26 de marzo: Tres animales en busca de… (tarea 2b)

Friday, March 30th, 2018

Se desperezó como si volviera de un largo sueño; se sentía relajado, como si nada pudiera turbarlo en el futuro próximo. Se estiró y abrió los ojos para encontrar a un pequeño minino que lo miraba con curiosidad, sin acercarse demasiado.
“Hola, pequeño, ¿qué haces aquí? ¿Estás perdido?”, inquirió.
“Hola, gordito”, respondió el impertinente chiquillo, y todavía añadió: “¿por qué traes máscara? ¿Acaso eres mimo?”

Terminó de despertar; el lugar tenía algo de familiar pero no era un entorno en el que hubiera estado antes, y no tenía idea de cómo o por qué estaba ahí. Parecía un gran jardín, pero era demasiado grande para estar dentro de una casa; el sol apenas asomando por entre los árboles, muchos murmullos y revoloteos alrededor. Las aves parecían entretenidas en procurarse alimento y bebida, aunque se escuchaban algunos trinos. Sonrió y respondió calmadamente:“no es máscara ni soy mimo”; soy un oso panda y éste es mi aspecto: gordito, pachoncito, en blanco y negro. Puedes llamarme Panda, simplemente.”
“¡Ah! Pues tú puedes decirme Gatito, porque no tengo otro nombre”.

“¡Turistas!”, exclamó alguien con voz potente que los hizo volverse con cuidado.
“¿De paseo por la ciudad?”, preguntó el curioso. Panda y Gatito miraron sorprendidos al bello ejemplar frente a ellos; era un majestuoso tigre de mediana edad que parecía amigable, hasta donde un tigre puede parecerlo. El instinto los hizo ponerse en guardia aunque Panda era suficientemente grande y fuerte como para enfrentar un ataque y Gatito, a fin de cuentas, era un pariente muy cercano del hermoso animal; por otro lado, como buen felino, sabía instintivamente cuáles eran sus fortalezas y no estaba dispuesto a perder una vida: su tamaño y agilidad le permitirían trepar árboles con mucha facilidad y esconderse en cualquier hueco entre dos piedras, por ejemplo.

“Hola, señor tigre”, contestó Panda. “Gatito y yo hemos coincidido en este punto, por casualidad; soy, como es bien evidente, un oso panda y me siento feliz de encontrarme en este lugar que, sin embargo no conocía. Este pequeñín estaba a punto de contarme qué hace aquí.”

“Hola, señor tigre”, dijo copiando el saludo de Panda porque, en algunas circunstancias hay que atenerse a los protocolos para limitar conflictos potenciales. “Pues soy un gatito, y supongo que me dormí y vine a dar aquí por accidente. Porque no es usual que me saquen de mi casa; tal vez mi humana se dé cuenta de mi desaparición y comience a buscarme poniendo anuncios en las redes sociales, ya saben ustedes”. Dehecho las miradas que intercambiaron Panda y Señor Tigre mostraban que no tenían idea de qué era eso de redes sociales; como sea, Gatito prosiguió: “lo que digo es que no me preocupo porque sé que mi humana no descansará hasta recuperarme; esperaré hasta entonces haciendo lo que más me gusta: divertirme.”

“¡Excelente!”, dijo Tigre, habiendo solicitado que no lo hicieran sentir diferente del resto poniéndole títulos. Continuó: “lo mejor de todo es que ninguno ha causado una mala impresión en el otro, y eso es saludable para la confianza. ¿Puedo sugerir un paseo?”

“Por su puesto”, dijo Panda, “tú pareces conocer la zona”
“Me encanta la idea”, replicó Gatito, ansioso por encontrar diversión.

“Tengo años viviendo aquí”, comenzó a explicar Tigre. “Disfruto mucho de cada uno de los detalles del entorno, pero hacia mucho tiempo que no me dejaba ver como hoy; me mantuve agazapado por un largo periodo, esperando la ocasión de encontrar con quien compartir este espacio e intercambiar, pero necesitaba ser apreciado por lo que soy, que no desconfiaran de mí, que vieran a través de mi piel.”

“Haremos un buen trio”, aseguró Panda mostrando su lado más empático, desarrollado a lo largo de muchos años al lado de una mujer sabia que lo había recibido siendo un bebé y quien lo cuidó hasta su ausencia terrenal, porque ¿quién sabe si no continuaba mirando por él?

“¡Yey!”, Gritó Gatito, emocionado al ser reconocido como igual por tan bellos adultos. No conocía muchos adultos y los que ocasionalmente estuvieron cerca solamente lo habían mirado de lado, sin siquiera tocarlo.

Mientras caminaban, sintiendo el frescor del viento, aspirando los aromas silvestres y llenándose de los ruidos y zumbidos de las aves e insectos alrededor, comenzaron a compartir trozos de su vida al tiempo que buscaban saber qué suerte los había reunido en ese lugar.

Panda estaba realmente feliz y comenzó a dar detalles de lo vivido: “verán, yo solía habitar en un sitio cuyo follaje y clima eran muy similares a los de este lugar, también rodeado de plantas y árboles que creaban una suave brisa al caer la tarde, un viento que arrullaba el atardecer con aromas de cañaverales, de árboles de frutas variadas y de plantas relajantes, impregnado de polen de amapolas, violetas silvestres y manzanilla; por supuesto que había abejas, y hasta avispas, pero nunca me hicieron daño porque mi piel es muy resistente y porque mis colores no atraen a los bichitos. Quien me cuidaba tenía una bella voz, suave y cálida; las más de las veces solamente canturreaba bajito, como si fuese sólo para ella, y entonces la humedad podía empañar sus anteojos -alcaparras, diría ella. Cuando alguna lágrima llegaba a tocarme yo no osaba mirar, parecía algo muy íntimo y muy doloroso; nunca escuché que alguien hablara con ella al respecto. Pero a veces cantaba sones y corridos alegres o festivos y transmitía alegría en cada movimiento de sus manos y sus pies, en cada caricia y hasta en cada jalón de orejas que llegaba a darme cuando, inadvertidamente, yo rompía o enredaba algo de lo que usaba en su quehacer. ¡Les aseguro que nunca fue intencional!l

Rieron todos, tal vez para contrarrestar un asomo de sentimentalismo.

“La mujer que describes tiene un parecido con mi humana”, afirmó Gatito que ya empezaba a preocuparse de que no lo buscaran y, por mucho que quisiera divertirse, extrañaba su hábitat. Y prosiguió: “los gatitos generalmente vivimos dentro de la casa de algún humano, aunque ya sé que hay gatos callejeros o de barrio; ellos nos proporcionan cuidado y alimentos y un sitio cómodo para dormir, aunque podemos ocupar otros espacios dentro de la misma casa. Cuando está en casa, mi humana me tiene cerca de su regazos y me apapacha pasando sus manos por mi pelaje; de vez en cuando le proporciono alguna distracción, que no siempre es muy bien recibida porque la obligo a reparar algún desperfecto que no era, de ninguna manera, intencional. Lo bueno es que rápidamente olvida el incidente, y volvemos a comenzar. Algunas veces me lleva consigo de viaje, pero es un riesgo que puede conducir a … lo que ha conducido hoy. Estoy perdido para mi humana y yo sí que no encuentro mucho parecido entre este lugar y el que habito regularmente.”

”Coincidencias”, interrumpió Panda. “También era mujer quien me cuidaba y me daba cariño. ¿Canta tu humana, como la llamas?”

“¡Noooo!”, respondió Gatito apresuradamente. “Bueno, a veces lo intenta mientras me acaricia y algo de lo que escucha en la radio le suena conocido o hace que se detenga para escuchar atentamente. Pero su voz dista mucho de la que tú describes; a veces como que se le atora algo en la garganta, entonces se calla de golpe y me pone de lado”, dijo como concluyendo.

Panda se volvió a Tigre, que había estado escuchando sin interrumpir: “Y tú, aquien extrañas que antes te ha mirado como dices, traspasando la piel?”

“Yo también pertenecí a una mujer, para seguir con las coincidencias”, respondió Tigre. “Me abandonó muy pronto y nunca supe la razón, pero me dejó libre en este mismo lugar. No volví a pertenecerle a nadie, en ningún sentido. Nadie ha sido capaz de mirarme profundamente, reconociendo en mí lo valioso y sin dejarse llevar por la apariencia”.
“¿Se puede?”, interrumpió Gatito, “porque así, de buenas a primeras, muchos podrían asustarse.”
“Se puede”, afirmó Tigre, “pero no cualquiera tiene esa capacidad: dejar de mirar las rayas para adentrarse en el ser. Ella me miraba con ilusión, como si yo fuese otra cosa, un transportador en el tiempo y el espacio; ¡parecía tan feliz! Fue después que pareció confundida y prefirió liberarme; no me puse a esperar a que me buscara, como pretende hacerlo nuestro amiguito. Acepté la libertad pero no me he alejado del entorno en el que se sentía orgullosa luciéndose en mi compañía. Realmente me amó en el corto tiempo que me tuvo con ella, y espero que mi recuerdo la haya acompañado alguna vez, como a mí el de ella. Tal vez no la reconocería si volviera a verla, aunque seguramente su olor, su aroma propio, me permitirían identificarla. Pero, ¡vamos!, no quiero ponerme cursi ni repetir frases hechas”.

Volvieron las risas, rompiendo cualquier barrera que pudiera quedar.

Panda se sentó en el rodete de una fuente, los otros se sentaron a los lados. “Somos unos nostálgicos”, dijo mirando a uno y a otro, “incluso este pequeñito. Escuchándolos y recordando mi propia narración me vino a la cabeza que pareciera que estamos trenzando o destrenzando algo.”

“¿A qué te refieres, Panda?”, pregunto Tigre.

“Es curioso, pero de pronto me pareció que nuestras historias están cruzadas, pero no sé si estamos trenzando, para llegar al extremo final, o destrenzado para alcanzar el origen”, sugirió Panda.

“No hace tanta diferencia”, dijo Tigre aceptando la idea, “hacia atrás o hacia adelante, de todas maneras no conocemos lo que sigue y, de alguna manera, ambos son futuro.”

Gatito no opinaba, se limitaba a escuchar y a tratar de comprender algo tan complejo y que sus amigos parecían entender de manera simple. No era precisamente la diversión usual, haciendo travesuras para distraer y hacer errar a su humana. Era otra forma de disfrute, pero ese juego estaba resultando cansado para un chiquito acostumbrado a la actividad y no la reflexión. “Tomaré una siesta”, anunció, “a lo mejor mi humana ya me está buscando y es mejor que me quede quieto un rato”, y se durmió en cuanto encontró un lugar fresco y cómodo, sobre un montón de hojas secas.

“Tal vez sea una buena idea hacer lo propio”, reconoció el espíritu de gato que había en Tigre. Panda aceptó, pues siendo el más viejo también estaba un poco cansado. Ninguno de los dos reconoció que necesitaban pasar un rato con sus respectivas dueñas, trayéndolas de vuelta a la realidad de los sueños.

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