Archive for the ‘2013’ Category

2013 in review

Tuesday, December 31st, 2013

The WordPress.com stats helper monkeys prepared a 2013 annual report for this blog.

Here’s an excerpt:

A San Francisco cable car holds 60 people. This blog was viewed about 670 times in 2013. If it were a cable car, it would take about 11 trips to carry that many people.

Click here to see the complete report.

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Una historia al azar

Tuesday, December 31st, 2013

Una historia al azar

Mi colaboración del cierre de año para Es Lo Cotidiano.

¡Gracias a todos! Y tengan un muy feliz Año Nuevo.

25 de diciembre: una Navidad distinta

Wednesday, December 25th, 2013

Muy distinta, entre la pena y el estrés, pero también con gratísimos momentos.

La noche del 23 de diciembre nos notificaron que mi sobrino Daniel estaba al bordo de la muerte por una infección generalizada. Vivía en Rosarito, B.C. con su mujer, Shana, y la pequeña Karma. Hace dos años mi amá y yo estuvimos con ellos y conocimos a Shana y a la chiquita. Hace un año y medio, cuando organizaba mi mudanza de TJ a León, Daniel me ayudó con algunas cosas. Y no volvimos a vernos. Tenía apenas 32 años y, aunque lo conocí cuando era pequeño, pasaron muchos años para que volviera a verlo, en Buena Park. Lo recuerdo siempre sonriente, a pesar de las tragedias que le tocó vivir. De eso hablamos mientras me ayudaba a deshacerme de algunos muebles y objetos. Pero no tenía rencores. Supongo que el amor de Shana y de Little Karma le ayudaron a sanar sus heridas.

El 24 de diciembre amanecimos con la noticia de que había fallecido. Nadie de su familia cercana pudo viajar a Rosarito. Mi hermano Juan, su padre, llegó hasta Buena Park traído por Sharon, la menor de sus hijas. Pero no podían cruzar a México. Mi madre no fue enterada, por razones de salud, y el día transcurrió con mis hermanos, mis sobrinos y nosotros en espera de los acontecimientos subsecuentes. Pretendimos, en cada casa, hacer vida normal cocinando y pensando en nuestros chiquillos.

Uno se va habituando a que sean los mayores los que se van primero. Duele cada uno, pero las enfermedades o la edad van haciendo que la muerte de nuestros mayores sea vista como natural. Parte del proceso de vida, decimos. Pero cuando es uno de los más jóvenes, ya de la generación que sigue a la nuestra, nos cuestionamos y rebelamos. Supongo que no hay peor tragedia que perder a un hijo. Y he visto familias derrumbarse o amargarse para siempre como consecuencia, mientras veo el ejemplo de mis compadres Abundio y Haydee celebrando la vida de sus dos hijos (Carlos y Melania), arrancados en plena juventud y promesas de vida, y dándose a los demás de una manera total. Por otro lado, creo que asumimos nuestra propia muerte como algo que eventualmente llegará, pero no sé qué tanto sufra la gente  pensando en eso, porque son de las cosas que preferimos no mencionar.

Es la muerte de los otros la que nos angustia, creo. Recuerdo el libro de Simone de Beauvoir Una muerte muy dulce, autobiográfico, sobre la muerte de su madre. Me pareció terrible pero muy revelador. Y recuerdo también El país de  las sombras largas, de Hans Ruesh, sobre la vida de los inuits (esquimales) previa a su “americanización”; particularmente la muerte de los ancianos, sin drama, aceptando la realidad en su durísimo hábitat. En nuestro pasado prehispánico la muerte jugaba un papel muy importante en la vida de todos los días.  “La muerte era parte del cosmos sin cargas morales. Simplemente era.” Será que la influencia española modificó esa consideración y convertimos a la muerte en un acontecimiento dolorosísimo cargado con todos los “si yo hubiera” posibles. Y no es que no duela.

Recuerdo a Agustín (Agustín Rozada Rebollar, S.J.) el día en que las cenizas del Padre Manuelito (Manuel Rubén González Ramírez, S.J) se depositaron en Casa Manresa, la Casa de Oración de la comunidad jesuita en Tiuana. Reconoció que estaba contento porque su compañero de estudios y trabajo durante muchos años había llegado a la casa de “mi papá”; pero, dijo, extrañaría mucho al amigo, y se le quebró la voz. Y luego festejamos la vida del padre Manuelito y dimos gracias por todo lo bueno que sembró y dejó en nuestras vidas. Pero la ausencia es terrible. Probablemente eso sea lo que más tememos cuando pensamos en la muerte de alguien que no somos nosotros.

La tarde/noche del 24 la pasamos en vilo esperando la reacción de mi madre cuando supiera lo de Danny. Todos reunidos a través de mensajes de grupo en Facebook (mis hermanos Manuel, Nidia y Saúl, y yo) con los que estaban al lado de mi amá (mis hermanos Juan e Irma y mis sobrinas Jessica y Sharon). Seguramente es la primera vez en muchos años que todos nos hacemos presentes al mismo tiempo. Mi madre ni podía enterarse de nada. Primero porque el complot fue secuestrarle el iPad y el celular para que la noticia no le llegara a través de Facebook. Y luego, porque apenas podía tenerse en pie, como resultado de una confusión entre las pastillas que toma. Había mezclado las pastillas que ocasionalmente utiliza para poder dormir (un cuarto de pastilla muy de vez en cuando) con el Piroxicam que necesita por su artritis y de las cuales toma una pastilla al día.

Cuando me comuniqué con ella utilizando el iPhone de Jessy (para utilizar el Face Time), la vi como borrachita, recostada y adormilada y con dificultades para articular las palabras. Reconocí mis síntomas: presión y glucosa bajos. Irma le tomó la presión: 91/57, y le dieron líquidos con glucosa para ayudarla. Cuando decidieron llevarla a Urgencias descubrieron el asunto de la confusión de las pastillas. Era pasada la media noche aquí en León. Hoy despertamos sabiendo que está mejor y que le controlarán las pastillas para que no las confunda.

Con todo, la vida tuvo que continuar en cada casa. Yo cociné los tamales, jugué con The Book f Spells en Play Station, con mi hijo, antes de cenar. Intercambiamos regalos y me fascinó verlo entretenerse por casi una hora armando el futbolito que le compré (sí, tiene 34 años pero nos seguimos divirtiendo como siempre), poniendo cada detalle en la madera limpia y ensamblando las piezas. Yo tengo ahora, además del iPad mini, un calendario 2014 con imágenes de El Principito, dos juegos de dados para contar historias (uno para las que comienzan con “érase una vez”, y otro para las que son de acción) y una urna para dulces o galletas. Lo mejor de todo, la convivencia con Pako.

el futbolito mi galletero mis dados

Una Navidad diferente. Una Navidad en la que por razones inesperadas, los hijos de Maggie Mosqueda estuvimos todos juntos, gracias a la tecnología. Tristeza, por supuesto. Pero la vida sigue.

Plus belles photos de Paris la nuit | Blog Paris Insolite

Wednesday, December 25th, 2013

Plus belles photos de Paris la nuit | Blog Paris Insolite.

La plus belle des cités!

22 de diciembre: Tres años de que comencé con este blog

Sunday, December 22nd, 2013

Por lo menos eso me dice WordPress, que hace ya tres años que comencé con ese diario.

Al principio era realmente diario. La reflexión nocturna para ayudarme a procesar lo ocurrido durante el día, antes de irme a dormir. En el último año, desde que llegué a León, la escritura  fue haciéndose menos frecuente. Y no es que no necesite reflexionar. Supongo que tiene que ver con lo que ocurre en este momento. El perro odioso de la casa de atrás de la mía ladra sin parar, y pueden darle las 11 de la noche haciendo eso. El ladrido es muy agudo y molesta, aún con tapones en lo oídos. Intento con los audífonos mientras escucho a Miles Davis, ¡pero sigo escuchando el ladrido! También es que en Tijuana escribía desde mi cama. Aquí no me acomodo con esta lap que es más ancha que la anterior. Pretextos, tal vez.

El asunto es que se termina un año que ha sido intenso. Viajé tres veces a Los Angeles pasando por Tijuana, por supuesto. Pero también viajé a Guadalajara, Tepic y Amatlán de Cañas, para visitar a la familia, y al D.F. con La Morra y Canela para pasear y degustar los antojos chilangos y traer de allá algunas cuantas cosas. Y asistir a las Ferias de Libros en Gdl, el D.F. y el mismo León. A Guanajuato voy a cada rato, aunque solamente sea a caminar y hacer la compra en el mercado, aunque también fui para disfrutar de algo del Cervantino o para trámites y asuntos de trabajo. Como quiera, ir a  Guanajuato siempre es muy agradable, aunque no se me ocurriría vivir allá.

También he trabajado mucho. Desarrollando materiales, impartiendo cursos, participando en MOOCs y talleres varios, webinars y hasta congresos en línea. A veces sí me meto en más cosas de las que sería recomendable. A veces, estando ya en alguna de esas actividades, surgen otros proyectos o necesidades, o solicitudes de apoyo. Entonces hay que hacer malabares con el tiempo y, por supuesto, no hay mucho tiempo para la reflexión, tan necesaria. Sin embargo en este último semestre pude participar con dos conferencias, una en una escuela preparatoria oficial y otra en la Ibero, cerrando el ciclo dedicado al Año Internacional de la Estadística. Y algunos textos publicados en Es Lo Cotidiano, Tachas (el suplemento) y en un dossier del Mexican Cultural Centre que coordina Eduardo Estala Rojas, en Nottingham.

Recibí reconocimientos inesperados. El Tec de Monterrey, nueve años después de que me declaró Ex A Tec (sin haber estudiado ahí) me entregó un reconocimiento por ser uno de los profesores que dejó huella en los alumnos (ahora Ex), en mis 13 años de trabajo en al institución. Fue muy grato ver que de los 20 profesores reconocidos en Campus León (entre profes de prepa y de profesional), cinco pertenecimos al Departamento de Ciencias y Humanidades que yo coordinaba. Nada mal. Por otro lado, las invitaciones a participar en proyectos o apoyando otros proyectos (todo de compas, por supuesto) son también formas de reconocimiento. En ese mismo tenor, Desmos me invitó a participar traduciendo toda la aplicación al español; ahora, cuando abro el sitio de la calculadora, está personalizada con mi nombre sin necesidad de que me registre cada vez. La Guía del Usuario tiene mi nombre y he recibido tres hermosas playeras como recompensa. Hay otros reconocimientos de gente que apenas me conoce, presentando y dándole valor a mi trabajo. No puedo quejarme.

Pero de todo, lo mejor ha sido la convivencia con mi familia, especialmente mi amá y Pako. Mi amá estuvo de gira por Tepic, Amatlán y León durante tres meses. Compartimos muchas cosas y me contó historias que nunca hubiera imaginado. Tuvimos nuestra fiesta navideña antes de que regresara a Los Angeles, en el Concierto Navideño del Teatro Bicentenario, con el cual se festeja el aniversario del Teatro. Vino, canapés y fuegos artificiales al terminar el maravillosos concierto.

Y Pako. Ha pasado aquí un par de meses, luego unas cuantas semanas y algunos eventos tan importantes como la final del campeonato de fútbol. Cada día es una ocasión para dar gracias por este hijo maravilloso que tengo. Cada vez más maduro, más centrado y volviendo la mirada hacia los demás, especialmente sus amigos. Me dice que su propósito es ser mejor persona cada vez, y lo está logrando visiblemente. Trabaja muy conciensudamente y se hizo merecedor a un artículo sobre su trabajo en la revista Negocios ProMéxico. ¡Y ya anda buscando nuevos horizontes! Y ahora está aquí para pasar las fiestas. Cocinamos, compartimos antojos, y festeja con sus amigos. Todo lo que puedo desear lo tengo en este momento.

Yo tengo muchos nuevos amigos. Dentro y fuera de las redes sociales. Y también agradezco los aportes y apoyos de cada uno de los que puedo identificar como amigos verdaderos.

Momentos agrios o semi-amargos, los ha habido. Pero por ellos reconocemos el dulzor de los otros, la paz y la felicidad.

En suma, ha sido un muy buen año.

30 de octubre: vísperas de brujas y muertos

Wednesday, October 30th, 2013

Días llenos de actividades que no dan mucho tiempo para leer, reflexionar, meditar. O siquiera participar en las actividades que ya estaban agendadas. Y sin embargo los recuerdos rondan todo el día por mi cabeza.

Esta mañana asistí al CECYTEG León III para la conferencia que me solicitó Judith Rosillo (ex alumna del Tec y ahora profesora en este plantel) en el marco de unas jornadas de Ciencia y Tecnología, extendidas a la discusión de “ser grande”.  Todo funcionó bien (excepto porque la luz del sol impedía ver con claridad la pantalla) y los alumnos que llenaban el auditorio mostraron un comportamiento ejemplar. Después de la plática nos dirigimos a una salita a tomar café y conversar. Una mañana muy agradable.

De regreso a mi casa, la ruta inmediata pasa por el panteón, donde se organizan ya los puestos de flores para la celebración de los muertos. Me paré a comprar algunas. Un ramo compuesto por cempasúchiles (cempoal-xochitl, veinte-flor) y cordón de obispo. Mientras la marchanta organizaba el ramo, acomodando las flores una a una, por mi memoria cruzaron los nombres/imágenes de todos aquellos que de una manera u otra me han acompañado a lo largo de la vida pero que ya no están aquí físicamente.

Mis recuerdos

Están, por supuesto, mis primeros contactos:

  • Mi padre, quien me formó el caracter y me dio las herramientas para hacer lo que hago y de la manera en que lo hago. Me enseñó a poder decir (en palabras de Machado) “a mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”
  • Mi abuela Hilaria, quien me ayudó a formar mi lenguaje y las maneras de contar historias y me confeccionó todos los vestidos que usé desde mi infancia y hasta que pude comprar mi propia máquina de coser
  • Mi tía Cuca, desarrollando mi gusto por los viajes en ferrocarril, por las fiestas de los pueblos y por los antojos. Y mi tío Gonzalo, posibilitando los viajes
  • Mi abuelo José, de quien hubiera debido aprender la sencillez, la humildad y el silencio
  • Y mi abuela María, callada y lejana excepto cuando me visitó en la Cd. de México, acompañada por Don Canuto
  • Hermilo, el esposo de mi prima Licho, quien organizó incontables idas a la playa y a pasear y comer en los arroyos. Con ellos, en su carro, con mi madre, mi tía Cuca y otro par de tíos, recorrimos las carreteras para ir de Tepic a Cd. de México y de regreso, a finales de los 50’s
  • Muy recientemente, mi tía Carmen. Ella y mi tío Juan (su esposo) ayudaron también a la formación de mi gusto por la comida y a tratar de aprender a preparar algunos platillos muy nuestros

Solamente me despedí de mi abuela Hilaria, hace casi  21 años. En todos los otros casos estaba en otro lugar, lejos de la familia e imposibilitada para viajar o sin que me avisaran del suceso

Mis otras pérdidas son afectos fuera de la familia:

  • La que ocurrió casi simultáneamente con la de mi padre, de la que me enteré unos tres o cuatro años después y que me dejó muda por meses, y que todavía duele
  • Mis maestros/amigos: Papini, Juanjo, Revuz, Glaeser e Imaz
  • Mi querida amiga Melania, de la que aprendí (sin que sea capaz de practicar) el amor en su más pura y grande expresión, el darlo todo y todavía preocuparse por los otros/nosotros
  • Los jesuitas que me mostraron aspectos que nunca había contemplado o comprendido, y que me ayudaron a crecer: Pablo, Agustín y el padre Manuelito
  • Hace unas pocas semanas Rafa Saavedra, quien me inició en eso de contar cuentos con un poco más de estructura

A algunos los pienso con más frecuencia; algunos aparecen cada noche en mis sueños o en mis pensamientos conscientes. Todos siguen estando en mi memoria y en mi corazón.

2 de octubre: variopinto

Wednesday, October 2nd, 2013

Mucho recordar a través de posts, fotos, videos, películas completas compartidas en las redes. La desvergÜenza de El Universal Online de compartir la primera página del diario con fecha 3 de septiembre, presumiendo su cobertura del movimiento, utilizando todo el lenguaje y los mensajes del gobierno en sus notas.  Terroristas, nos llamó.

El Universal 3 de octubre de 1968

Saber que las marchas programadas para la conmemoración verán la represión como “respuesta” a los desmanes de encapuchados que se hacen llamar anarquistas, y ni sabemos si lo son y que a lo mejor son justamente los provocadores que propiciarán el rito de sangre. Ocurre una y otra vez. Entre las patas se llevan a los que en un acto de conciencia ciudadana verdadera asisten al evento.

Por otro lado, saber, por los mensajes y las discusiones en Twitter, del orgullo de mi jijito porque su madre participó activamente en el movimiento. Y de su respuesta, a la  que se sumó Leo Aranda, a alguien que cuestiona la importancia de la fecha. Pako ha estado comprometido desde siempre, y sus amigos, como Leo, son también gente consciente. Y me gusta.

Mi remedio para pensar menos en todo lo que duele es … la cocina. Me fui al súper y al mercado a hacer las compras necesarias para la semana, y para preparar el chorizo estilo de mi casa, según la receta de mi amá. Por ahí de las dos de la tarde comencé con los preparativos y terminé alrededor de las cuatro. De paso hice un poco de carnitas y otro poco de mole negro, para mi comida. Me aseguré de tener lo necesario para un mole verde según la receta de la U. de Guadalajara (un mole muy ligero) y para unas tortitas de calabaza. Luego comí.

Entre una cosa y otra revisaba los mensajes en FB. Me di tiempo para poner una foto mía de mi ingreso a E.S.F.M. Eso, porque me preguntaban si yo estaba en alguna de las fotografías que muestran a grupos de jovencitas en las marchas. Y no, no estoy en ninguna foto. Muy reconocible, por otra parte, porque ni me ponía adornos en la cabeza, ni maquillaje ni mucho menos se me hubiera ocurrido ir con faldas a una marcha o mitin. Acabé poniendo una galería de cuatro fotos, comenzando con la que acababa de subir y terminando con una reciente. Mi mirada cambió ya de la primera a la segunda foto, por supuesto.

Pero también preparé materiales para mis clases de mañana y revisé tareas en línea. Con todo, el día se ha terminado. Y me siento agradecida con todos los que hoy compartieron conmigo.

1 de octubre: sacudir los malos recuerdos

Tuesday, October 1st, 2013

Leopoldo Navarro me pidió un texto sobre el 68. Solamente puedo contar mi experiencia, le dije, y aceptó. La publicación en Tachas, el suplemento semanal de Es Lo Cotidiano, apareció el fin de semana pasado.

Hoy comenzaron a aparecer, en Facebook, fotos rescatadas de Google de los terroibles momentos que se vivieron el 2 de octubre de aquel año. Y se han compartido películas. Las imágenes más chocantes son las de Díaz Ordaz. Incluso la foto de una cobra no me causó tanto conflicto, y eso que los animales que se arrastran han sido siempre lo que más me repugna y aterra. El tipo representa lo que más detesto en esta vida.

Por eso me puse a hacer rollitos de membrillo, con la receta que me compartió mi madre. Eso trajo las otras memorias, parte de lo que relato en el texto publicado: mi paso por la cocina de E.S.F.M. En esos tiempos apenas sabía freir un huevo o un bistec, y lo hacía obligada por el médico y mis padres, para evitar una recaída de la anemia que me gané el primer año que viví en el D.F., comiendo tortas y los tacos y merengues que mis compañeros (era la única mujer en mi grupo de primer año de vocacional) ganaban jugando volados.

Hacernos cargo de la cocina del Poli fue divertido e instructivo. Si decidíamos hacer hamburguesas (con la receta que alguien aportaba o inventaba) eran con formas de animalitos o flores, por ejemplo. Para los días en que íbamos a una marcha o un mitin hacíamos tortas. Un día decidí que haríamos chiles rellenos, sin idea de lo que significaba. Los compañeros fueron al mercado y trajeron 100 chiles y el queso y los huevos que sabíamos que eran necesarios, más las naranjas y plátanos que eran parte de la dieta. Luego comenzamos a especular sobre la manera de hacer los chiles rellenos. ¿Había que freírlos? O ¿se ponían a hervir?

En ese predicamento estábamos cuando llegó una de las alumnas de los últimos semestres, del área de matemáticas (no era amiga de ninguno de los que estábamos ahí, pues). Comenzó a regañarnos porque no habíamos lavado con estropajo y jabón las frutas.  Dije que en mi casa no se comían las cáscaras, y que por eso no me parecía importante lavarlas como ella sugería. Se enojó y comenzó a regañarnos porque no hacíamos nada bien, desde su punto de vista. Y entonces hice lo que siempre hago cuando alguien dice que lo sabe hacer mejor o  de manera más eficiente: le dejo todo en las manos para que se haga cargo. Me salí, acompañada de Angel y Raúl, que me decían que no me enojara. Y no, no estaba enojada; pero no compito. Estuve unas semanas  trabajando y aprendiendo en la imprenta y nunca supe lo que era rellenar un chile, hasta hace unos meses (por antojo).

El paso por la imprenta tuvo momentos muy difíciles, como cuando uno de los compañeros (seminarista, venido a apoyar) perdió la mitad de la mano porque, al pasar y golpear una mesa de manera accidental,  alguien hizo caer la guillotina. Lo llevamos a un  hospital privado en Lindavista, donde intentaron volver a conectar la parte amputada, sin éxito. Vino la crisis de fe más terrible que yo haya presenciado, pero al final regresó al seminario. Yo volví a la cocina (la compañera había abandonado el barco).

Afortunadamente, no todo fueron tragedias. Desafortunadamente, el final fue la más trágica de las experiencias. Conservo los amigos de aquellos días.

1 de septiembre: My way

Sunday, September 1st, 2013

Ayer fue la reunión para festejar los 70 años del Tec de Monterrey, con el reconocimiento a profesores que “dejaron huella”. Además de la ceremonia, de recibir los mensajes de los ex alumnos que nos llevaron a ese momento, de que nos entregaran el pisapapeles o sujetalibros (al gusto, porque no se me ocurre qué otra cosa hacer con esa copia de un monumento alojado en Campus Monterrey), lo mejor fue la reunión con algunos ex alumnos y amigos muy queridos y la presencia de muchos antiguos compañeros de trabajo. Ah! y,  por supuesto, el disfrutar de las guacamayas y tacos dorados de Javier.  Recordé, por supuesto, mis inicios en la docencia, hace 41 años, y cómo llegué ahí.

Cuando terminé la secundaria, recién cumplidos los quince años, mi padre me preguntó qué pensaba estudiar.  Ni siquiera era si pensaba hacerlo, como seguramente fue la situación para la mayoría de mis sesenta y tantas compañeras del tercer año de secundaria en “la Alemán” (Tepic, 1965, escuela del Estado, y por cooperación, para señoritas). Recuerdo que en aquellos días la Secretaría de Educación del Estado mandó a indagar si queríamos convertirnos en maestras rurales. Dos o tres compañeras aceptaron la propuesta.

Mi respuesta a la pregunta de mi padre fue “Literatura”. Pero mi apá me conocía muy bien, y doy gracias por ello. Me dijo “No. Ese es tu hobbie. Elige algo en lo que te gustaría trabajar”. Sin mucho de dónde agarrarme dije “Contabilidad”.  Entonces mi pá se rió: “No sirves para eso. La contabilidad es muy demandante y exige noches enteras de trabajo”. Tomando en cuenta que no sé desvelarme y que por ningún motivo pienso en sacrificar mi sueño (excepto leyendo o platicando), me quedé sin respuesta. Lo que siguió fue determinante: “si no estudias en el Politécnico te voy a mandar a Atequiza, internada, a estudiar para maestra”.

¿Yo, maestra? Por supuesto que no. De modo que se decidió que iría al Politécnico, a la ciudad de México, para iniciar el bachillerato. Uno de mis medios hermanos, que entonces estudiaba la Maestría en Física Nuclear (son tres, mayores que yo, y solamente tenía trato con uno de ellos, que no era éste),  fue el encargado de inscribirme en una Vocacional (los bachilleratos del Poli). Escogió la Voca 3, de Ingeniería y Ciencias, como pudo haber escogido la Voca 6, de Ciencias Médico-Biológicas: mismas instalaciones, mismo patio, etc. en el Casco de Santo Tomás. Eran las que le quedaban cerca de su casa.

La historia de mi paso por la Voca 3 es otro rollo. El asunto es que durante esos dos años cada profesor (era la única mujer en mi grupo de primer año y solamente éramos cinco en el segundo) me sugirió una carrera: Arquitectura o Ingeniería Civil, dijeron el de matemáticas y el de dibujo; Sociología, dijo el del único curso de Humanidades; “váyanse a su casa a aprender a cocinar” dijo el de química… y odié la materia por el resto de mi vida. Había hecho los talleres de Construcción, lo que me dió diploma de técnico, y decidí que sería Arquitectura. Pero en el camino, en lugar de ir al Edificio 5 de Zacatenco entré al Edificio 6 a pasar un semestre como oyente, con un par de amigas. Mis otros desvelos tuvieron la culpa. En mi intento por no equivocarme fui a que me hicieran una prueba psicométrica completa, que no sirvió para nada: “puedes estudiar lo que tú quieras” que para mi fue casiel  equivalente de decir “no sirves para nada”.

Pero me gustó el ambiente y los rollos y me quedé en Física y Matemáticas ya como estudiante regular cuando inició el siguiente semestre, el mismo en que inició la huelga (1968).
Al terminar la carrera Felipe Peredo, mi profesor de Algebra Moderna IV (mi área de especialidad fue esa), me invitó a ingresar como profesora (fundadora) de la UAM. Significaba integrarme como matemático a un departamento en formación y dedicar mi vida a la investigación en el área y a la docencia. Dije que no, y no me arrrepiento.

Antes, en 1972, mi hermana menor llegó a vivir conmigo para cursar el segundo año de secundaria y luego entrar a la prepa. Como hicieron conmigo, fui a la escuela secundaria más cercana a la casa de huéspedes en la que vivía, para inscribirla. Pero era una secundaria técnica y no podían aceptarla porque “la Alemán” no tenía en su programa las materias que ella hubiera necesitado.  Me dieron la ubicación de una escuela ad hoc (donde la inscribí)  pero al mismo tiempo me pidieron que diera clase de matemáticas y física a los niños de la técnica. Ni loca, dije. Y me rogaron una y otra vez. En algún momento mencionaron que me pagarían 2600 pesos mensuales por 20 horas de trabajo semanales, por las mañanas.

Mis padres me enviaban alrededor de 900 pesos mensuales en aquella época, los que servían para pagar renta, comidas, todo tipo de artículos que necesitara, los camiones y algunas distracciones. Entonces lo consideré. Tenía 22 años y siempre supe el enorme esfuerzo que mi padre hacía, trabajando de 6 A.M a 9 P.M., para sostenernos y educarnos. Mi papá dijo que estaba loca, y que si aceptaba trabajar dejaría de apoyarme económicamente. Comencé a trabajar dando cinco cursos de matemáticas: uno a cada uno de los grupos de primer año de la Escuela Secundaria Técnica #92, en Av. de los 100 Metros, frente al Instituto del Petróleo. Y me enamoré del trabajo con los escuincles.

Sin formación docente, inventé maneras que me permitieran entender las causas de la incomprensión, cuando aparecía, y maneras de ayudarlos a entender. Comencé a diseñar materiales y a hacer investigación en el aula. Era muy gratificante. En algún momento, habiendo terminado la carrera,  me inscribí en la Maestría de Planeación Urbana (ahora sí iba al Edificio 5 de Zacatenco) pero los cursos me parecían una vacilada. Y entonces se abrió Matemática Educativa en el CINVESTAV (1975), con la Maestría en Ciencias en esa especialidad. Decidí que el aprendizaje de las matemáticas era lo que verdaderamente me interesaba y que la docencia me apasionaba.

Siguieron los años de formación, de investigación, de hacer equipo con gente muy valiosa y de conocer la otra cara de la moneda. Pero mi camino ya estaba claro, y esta vez lo decidí yo.  Así llegamos a este momento en el que, aunque ya retirada por voluntad propia, sigo haciendo lo que me gusta. Y tengo muchas recompensas en esta área. Como las de ayer, como las de todos los días cuando mis ex alumnos, que ahora son mis amigos, me comparten documentos, mensajes, o me piden apoyo o me platican sus cuitas y sus alegrías, me invitan, me incluyen a pesar de la diferencia de edades.

Muchas cosas quedan como cosas chuscas:

  • El jefe que quería convertirme en su alumna de por vida, firmando mis trabajos
  • Los alumnos que firmaron y publicaron mis textos (e hicieron de esta práctica un camino de triunfo)
  • El jefe que me dijo que valía más un buen coordinador de cursos que un buen profesor de matemáticas (y que acabó dándome la razón, con lo cual renuncié muy contenta)
  • La que decidió que había que competir conmigo, sin saber que no me interesan las competencias de ningún estilo
  • El jefe que quería que firmara una carta de obediencia (yo, que nunca he obedecido a nadie)
  • El jefe que dijo que al cabo nadie quería trabajar conmigo

A cambio estuve y estoy rodeada de gente verdaderamente valiosa. Los jefes que reconozco como verdaderos líderes y los alumnos, amigos y compañeros que me inspiran.

Gracias por acompañarme en el viaje. Me siento contenta y muy satisfecha.

21 de agosto: Gracias a la vida

Wednesday, August 21st, 2013

Este día es para agradecer las bendiciones recibidas.

Además de tener casa, comida, sustento y una salud relativamente buena, tengo una gran familia que me apoya y un montón de amigos queridos. Pero en esta semana recibí regalos.

Acompañados de una taza de café recién hecho por Pako (mi hijo), él mismo me compartió la nota que ProMéxico publicó sobre su trabajo: “Astrolol Conquers Space in iTunes“, en la página 32 del documento.  Mi mayor satisfacción es verlo convertido en un adulto exitoso, responsable, que disfruta su trabajo y que, más importante, disfruta de la comida de su madre 🙂  Eso no lo cambio por nada en el mundo. Y dije que ya no pedía nada más a ésta tan generosa vida.

Pero hoy me buscaron por Facebook del Campus León del Tec de Monterrey. Me reuní con Willy en el Starbucks de Plaza Mayor para ver de qué se trataba.  Me hizo entrega de una invitación para que reciba un reconocimiento. La razón: hicieron una encuesta a todos los egresados para determinar al conjunto de profesores que “dejaron huella”. Mis ex-alumnos votaron por mí!

recoocimiento Tec

 

Agradezco muchísimo este detalle; mucho más porque viene de una institución que me despidió porque “ya no te podemos pagar tu salario”. No hard feelings.
Dejar el Tec me permitió ir a Tijuana y conocer la comunidad Ibero que existía (existió, para mí) y hacer un montón de excelente amigos, entre los que cuento a muchos alumnos de prepa y de licenciatura.

Hoy mismo recibí muchos K en Klout, de gente que me conoce a través de las redes. Y de verdad, no puedo pedir nada más.

Lo único que puedo decir es gracias, gracias, gracias! Si hoy fuera mi última noche en este mundo, estaría tranquila, contenta y agradecida.

Dios los bendiga a todos!