Archive for February, 2016

21 de febrero: De convivios y encuentros

Sunday, February 21st, 2016

Anuncié mis planes para el día, como siempre, a través de Facebook.
Se trataba de una salida a comer acompañada de mi madre, mi hijo y mi sobrina. Nada extraordinario, pero compartir la comida es uno de los placeres de toda mi vida, aprendido en mi familia.

Cuando era muy pequeña mi tía, hermana de mi madre, aparecía en nuestra casa trayendo la comida preparada por ella que tenía una sazón mágica, independientemente de lo que mi madre o mi abuela hubieran preparado.  Años más tarde vivimos todos en casas separadas por pequeños patios y compartiendo un enorme patio/jardín/corral. Ir de una casa a otra para comer lo que más se nos antojara o degustar todos juntos  los antojos preparados por mi abuela o la comunidad era lo más natural. Algunas veces se unían al clan los amigos de mis hermanos y algunas de mis compañeras de clase y de vez en cuando otros parientes. Incluso tuvimos a la mesa  migrantes que bajaban en la Estación del Ferrocarril, a 650 m de nuestra casa, en busca de comida a cambio de trabajo.

La ocasión para compartir, más frecuentemente, era la hora del café. O. mejor dicho, las múltiples ocasiones en que se tomaba café en casa. Alguien podía entrar preguntando si ya estaba el café y ese era el momento de prepararlo para acompañarlo, siempre, del buen pan de alguno de los tíos Aldaco, especialmente mi padrino Carlos.

Así que mi familia y yo nos hicimos presentes en el restaurante seleccionado y anunciado, que parecía bien ambientado. Al entrar noté su presencia, acompañado de un par de amigos que yo no conocía. Me sorprendió darme cuenta de que parecía menos avejentado de lo que yo hubiera supuesto después de tantos años sin vernos. Sonreí para mí misma reconociendo que no era casual, porque vivimos en ciudades muy distantes. Me esperaba, seguramente, y me di cuenta de que me miraba buscando que lo reconociera y lo saludara. Lo bueno es que mi cara de despiste total es permanente y  no me cuesta mucho trabajo hacerme pasar por distraída.

El servicio tardaba, de modo que me levanté a buscar a quien fuera necesario para que nos atendiera. Me enviaron a la entrada a buscar a quien nos había conducido a nuestra mesa para que nos dijera quién era el mesero a cargo de nuestra mesa y lo enviara inmediatamente. En ese momento me alcanzaron mi madre y mi sobrina; mi hijo se había ido, me informaron, con el hijo del dueño de una escudería a ver los carros y las instalaciones de prueba. Lo conoció, mientras yo deambulaba en busca de atención, a través de uno de mis primos con quien el joven se encontraba comiendo en otra mesa cercana. Seguramente lo disfrutará, pensé, y me alegré por la oportunidad que se le presentaba.

Ya no volvimos a la mesa, y desperté sin saber qué había motivado a mi viejo amigo a buscarme.

 

17 de febrero: Al corte

Wednesday, February 17th, 2016

Dice Wolfram Alpha que hasta este momento llevo:

65 años, 11 meses y 27 días = 3443 semanas y 4 días = 240105 días. En breve: 66 años.

Mucho tiempo en el que ha habido de todo. Lo mejor: las amistades y los afectos de todo tipo. El amor ha estado presente en todas sus manifestaciones (más o menos) y solamente un dolor inmenso, involuntariamente causado e impensable, me ha quedado. Por lo demás, no puedo quejarme.

Decidí comenzar a celebrar hace una semana, viajando a mi tierra, visitando a la única amiga que tengo en Tepic, la que tan cuidadosamente evita que los recuerdos me lastimen –como si fuera posible. La que comienza como a desvariar, hasta que caigo en cuenta que eso solamente ocurre si yo toco el tema, aunque sea de rozón. Por lo demás es capaz de acordarse, mejor que yo, de anécdotas de la escuela, de mi familia, de la academia de mi padre, etc. y mantener una conversación de dos horas con total coherencia.  Platicamos de mis paseos y caminatas, desestructurados y sin rumbo, y confiesa que ella no podría viajar conmigo. Necesita certezas y mantener sus costumbres; para que luego uno crea que todos los Acuario somos igualmente vagos. LOL

Platicando sobre su casa, muy deteriorada pero muy bien ubicada, le pregunté si no le convendría venderla para cambiarse a algo más cómodo y a la medida de sus necesidades. “No”, respondió. La casa ya está asignada a alguien para cuando ella falte, y mudarse equivaldría a dejar todo lo que conoce. Al despedirnos, después de partir la rosca de su cumpleaños, me pidió que la siga visitando cada vez que vaya a Tepic y me acompañó para hacerme dar la vuelta por el parque Juan Escutia impidiendo que pasara frente a la casa que él construyó y en la que lo asesinaron, “al cabo puedes bajar por la Zapata” me dijo. Tuvo razón, seguramente; si el recuerdo duele desde acá, caminar por su acera hubiera sido terrible.

Pero parte de la ida a Tepic es ir al mismo lugar de tantos encuentros que el azar dispuso, en la Alameda. Ahora está en remodelación total, aunque están respetando los árboles y las plantas. Desde la banca de siempre le escribí, como lo hago desde hace años. No podía quedarme mucho tiempo pues en el sitio solamente había albañiles, y casi lo escuché diciéndome que buscara un espacio más seguro. “Te espero siempre, en cualquier lugar y a cualquier hora, como siempre”, escribí para despedirme. Caminé hasta el café Chilindrón y escogí el rincón menos visible: una mesita para una persona, entre una columna y una maceta, apenas una rendija dando a la calle. Hasta esa rendija llegaron dos trovadores a cantar “Cien años” (llevo ya 49) y “Sabor a mí”. Forever.

Ir a Tepic también es visitar a mi hermano Saúl y a mi cuñada Cata (siempre trabajando), pasear por el centro, comer antojos que solamente ahí encuentro y, esta vez, cumplir la fantasía de conocer y alojarme en el “Hotel Sierra de Álica”, que es un año más joven que yo. Ese y el “Bola de Oro” eran los hoteles reconocidos en Tepic, en la ciudad que yo conocí antes de ir a vivir a la Ciudad de México. Pude también entrar, por primera vez desde 1968, a la escuela Amado Nervo, en la que estudié la primaria; no ha cambiado en lo absoluto, y seguramente el esqueleto  aquel sigue estando en los baños del colegio. Esta vez también pude convivir con mi primo Alonso, con quien raramente había conversado en el pasado, y hasta me tocó cenar con Arturo Gutiérrez que iba de paso, trabajando para Flexi, y coincidió conmigo.

De Tepic a Amatlán, donde no hay prisas, donde uno puede ir al mercado cuatro veces en menos de media hora y donde mi hermano Manuel y mi cuñada Alicia me atienden muy bien también. ¡Esta vez hasta me dejaron cocinar!

De entonces para acá han sido días de una sensación de dejarme ir, de absoluta debilidad, de querer dormir y no saber más. Hasta que el hijo me marca para saludarme, mandarme los avances del diseño estadístico y financiero del juego que está produciendo, las consultas sobre el caso del empleado de News Republic y la necesidad de contactar al contador. En esos momentos me siento muy activa. Luego regreso a la melancolía, la punzada, y algunos signos fuera de mí que me llevan nuevamente a mi estado de languidez.

Pako me felicitó hace unas horas, cuando la mañana del 18 llegó a Hyderabad. Le recordé que eso significa que hace 37 años mi impresora 3D (dijo la Lore, a propósito de los úteros) produjo una obra maestra de precisión basada en algunos requerimientos técnicos de mi parte, indispensables dadas mis escasas habilidades y conocimientos sobre la crianza de un escuincle. La respuesta cuando lo elogio o le digo que estoy orgullosa es siempre “eh?”, y me cambia la conversación.

Así que fui a atender los asuntos de la contabilidad, caminé mucho, comí pizza, cambié de zapatos y regresé a casa cansada pero con casi todos los pendientes del mes ya resueltos.

Y mañana, me voy de paseo.