Archive for June, 2018

15 de junio: mi encuentro con mis excompañeras

Friday, June 15th, 2018

Febrero: me fui a pasar tres días a mi pueblo, para festejar mi cumpleaños a mi modo.

Previamente había soñado con Nely Robles y, durante el sueño, había recordado su teléfono (cinco dígitos, en la época) y pude recomponerlo en la marcación actual. Al tercer intento me contestó ella misma, inconfundible a pesar de los años, muchos, de no tener contacto con ella. Me contó que hacía poco se habían reunido las ex compañeras de la secundaria (éramos 70 en tercer año, en un solo grupo, y yo no podría identificar a más de una decena, por su nombre, de las cuales la mayoría serían de compañeras mías desde la primaria) y que hubiera sido bueno juntarme. Le pregunté si habían buscado a Raquel, mi verdadera amiga desde los 6 años, durante toda la primaria y secundaria, y respondió que no porque “ya sabemos que no está en condiciones”. Por supuesto que yo no hubiera asistido; ya lo habían intentado en algún momento del año 2000 para celebrar que todas (muchas, porque había algunas compañeras que eran hasta tres años mayores que nosotras) cumpliríamos 50 años en esa época. También entonces pregunté por Raquel, también entonces me dijeron que no la incluían. Y yo decidí que no tenía nada qué hacer en un grupo enorme de mujeres en crisis de la edad.

Acepté que nos reuniéramos “con las que puedan” sabiendo que sería difícil reunir a esa cantidad de mujeres y que muchas de ellas no querrían involucrarse conmigo dada la personalidad que ellas mismas me construyeron (pareces vago, eres comunista, tienes muchos amigos, etc.). La realidad es que SOY un vago, que nunca he sido ni comunista ni cosa que se le parezca y que sí tengo muchos amigos desde mis 16 años, para bien mío.

Llegué a Tepic y visité a mi tía Esperanza y a Raquel. Con Raquel comenté el probable encuentro con las excompañeras, invitándola, pero se negó. Conversamos un buen rato y quedamos de vernos al siguiente día para festejar nuestros cumpleaños (ella cumple el 9, yo el 18) comiendo en forma. Paseé un poco y me entretuve en la plaza escuchando un mariachi tradicional, lo que originalmente es el mariachi, surgido en Nayarit (no el modernizado por los jaliscienses) y tocando sones muy nayaritas, la Negra entre ellos. Por la noche me puse de acuerdo con Nely: había contactado a unas seis amigas que asistirían al día siguiente a tomar café en el restaurante del Hotel Fray Junípero, justo enfrente del hotel donde me hospedo habitualmente; la cita era a las 5 de la tarde.

Por la mañana acudí, como siempre, a almorzar al mercado y a comprar fruta en las carretas de las calles aledañas; compré café nayarita en tres partes distintas, aretes y pulseras huicholes; y pomada de peyote, para llevarle a mi comadre cuando vaya a TJ, en julio. La mañana se me fue en paseos; al medio día fui por Raquel y comimos en un restaurante vegetariano. A medio camino nos encontramos a una familia de músicos wixárika/huichol que me dedicó el “Corrido de Nayarit” para que lo grabara completo. Es tan grato sentirse envuelto por la cultura local y sentir que es ahí a donde uno pertenece, independientemente del lugar de residencia.

Dieron las 5 P.M. y me dirigí al restaurante para encontrar a las excompañeras. Las busqué sin éxito y me fui a esperarlas al lobby; les mandé un mensaje y un rato después me llamaron paa preguntar dónde estaba. Tampoco ellas me habían reconocido cuando entré a buscarlas. Nely y Billy (Luz Elvira) son las únicas dos con las que mantuve algún contacto hasta los 20 años, más o menos. Había otras dos, desconocidas para mí, aunque reconocí el nombre de una de ellas cuando se presentó. Jolgorio grande, y comenzamos a ponernos al día, o algo así. Yo había anticipado que, conociendo les mœurs, les daría información suficiente para que siguieran hablando de mí por los siguientes 50 años, y no me equivoqué. Querían saber todo de mi vida; por supuesto que no les daría acceso a Facebook para que se enteren de mis andanzas, pero siempre puedo dosificar lo que parece relevante para ellas y adicionarlo con fotos, anécdotas, etc. Mis exmaridos (“¿no estabas enamorada de Tony?”, NUNCA, “siempre lo creímos”, cada uno cree lo que le parece), mi hijo (mamá gallina saca las mejores fotos del escuincle y sus paseos, y hace un recuento de sus logros) y …

Y en ese punto alguien me llamó por mi nombre “Blanca Parra”, escuché y volteé a mi izquierda. No la reconocí, así que pregunté Y tú, ¿quién eres? “Yuya Rosales, ¿no me reconoces?”. No, dije, es que recordaba que eras más alta. “Siempre he medido lo mismo”, replicó, y ya no supe que otra mentira contar para disimular. En alguna parte en este blog conté de ella y su familia. Fuimos compañeras de kínder a secundaria y solíamos frecuentarnos mucho, viviendo sobre la misma calle, a escasos 30 metros una casa de la otra. Y sin embargo no recordaba su rostro.

Dijo que tenía que irse pronto por lo que a ella tendría que contarle todo rápidamente. Hice un recuento breve de lo que antes había compartido y comenté que en mi blog había mencionado a su familia por lo cual su hermano me había contactado de alguna manera y que me había pedido que corrigiera lo dicho en mi blog: en su casa había caballerizas y no solamente pasturería; y que lo hice sin problema. Ella confirmó el asunto y preguntó si recordaba que además de los coches, la camioneta y la bicicleta -en los cuales el Cano, el chofer e IBM de esa familia, nos llevaba y/o nos recogía a/de la escuela- también tenían una carreta en la que el mismo Cano nos llevó a pasear alguna vez. Tuve que hacer memoria, rápidamente. Cierto, dije; nos llevó a dar una vuelta por las calles alrededor de la casa en un cumpleaños de tu papá, en el que fuiste la reina del palenque (privado, en la casa) y yo fui tu princesa. Hasta recuerdo mi vestido azul, de falda de varias capas de gasa y la blusa de satín o tafeta, sin manga y de cuello redondo; y recuerdo que me peinaron con un chonguito. “Pero llegaste con la corona de María Luisa”, dijo con resabio.

¿Cómo?, pregunté; porque de eso sí no tenía ni tengo recuerdo alguno. “La corona de tu prima, que fue reina de un antro”. No; Licho fue reina del Carnaval en el barrio en el que vivíamos (barrio al cual pertenece su familia, por cierto) y la coronación fue en el casino Olímpico, también en el barrio, repliqué. “Pero llegaste con esa corona”. Me aguanté la risa, porque yo no recuerdo el hecho, pero puedo suponer que mi tía Cuca, mi segunda madre y madre de Licho, fue quien decidió ponerme el accesorio e imagino, dada su personalidad y su cariño por mí, que debió decir algo así como “princesa, ni madres; tú eres reina”, antes de mandarme al festejo.

Cambiamos de tema, las otras le hicieron saber de mis estudios en Francia a lo que respondió que ella hizo allá una maestría y la habían tratado muy mal, por lo que antes de regresar les advirtió lo equivocados que estaban con respecto a ella y que algún día se darían cuenta de que ella tenía razón. Los franceses. OK.

Me hicieron decir de quién había estado y sigo estando enamorada; no lo conocen, dije, pero describí brevemente al amor de mi vida. Pasamos a los asuntos de trabajo y Yuya dijo que había trabajado en el Tecnológico de Tepic. Entonces tú si lo conociste, dije, y di el nombre y la circunstancia de su muerte. “Sí, lo mató uno de sus alumnos, por una calificación”, dijo corroborado. Lo siguiente que recuerdo es que se puso de pie diciendo muy lentamente “Altísimo, guapísimo, moreno, de ojos verdes; ¿tú?”. Yo; yo que añoro la fina estampa, pero infinitamente más el ser.

No supe en qué momento se fue, porque luego pasamos al divertido asunto de repartir la cuenta según lo que cada un había consumido. Hora y media hasta que hice lo inusual: hacer yo la cuenta de cada una. No quiero imaginar la cara del mesero que escuchaba a un grupo de mujeres de la tercera edad que olvidaban lo que se les acababa de decir y se enredaban una y otra vez con los gastos.

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Georgina, Yuya, Bertha, Yo, Nely, Billy

Regresé al hotel y le mandé un mensaje a mi mamá para que me confirmara lo de la corona. Si yo no tengo recuerdo mi amá ni siquiera se enteró de que fui princesa ni de la fecha en la que Licho fue reina (y también fue reina de la playa, por cierto). Mandé un mensaje a Mari Cruz, la hija mayor de Licho; respondió con la foto de la coronación y la fecha: Carnaval de 1955; yo acababa de cumplir cinco años, un mes antes, y tenía razón en que había sido mientras estaba en el kínder y de que tenía el pelo largo para hacerme un chongo; porque la foto de la fiesta de coronación de mi prima me muestra con el pelo largo peinado en caireles, con un vestido blanco y con mangas largas. Y muestra la corona.

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Yo a los cinco años, y mi vestido de pincesa como lo recuerdo

1955 mi prima fue reina y yo su paje

Mi prima en su coronación. Yo en la esquina inferior. Imaginen esa corona en mi cabeza

Sigo divertida por lo que se refiere a ese punto. Sigo sorprendida por la otra reacción y esa pregunta de incredulidad “¿Tú?”. Yo, yo y mi enorme privilegio, el que agradezco a la vida.

El siguiente día, el día de mi cumpleaños, dediqué la mañana a estar a solas con mi dulce fantasma, mi fina estampa, en nuestra banca de la Alameda; conversé y le escribí, como siempre. Luego fui a San Blas a comer, acompañada por mi primo Alonso. En el malecón nuevo decidí caminar por un andador solitario. Ahí estaba mi regalo de cumpleaños:

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Mi regalo de cumpleaños, en mi camino solitario

Es similar al que encontré en mayo de 2017, también en San Blas, al comenzar a caminar en la playa. Un día antes, en la misma banca de la Alameda, había pedido una señal de que seguía caminado conmigo.

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A la iquierda, mi regalo de mayo de 2017; a la derecha, el de mi cumleaños 68

Yo y mi privilegio, que sigue siendo solamente mío.

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12 de junio: la cartera que encontré

Tuesday, June 12th, 2018

He ido dejando cosas que pensaba relatar, con pequeñas notas para recordar cada asunto, pero el tiempo ha transcurrido sin que me ocupara de esas historias.

  1. La cartera que encontré en el baño de la Central de Autobuses de Guadalajara, unos minutos antes de salir para León, hace unos meses.
  2. Las sorpresas divertidas de mi encuentro con mis excompañeras de secundaria
  3. Lo que esas historias trajeron sobre mi historia personal y, particularmente, sobre mi relación con mi madre
  4. Lo que las vueltas y vueltas sobre mi reconstrucción personal aportan a mi visión del pasado que añoro
  5. Mi inscripción a ESFM, hace justo 50 años, descartando ya la arquitectura y, sin saberlo, definiendo aspectos de mi vida futura que nos llevarían a alejarnos. Y comprender que en tu poema de enero ya lo anticipabas sin que yo entendiera tu queja.
  6. Y vuelta reconstruir mi historia sobre mí misma.

Vueltas y vueltas.

  1. La cartera.

Me parece que era negra, con un cierre alrededor y tres o cuatro departamentos que contenían una tarjeta de débito, una muy pequeña libreta de notas, arracadas de fantasía envueltas en papel de china, un celular muy sencillo con unos tres contactos en su memoria, unos 200 pesos y una tarjeta de Coppel.  La encontré sobre el dispensador de papel sanitario en uno de los baños de la Central de Autobuses de Guadalajara, minutos antes de salir para León. Los números telefónicos de los contactos eran de León, de CDMX y de Tijuana; la tarjeta de Coppel era de León; asumí que la dueña viajaría en el mismo autobús que yo o que la encontraría en los alrededores.

Pedí que vocearan a la dueña, a partir del nombre en las tarjetas; primero en el mostrador de Primera Plus y luego dentro del mismo autobús en el que yo viajaría a León. La gente me miraba con cara de fastidio y sin entender por qué quería yo encontrar a la mujer. De todas maneras, nadie respondió a los llamados.

Comencé a marcar a cada uno de los contactos registrados, sin éxito, hasta que la batería del telefonito se agotó. Llegué a León pasadas las 10 de la noche, esperando dedicar parte de la mañana siguiente a encontrar  a la mujer de la que solamente tenía el nombre y los tres contactos. La señora Silvia tampoco entendía mi empeño en encontrarla. En la libretita encontré el NIP de su tarjeta de débito y lo destruí antes de que a alguien se le fuera a ocurrir algo. Nada pude saber a través de Coppel. Seguí llamando a cada uno de los contactos, sin éxito. Al cabo de unos días desistí: destruí las tarjetas, le di a la señora Silvia la cartera con todo su contenido, excepto por la libreta y una pequeña bolsa de plástico con imágenes. Luego destruí las tres hojas que tenían algún escrito.

Recuerdo uno de los escritos, en el que se marcaban fechas de encuentro con uno de los contactos telefónicos, alguien dedicado a hacer sanaciones, limpias, amarres y todo ese tipo de “trabajos”. Revisé la bolsita con imágenes y encontré oraciones a San Cipriano, al “ánima sola de Juan Minero”, al “Espíritu Intranquilo”, una “oración Atrayente” y una de “Amarre Total”. Adicionalmente, cinco recortes con otros tantos conjuros para asegurar el amor y la permanencia de alguna persona.

Una mujer sola y rogando por el cariño de un hombre, evidentemente. Más que por el cariño, por la posesión completa de la persona, a juzgar por lo que se pide en las oraciones y conjuros. Por ejemplo, la oración de Amarre Total reza:

Por los poderes de San Cipriano y de las tres Almas que vigila: Él viene ahora sobre mí. Enamorado, lleno deseo por mí. Cualquier mujer que esté en su cabeza se va. Que Él tenga la certeza de que soy la mujer de su vida. Que al comer piense en mí, que al dormir piense en mí; que sólo quiere verme, olerme, tocarme. Que sólo quiera besarme, abrazarme, cuidarme, protegerme las 24 horas de todos sus días. Espíritu de Rosita Alvirez, del Caballo Prieto y de Santa Inés del Monte Perdido: que sin mí se sienta perdido; que se sienta perdidamente enamorado de mí. Te agradezco, ¡Oh, San Cipriano! por interceder en mi favor para enamorar a __________ y traerlo cariñosos, derrotado, dedicado y fiel, lleno de deseo a mis brazos. Amén. (Rezar tres días consecutivos).

El refuerzo viene con un conjuro, en uno de los recortes:

Espíritu dominador que dominas en los planes terrenales y espirituales, te llamo tres veces para que vengas y te manifiestes en este Polvo de Amor y Cariño y que, por medio de Él, me concedas el amor y cariño de __________________________
ven pronto y rápido que dominado te tengo, por el poder y meditación del Espíritu Dominador.

Espíritu de Juan Minero, tráelo

Espíritu de Caballo Prieto, Ciégalo de amor por mí.

Espíritu de Juan Perdido, Búscalo y tráelo a las puertas de mi casa.

Espíritu de Rosita Alvirez, enamóralo y nunca lo dejes, hasta que rendido y humillado venga a las puertas de mi casa.

Estos dos elementos concentran el resto de las peticiones. Se deduce que aparte de pagar por las sesiones con el “sanador” -y probablemente el viaje en cada ocasión-, hay que comprar las estampitas plastificadas de las oraciones, las velas y los polvos de amor a los que hacen referencia. Más que pensar en los niveles de credibilidad de la dueña de la cartera, de su necesidad de aferrarse a algo, me pregunto: ¿de qué tamaño tiene que ser la soledad de uno para ir a confiar los anhelos y pesares a una de estas personas?

En mi visita a Guadalajara, en febrero, después de almorzar con mi prima Licho y su cuñada Lupe, me dejaron en el centro de la ciudad; buscando pitayas, ciruelas y nanches llegué el remodelado mercado Corona, que recorrí de arriba a abajo (encontré los antojos en los puestos externos). En el segundo piso tropecé con el área de hierbas, veladoras y elementos para sanaciones, conjuros y demás. Leen cartas, hacen limpias, etc. A la mitad de uno de los estrechos pasillos, al pasar, me llamó una mujer que para mí había estado invisible; me sobresalté, y algo en mí y mis muy breves respuestas la llevó a decir alguna cosa respecto a mi estado real, no visible, que me sorprendió; pero no quise indagar ni darle elementos adicionales, y ella no insistió. Es seguro que se dan cuenta de la fragilidad de las personas y que insisten con aquellas en quienes reconocen la necesidad de escucha o de compañía, o la desesperación ante algún desastre en sus vidas. Pero una cosa es que yo cuente mi vida en las redes sociales, y otra, muy distinta, que cuente mis secretos a desconocidos.