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31 de diciembre: una vuelta más

Thursday, December 31st, 2015

Ha sido un año lleno de actividades, de viajes, de alegrías, de nostalgias, de nuevos amigos y de presencias permanentes.

En algún momento sentí que estaba cansada sin saber muy bien porqué; hice una lista para poner en perspectiva mi quehacer. A final resulta que hice muchas y muy variadas cosas; todas dejaron aprendizajes, algunas dejaron mucho cansancio y la voluntad de no volver a caer en ellas ni por mucho que sea la amistad de quien me lo solicite. Muchas veces fue trabajar en circo de cinco pistas, lo cual no es grave porque estoy acostumbrada. El problema es lidiar con algunos tipos de especímenes.

De febrero a julio trabajé en equipo con dos matemáticos jóvenes, recién egresados del CIMAT, formando el COTECORA del IEEG. Trabajamos mucho, nos trataron muy bien y aprendimos mucho y sobre diversos temas en el proceso. Al mismo tiempo inicié un curso de Física I en la Ibero y, aunque comenzó bien tomando en cuenta el nivel de conocimiento/desconocimiento de los alumnos de los prerrequisitos, el afán por obtener notas altas a costa de lo que fuera llevó a que explícitamente pidieran un profesor que hiciera lo que ellos dijeran. En ese punto lo más que podía hacer era notificar a su coordinación y retirarme. Y no lo lamento.

Con ese relax, comencé a involucrarme en otras actividades: el diseño e impartición de un curso/taller sobre Aprendizaje Basado en Problemas para los profesores de SABES. Debí recordar las prácticas de las secretarías de educación nacional y estatales: simular la capacitación, por una parte, mientras que los docentes lo que quieren es aprobar como sea. La pésima organización y administración hicieron de esto una de las actividades más agotadoras que yo recuerde, absorbente y, a ratos, violenta.  De la experiencia surgió una ponencia para el Congreso de la Universidad Virtual San Martín de Porres, en Perú, en agosto.

Al mismo tiempo, comencé a participar e incluso asistir a reuniones de trabajo en el ITESO; comencé como “semilla” de un grupo de discusión en línea sobre experiencias de trabajo virtual y con materiales libres; tristemente, creo que estas acciones terminan muchas veces porque tenemos tantos asuntos entre manos que vamos dejando para lo último la participación en los grupos, y es una pena. Como quiera, esto me permitió conocer a otras personas, colaborar con ellos y aprender. Simultáneamente fui invitada a participar con el Instituto de Gestión del Conocimiento y del Aprendizaje en Ambientes Virtuales, de la Universidad de Guadalajara, ofreciendo una conferencia. Otra en Aguascalientes, invitada por mi amigo Elías.

En el ínterin me dediqué a revisar la tesis de maestría de Karim, a tratar de apoyar a Dulce con sus trabajos para sus maestrías en San Francisco y en Bristol, concluidas casi simultáneamente; y ahora vamos con lo del doctorado; han sido unas excelentes sesiones en línea, divertidas y de mucho compartir.

Pero también diseñé e impartí un curso sobre Ingeniería didáctica para la Universidad Virtual San Martín de Porres, de Perú. Se trata de una maestría en educación con orientación hacia el uso de tecnología. Partí de cero, sin tener idea del tipo de alumno ni de las políticas, prácticas ni usos y costumbres de aquellos lugares. Por supuesto que hubo contratiempos: yo hablo de manera muy directa mientras que la costumbre allá, por lo que pude apreciar, es de mucho circunloquio. No fue tan estresante como lo de SABES pero admito que hubo momentos en que me desesperaron las solicitudes y reclamos que me parecieron poco pertinentes en un nivel de maestría. Esto ocupó todo el mes de agosto.

De lo más satisfactorio fue la invitación de Toño Falcón a que me integrara al equipo de trabajo en el CIPEC, trabajando hora y media cada sábado con chicos que cursan secundaria o los primeros semestres de bachillerato en cursos regulares durante la semana, pero que reciben apoyo los sábados, además de que participan en talleres de capacitación en oficios, o la orquesta o el coro o un equipo de robótica. Disfruté cada una de las cinco sesiones en las que participé y, aparentemente, ellos también. Lo mejor es lo que aprendieron.

Finalmente, Oscar Ofarrill me invitó a participar un par de veces en el SOLE que administra; la primera vez como observadora de la sesión que se desarrollaba en una escuela primaria en San Luis Potosí con un profesor americano como Granny, la segunda vez como Granny con un grupo de una escuela primaria en la Ciudad de México. Mucho por aprender, mucho por hacer.

Por supuesto, colaboré con Es lo cotidiano, y Tachas, aunque no con la constancia que debí hacerlo; atendí conferencias en el CIMAT y en TEDxCDLH y di apoyo a quien me lo solicitó, en la familia y fuera de ella.

Aprendí Python, en un MOOC, por el gusto de saber que puedo. Pero es solamente la sintaxis, nada que ver con el proceso de programar, con la lógica que aprendí con el profesor McIntosh en ESFM, y quien falleció hace cosa de un mes. Me inscribí al curso de Gravity!, ofrecido por la Universidad Paris Diderot/Paris 7 (mi alma mater) en otro MOOC, y le dediqué dos semanas de cuatro con éxito, hasta que la presión de los cursos en línea que tenía a mi cargo me obligó a abandonar. Lo bueno: entiendo más física de lo que suponía

Viajé mucho: a Guadalajara por razones del ITESO y la UDG, pero también para pasear con mi madre o por mi cuenta, de paso a Amatlán. A Guanajuato para las reuniones en el IEEG o con los compañeros del COTECORA, o hasta para una presentación del Mexican Cultural Centre en la Alianza Francesa. Dormí algunas veces allá mismo para evitar los viajes de noche.

Fui al DF: con la gente del IEEG para asistir a una reunión en el INEE, hacia marzo; luego, en agosto, para asistir a Bellas Artes a la exposición sobre Leonardo y Miguel Ángel, acompañada de Marychuy y su familia; fue también mi festejo del aniversario 50 de mi llegada a esa ciudad, recorriendo los lugares que me son queridos y en los que viví las mejores épocas de mi adolescencia.

Viaje a las Californias y asistí al Comic Con. Pero también pasé un par de días con Dulce y Lore, en Rosarito, y antes estuve en Tijuana visitando a mi comadre y a mis amigas, y luego en Buena Park conviviendo con mi familia y llevando a la Desi a su primer paseo en tren.

Finalmente, viajé a Puebla para encontrarme con Sugata y Sushmita, que participaban en el evento de Ciudad de la Ideas. Fue un lindo paseo, además, lleno de recuerdos de Mely, y de antojos.

Cociné mucho, para mi escuincle y para mí y para los amigos. Y luego las recetas que Pako y mi amá me comparten

Fue gratísimo volver a comunícame con amigos que había perdido de vista por más de 25 años, vía correo. Igualmente grato fue reunirme con amigos que me han ido incluyendo en su lista en los últimos tiempos, compartir vivencias y experiencias con ellos. Y amigos de toda la vida o de los últimos 25 años con los que mantuve contacto a través de las redes y hasta pudimos reencontrarnos así fuera brevemente. Volver a conversar con mi prima Licho, y en mi casa, fue de lo mejor. Entre otras cosas me ayudó a responder algunas dudas sobre mi abuela Hilaria y su relación conmigo, y trajo a mi memoria la temporada en que mi abuelo José, tan sencillo y humilde, vivió con nosotros ocupando “el cuartito” que yo había olvidado.

Mi amá pasó una larga temporada en Tepic y apenas unos días aquí en León, pero Pako y yo la llevamos a Vallarta para el 10 de mayo, y fue muy bueno. Bueno también fue compartir con Pako trozos de mi vida, y mejor todavía que me entienda y me apoye en eso también, hasta quiso acompañarme a la Alameda de Tepic, respetando absolutamente mi momento, sin preguntar porque entiende todo. Luego se fue a India, y van seis meses en los que compartimos de muchas maneras lo que hacemos, lo que aprendemos, lo que encontramos que nos parece interesante para el otro.

Recibí y sigo recibiendo muchos regalos de mis amigos y de mi hijo, materiales unos e intangibles otros pero muy valiosos todos.

Soñé, conversé contigo en mis sueños y te extrañé mucho. Te extraño mucho.

Y aquí estoy en este día en que me siento incompleta, a punto de irme a dormir pero deseando que ocurra el milagro de tu presencia.

En suma, creo que tengo razones para estar un poquito agotada pero muy satisfechas por tanto recibido. Una vez más, ¡GRACIAS, VIDA!

 

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25 de diciembre: y fue Navidad

Friday, December 25th, 2015

No es la primera vez que nos encontramos en lugares distantes en estas celebraciones. Cierto, en los últimos seis o siete años estuvimos juntos, ya fuera en algún lado de las Californias o aquí, en casa. Esta vez tenemos una diferencia de 15 horas, lo cual no impide que compartamos gracias a las maravillas de la tecnología. Hasta me hizo llegar un regalo que fue entregado al medio día del 24, con los servicios de Amazon y FedEx: una máquina de hacer palomitas con aire caliente, misma que estrené por la tarde preparándome para una tarde de películas que terminó con un maratón de The Big Bang Theory.

Mientras subía a Instagram un videito mostrando el regalo y la nota de Pako al ritmo de “Crazy Little Thing Called Love” (escuchaba Queen desde antes de que llegara el paquete) uno de mis amiguitos alados entró a la casa y quedó suspendido frente a mí por unos instantes, luego intentó libar de la nochebuena antes de salir volando rumbo al parque. Me emocionó y me hizo feliz.

Al medio día vino Angélica a comer y conversar. Me trajo galletas, mermelada y chongos, todo hecho por ella misma. Conversamos más de lo que comimos y compartimos nuestras historias. Lloré, lo cual no es una sorpresa.

Las palomitas, “Les quatre cents coups”, “The Big Bang Theory” y la luna llena. Tomé varías fotos de la bella en una noche muy clara en la que las estrellas eran perfectamente visibles. El barrio estaba en absoluta calma, y así permaneció hasta alrededor de las once de la noche en que comenzaron a tronar cuetes.


Le pedí a la luna dos cosas antes de irme a dormir.  La primera es la petición que hago, y por la que trabajo, todas las noches desde hace un poco más de 36 años: el bienestar de mi hijo, en todos los sentidos. La otra es también permanente: soñar y conversar mientras sueño. A veces lo logro y es maravilloso. Pero me queda claro que hay saltos que todavía no puedo dar, por la razón que sea. Miedos, tal vez.

Me dormí casi cuando comenzaron a tronar los cuetes, provista de tapones para los oídos. Durante el sueño hubo tres momentos en los que deliberadamente decidí permanecer pegada a mi cuerpo físico. Cada momento estuvo precedido de un ligero desprendimiento del que era absolutamente consciente, y entonces decidía “reintegrarme”. Todo quedó grabado en mi memoria.

Hacia las cinco de la mañana me despertó un olor a quemado que no podía identificar. Me levanté e inspeccioné la casa para descartar cualquier riesgo. Era la atmósfera de la ciudad, cargada de los residuos producidos por la quema de cuetes y cualquier otra cosa que  la gente utilice para “celebrar” las fiestas.  Traté de dormir otro rato, pero el olor y los residuos terminaron por lastimar mi garganta y afectar mi nariz. El olor persiste.

El día transcurrió entre felicitaciones a través de las redes, fotos compartidas con mi hijo, comer cada que tenía hambre, preparar la masa para las galletas que me compartió mi amá y, por fin, podar y limpiar mis plantas. La casa está ahora relativamente en orden. Y las galletas será lo primero que haga mañana por la mañana. Pero la batería se me agotó y planeo dormirme temprano, después de conversar un poquito con mi hijo pata de perro.

Ha sido bueno y, en lo general, estoy contenta.

 

23 de diciembre: vimos Star Wars, Episodio VII Episodio VII

Wednesday, December 23rd, 2015

Pako la vio en Tokio, donde fue a pasar dos semanas de vacaciones, porque en India no se ha estrenado. Yo aquí cerquita, en Centro Max. Tuve la sala para mí sola. Ahora falta que podamos compartir nuestras impresiones. Mi chiquillo me mandó su foto entrando a la sala, a las 7:10 de la mañana hora de León, que son las 10:10 de la noche de Tokio; como un niño feliz. Yo entré a la función de las 1:20 P.M. y vine llegando a casa como a las 5, apenas a tiempo para que me comentara de sus compras de la mañana y de sus planes para su día de Navidad que ya comenzó.

La película me encantó, me emocionó y hasta me hizo llorar un poquito. Salí en un estado de vibración (no temblor) interesante, y supongo que se notaba porque la dependienta de Home Depot hasta se ofreció a buscar a alguien para que me ayudara de alguna manera; no pasa nada, le dije. Pero fueron momentos diversos que me llevaron a ese estado:

  • La emoción de ver la chatarra en la que decidieron emprender la aventura. Lo máximo.
  • La sorpresa de ver a un Han Solo tan envejecido ( y darme cuenta de lo que significa la manera en la que me ven quienes me conocieron hace 38 años).
  • El momento en que Leia sabe que ha perdido para siempre lo que más ha querido (el hijo ya lo había perdido) y que apenas acababa de reencontrar (yo agradezco que tengo a Pako, que es el amor de mi vida, aunque lo otro duela tanto).
  • El momento de reconocer al maestro. Me recordó el final de Una mente brillante. Y pensé en los maestros verdaderos a los que les debo tanto, comenzando por mi Jedi favorito: mi padre.

Claro, está la emoción de las batallas y la destrucción del mal, lo cual está implícito en el título de la película y por lo tanto no sorprende. Y están las presencias femeninas que se agradecen: la sabiduría de Maz; la juventud acompañada de la fuerza y la destreza de Rey; la continuidad de Leia. Está también la representación del totalitarismo nazi, y las frases memorables:

Las mujeres siempre descubren la verdad. Siempre. Han Solo a Finn.

Nos volveremos a ver, tengo fe en eso. Rey a Finn.

  1. Tengo que volver a verla con más serenidad
  2. Tengo que comprarla en cuanto esté a la venta, entre otras cosas para mantener completa la colección.

Regresé a casa después de comprar un par de cosas en el súper. Un croissant de jamón y queso con media copa de vino y la música de Queen para relajarme y recuperar la calma. Y terminar de cocinar el bacalao.

Ahora sí: ¡que comiencen los festejos!

 

20 de noviembre: 36 años de ser la madre de Pako

Friday, November 20th, 2015

Hace 36 años, alrededor de esta hora pero en otra latitud, ingresaba yo al Hôpital Tenon, en el 20ème Arrondissement de París. El hospital que me correspondía por mi domicilio. Siete meses antes había ido buscando consulta porque, entre otras cosas, traía un mal genio que yo misma notaba. Lelis Páez, una amiga venezolana que vivía en el mismo barrio y que estaba en lo que parecía ser el término de su doctorado, a punto de terminar su tesis, me recomendó que preguntara por una doctora quien, además de ser muy buena en su especialidad, hablaba impecable español. Lelis es mayor que yo, con un par de hijos, adolescentes en aquella época, y una madre pintora naif.

Llegué a la recepción y pedí ser atendida por la doctora. “¿Está usted embarazada?”, preguntó la recepcionista. ¡Claro que no!, dije muy convencida. “¿Está usted segura?”. Por la forma en que me miraba entendí que no le bastaba mi palabra. Yo digo que no, porque no lo creo, respondí. “Y si estuviera embarazada, ¿querría tener al bebé?” preguntó.

Hasta ese momento nunca me había pasado por la cabeza que yo pudiera ser madre. Cierto es que a mí nunca me pasan por la cabeza las cosas de esta vida. Por eso el destino se encarga siempre de empujarme. Sin pensarlo dije que sí, suponiendo que lo estuviera.

“Entonces no la voy a pasar con la doctora sino con el Dr. Fulano.” Y me indicó a qué pasillo dirigirme para esperar mi turno. Muchas mujeres africanas con sus atuendos tradicionales, muchas lenguas distintas, y un grupo de traductores para auxiliar en cada caso. En ese momento no podía hacer comparación alguna con los servicios de salud en este país, pero definitivamente me sorprendió gratamente.

Por fin me tocó pasar y, para mi sorpresa, el doctor hablaba un español castizo bastante bueno. Y resultó que sí, que tenía dos meses de embarazo. Supe, sin duda alguna, que mi hijo era la consecuencia de la celebración de mi cumpleaños, con una botella de tinto, en el pequeño departamento del número 2 del Passage Dagorno que habitábamos su padre y yo. Un edificio pequeño en un barrio lleno del folclor de los vecinos de diversas nacionalidades, que podían pelear y romper puertas a media noche. El barrio se ha modernizado y no queda nada de aquella visión.

Me dieron un certificado y un pase para la caja de Allocations Familliales, un servicio público destinado a proporcionar apoyos económicos para las familias con menos recursos. Al mismo tiempo me notificaron que el seguimiento del embarazo sería con ese médico, cada mes, y con cargo al Estado.

 

Como becarios, formalmente no teníamos recursos. Desde que rentamos el departamentito en el Passage Dagorno, la caja  nos entregaba mensualmente una cantidad casi igual al monto de la renta. Con el embarazo recibiría yo tres cantidades adicionales: la primera, luego de la detección del embarazo; otra a los 6 meses y la última casi un mes antes del nacimiento. Todo lo empleamos en buscar y rentar un departamento con dos habitaciones (Pako ha dormido solo desde que nació) y comprar todo lo que el libro “J’attends un enfant” recomendaba.  Nos mudamos un mes antes del nacimiento, a un departamento en el 125 de la Rue Lecourbe, en el 15ème Arrondissement. Antes limpiamos y acondicionamos el espacio. Es un hermoso barrio, con un parque cercano y con calles llenas de comercios de frutas, verduras, panes, conservas, etc.

Por la misma razón de que no teníamos ingresos, aparte de las becas, el gobierno de la ciudad se hizo cargo de los gastos del parto. Y la caja de Allocations nos asignó un bono mensual casi equivalente al monto de una beca francesa. El primer año de Pako fue monitoreado también por los servicios médicos del Estado.

 

El 21 de noviembre de 1979, a las 3:15 de la tarde nació mi escuincle. No sabíamos si sería niño o niña, pero yo estaba convencida de que era varón, y lo que tejí y compré era en verdes y azules. La mamá de un amigo michoacano, que habíamos conocido en México y que estudiaba el doctorado en Geología y Petroquímica, me envió un juego de sabanitas rosas bordadas por ella misma. Mi familia me envió ropa de todos colores. Pero yo sabía, quería, que fuera niño. Sin embargo nunca pensé en un nombre. Al momento de nacer,  los médicos (se reunieron tres porque se complicó el parto natural y planeaban ya una cesárea que no fue necesaria) preguntaron cómo se llamaría, para hacer el registro in situ. Su padre dijo “Francisco” y así quedó asentado.

 

Por razones de una epidemia en varios hospitales, en la que habían muerto tres bebés, en cuanto mi hijo nació, al igual que los otros bebés, fue llevado a un espacio muy protegido al que teníamos que entrar como los médicos a un quirófano. Dos semanas en que tuve que permanecer ahí, hasta que saliera con mi bebé. Y yo quería salir del encierro. Debo haber dado mucha lata porque, aun cuando podría haberme quedado otra semana, nos dieron de alta. En ese tiempo aprendí a bañarlo, alimentarlo y cargarlo, con la ayuda experta de las enfermeras.

 

Así llegamos a casa, ya en diciembre. Pako ya tenía un ritmo de sueño y comidas muy bien organizado. No fue llorón, no fue enfermizo, no necesitaba que lo cargara pero sí que le prestara atención constante y conversara con él, desde entonces. Despertaba haciendo gorgoritos, y reía mucho. Buscaba la atención de la gente en cualquier parte. Afortunadamente es algo que se le ha dado muy bien.

No puedo decir que mi vida cambió en términos de lo que hacía y lo que hago, porque nunca dejé de hacer lo que me gusta. Pero su nacimiento me dio claridad acerca de lo que es importante y de dónde está el centro de mi vida. Cualquier decisión, por loca que parezca, está desde entonces orientada al bienestar y seguridad de ese escuincle que es el amor de mi vida.

Sonrío mientras escribo esto porque me vienen a la cabeza nuestras discusiones (como las que tenía yo con mi padre), nuestros paseos y antojos, nuestros placeres compartidos, nuestros juegos y apapachos apaches, nuestras interminables conversaciones mientras tomamos café o vino, o mientras viajamos.

Si me hubieran dado un check list para seleccionar las características del hijo, no habría elegido otras. No es perfecto, claro, pero aprecio incluso esos detalles.

Si me dieran a escoger entre lo que he perdido y esta vida con este hijo, sigo prefiriendo este hijo y esta vida. Nada cambio.

Gracias, chaparrito, por todo lo que me has enseñado, por lo que me has apoyado, por los retos, por las experiencias. Te quiero.

 

 

 

25 de septiembre: Modiano y mi barrio

Friday, September 25th, 2015

(Mi tarde de ayer)

Estoy harta, dije. De todo. Entonces intento desconectarme de lo de siempre. Primero busco algo que me distraiga: episodios viejos de The Big Bang Theory. Al terminar no encuentro alguna otra cosa que me haga sentir tranquila o que me entretenga. Estoy entre de mal humor y ansiosa.

De repente esas ganas de deshacerme de todo y de irme a vivir a otra parte. Algunas veces he dicho que a una playa, pero en realidad no sé a dónde iría; solamente me retiraría de todo y daría por terminadas muchas cosas.

Entonces tomo la novela de Modiano, Para que no te pierdas en el barrio, que compré en la venta nocturna de la librería del Fondo de Cultura. Trato de meterme en la lectura. Tocan a la puerta y el timbre, simultáneamente, con insistencia (mientras en la novela suena insistentemente el teléfono de Jean Daragane). Preferiría no tener que ver qué quieren, pero siguen tocando como si hubiera una emergencia. Me asomo por la ventana de la recámara de Pako: la niña del médico zapatero  y el vecino de la bicicleta me dicen que a las 8 PM habrá oración en la casa de al lado (he visto una manta que cubre la ventana del vecino de la moto, pero invitaban a orar en la parroquia de Bugambilias, no aquí al lado). Estoy enferma y no puedo bajar, les digo, y se van deseándome alivio.

Vuelvo a la lectura: pareciera que hay un pleito de perros, aunque cada perro del vecindario está detrás de su respectiva reja, en su casa. Pero el concierto es desesperante.

Logro un poco de concentración pero tengo que levantarme a cerrar todas las ventanas para reducir al máximo la música de zumba de la vecina.

Un poco de calma y avanzó unas cuantas páginas. Ahora es el elotero, seguido del de los tamales. Cada uno tiene su propio altavoz.

No sé cuando se volvió tan ruidoso este barrio.

Finalmente la calma es suficiente para que me ponga a leer. La lectura de Modiano me recuerda lo que escribía sobre las canciones que puedo cantar completas sin que las haya aprendido conscientemente, que describí hace unos días, y muchas otras cosas que han estado ocurriéndome en mis paseos por mis barrios. Es casi media noche cuando termino de leer.

Sorprendente la memoria con todas sus trampas.

14 de septiembre: tu cumpleaños

Monday, September 14th, 2015

Profundo, agudo. El sentimiento se manifiesta en una tristeza infinita por tu ausencia

Parecía que libraría el día pensando en la dicha de haberte encontrado, de haber compartido contigo un par de años de conversaciones y caminatas en los parques de nuestros barrios; la dicha de descubrir la existencia de quien pareció, y sigue pareciendo, como hecho sobre pedido, para mí. Luego, los encuentros casuales y a cierta distancia en los que solamente conversábamos con los ojos, ansiosos, y los casi casuales encuentros en los mismos sitios a los que siempre volvíamos, y que extendimos a cualquier otro espacio público en nuestras comunidades.

(Google transformó la foto que yo tomé por la mañana y me ofreció esta versión)

Parecía que libraría el día sin pensar en el dolor de saberte ausente para siempre. Pero es imposible separar una cosa de la otra. Duele físicamente, la punzada está clavada en mi pecho. Estoy ausente, ida,  y me sobresalto con cualquier ruido que me trae de regreso a esta realidad.

Hoy brindaré por tu nacimiento, por haber coincidido contigo, por todo lo que me queda de ti, por tu presencia constante. Y lloraré por tu ausencia vital, otra vez. hasta el fin de los tiempos.

12 de septiembre: Gracias

Saturday, September 12th, 2015

Tantos agradecimientos en este día:

A mi sobrino Jorge que me recibió y acompañó en Guadalajara;

A los que hoy me trajeron a Amatlán de Cañas y me alojan en su casa: mi hermano, su esposa y sus hijos.

A los que me reciben y me integran a esta comunidad nayarita, cada que vengo aquí.

A los nuevos amigos, miembros de esta comunidad, y a sus compañeros de escuela que con tanto cariño y respeto recuerdan a mi padre en sus reuniones. Una muy emotiva memoria.

A mi padre, por sembrar la semilla que ha dado buenos frutos y, muy especialmente, por lo que en mí dejó.

A mi amá, que soporta valientemente todo lo que venga (y a veces caen gotas grandes).

A mi escuincle, que mantiene conmigo una comunicación constante y me alienta en cada momento.

A los amigos y sus porras.

A la vida.

Me voy a dormir con un gratísimo sabor: mi memoria, lo que yo recuerdo de mi padre, concuerda con la imagen y la presencia que de él permanece en una comunidad importante, conformada a lo largo de años: los que lo conocieron como profesor (por amor a la docencia) en la Escuela Normal Rural de Xalisco, Nayarit, y quienes lo conocieron como defensor de los derechos de los trabajadores (por amor y por compromiso real) desde su puesto en la Oficina de la Secretaria del Trabajo en Nayarit. Un orgullo genuino y un honor inmenso el de ser su hija. Un beso, Profe. ❤

10 de septiembre: Collar de perlas

Thursday, September 10th, 2015

Hoy ha sido uno de esos días en los que, desde el despertar, el viento y la luz te traen de regreso. La canción que amanece en mi cabeza es Collar de perlas y la busco en YouTube tan pronto me siento a desayunar. El almuerzo se queda por un lado, y a esa canción siguen otras que simplemente hablan del sentimiento intenso. Un día de extrañarte.

Huyendo del olor de la fumigada mensual, salí a surtirme de lo que necesito para la siguiente semana. Mientras escuchaba la radio de la Universidad de Guanajuato (prácticamente fija en el aparato de mi carro) me pregunté de dónde conozco yo esas canciones y esos cantantes. La respuesta vino de manera instantánea: mi abuela, sin duda, que disfrutaba de las canciones tradicionales y de la música de banda de aquella época. Dos almas, por ejemplo, estoy segura de que ella la cantaba. Pero seguramente nada la conmovía tanto como Dios nunca muere. Yo, que nunca fui aficionada a esa música, recuerdo todas las letras y lloro con muchas de ellas, quién lo hubiera dicho.

Un pensamiento trajo otro: ¿en qué o en quién pensaba mi abuela cuando cantaba con tanto sentimiento? Sé, por lo que mi amá va contando cuando se acuerda de algo, que se quedó sola, con sus dos hijas, alrededor de los 40 años. Cuando yo nací ella tenía ya 57 años y vivía en nuestra casa, acompañando a mis padres en la familia que estaban creciendo. Mi tía Cuca, su hija mayor, tenía ya a mi prima Licho, que andaría por los 12 años. ¿Desde cuándo mi abuela fue una mujer cuyos únicos afectos eran los de la familia?

En mi memoria no aparecen otras amistades que las vecinas y parientes. La recuerdo cosiendo, bordando, tejiendo, cuidando de sus plantas y de sus pájaros, cocinando antojos para el chiquillerío, contándonos historias -particularmente en los días de lluvia-, haciendo los tamales para mis cumpleaños y los festejos familiares, iniciando el baile en las navidades y fines de año (su cumpleaños también), y cantando. No la recuerdo llorando ni lamentándose. A veces muy callada, pero nada más. Sin embargo, en ocasiones debe haber necesitado algo más que las travesuras de sus nietos o de hacerse cargo de los bisnietos, cuando comenzaron a llegar.

Viviendo yo en la Ciudad de México iba de paseo, acompañada por alguno de sus hermanos (probablemente mi tío Luciano), para que juntos fuéramos a comprar textiles a Santa Ana, Tlaxcala. Otros viajes eran al rancho de su hermana Margarita, en plena sierra nayarita, alejados de la “civilización” y durante los dos meses de las vacaciones; por supuesto que cargaba con todos nosotros. Y en la ciudad visitábamos (el privilegio de acompañarla) a los otros Aldaco, sus hermanos y sobrinos. Era feliz, ciertamente.  Tal vez la familia le bastaba.

Aunque aprendí mucho de ella, no tengo ni su templanza ni su serenidad. Es el carácter, por supuesto, pero también la diferencia de épocas, de oportunidades, de estilos de vida. En todo caso, me hizo falta una buena conversación con ella, sobre ella, que posteriormente me ayudara a entender todo lo que todavía no entiendo.

Te extraño, abuela, y me haces falta.

P.D. Mi día cierra con la última canción del playlist: Solamente una vez. Y vuelvo a ti, a esperar que aparezcas en mi sueño.

28 de agosto: la ausencia que duele y Modiano

Friday, August 28th, 2015

Y hay días, como éste, en que es terriblemente dolorosa. Aunque intente trabajar, aunque ponga música alegre, aunque me ponga a chatear. Es constante, persistente, obsesiva. Cualquier cosa hace que regrese a ella; ni el pensamiento de preparar algo de comer me distrae. Y sí, termino por hacer algunas cosas de manera mecánica: regar las plantas, cambiar el agua a los bebederos, recoger y ordenar la cocina o mi cuarto, pero con los ojos húmedos y el quebranto a flor de piel. Termino por dejar que fluya.

Escribí algo para descargar mi sentimiento y, según yo, lo copié a Evernote; borré el archivo de Word. Todo desapareció de alguna manera. Tal vez llegó a su destino. Mucho rato después, cuando la calma se instaló en mí, me puse a leer a Modiano: Una juventud.

Es una novela corta, y la terminé más rápidamente de lo que me hubiera gustado, contada en tercera persona y en una época no precisada aunque seguramente anterior a la que yo viví en París. Sin embargo la lectura me llevó por lugares conocidos y muy apreciados no solamente en la ciudad.

Cuando recién llegué a Francia pasé las primeras semanas en Grenoble, porque el entonces marido había necesitado de un curso de inmersión total de tres meses, previo a su ingreso al doctorado. De paso, y tarde, supe que si uno no aprendía lo que debía en el curso de un año en el Consulado en México (Centro Científico y Técnico, se llamaba), el “castigo” era esa estancia que permitía pasear por los alrededores de Grenoble, vivir en esa bella ciudad y convivir con muchos estudiantes de diferentes culturas. Pero yo sí había aprendido 😦

Como quiera, estando ahí viajamos justamente a Annecy y de ahí al Mont Blanc y sus alrededores; el siguiente viaje sería a Provence y la Costa Azul, hasta Mónaco, siempre viajando en grupos de estudiantes. De manera que el paseo por Annecy de Louis y Odile, los personajes principales de la novela, podía imaginarlo. Hasta recordé el vin du pays, las frutas y jamones de los mercaditos y el buen pan, que hicieron nuestras comidas. De manera semejante puedo recorrer el “camino” hasta Londres porque viajamos allá en la Semana Santa de 1979, junto con un buen amigo que conocimos en México en los cursos del Consulado, estudiante en el doctorado de Geología y también egresado el Politécnico (IPN).

En Grenoble estuve unas tres semanas, en total, y me fui a París a buscar departamento mientras el don terminaba su curso, y a iniciar mi trámite de inscripción en la Universidad Paris VII o Paris Diderot, parte de la Facultad de Ciencias de la Universidad de París. Porque mi inscripción original y mi carta de aceptación estaban en Burdeos, con Brousseau,  aunque también tenía aceptación en Estrasburgo, directo a hacer la tesis, dado que su director (el querido Georges Glaeser) conocía mi trabajo en México y desde entonces me había “adoptado” en una amistad invaluable que duraría hasta su muerte. Pero en términos de lo que yo creía que era mi deber, necesitaba cambiarme a París.

En París tenía ya alojamiento en una casa de estudiantes, pero contacté a Guillermo Arreguín (amigo de mucho años y profesor en Matemática Educativa, en su segundo año del mismo doctorado al que yo iba a ingresar) porque, entre otras cosas, vivía en la Casa de México, en la Cité Universitaire, y podía ayudarme a investigar si era posible encontrar alojamiento ahí. Resultó que no. Hicimos un tour por los restaurantes y cafés de la Cité, mucho mejores que los de la universidad en cuanto a la calidad y variedad de la comida, puesto que hay un restaurante en cada una de las casas; de ahí que cuando era posible uno fuera a comer “hasta allá”. Conocí, por supuesto, el Parc Montsouris que tanto disfrutaría mi escuinclito posteriormente:

“Un matin dans le lumière de l’hiver
Au parc Montsouris
À Paris
À Paris sur la Terre
La Terre qui est un astre”

cantaría Montand.

Pero el relato de Modiano nos lleva también por muchos de los barrios y lugares muy reconocibles de esa ciudad que me encanta … pour flaner. Definitivamente la Plaza de Jussieu que describe, donde está la Facultad de Ciencias (Paris VI y Paris VII), no se parece a la que yo conocí entre 1978 y 1980 y, mucho menos, a la que vi en el año 2000.

En suma: me gustó el paseo, y esa idea de ir buscando la memoria de los que ya no están (los padres de Louis, en la ocasión), pero también tratando de conocer a los amigos y socios que se van consiguiendo mientras se crece. Por lo menos es algo que yo hago cuando vuelvo a los sitios en los que crecí.

Al terminar la lectura la tormenta interior se había despejado. Vamos a ver qué nos trae el sueño.

 

24 de agosto: comer, aprender, relajarme

Monday, August 24th, 2015

Finalmente pude avanzar en el análisis de los datos del curso de SABES.
Primero, porque no podía trabajar como debiera, consecuencia del coctel de medicamentos que me mandó a tomar la dentista: desinflamatorios, antibióticos y para el dolor, resultado de la muela extirpada. Hacía rato que no pasaba por algo semejante y no quisiera que se repitiera. Además de la somnolencia, el no poder comer decentemente y, como resultado, tener que comer de a poquito varias veces al día.

Luego, porque me enterqué en hacer algunos análisis de varianza con Mathematica, y batallé para el primero … porque copié mal la tabla de datos y faltaba un signo “{“. Y luego dicen que la sintaxis no es necesaria. Antes lo había hecho de manera muy visual, utilizando colores, a mi modo. La verdad es que el cálculo estadístico no aporta mucho, aunque seguramente es más “científico”. El asunto es que ya terminé esa parte y lo que resta es escribir un rollo sobre todo ese proceso. Ni es tan grave, porque mi tesis de maestría es un “Análisis de proceso de un curso…”, de modo que experiencia tengo.

Lo que no ha avanzado es el aprendizaje de Python porque le he dedicado más tiempo a la cocina, para satisfacer mis necesidades de comida saludable, sin demasiada grasa, que no lastime, etc. Y la verdad es que me ha salido bien. Pero mañana seguro regreso a la programación, antes de que se me olvide lo que ya había cubierto. Lo bueno: tengo soporte de mis ex alumnos Eduardo Rolón y Javier Gómez  🙂

También he aprovechado para leer y para ver o re-ver algunas películas. La de ayer fue The Hitchhiker’s Guide to the Galaxyque había visto con Pako hace tanto que ni lo recuerdo. En el interin leí la serie completa de Douglas Adams: The Hitchhiker’s Guide to the GalaxyThe Restaurant at the End of the Universe, Life, the Universe and Everything So Long, and Thanks for All the Fish. Por supuesto que tengo una petunia morada; y una toalla en cada cuarto, no vaya a ser; y lo que tengo aprendido, desde hace unos 47 años: Don’t Panic.

Leí Coffe, Love and Matrix Algebra, en el Kindle. Mi reseña para Amazon: “It’s like if someone tryied to put toghether pieces of a puzzle. The good thing is the list of suggestions given along the pages.” Es decir: para mí lo más valioso son todas las sugerencias y menciones a libros, aplicaciones, programas, etc. La historia no tanto. O será que los grupos de matemáticos en las universidades americanas se forman de puros cuates buena onda, cada uno con su respectivo consorte (todos hetero, por supuesto) también matemático, y en donde los fondos, los acuerdos y los proyectos casi caen del cielo. En todo caso, podría relatar historias bastante picantes en algunos grupos que conocí, pugnas, enredos y más.

Hoy comencé a leer a Piketty: Le capital au XXIe Siècle. Lo compré en la FeNal de León, y no había incursionado en sus páginas. Me gusta el estilo y la sencillez de su texto… hasta ahora. Veremos cómo avanzo y qué tanto entiendo. Por supuesto que no es una lectura para un fin de semana, pero creo que vale la pena.

Las conversaciones con Pako ponen el lado más amable de cada día. Y la bienvenida al nuevo integrante de la familia, el menor de los bisnietos de mi mamá, con apenas un día y medio en este mundo.

Para los días que siguen pudiera surgir un proyecto, que buena falta me hace. Con eso habré cerrado un mes muy interesante y lleno de aprendizajes.