Archive for February, 2017

17 de febrero: Gracias

Friday, February 17th, 2017

Al cerrar la noche del último día de este ciclo de 67 años solamente quiero dar las gracias:

Por todo lo vivido

Por todo lo querido

Por todo lo ganado

Por todo lo perdido

Cada marca, cada huella es una historia

Lo bueno y lo que no lo ha sido tanto

De cada cosa he aprendido

Y en ese camino sigo

Gracias a los que me han acompañado en algún tramo del camino

Unos por toda mi vida, otros por algunos meses, tal vez sólo semanas

Cada uno ha sido mi maestro de alguna manera

Para algunos guardo un agradecimiento y un cariño especial

A otro simplemente les he deseado buena suerte y no volverlos a encontrar

Algunos tienen presencia constante, a otros los extraño de tiempo en tiempo, y están quienes viven permanentemente en mi memoria y en mi corazón

De todos, hay un motorcito que me mantiene activa, llegado a mi vida en este mismo día como el mejor regalo que la vida pudo ofrecerme y que es el lazo que me ata a este mundo y me obliga a estar consciente de cada paso que doy. “In my life, I love you more”, chaparrito.

14 de febrero: Quereres

Tuesday, February 14th, 2017

Me autoplagio. Este texto lo escribí para el periódico digital Es lo cotidiano hace justamente tres años.

Quereres: la RAE dice que no existe la palabra.

Y sin embargo estoy segura de que hay canciones y poemas que mencionan los quereres para significar cariños y amores, como en este fragmento de un poema del andaluz Camilo Valverde:

Granada, de quereres soberana,

por las verdes acequias de arrayanes,

desgrana los suspiros de galanes

en sus lunas moriscas de sultana.

Aunque también se utiliza en el título de un documento (http://www.redalyc.org/pdf/122/12214109.pdf) que describe “las formas como en los hogares populares se ejerce el poder domestico”.

Como sea, en el uso regular, la palabra generalmente refiere a cariños y amores, aunque yo pondría el amor como algo más profundo que el querer o cariño. Y ahí seguramente encontraríamos tantas discrepancias como personas a las que les preguntásemos su opinión. 

El 14 de febrero, particularmente, ha sido escogido para celebrar el amor romántico y la amistad, dicen los anuncios de los comercios que hacen su agosto al terminar el invierno. Es la ocasión para que muchas personas manifiesten su depresión porque no tienen una pareja para compartir la fiesta, aunque estén rodeados de una amorosa familia. Pareciera que, ese día, salir a comer a un restaurante abarrotado y con un menú fijo, recibir flores que cuestan el doble de lo usual, chocolates y/o animalitos de peluche (ocasionalmente un perfume o una joya) sustituye toda la necesidad de afecto para algunos. Me pregunto qué les pasa o qué experimentan el resto del año.

Aferrarse sentimentalmente a una persona, crear una dependencia emocional de ella, puede llevar a potenciar un carácter depresivo con resultados terribles. ¿Cómo, si no, Violeta Parra escribe y canta “Gracias a la vida” y se suicida poco tiempo después? O el caso de Antonieta Rivas Mercado quién, además, escoge nada menos que la catedral de Nôtre Dame, en París, como escenario.

Están también los muchos casos de adolescentes que se suicidan “por amor”. Cada 24 horas, alrededor de 16 jóvenes, en México, cometen suicidio, dice Contralínea (http://contralinea.info/archivo-revista/index.php/2010/10/19/aumentan-suicidios-de-jovenes-mexicanos/), y añade: “Esa cifra podría superar la mortalidad por diabetes”. De nuevo, no es solamente la consecuencia de un rompimiento afectivo sino la combinación de una personalidad depresiva con una diversidad de causas distintas.

Suicidios por amor, existen. Como el caso de esta pareja de ancianos que prefieren morir juntos (http://www.milenio.com/internacional/Ancianos-Paris-lamentan-prohibicion-asistida_0_196780433.html) antes que separarse o perder la dignidad. Pero son escasos.

Supongo que las visiones iniciales del amor y de las conductas asociadas con él dependen de la educación sentimental que hayamos recibido a través de la familia, los medios y todo aquello que contribuye a formarnos de una manera u otra. Aprendemos a través de las experiencias, más o menos dolorosas, más o menos exitosas. Y creo que, en general, no somos conscientes de la manera en que esas visiones iniciales delinean nuestras relaciones afectivas.

En mi caso, y ateniéndome a mis hábitos de toda la vida, creo que mi educación sentimental se la debo a la única lectura que tenía prohibida (y que por supuesto leía a escondidas): las novelas del Corín Tellado en Vanidades, que en aquellos años (finales de los 50’s) se publicaba en Cuba y que mi prima Licho recibía en su casa.

¿Y la de ustedes?