Archive for the ‘2012’ Category

27 de diciembre: gripe!

Thursday, December 27th, 2012

Pako llegó el viernes 21 por la noche. Han sido días muy de familia, muy de retomar nuestras rutinas.

Nos hemos reunido con nuestros amigos, por separado, y hemos tenido ratos de organizar la casa y preparar antojos. Hemos ido al cine y conversado mucho. Y hemos estado muy tranquilos y relajados.

La comida de Navidad fue en casa de Lety: lomo, bacalao, ensaladas, canelones, tamales, pastel, vinos y café. Regresamos alrededor de las 11 de la noche. Pako se quedó en la sala instalando el Wii y todos los aditamentos, para que el 25 estuviera todo en su lugar y listo para ser utilizado. Pero no he tenido tiempo! De hecho nos pasamos ese día instalados en la fiaca, viendo películas en la pantalla de Pako. Creo que solamente salimos a cenar unos tacos.

El 26 fuimos a buscar una freidora (¡que no encontramos!), con lo cual recorrimos varias tiendas, y luego regresamos a casa. Entonces comencé a sentir mucho frío y dolor de cabeza. Pako me consintió con uno de sus cafés especiales, muy rico. Pero para en la noche la gripe se había declarado de manera contundente; la medicina no resolvió las molestias y dormí muy mal.

El día de hoy he pasado todo el día en cama, prácticamente. Lo bueno es que ya no tengo frío ni me duele la cabeza, y tampoco me duele la garganta. Pero si tengo mucho catarro y los ojos llorosos, y no se me antoja la comida. Apenas una sopa de fideo y, luego, otro café preparado por Pako y acompañado con una concha (eso siempre se me antoja). Nomás espero que el reposo de hoy se traduzca en una mejoría notable mañana.

Con todo, han sido unos muy días muy agradables.

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22 de diciembre: Dos años en este blog!

Saturday, December 22nd, 2012

Y eso lo supe porque me mandaron una felicitación.

El primer año fue un post diario, recogiendo la experiencia de cada día. Unas más interesantes que otras, unas llenas de tripas, otras detallando mis idas al mercado. Era como una necesidad de hacer un balance al final del día para poder dormir tranquila. Muchas actividades, muchas emociones, y por eso había que organzar mi cabeza cada noche, de otra manera el despertar del día siguiente hubiera estado “contaminado” de las vivencias anteriores.

Pero este año fue distinto. No más correr y, aunque sigo teniendo muchas actividades, lo que hago no me produce tanta inquietud. De hecho no he vuelto a tener migrañas desde el mismo día en que decidí que renunciaba. Otras actividades me ocupan por el puro gusto y esto ha hecho que no necesite esas sesiones de vaciar mi pensamiento.

Mientras, vuelvo a mi otro blog para reflexionar sobre lo que he observado este semestre acerca de las dificultades de los alumnos con matemáticas, o las problemáticas que encuentro en los lugares en los que trabajo algunas horas. Y me involucro en otros aprendizajes, poco a poco.

Pako me regaló una iPad y estoy explorando los usos didácticos de juegos y aplicaciones. Hoy comencé a analizar Angry Birds, preparando las situaciones de aprendizaje para mis alumnas. Instalé y comencé a explorar Edmodo y descargué una buena docena de aplicaciones. Pero todo lo que de ahí resulte irá a Blogger.

La llegada de Pako es el anticipo de las fiestas: ir al mercado y comenzar a preparar los guisos para los tamales, pero también anticipar las comidas de estos días y preparar los aderezos, el coleslaw, las salsas, dejar listas las verduras para las ensaladas y el pollo para los tacos fritos que le gustan. Disfruto que esté en casa y dedicar mi tiempo a hacerlo sentir tranquilo, relajado. Claro que no pasa todo el tiempo aquí, porque también aprovecha para visitar a sus amigos y salir con ellos. Y yo hago lo propio.

Hoy me reuní con Maluyi y Luly, de mis excompañeras/amigas del Tec. Luly sigue trabajando en la Biblioteca, Maluyi vive en el D.F. desde hace algún tiempo. Fue un buen día.

Pero el ajetreo tiene consecuencias, y ya es tarde. Hora de descansar!

21 de diciembre: Mi viaje relámpago a Guadalajara

Friday, December 21st, 2012

Pues me fui a Guadalajara el jueves 20, o sea ayer. Tres horas de viaje para llegar allá a las 12 de mediodía y tomar un autobús urbano para acercarme al centro de la ciudad. Se trataba de ver a mi sobrina Daniela, quien mañana viaja a Los Ángeles, de modo que pudiera llevar unos encargos.

Hacía mucho que no iba al centro de la ciudad, pero recuerdo mucho sus calles y sus parques. Me gustó estar un rato recorriéndolo, aunque haya sido a paso veloz; tanto que mi almuerzo fue en un 7 Eleven, para no perder tiempo. Es una maravilla que vendan esos taquitos al vapor.

Después de los edificios emblemáticos, al dar la vuelta encontré una calle llena de jugueterías que venden al mayoreo pelotas de colores, muñecas, carritos, futbolitos, etc. Me sorprendió lo económico de los juguetes que ofrecían. Pasé varias calles antes de volver a preguntar por el Hospital Civil Nuevo. Primero me habían dicho que eran como siete cuadras, en ese momento me dijeron que eran un poco más. Pasé un mercado y llegué a la calle del Hospital, donde se encuentra la Escuela de Medicina y un hermoso parque que me recordó la Alameda de Tepic, en los tiempos en que sus jardines y veredas invitaban al paseo… y a la conversación con alguien especial.

Después de caminar alrededor de una hora llegué al Hospital que buscaba. Mi sobrina Daniela, quien hace trabajo voluntario con los chiquitos con cáncer, bajó a recibirme y me invitó a entrar al festival navideño que los voluntarios prepararon para los enfermitos. Estaban reunidos en el auditorio, excepto los chicos a los que la enfermedad obliga a estar recluidos. Familias completas que disfrutaban de la pastorela, la comida y los regalos como cualquier otra familia. Las edades de los pacientes van de los 4 meses a los 18 años. Algunos ya tienen su pelo crecido, muestra de la etapa de recuperación en la que están; otros, usan gorros para cubrir sus cabecitas pelonas. Todos llevan brazaletes que los identifican como pacientes.

Los voluntarios no paraban ni para comer, atendiendo a las familias, reencontrándose con algunos de los chicos y tomándose fotos con ellos, asegurándose de que cada uno tuviera sus tamales, sus tacos, su pastel, su nieve… y sus juguetes. Las caritas al recibir lo que pidieron en sus cartitas (que los voluntarios les ayudaron a escribir) eran de felicidad pura. Nadie estaba triste ni se quejaba, todo lo contrario. Al ritmo del Gagnam style bailaban incluso en silla de ruedas, de las manos de los voluntarios que se habían disfrazado de diablos, ángeles y pastores. Una experiencia de vida!

Luego fue hora de decir adiós, y me encaminé (en taxi esta vez) a Plaza del Sol para comer, recargar la batería del cel y descansar. Por eso me gusta Sanborns. Esta vez, además, descubrí que tengo un 10% de descuento por el INAPAM! Ventajas de la edad dorada. Desde ahí le avisé a Pako (que estuvo en junta casi todo el día) que regresaba a León.

Tomé el autobús frente a la Plaza, con rumbo a la Central. El recorrido tomó como una hora y media, y eso que el chofer no hacía más paradas que las que los que iban a descender exigían. La verdad es que no me animaría a manejar al lado o delante de un camionero como ese. ¡Vaya agresividad! Eso sí, el recorrido es muy agradable: todo López Cotilla, pasando por la zona de restaurantes very nice, hasta Chapultepec, para entrar luego a la zona del Carmen donde alcancé a ver librerías de viejo y otras maravillas. Va por Prisciliano Sánchez y luego entra a Aldama y sigue por Medrano hasta llegar a Avenida Patria para, finalmente, llegar a la central de Autobuses.

En ese largo (y sinuoso) camino vi barrios donde venden ropa nueva al mayoreo, en otros se ofrecen zapatos al mayoreo también, o ropa de segunda, o aparatos para carros (alarmas, estéreos, etc.), o piñatas, o celulares y accesorios (incluido el servicio de Internet sin necesidad de Wi-Fi, para cualquier celular), o tapicerías que se anuncian como “muy chingones” porque en dos horas hacen las cubiertas para los asientos de cualquier carro o avión (dicen ellos).

Me gustó observar que la gente en esos barrios mantiene la costumbre de sacar sillas al frente de sus casas y sentarse a ver pasar el mundo. Eso se hacía en el Tepic que me tocó vivir. Es otro el universo cuando uno solamente pasea por los centros comerciales y las grandes avenidas del Guadalajara moderno. Descubrí mi lado andariego y aventurero (Mosqueda, pues) porque más de una vez me hubiera gustado bajarme para recorrer y explorar algunas de las zonas por las que pasé, pero necesito ir más ligera de equipaje para hacerlo. Lo bueno es que ya sé a dónde quiero ir y cómo llegar.

Llegué a León a las 10 de la noche. Fue un excelente día.

16 de diciembre: días de amigos y de relax

Sunday, December 16th, 2012

Es el inicio de la temporada navideña ¡las posadas comienzan hoy! Y en tres días estaremos totalmente de vacaciones. Los amigos se van para estar con sus familias, otros están llegando a la ciudad y  comenzamos a organizar las reuniones en pequeños grupos. ¡Han comenzado las fiestas realmente!

Me he reunido con los amigos que apenas he conocido “en vivo” y que participan en el área cultural de la ciudad. Una muy agradable velada, en mi casa. Luego, con mis ex alumnas y ex compañeros del Tec, para recuperar la amistad, recordar otros tiempos y actualizarnos, en restaurantes. Aunque las redes nos han permitido estar al tanto de los cambios en nuestras vidas, nada como la conversación fresca, en vivo, para una verdadera reconexión. Hay algunas amigas a las que todavía no veo, ocupadas en sus trabajos.

Tenemos a favor los días de las próximas dos semanas, pero cuando Pako esté en casa seré madre al 100%… aunque con la independencia de cada uno, por supuesto.  Será divertido, agradable y muy relajante. De hecho, el relax ha comenzado. Sí, hay muchas cosas que quiero hacer, mucho que quiero aprender y muchas lecturas a medias, pero esta semana me muevo a otro ritmo, paso más tiempo en la cocina, organizo mis cosas, hago alguna siesta, camino… y salgo con mis amigos!

En mis caminatas encontré unos hermosos muebles antiguos, y una especie de botica en la que venden aceites y extractos de plantas, entre ellas esencia de azahar (para hacer madeleines)! Hoy encontré botellitas de grappa (hecha en Celaya), unas cajitas hermosas y muchas más cosas en el mercado de Granjeros de la ciudad. Es bueno estar aquí, aunque extrañe tantas cosas y a mis amigos de Tijuana.

Mañana participo en una reunión con el grupo de cultura y seguro será una buenísima experiencia. Claro, también tendré que calificar los exámenes finales de las niñas del Colegio para entregarlos el martes, y subir las calificaciones. Y el miércoles tendremos el cierre del semestre. Pero luego será puro tiempo libre!

Por lo pronto es hora de dormir, para estar muy despierta en estos últimos días de trabajo.

12 de diciembre de 2012: te extraño Profe!

Wednesday, December 12th, 2012

Lo que sembraste sigue produciendo frutos. Gracias por ser el padre que fuiste y por darme los elementos de lo que me hacen ser yo. Manuel decía esta mañana que seguimos el modelo de valores y principios que nos diste con tu ejemplo. Espero que así sea y que no te defraudemos. Te quiero, papá.

8 de diciembre: la cocina y yo

Saturday, December 8th, 2012

Mientras preparo la miel para los buñuelos, la masa reposa y las guayabas para un atole están casi en su punto. Subo por mi laptop, para darle forma a un proyecto que en dos años no ha encontrado el momento de inicio. Al bajar a la cocina me envuelve el olor de la canela, el clavo y las guayabas. Recordé la novela de Jorge Amado “Gabriela, clavo y canela” pero también los olores de la cocina de mi casa. Debo decir las cocinas: la de mi casa propiamente dicha y la de la casa de mi tía Cuca, que también era mi casa; las dos casas eran un gran espacio comunitario, con los corrales y patios en los que jugamos tanto como quisimos y en los que encontrábamos frutas y flores, la gran pila bajo los limos, y la resbaladilla en la que me rompí el cóccix, jugando a subirnos de espalda.

Antes, cuando partía en trozos el piloncillo (así será más fácil hacer un café de olla) el gusto de la melaza me recordó dos cosas: los costales de azúcar y las botellas de “melado” que los trabajadores del Ingenio de Menchaca le regalaban a mi papá, y el trapiche del rancho de mi tía Margarita (hermana de mi abuela Hilaria), lugar donde pasamos varios veranos viviendo la vida simple y tan tranquila del campo (sin electricidad ni cualquier aparato moderno), en la que querer la fruta era estirar la mano para cortarla, tener sed era acercarse a un ojo de agua para saciarla y tener calor era meterse al Charco Largo a nadar. Otra vida, otros tiempos.

Volviendo a la cocina, no encuentro un momento en que no haya habido algo rico preparado por mi madre, mi abuela o mi tía. Nosotros, mis hermanas y yo, nunca cocinamos ni aprendimos a hacerlo. Yo he recuperado algunas cosas a través de mi memoria del antojo. Así nacieron los tamales, el lomo en salsa de coca cola o de cerveza, la carne con chile, los chilaquiles, etc. en mi cocina, por la pura memoria. Luego, he tenido la fortuna de que mi madre me comparta algunas de sus recetas: el pollo en blanco, la capirotada, el rompope, las galletas de nata y el coffee cake, por ejemplo. Otras cosas provienen de mis antojos, recogidos en las tantas partes en las que he vivido, y de las recetas que se comparten en línea o en los libros que compré hace 33 años, cuando Pako nació, y que me permitieron alimentarlo de manera más o menos razonable y prepararle los pasteles de cumpleaños.

Creo que por eso me meto a la cocina, para recuperar las memorias de mi familia y recuperarme yo misma.

3 de diciembre: Fin de semana entre libros y con mi hijo

Monday, December 3rd, 2012

Necesitaba unos días así, lejos de las cosas habituales y disfrutando de lo que me gusta y lo que más quiero. Esta vez no hubo planeación, excepto porque cuando decidí que me iba a Guadalajara compré los boletos de autobús en línea, para aprovechar el tiempo, y reservé hotel (lo cual fue un fiasco). Terminados mis pendientes en el Colegio y la Ibero, tomé mi backpack y los tamales que preparé para Pako, por su cumpleaños. Mi hijo, por cierto, andaba fuera de la ciudad pero regresaría por la noche.

Qué bueno que iba ligera de equipaje, porque aún sin tener hotel (no les recomiendo el Celta, si van a Guadalajara, por cierto) pude recorrer la FIL cargando mis paquetes. ¡Un verdadero placer! Lo único malo es que no hay tanto dinero como para comprar todo lo que se me antoja. Sin embargo pude adquirir algunos textos, otros me los regalaron y algunos pude hojearlos in situ. Encontré amigos en los pasillos y también encontré libros de texto de amigos (algunos que ya partieron, también) o libros que mencionan a amigos, que son otras maneras de reencontrarlos. Muy gratificante.

Lo mejor vino al salir, pasaditas las 9 de la noche: Pako me recogió en la entrada de la FIL, cuando sonaba la música de Surtek Collective en el Foro de la Feria. Conversamos, me puso al tanto de los avances y broncas de su proyecto, cenamos y pasamos un excelente rato. Mi chiquito andaba bastante enfermo, con sinusitis y demás problemas respiratorios. Estrés, en gran parte.

El sábado temprano regresé a la FIL mientras Pako trabajaba un rato; al medio día me recogió para ir a comer, al cine, a tomar un buen café y a caminar por el Paseo Chapultepec, lleno de artesanías, música y puestos de libros usados, y muy concurrido. En el cine vimos “El origen de los guardianes” y lo que más disfruté fue ver a mi chiquillo disfrutar la película como eso, como chiquillo! Nada se compara con ver a Pako contento y relajado.

Pero se terminó el fin de semana. Había comprado boleto para regresar a León el domingo a las 3:45 de la tarde, pero cuando Pako me recogió en el hotel eran las 2 P.M. y me invitó a comer. ¡Ya qué! Fuimos a Plaza Andares, lleno de tiendas de lujo y de buenos lugares para comer. Elegimos P.F. Chang y fue una excelente decisión. Caminamos por la plaza, curioseando, antes de que me llevara a la Central de Autobuses. Finalmente salí de Guadalajara a las 5:40.

Otra vez tengo que dar gracias! Por todo lo que recibo pero, principalmente, por este hijo y la oportunidad de convivir con él.

27 de noviembre: una lección aprendida

Tuesday, November 27th, 2012

Yo sé que hay cosas que no sé. Y esta vez me costó 1500 pesos aprender algunas:

  • Decir la verdad no es saludable ni conveniente
  • Debes negar cualquier cosa que te vincule con cualquier hecho
  • Hay que asumir una posición de víctima ante las autoridades (sobre todo si son hombres)
  • Hay que aprender a transar

No quiere decir que vaya a poner esto en práctica, pero sí que nunca me presentaré como testigo de lo que sea.

Uno siemppre habla de la falta de responsabilidad civil de los mexicanos. Pero hasta que me involucraron en un argüende y me hicieron pagar por daños que no cometí, me doy cuenta de que en este país, por lo menos, uno es culpable desde el principio y sin que haya la menor de las evidencias. Basta una denuncia, un picapleitos muy amigo del agente del Ministerio Público y, para cuando lo citan a uno, el caso está armado y la decisión tomada.

Lo peor es confiar en que diciendo la verdad se resuelven las cosas. No es el caso: decir que uno estuvo cerca del lugar de los hechos o que recuerda algo, es la declaración tácita de culpabilidad.

Tampoco es sensato argumentar, sobre todo si uno es mujer. Aparentemente, por lo que vi, hay que mostrar vulnerabilidad, parecer víctima y hablar con ese modito que a mí me enferma. En este caso, el MP dejaba hablar a la mujercita pero no a mí.

Pensar en llevar a cabo el proceso de demostrar la inocencia es lo menos acosejable. Desde el mismo MP (quien ya tenía todo arreglado con el abogado de la doña) que me dijo explícitamente que le estaba quitando mucho tiempo con mis alegatos,  el abogado que me explicó lo que sería el proceso completo, y el defensor de oficio quien me aseguró que lograr un arreglo con el fin de no perder tiempo en diligencias no era equivalente a corrupción (la corrupción es ilegal, dijo). Lo correcto es transar para no cansarse. Evitar el pleito a toda costa. Los principios, la ética, etc. no tienen porqué aparecer.

Que nadie se extrañe entonces de que nadie quiera testificar, apoyar a otros, denunciar atropellos reales. Me queda claro. Y sí aprendí.

20 de noviembre: muchos recuerdos, muchas alegrías

Tuesday, November 20th, 2012

Porque ayer se cumplieron 21 años de que murió mi abuela Hilaria, mi abuela materna y quien siempre vivió a nuestro lado. Le tocó cuidarnos y enseñarnos mucho de lo que sabemos (a los que quisimos aprender escuchándola, claro). Yo he sido privilegiada de muchas maneras.

Ser la mayor de los hijos de mis padres me permitió aprovechar al máximo el año y medio en el que fui hija única y establecer esa relación con mi abuela sabia (ella sí) a través del lenguaje. Muchas palabras que ya no están en uso corriente las aprendí de ella, palabras que luego encontré casi iguales en el francés, por ejemplo. Modos de hablar, modos de ser, y eso que ahora se llama “topología para el jardín de niños” y que mi querido profesor André Revuz me hizo conocer (re-conocer con ese nombre, para mi sorpresa) hace unos 30 años. “Muchacha tráeme ese X que está encima del Y”, o “detrás de” o “debajo de”, etc. Y las primeras letras: “en la caja de FAB está tal, tráemelo por favor”. Pero también las historias que nos contaba, a veces subidos en la cama mientras afuera caía un aguacero, a veces alrededor de una fogata en el rancho de mi tía Margarita, su hermana. Historias que más tarde reconocí en “Las Mil y Una Noches” (edición de Aguilar), entre otros textos.

Mi abuela era de antojos para compartir: las gorditas picadas con asientos, para las que hacíamos fila, el atole tonto, las tacachotas y tantas cosas que preparaba. Mi gusto por el café seguramente también viene de ella que lo cultivaba, recolectaba, tostaba y molía, cuando vivíamos por la calle Zapata, en Tepic. Sin olvidar, por supuesto, los tamales que preparaba en cada uno de mis cumpleaños hasta que cumplí 15… porque entonces me mandaron a estudiar a la Ciudad de México y ya no hubo festejos cumpleañeros. Le gustaba cantar y bailar, y adoraba a sus hermanos y hermanas tanto como a cada uno de nosotros.

Todo eso recordaba ayer, será por eso que me puse a preparar antojos.

Hoy recuerdo que hace 33 años, a esta hora (las 8:00 P.M.) estaba en una cama del Hospital Tenon, en el 20º. Arrondissement de París, esperando la llegada de mi hijo, quien nacería unas 12 horas más tarde. El cambio total de mi vida. No que haya dejado de hacer cosas, todo lo contrario, solamente que el sentido de lo que hacía (lo que hago) cambió. No sé cuál era antes ese sentido, aunque seguramente hacía las cosas por gusto. Pako llegó en el momento justo por más de una razón y, aunque nunca se me había ocurrido ser madre ni estaba preparada para semejante empresa, encontré la mayor de las razones para continuar estudiando, aprendiendo, trabajando y esforzándome.

No sabía cocinar en lo absoluto pero el chiquito me hizo aprender de vegetales, carnes, cereales y demás, con la generosa ayuda de los marchantes del barrio donde vivíamos desde que Pako nació (15º. Arrondissement). La Rue Lecourbe, la calle en la que vivíamos, está(ba) llena de locales comerciales: panaderías, fruterías, verdulerías, carnicerías diversas (res, cerdo, aves, de caza, de caballo), queserías, etc. Una maravilla de barrio y una maravilla de comerciantes que me explicaron desde qué tipo de carne sirve para qué cosa hasta cómo preparar algunas de las delicias de la charcutería francesa. Pako salió ganando, claro.

Muchas cosas he aprendido con/de este hijo que nació con el chip correcto y bien instalado. Muchas alegrías y muchas satisfacciones. Muchos aprendizajes han sido explícitamente sugeridos por él (muchas cosas de tecnología, por ejemplo) y mucho hemos compartido en este camino.

¿Qué más que dar gracias por estos tesoros?

10 de noviembre: un día perfecto

Saturday, November 10th, 2012

Muchas semanas sin pasar por aquí y tantas cosas que han pasado: en las escuelas, en mis vueltas por todos lados y con mis contactos.

La semana pasada estaba en casa de mi madre, festejando por adelantado su cumpleaños. Un viaje rápido a Tijuana para terminar mis trámites con el ISSSTE y aprovechar todo el fin de semana con mi má y mi hermana Nidia, básicamente. Son viajes extenuantes y un poquito caros, pero que valen mucho la pena. Tienen de todo: tristezas, decepciones, y carreras pero, sobre todo, muchas alegrías.

Este fin de semana me corresponde ser madre, el papel que a lo mejor no desempeño tan bien como debiera pero que disfruto enormemente. Desde ayer viernes comenzó el relax que necesitaba. Pako llegó cuando iba iniciando el partido del León contra el Atlas.

Sí me puse en papel de mamá y preparé un desayuno muy casero con jugos y chilaquiles con pollo (a mi cargo) mientras que el ritual del espresso estuvo a cargo de  Pako.  Dulce dice que Pako habla igual que yo (mucho y rápidamente), y así transcurrieron los preparativos, el desayuno y la larga sobremesa, actualizándonos respectivamente sobre nuestros trabajos y experiencias de las últimas semanas. A mí me hacía falta esta conversación.

Luego salimos a Plaza Mayor a poner nuestros celulares en orden y a caminar un rato. Platicar y platicar de ida y de vuelta y mientras una muy atenta señorita descifraba nuestro enredo de cambios de chips, aparatos y números. Ya no tengo teléfono de prepago, y todavía me falta actualizar mi agenda!

Comer, ¿en dónde? Nos decidimos por el “Punta del Este” en el camino a Centro Max.  Muy agradable el ambiente y buena la comida. Lo mejor, por supuesto, la conversación (sí, hablamos mucho). Y de ahí directamente al cine, para ver “Amigos”, traducción de “Intouchables”. Muy divertida! Y ya sé cuál será la siguiente que vea: “Les Miserables” (versión musical). En total pasamos unas 9 horas conversando y compartiendo.

De regreso en casa cada uno se puso a hacer lo que acostumbra a estas horas, respetando como siempre el espacio del otro. Y se nos acabó el día.

Estoy contenta, ralajada y tranquila. Necesitaba mucho esta convivencia y ver a Pako relajado.

Creo que hoy dormirré como Dios manda!