Archive for December, 2015

31 de diciembre: una vuelta más

Thursday, December 31st, 2015

Ha sido un año lleno de actividades, de viajes, de alegrías, de nostalgias, de nuevos amigos y de presencias permanentes.

En algún momento sentí que estaba cansada sin saber muy bien porqué; hice una lista para poner en perspectiva mi quehacer. A final resulta que hice muchas y muy variadas cosas; todas dejaron aprendizajes, algunas dejaron mucho cansancio y la voluntad de no volver a caer en ellas ni por mucho que sea la amistad de quien me lo solicite. Muchas veces fue trabajar en circo de cinco pistas, lo cual no es grave porque estoy acostumbrada. El problema es lidiar con algunos tipos de especímenes.

De febrero a julio trabajé en equipo con dos matemáticos jóvenes, recién egresados del CIMAT, formando el COTECORA del IEEG. Trabajamos mucho, nos trataron muy bien y aprendimos mucho y sobre diversos temas en el proceso. Al mismo tiempo inicié un curso de Física I en la Ibero y, aunque comenzó bien tomando en cuenta el nivel de conocimiento/desconocimiento de los alumnos de los prerrequisitos, el afán por obtener notas altas a costa de lo que fuera llevó a que explícitamente pidieran un profesor que hiciera lo que ellos dijeran. En ese punto lo más que podía hacer era notificar a su coordinación y retirarme. Y no lo lamento.

Con ese relax, comencé a involucrarme en otras actividades: el diseño e impartición de un curso/taller sobre Aprendizaje Basado en Problemas para los profesores de SABES. Debí recordar las prácticas de las secretarías de educación nacional y estatales: simular la capacitación, por una parte, mientras que los docentes lo que quieren es aprobar como sea. La pésima organización y administración hicieron de esto una de las actividades más agotadoras que yo recuerde, absorbente y, a ratos, violenta.  De la experiencia surgió una ponencia para el Congreso de la Universidad Virtual San Martín de Porres, en Perú, en agosto.

Al mismo tiempo, comencé a participar e incluso asistir a reuniones de trabajo en el ITESO; comencé como “semilla” de un grupo de discusión en línea sobre experiencias de trabajo virtual y con materiales libres; tristemente, creo que estas acciones terminan muchas veces porque tenemos tantos asuntos entre manos que vamos dejando para lo último la participación en los grupos, y es una pena. Como quiera, esto me permitió conocer a otras personas, colaborar con ellos y aprender. Simultáneamente fui invitada a participar con el Instituto de Gestión del Conocimiento y del Aprendizaje en Ambientes Virtuales, de la Universidad de Guadalajara, ofreciendo una conferencia. Otra en Aguascalientes, invitada por mi amigo Elías.

En el ínterin me dediqué a revisar la tesis de maestría de Karim, a tratar de apoyar a Dulce con sus trabajos para sus maestrías en San Francisco y en Bristol, concluidas casi simultáneamente; y ahora vamos con lo del doctorado; han sido unas excelentes sesiones en línea, divertidas y de mucho compartir.

Pero también diseñé e impartí un curso sobre Ingeniería didáctica para la Universidad Virtual San Martín de Porres, de Perú. Se trata de una maestría en educación con orientación hacia el uso de tecnología. Partí de cero, sin tener idea del tipo de alumno ni de las políticas, prácticas ni usos y costumbres de aquellos lugares. Por supuesto que hubo contratiempos: yo hablo de manera muy directa mientras que la costumbre allá, por lo que pude apreciar, es de mucho circunloquio. No fue tan estresante como lo de SABES pero admito que hubo momentos en que me desesperaron las solicitudes y reclamos que me parecieron poco pertinentes en un nivel de maestría. Esto ocupó todo el mes de agosto.

De lo más satisfactorio fue la invitación de Toño Falcón a que me integrara al equipo de trabajo en el CIPEC, trabajando hora y media cada sábado con chicos que cursan secundaria o los primeros semestres de bachillerato en cursos regulares durante la semana, pero que reciben apoyo los sábados, además de que participan en talleres de capacitación en oficios, o la orquesta o el coro o un equipo de robótica. Disfruté cada una de las cinco sesiones en las que participé y, aparentemente, ellos también. Lo mejor es lo que aprendieron.

Finalmente, Oscar Ofarrill me invitó a participar un par de veces en el SOLE que administra; la primera vez como observadora de la sesión que se desarrollaba en una escuela primaria en San Luis Potosí con un profesor americano como Granny, la segunda vez como Granny con un grupo de una escuela primaria en la Ciudad de México. Mucho por aprender, mucho por hacer.

Por supuesto, colaboré con Es lo cotidiano, y Tachas, aunque no con la constancia que debí hacerlo; atendí conferencias en el CIMAT y en TEDxCDLH y di apoyo a quien me lo solicitó, en la familia y fuera de ella.

Aprendí Python, en un MOOC, por el gusto de saber que puedo. Pero es solamente la sintaxis, nada que ver con el proceso de programar, con la lógica que aprendí con el profesor McIntosh en ESFM, y quien falleció hace cosa de un mes. Me inscribí al curso de Gravity!, ofrecido por la Universidad Paris Diderot/Paris 7 (mi alma mater) en otro MOOC, y le dediqué dos semanas de cuatro con éxito, hasta que la presión de los cursos en línea que tenía a mi cargo me obligó a abandonar. Lo bueno: entiendo más física de lo que suponía

Viajé mucho: a Guadalajara por razones del ITESO y la UDG, pero también para pasear con mi madre o por mi cuenta, de paso a Amatlán. A Guanajuato para las reuniones en el IEEG o con los compañeros del COTECORA, o hasta para una presentación del Mexican Cultural Centre en la Alianza Francesa. Dormí algunas veces allá mismo para evitar los viajes de noche.

Fui al DF: con la gente del IEEG para asistir a una reunión en el INEE, hacia marzo; luego, en agosto, para asistir a Bellas Artes a la exposición sobre Leonardo y Miguel Ángel, acompañada de Marychuy y su familia; fue también mi festejo del aniversario 50 de mi llegada a esa ciudad, recorriendo los lugares que me son queridos y en los que viví las mejores épocas de mi adolescencia.

Viaje a las Californias y asistí al Comic Con. Pero también pasé un par de días con Dulce y Lore, en Rosarito, y antes estuve en Tijuana visitando a mi comadre y a mis amigas, y luego en Buena Park conviviendo con mi familia y llevando a la Desi a su primer paseo en tren.

Finalmente, viajé a Puebla para encontrarme con Sugata y Sushmita, que participaban en el evento de Ciudad de la Ideas. Fue un lindo paseo, además, lleno de recuerdos de Mely, y de antojos.

Cociné mucho, para mi escuincle y para mí y para los amigos. Y luego las recetas que Pako y mi amá me comparten

Fue gratísimo volver a comunícame con amigos que había perdido de vista por más de 25 años, vía correo. Igualmente grato fue reunirme con amigos que me han ido incluyendo en su lista en los últimos tiempos, compartir vivencias y experiencias con ellos. Y amigos de toda la vida o de los últimos 25 años con los que mantuve contacto a través de las redes y hasta pudimos reencontrarnos así fuera brevemente. Volver a conversar con mi prima Licho, y en mi casa, fue de lo mejor. Entre otras cosas me ayudó a responder algunas dudas sobre mi abuela Hilaria y su relación conmigo, y trajo a mi memoria la temporada en que mi abuelo José, tan sencillo y humilde, vivió con nosotros ocupando “el cuartito” que yo había olvidado.

Mi amá pasó una larga temporada en Tepic y apenas unos días aquí en León, pero Pako y yo la llevamos a Vallarta para el 10 de mayo, y fue muy bueno. Bueno también fue compartir con Pako trozos de mi vida, y mejor todavía que me entienda y me apoye en eso también, hasta quiso acompañarme a la Alameda de Tepic, respetando absolutamente mi momento, sin preguntar porque entiende todo. Luego se fue a India, y van seis meses en los que compartimos de muchas maneras lo que hacemos, lo que aprendemos, lo que encontramos que nos parece interesante para el otro.

Recibí y sigo recibiendo muchos regalos de mis amigos y de mi hijo, materiales unos e intangibles otros pero muy valiosos todos.

Soñé, conversé contigo en mis sueños y te extrañé mucho. Te extraño mucho.

Y aquí estoy en este día en que me siento incompleta, a punto de irme a dormir pero deseando que ocurra el milagro de tu presencia.

En suma, creo que tengo razones para estar un poquito agotada pero muy satisfechas por tanto recibido. Una vez más, ¡GRACIAS, VIDA!

 

25 de diciembre: y fue Navidad

Friday, December 25th, 2015

No es la primera vez que nos encontramos en lugares distantes en estas celebraciones. Cierto, en los últimos seis o siete años estuvimos juntos, ya fuera en algún lado de las Californias o aquí, en casa. Esta vez tenemos una diferencia de 15 horas, lo cual no impide que compartamos gracias a las maravillas de la tecnología. Hasta me hizo llegar un regalo que fue entregado al medio día del 24, con los servicios de Amazon y FedEx: una máquina de hacer palomitas con aire caliente, misma que estrené por la tarde preparándome para una tarde de películas que terminó con un maratón de The Big Bang Theory.

Mientras subía a Instagram un videito mostrando el regalo y la nota de Pako al ritmo de “Crazy Little Thing Called Love” (escuchaba Queen desde antes de que llegara el paquete) uno de mis amiguitos alados entró a la casa y quedó suspendido frente a mí por unos instantes, luego intentó libar de la nochebuena antes de salir volando rumbo al parque. Me emocionó y me hizo feliz.

Al medio día vino Angélica a comer y conversar. Me trajo galletas, mermelada y chongos, todo hecho por ella misma. Conversamos más de lo que comimos y compartimos nuestras historias. Lloré, lo cual no es una sorpresa.

Las palomitas, “Les quatre cents coups”, “The Big Bang Theory” y la luna llena. Tomé varías fotos de la bella en una noche muy clara en la que las estrellas eran perfectamente visibles. El barrio estaba en absoluta calma, y así permaneció hasta alrededor de las once de la noche en que comenzaron a tronar cuetes.


Le pedí a la luna dos cosas antes de irme a dormir.  La primera es la petición que hago, y por la que trabajo, todas las noches desde hace un poco más de 36 años: el bienestar de mi hijo, en todos los sentidos. La otra es también permanente: soñar y conversar mientras sueño. A veces lo logro y es maravilloso. Pero me queda claro que hay saltos que todavía no puedo dar, por la razón que sea. Miedos, tal vez.

Me dormí casi cuando comenzaron a tronar los cuetes, provista de tapones para los oídos. Durante el sueño hubo tres momentos en los que deliberadamente decidí permanecer pegada a mi cuerpo físico. Cada momento estuvo precedido de un ligero desprendimiento del que era absolutamente consciente, y entonces decidía “reintegrarme”. Todo quedó grabado en mi memoria.

Hacia las cinco de la mañana me despertó un olor a quemado que no podía identificar. Me levanté e inspeccioné la casa para descartar cualquier riesgo. Era la atmósfera de la ciudad, cargada de los residuos producidos por la quema de cuetes y cualquier otra cosa que  la gente utilice para “celebrar” las fiestas.  Traté de dormir otro rato, pero el olor y los residuos terminaron por lastimar mi garganta y afectar mi nariz. El olor persiste.

El día transcurrió entre felicitaciones a través de las redes, fotos compartidas con mi hijo, comer cada que tenía hambre, preparar la masa para las galletas que me compartió mi amá y, por fin, podar y limpiar mis plantas. La casa está ahora relativamente en orden. Y las galletas será lo primero que haga mañana por la mañana. Pero la batería se me agotó y planeo dormirme temprano, después de conversar un poquito con mi hijo pata de perro.

Ha sido bueno y, en lo general, estoy contenta.

 

23 de diciembre: vimos Star Wars, Episodio VII Episodio VII

Wednesday, December 23rd, 2015

Pako la vio en Tokio, donde fue a pasar dos semanas de vacaciones, porque en India no se ha estrenado. Yo aquí cerquita, en Centro Max. Tuve la sala para mí sola. Ahora falta que podamos compartir nuestras impresiones. Mi chiquillo me mandó su foto entrando a la sala, a las 7:10 de la mañana hora de León, que son las 10:10 de la noche de Tokio; como un niño feliz. Yo entré a la función de las 1:20 P.M. y vine llegando a casa como a las 5, apenas a tiempo para que me comentara de sus compras de la mañana y de sus planes para su día de Navidad que ya comenzó.

La película me encantó, me emocionó y hasta me hizo llorar un poquito. Salí en un estado de vibración (no temblor) interesante, y supongo que se notaba porque la dependienta de Home Depot hasta se ofreció a buscar a alguien para que me ayudara de alguna manera; no pasa nada, le dije. Pero fueron momentos diversos que me llevaron a ese estado:

  • La emoción de ver la chatarra en la que decidieron emprender la aventura. Lo máximo.
  • La sorpresa de ver a un Han Solo tan envejecido ( y darme cuenta de lo que significa la manera en la que me ven quienes me conocieron hace 38 años).
  • El momento en que Leia sabe que ha perdido para siempre lo que más ha querido (el hijo ya lo había perdido) y que apenas acababa de reencontrar (yo agradezco que tengo a Pako, que es el amor de mi vida, aunque lo otro duela tanto).
  • El momento de reconocer al maestro. Me recordó el final de Una mente brillante. Y pensé en los maestros verdaderos a los que les debo tanto, comenzando por mi Jedi favorito: mi padre.

Claro, está la emoción de las batallas y la destrucción del mal, lo cual está implícito en el título de la película y por lo tanto no sorprende. Y están las presencias femeninas que se agradecen: la sabiduría de Maz; la juventud acompañada de la fuerza y la destreza de Rey; la continuidad de Leia. Está también la representación del totalitarismo nazi, y las frases memorables:

Las mujeres siempre descubren la verdad. Siempre. Han Solo a Finn.

Nos volveremos a ver, tengo fe en eso. Rey a Finn.

  1. Tengo que volver a verla con más serenidad
  2. Tengo que comprarla en cuanto esté a la venta, entre otras cosas para mantener completa la colección.

Regresé a casa después de comprar un par de cosas en el súper. Un croissant de jamón y queso con media copa de vino y la música de Queen para relajarme y recuperar la calma. Y terminar de cocinar el bacalao.

Ahora sí: ¡que comiencen los festejos!