14 de diciembre: el que no me conozca…

Sunday, December 14th, 2014

El que no me conozca, que me compre, dirían en mi casa. Mi mal humor ante algunas cosas es algo que, en principio, todo mundo debiera conocer. Pocas cosas me sacan de mis casillas totalmente; de las más comunes:

  • que me despierten,
  • que me cuenten mentiras,
  • que me pidan que cuente mentiras, para lo cual soy pésima, además.

En esas circunstancias es mejor que me encierre, literal o metafóricamente. Si es imposible, me quedo muda; el silencio es lo que hace evidente mi enojo. De pequeña me iba a mi cama y me hacía la dormida. Después aprendí a ignorar completamente a la(s) persona(s) que me provoca(n) el enojo, tanto como me dure, y pueden ser meses. De esa manera es difícil que explote, aunque la adrenalina tiene algunos efectos sobre mí: baja de azúcar, o de la presión, o ambas cosas; puedo hasta enroncharme completamente, de pies a cabeza, pero eso solamente ocurre después de un periodo prolongado de estrés, de situaciones de enojo frecuentes o recurrentes.

Pero llego a perder la paciencia, claro que sí. No insulto, no grito, pero dejo saber muy claramente lo que estoy pensando. Lo pongo por escrito y lo hago llegar a quién corresponda, para que quede constancia. Y no se me olvida. Cuando eso ha llegado a ocurrir en situaciones laborales, renuncio, tope en lo que tope. Así han terminado también mis dos matrimonios. Hay cosas que no tolero, simplemente. El problema es que uno no puede ir por ahí con una bandera que diga Aguas con la doña, que tiene muy mal genio. Entonces, soy yo la que evita a cierto tipo de personas o de ambientes.

Sé muy bien que nunca hubiera podido trabajar en una institución o empresa que pretendiera tenerme sentada durante 8 horas, o controlar lo que digo o, peor, lo que pienso. O que me pidiera adular a los superiores, de cualquier manera. Nunca. Me declaro incapaz de decir “como usted lo quiera” y ajustar mi pensamiento o mis acciones hacia ese fin. Y me desespero cuando veo a otros hacerlo.Por supuesto que no pretendería que tuvieran actitudes como la mía, pero entraría en conflicto serio si tuviera que colaborar con gente que piensa que a los jefes (los que pagan) hay que complacerlos.

Soy complicada, ya sé, pero prefiero vivir en mi complicación que consentir en tener la tripa hecha nudo todos los días, y enroncharme cada tanto. La cortisona no es algo que se me antoje mucho.

Dicho lo anterior, paso a retirarme 🙂

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