26 de febrero: ayer estuviste conmigoo

Monday, February 26th, 2018
Abordaste conmigo el autobús, a las 7:10 A.M., y me di cuenta por la música. De Club Verde a 100 años, pasando por Entrega Total. Ahí te dije que me lleves cuando quieras, y supe que será un mango verde verde que algún día alguien me ofrecerá, como si fuera la manzana para Blanca Nieves, pero que no ha llegado el día porque hasta la vendedora de la carreta, en Tepic, decide que mejor me da uno sazón.
Me acompañaste en el almuerzo, y lo supe cuando el grupo que se instaló casi recién llegadas al restaurante, comenzó cantando “Hay unos ojos”, y cerró nuestra permanencia ahí con “La negra”.
Saliste conmigo, y tal vez te encontré en el anciano con quien compartí el pan recién comprado. Y mi recompensa fue que siguieras caminando conmigo.
Llegar al Jardín de San Marcos, porque el Google Maps se empeñaba en que estaba en la ruta para ir al Museo del Juguete, que en realidad quedaba para el lado opuesto, fue la sorpresa, la emoción y el dolor intenso de la punzada en mi pecho.
Benedetti escribió en “La tregua”, y se refiere a lo que dice Blanca, su mujer protagonista:
“Dijo: “Te quiero”. Entonces me di cuenta de que era la primera vez que me lo decía, más aún, que era la primera vez que lo decía a alguien. Quizá ya no precise decirlo más, porque no es juego: es una esencia. Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era casi asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo.” … El deleite frente al misterio, el goce frente a lo inesperado, son sensaciones que a veces mis módicas fuerzas no soportan. …
Esa opresión en el pecho significa vivir.”
Mutatis mutandis, fuiste tú quien dijo “Je t’aime”, bajo la sombra de un árbol cerca de las canchas, en Zacatenco. Y sí, era la primera vez que lo decías.
La punzada se fue conmigo y me acompañó hasta el momento de dormir; pero fue aquí, al entrar a este jardín, donde me quebró. Tuve que desviar la mirada y hacer una pausa en mi conversación con Celeste, a quien le tomé esta foto.
IMG_8198
Celeste me tomó ésta, en la que una paloma negra quiso dar testimonio de que no la tengo que buscar.
Este Jardín de San Marcos, que no conocía, me transportó a la Alameda de Santa María la Ribera. Nos vi caminando, riendo, bromeando. Y sí, significa que estoy viva. Y debo dar gracias por la compañía pese a la ausencia física. Pero duele.
Te quiero aunque pasen 100 años, y es para toda la eternidad. Y apenas van 51.
Extraño tu presencia física cada día, y te lo repito cada noche.
Je t’aime.
Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: