17 de febrero: Al corte

Wednesday, February 17th, 2016

Dice Wolfram Alpha que hasta este momento llevo:

65 años, 11 meses y 27 días = 3443 semanas y 4 días = 240105 días. En breve: 66 años.

Mucho tiempo en el que ha habido de todo. Lo mejor: las amistades y los afectos de todo tipo. El amor ha estado presente en todas sus manifestaciones (más o menos) y solamente un dolor inmenso, involuntariamente causado e impensable, me ha quedado. Por lo demás, no puedo quejarme.

Decidí comenzar a celebrar hace una semana, viajando a mi tierra, visitando a la única amiga que tengo en Tepic, la que tan cuidadosamente evita que los recuerdos me lastimen –como si fuera posible. La que comienza como a desvariar, hasta que caigo en cuenta que eso solamente ocurre si yo toco el tema, aunque sea de rozón. Por lo demás es capaz de acordarse, mejor que yo, de anécdotas de la escuela, de mi familia, de la academia de mi padre, etc. y mantener una conversación de dos horas con total coherencia.  Platicamos de mis paseos y caminatas, desestructurados y sin rumbo, y confiesa que ella no podría viajar conmigo. Necesita certezas y mantener sus costumbres; para que luego uno crea que todos los Acuario somos igualmente vagos. LOL

Platicando sobre su casa, muy deteriorada pero muy bien ubicada, le pregunté si no le convendría venderla para cambiarse a algo más cómodo y a la medida de sus necesidades. “No”, respondió. La casa ya está asignada a alguien para cuando ella falte, y mudarse equivaldría a dejar todo lo que conoce. Al despedirnos, después de partir la rosca de su cumpleaños, me pidió que la siga visitando cada vez que vaya a Tepic y me acompañó para hacerme dar la vuelta por el parque Juan Escutia impidiendo que pasara frente a la casa que él construyó y en la que lo asesinaron, “al cabo puedes bajar por la Zapata” me dijo. Tuvo razón, seguramente; si el recuerdo duele desde acá, caminar por su acera hubiera sido terrible.

Pero parte de la ida a Tepic es ir al mismo lugar de tantos encuentros que el azar dispuso, en la Alameda. Ahora está en remodelación total, aunque están respetando los árboles y las plantas. Desde la banca de siempre le escribí, como lo hago desde hace años. No podía quedarme mucho tiempo pues en el sitio solamente había albañiles, y casi lo escuché diciéndome que buscara un espacio más seguro. “Te espero siempre, en cualquier lugar y a cualquier hora, como siempre”, escribí para despedirme. Caminé hasta el café Chilindrón y escogí el rincón menos visible: una mesita para una persona, entre una columna y una maceta, apenas una rendija dando a la calle. Hasta esa rendija llegaron dos trovadores a cantar “Cien años” (llevo ya 49) y “Sabor a mí”. Forever.

Ir a Tepic también es visitar a mi hermano Saúl y a mi cuñada Cata (siempre trabajando), pasear por el centro, comer antojos que solamente ahí encuentro y, esta vez, cumplir la fantasía de conocer y alojarme en el “Hotel Sierra de Álica”, que es un año más joven que yo. Ese y el “Bola de Oro” eran los hoteles reconocidos en Tepic, en la ciudad que yo conocí antes de ir a vivir a la Ciudad de México. Pude también entrar, por primera vez desde 1968, a la escuela Amado Nervo, en la que estudié la primaria; no ha cambiado en lo absoluto, y seguramente el esqueleto  aquel sigue estando en los baños del colegio. Esta vez también pude convivir con mi primo Alonso, con quien raramente había conversado en el pasado, y hasta me tocó cenar con Arturo Gutiérrez que iba de paso, trabajando para Flexi, y coincidió conmigo.

De Tepic a Amatlán, donde no hay prisas, donde uno puede ir al mercado cuatro veces en menos de media hora y donde mi hermano Manuel y mi cuñada Alicia me atienden muy bien también. ¡Esta vez hasta me dejaron cocinar!

De entonces para acá han sido días de una sensación de dejarme ir, de absoluta debilidad, de querer dormir y no saber más. Hasta que el hijo me marca para saludarme, mandarme los avances del diseño estadístico y financiero del juego que está produciendo, las consultas sobre el caso del empleado de News Republic y la necesidad de contactar al contador. En esos momentos me siento muy activa. Luego regreso a la melancolía, la punzada, y algunos signos fuera de mí que me llevan nuevamente a mi estado de languidez.

Pako me felicitó hace unas horas, cuando la mañana del 18 llegó a Hyderabad. Le recordé que eso significa que hace 37 años mi impresora 3D (dijo la Lore, a propósito de los úteros) produjo una obra maestra de precisión basada en algunos requerimientos técnicos de mi parte, indispensables dadas mis escasas habilidades y conocimientos sobre la crianza de un escuincle. La respuesta cuando lo elogio o le digo que estoy orgullosa es siempre “eh?”, y me cambia la conversación.

Así que fui a atender los asuntos de la contabilidad, caminé mucho, comí pizza, cambié de zapatos y regresé a casa cansada pero con casi todos los pendientes del mes ya resueltos.

Y mañana, me voy de paseo.

 

 

 

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2 comments on “17 de febrero: Al corte

  1. Elías says:

    Gracias por dejarnos verte con tanta nitidez. Deseo que mañana sea un excelente día para ti, ya me alcanzaste en la edad, pero no durante tiempo. Recibe un fuerte abrazo y un beso.
    Elías

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