualquier hueco entre dos piedras, por ejemplo.

“Hola, señor tigre”, contestó Panda. “Gatito y yo hemos coincidido en este punto, por casualidad; soy, como es bien evidente, un oso panda y me siento feliz de encontrarme en este lugar que, sin embargo no conocía. Este pequeñín estaba a punto de contarme qué hace aquí.”

“Hola, señor tigre”, dijo copiando el saludo de Panda porque, en algunas circunstancias hay que atenerse a los protocolos para limitar conflictos potenciales. “Pues soy un gatito, y supongo que me dormí y vine a dar aquí por accidente. Porque no es usual que me saquen de mi casa; tal vez mi humana se dé cuenta de mi desaparición y comience a buscarme poniendo anuncios en las redes sociales, ya saben ustedes”. Dehecho las miradas que intercambiaron Panda y Señor Tigre mostraban que no tenían idea de qué era eso de redes sociales; como sea, Gatito prosiguió: “lo que digo es que no me preocupo porque sé que mi humana no descansará hasta recuperarme; esperaré hasta entonces haciendo lo que más me gusta: divertirme.”

“¡Excelente!”, dijo Tigre, habiendo solicitado que no lo hicieran sentir diferente del resto poniéndole títulos. Continuó: “lo mejor de todo es que ninguno ha causado una mala impresión en el otro, y eso es saludable para la confianza. ¿Puedo sugerir un paseo?”

“Por su puesto”, dijo Panda, “tú pareces conocer la zona”
“Me encanta la idea”, replicó Gatito, ansioso por encontrar diversión.

“Tengo años viviendo aquí”, comenzó a explicar Tigre. “Disfruto mucho de cada uno de los detalles del entorno, pero hacia mucho tiempo que no me dejaba ver como hoy; me mantuve agazapado por un largo periodo, esperando la ocasión de encontrar con quien compartir este espacio e intercambiar, pero necesitaba ser apreciado por lo que soy, que no desconfiaran de mí, que vieran a través de mi piel.”

“Haremos un buen trio”, aseguró Panda mostrando su lado más empático, desarrollado a lo largo de muchos años al lado de una mujer sabia que lo había recibido siendo un bebé y quien lo cuidó hasta su ausencia terrenal, porque ¿quién sabe si no continuaba mirando por él?

“¡Yey!”, Gritó Gatito, emocionado al ser reconocido como igual por tan bellos adultos. No conocía muchos adultos y los que ocasionalmente estuvieron cerca solamente lo habían mirado de lado, sin siquiera tocarlo.

Mientras caminaban, sintiendo el frescor del viento, aspirando los aromas silvestres y llenándose de los ruidos y zumbidos de las aves e insectos alrededor, comenzaron a compartir trozos de su vida al tiempo que buscaban saber qué suerte los había reunido en ese lugar.

Panda estaba realmente feliz y comenzó a dar detalles de lo vivido: “verán, yo solía habitar en un sitio cuyo follaje y clima eran muy similares a los de este lugar, también rodeado de plantas y árboles que creaban una suave brisa al caer la tarde, un viento que arrullaba el atardecer con aromas de cañaverales, de árboles de frutas variadas y de plantas relajantes, impregnado de polen de amapolas, violetas silvestres y manzanilla; por supuesto que había abejas, y hasta avispas, pero nunca me hicieron daño porque mi piel es muy resistente y porque mis colores no atraen a los bichitos. Quien me cuidaba tenía una bella voz, suave y cálida; las más de las veces solamente canturreaba bajito, como si fuese sólo para ella, y entonces la humedad podía empañar sus anteojos -alcaparras, diría ella. Cuando alguna lágrima llegaba a tocarme yo no osaba mirar, parecía algo muy íntimo y muy doloroso; nunca escuché que alguien hablara con ella al respecto. Pero a veces cantaba sones y corridos alegres o festivos y transmitía alegría en cada movimiento de sus manos y sus pies, en cada caricia y hasta en cada jalón de orejas que llegaba a darme cuando, inadvertidamente, yo rompía o enredaba algo de lo que usaba en su quehacer. ¡Les aseguro que nunca fue intencional!l

Rieron todos, tal vez para contrarrestar un asomo de sentimentalismo.

“La mujer que describes tiene un parecido con mi humana”, afirmó Gatito que ya empezaba a preocuparse de que no lo buscaran y, por mucho que quisiera divertirse, extrañaba su hábitat. Y prosiguió: “los gatitos generalmente vivimos dentro de la casa de algún humano, aunque ya sé que hay gatos callejeros o de barrio; ellos nos proporcionan cuidado y alimentos y un sitio cómodo para dormir, aunque podemos ocupar otros espacios dentro de la misma casa. Cuando está en casa, mi humana me tiene cerca de su regazos y me apapacha pasando sus manos por mi pelaje; de vez en cuando le proporciono alguna distracción, que no siempre es muy bien recibida porque la obligo a reparar algún desperfecto que no era, de ninguna manera, intencional. Lo bueno es que rápidamente olvida el incidente, y volvemos a comenzar. Algunas veces me lleva consigo de viaje, pero es un riesgo que puede conducir a … lo que ha conducido hoy. Estoy perdido para mi humana y yo sí que no encuentro mucho parecido entre este lugar y el que habito regularmente.”

”Coincidencias”, interrumpió Panda. “También era mujer quien me cuidaba y me daba cariño. ¿Canta tu humana, como la llamas?”

“¡Noooo!”, respondió Gatito apresuradamente. “Bueno, a veces lo intenta mientras me acaricia y algo de lo que escucha en la radio le suena conocido o hace que se detenga para escuchar atentamente. Pero su voz dista mucho de la que tú describes; a veces como que se le atora algo en la garganta, entonces se calla de golpe y me pone de lado”, dijo como concluyendo.

Panda se volvió a Tigre, que había estado escuchando sin interrumpir: “Y tú, aquien extrañas que antes te ha mirado como dices, traspasando la piel?”

“Yo también pertenecí a una mujer, para seguir con las coincidencias”, respondió Tigre. “Me abandonó muy pronto y nunca supe la razón, pero me dejó libre en este mismo lugar. No volví a pertenecerle a nadie, en ningún sentido. Nadie ha sido capaz de mirarme profundamente, reconociendo en mí lo valioso y sin dejarse llevar por la apariencia”.
“¿Se puede?”, interrumpió Gatito, “porque así, de buenas a primeras, muchos podrían asustarse.”
“Se puede”, afirmó Tigre, “pero no cualquiera tiene esa capacidad: dejar de mirar las rayas para adentrarse en el ser. Ella me miraba con ilusión, como si yo fuese otra cosa, un transportador en el tiempo y el espacio; ¡parecía tan feliz! Fue después que pareció confundida y prefirió liberarme; no me puse a esperar a que me buscara, como pretende hacerlo nuestro amiguito. Acepté la libertad pero no me he alejado del entorno en el que se sentía orgullosa luciéndose en mi compañía. Realmente me amó en el corto tiempo que me tuvo con ella, y espero que mi recuerdo la haya acompañado alguna vez, como a mí el de ella. Tal vez no la reconocería si volviera a verla, aunque seguramente su olor, su aroma propio, me permitirían identificarla. Pero, ¡vamos!, no quiero ponerme cursi ni repetir frases hechas”.

Volvieron las risas, rompiendo cualquier barrera que pudiera quedar.

Panda se sentó en el rodete de una fuente, los otros se sentaron a los lados. “Somos unos nostálgicos”, dijo mirando a uno y a otro, “incluso este pequeñito. Escuchándolos y recordando mi propia narración me vino a la cabeza que pareciera que estamos trenzando o destrenzando algo.”

“¿A qué te refieres, Panda?”, pregunto Tigre.

“Es curioso, pero de pronto me pareció que nuestras historias están cruzadas, pero no sé si estamos trenzando, para llegar al extremo final, o destrenzado para alcanzar el origen”, sugirió Panda.

“No hace tanta diferencia”, dijo Tigre aceptando la idea, “hacia atrás o hacia adelante, de todas maneras no conocemos lo que sigue y, de alguna manera, ambos son futuro.”

Gatito no opinaba, se limitaba a escuchar y a tratar de comprender algo tan complejo y que sus amigos parecían entender de manera simple. No era precisamente la diversión usual, haciendo travesuras para distraer y hacer errar a su humana. Era otra forma de disfrute, pero ese juego estaba resultando cansado para un chiquito acostumbrado a la actividad y no la reflexión. “Tomaré una siesta”, anunció, “a lo mejor mi humana ya me está buscando y es mejor que me quede quieto un rato”, y se durmió en cuanto encontró un lugar fresco y cómodo, sobre un montón de hojas secas.

“Tal vez sea una buena idea hacer lo propio”, reconoció el espíritu de gato que había en Tigre. Panda aceptó, pues siendo el más viejo también estaba un poco cansado. Ninguno de los dos reconoció que necesitaban pasar un rato con sus respectivas dueñas, trayéndolas de vuelta a la realidad de los sueños.

26 de marzo: Tercera sesión del taller

Friday, March 30th, 2018

Batallé mucho para enviar mi tarea consistente en el relato sobre mi vestido. Lo escribí a mano, por el apagón de 22 horas, a la luz de una lámpara navideña de baterías, en la comodidad de mi cama; terminé tecleándolo en Drive, offline, y el problema fue hacerla llegar a Jair. A la mañana siguiente tardé una hora en enlazar el iPad con el iPhone, pero logré enviarlo a tiempo.

En cuanto a la lectura de una de las cartas de Rilke, leída apresuradamente cuando por fin logré la conexión,  seleccioné la carta V, porque 2 + 3 = 5, y Pitágoras sabe lo que hay detrás, y porque el quinto número en la sucesión de Fibonacci es 21 que corresponde al número de página donde inicia el texto. De nuevo, las itálicas muestran lo que Jair me iba comentando o pidiendo.

Sobre la carta:
Me parece interesante que en la carta seleccionada, sin haberla leído antes, encuentre muchas coincidencias con mi experiencia personal, incluida la de la vista a Roma, en agosto de 1979.
Muy bien.
Calorón, engentamiento y hasta náusea de tanto que vimos y nos quisieron mostrar en apenas tres días. Hubo que omitir algunas cosas. Y hay que mencionar que yo tenía 6 meses de embarazo 😉 Pero, en lo que se refiere al texto, hay una mesura que está muy distante de mí.
¿En qué consiste esa mesura?
La selección de las palabras, que transmiten esa paz necesaria, las pausas, el detenerse en los detalles para resaltar la belleza que sí encuentra
El tono cordial, sin buscar imponer una visión sino como un diálogo casi con uno mismo
Sí, exacto. El tono.
¿Hay algo que encontraras en la carta que te haya hecho pensar desde otra perspectiva el acto de la escritura?
Supongo que es algo que, cuando comencé a escribir en mi blog, a modo de diario (por eso se llama “el día a día, solamente”), me hizo saber un amigo de toda la vida: “yo no vivo en los lugares de los que hablas, y necesito conocer detalles para apreciarlos”. Yo no esperaba que alguien lo leyera, era solamente un recurso para irme a dormir en paz
Al mismo tiempo, los detalles que relata Rilke no son superfluos. En todo caso, habiendo conocido Roma en las circunstancias que mencioné, yo no necesitaría más detalles.
Ok, muy bien.
Es decir: si escribes para que otros te lean, como sería el caso de los escritores, debes pensar en el destinatario. Eso sí lo hago cuando escribo textos sobre educación, lecciones, artículos, etc. O cuando diseño un curso o taller. La transposición didáctica es muy importante en lo que hago.
Claro.
Ahora bien, Blanca, ¿qué tan importante crees que sea tu trabajo como lectora?
¿Qué te ofrece la lectura en tu vida?
¿Ha habido libros que cambiaran tu vida?
Como lectora me voy nutriendo de metáforas, palabras, situaciones.
Ok, muy bien.
Digamos que cuando lees estás pendiente de muchas cosas que podrían servirte a la hora de la escritura creativa.
La lectura ha sido mi conexión con el mundo. Aprendí a ser madre con dos libros de cabecera y el estilo del chiquillo que me tocó en suerte; aprendí a cocinar con mi memoria y los libros. Incluso lo que hago profesionalmente lo aprendí más en los libros que de alguien, aunque luego aprendiera también a colaborar. Lo que no aprendí fue la parte emocional/sentimental, porque nunca tuve libros al respecto.
Suponiendo que algún día me diera por ponerme creativa, sí, supongo.
Ya, entiendo. Muy buena formación la del autodidacta.
El asunto es que, si algo ya está bien dicho/escrito, no veo la razón de reescribirlo yo.
Pues es que no hay de otra; a veces los docentes entienden menos que los alumnos.
Así es. malísimo el sistema educativo.
Bien, Blanca.
No fue tan malo antes de la licenciatura; en mis tiempos.

Después de que Jair me comentara sobre mi texto de tarea, continuamos ahora con la musicalidad del idioma:

Bien, ahora que has escrito una pequeña Fábula, vamos a ver otras cualidades del idioma.
Su musicalidad; piensa en qué fonema sería representativo de Tigre.
Mmm un roar muy suave: Rrrrfff
Muy bien. ¿Para panda?
Ni idea de cómo suena un panda (por cierto, soy la mamá panda de un grupo de ex alumnas que son pandas). Podría ser mmm, como Yoda
¿Podría ser la n, no? O la p con la n.
Y gatito, pues purrr
Me parece con la n
Ahora trata de escribir un poema breve de cada uno usando esos fonemas; por ejemplo, para panda sería algo así: anda, el Panda, mirando la panza del cielo…
Es sólo un ejemplo, trata de ser lo más creativa posible.
A ver, voy a intentar
Venga, ánimo. Busca todas las palabras que puedas con los fonemas implicados.

Ruge y frunce el entrecejo para simular la fiera del tigre que no encarna; las rayas no confieren furia
Como eso?
Hey, Blanca. Excelente. Justo eso.

Nada, nadie, ninguna nube en su noche nueva; panda que estrena nido

Prueba primero un prometedor pretzel, el gato prefiere el postre del precipitado pregón pronunciado al paso

Excelente.
Es un juego de abalorios, como el algebra
Sólo un detalle, habría que buscar una alternativa para nido, porque los pandas hacen madrigueras.
Así encontramos las cualidades musicales del idioma.
Bien, Blanca. Me gustaría que trabajaras en esos tres textos y trataras de convertirlos ya en poemas terminados.

Y vino una enorme recompensa:
Bueno, esta fue nuestra última sesión, pero te voy a regalar una última para revisar y trabajar en esos textos. ¿Te parece bien?
Excelente! Muchísimas gracias. ¿Quieres que sean más extensos?
Ahora puedes trabajarlos ya sea haciéndolos más extensos o utilizando nuevas palabras
otras frases, buscando otros ritmos no necesariamente deben usar el mismo fonemas; ahora tienes un punto de partida.

 

26 de marzo: Segunda sesión del taller

Friday, March 30th, 2018

En la segunda sesión del taller trabajamos sobre la metáforas. Hubo que construir tres.
Sin los detalles y comentarios innecesarios, transcurrió así (las cursivas corresponden a las instrucciones de Jair)

1) Si tu vestido fuese un animal, ¿cuál sería?
Un tigre
2) Y la máquina de escribir, ¿qué animal sería?
Uy! mi teclado (las máquinas de escribir nunca entraron a mi mundo) sería otro gato, pequeño
3) Ahora, ¿la máquina de coser de tu abuela?
Esa máquina sería como un oso panda

Muy bien.
Ahora quiero que escribamos un breve bestiario de tres animales. Van a ser textos en prosa en los que me hables de ese vestido/tigre en la alameda de Tepic, del Oso panda en la casa de tu abuela y del pequeño gato en tu casa. Textos separados.

Tigre
La Alameda de Tepic tenía una hermosa barda perimetral, del siglo XIX, en su interior andadores, bancas, estatuas, y muchas plantas y árboles, y unos “barrancos” sobre el costado derecho.
No era un espacio para niños ni para adultos ignorantes o imprudentes. Como tigre podía pasear sin sentirme intimidado, agredido ni temido; respeto total entre unos y otros, porque alimento nunca me faltaba y no necesitaba cazar para satisfacer mis necesidades.
Los barrancos proporcionaban el espacio perfecto para dormir, para mirar el cielo, para esconderse de las miradas de los demás. Las fuentes surtían de agua fresca permanentemente; los árboles y las plantas, que escasamente dejaban pasar el sol del medio día, propiciaban un ambiente fresco, con un suave viento que recorría mi piel, erizándola de vez en cuando.
Pero vinieron los cambios: la barda desapareció y se permitió la entrada de carros al sendero principal; construyeron una biblioteca, generalmente vacía, que atrajo escolares de diferentes edades; se convirtió en fresco pasaje para ir de lo que antes fue la carretera Panamericana hacia la Av. Allende. Gente de todo tipo, haciendo ruido, dañando plantas, destruyendo espacios. La paz y la armonía se destruyeron. Dejó de ser espacio seguro para un tigre. Quedaron los barrancos, pero tampoco se puede conciliar el sueño cuando algún candidato decide ocupar el espacio para un mitin.
Y sin embargo a ratos, a media tarde, vuelvo a sentir el viento fresco que eriza mi piel, mientras me lleno de los aromas de lo que fue mi hogar.

Oso Panda
Crecí rodeado de amor. La manos que me han acariciado, que han jugueteado conmigo, que me han hecho saber lo valioso que soy, eran manos sabias, manos que transmitían magias ancestrales, aprendizajes infinitos.
Esas manos me acariciaban a la sombra de los árboles y plantas que ellas mismas habían sembrado cuidadosamente; me curaban, me alimentaban, me susurraban canciones.
Como oso panda era una atracción mayor; todos querían poseerme, imaginaban que pasaría a ser de su propiedad en cuanto mi dueña envejeciera o muriera. Pero ninguno de los aspirantes sabía cómo tratar a un oso panda: ni cómo alimentarlo, cómo curarlo, cómo pasar sus manos sobre su lomo. Yo me aterraba pensando en que pudiera caer en manos de los que solamente me querían como trofeo. Finalmente, al morir mi ama, fui a parar a una especie de zoológico, con otros animales igualmente huérfanos a los que había que mantener, pero sin proporcionarles mayor atención. Un día llegó la liberación y fui otorgado en custodia a una nueva dueña; tal vez no sea tan sabia ni sepa tanto como mi primera cuidadora, pero sé que sabrá acariciarme doblemente, por lo que soy y por lo que represento.

Gatito
Mi dueña gusta de pasar sus manos sobre mi pelambre. A veces no respondo, a veces ronroneo, a veces jugueteo y hago que cometa torpezas. Ha ido aprendiendo a tenerme paciencia; tal vez piensa que al crecer seré un gato sabio, un gato reposado; o un gato majestuoso tal vez, uno que recuerda que antes fue un dios y se comporta con solemnidad. Porque trae un libro con imágenes de semejantes ejemplares, y hasta ha de creer que me inspira a ser uno de ello. Soy muy joven para saber en qué me convertiré, pero no se me antoja mucho eso de sentarme a ver pasar el mundo con indolencia si puedo seguir jugueteando como hasta ahora. ¿Qué sería de mi humana si yo no la hiciera rectificar o corregir lo que hace cuando meto mis patas o mi cola entre sus manos mientras trabaja? Seguramente se aburriría bastante o, peor, me haría sentir como un gatito mecánico, un artefacto que puede ponerse de lado, abandonarse sin consecuencias. No debe ocurrir. Los gatos, especialmente los pequeños, necesitamos que nos acaricien de manera consciente.

Te voy a dejar dos tareas.
Una es que hagas una historia entre los tres personajes.
La segunda tarea es que leas una de las cartas de este libro (Cartas a un joven poeta, de Rainer Maria Rilke).
http://biblioteca.gob.ar/archivos/investigaciones/Rilke%20cartas%20a%20un%20joven.pdf

Trabajar sin conexión a Internet, a ratos pudiendo enlazar el iPad con el iPhone, no fue muy cómodo, a pesar de lo cual logramos concluir la sesión.

 

Y seguimos.