Archive for December, 2014

31 de diciembre: cambio de calendario

Wednesday, December 31st, 2014

Termina 2014. Para muchos efectos es solamente cambiar el calendario a media semana. El que todavía hoy cuelga de mi pared fue uno de los regalos de mi hijo, la Navidad de 2013. El nuevo lo compramos juntos, en la FIL de Guadalajara, hace casi un mes. Se trata, simplemente, de cambiar la decoración de la pared frente a mí y recordar escribir 15 en lugar de 14 en cualquier documento.

2014

2014

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Mi abuela

Mi abuela

Pero hoy es el cumpleaños de mi abuela Hilaria, la mujer de quien aprendí una gran parte de mi lenguaje cotidiano, mi primer ejemplo de mujer trabajadora, habilidosa, fuerte e independiente.

 

 

Una mujer con mucha sabiduría cuyos mimos, como los de mi amá, eran obras y no siempre palabras: las gorditas de asientos, el cafe que ella recogía de la planta y tostaba y molía, los tés curativos, las tardes de lluvia en las que nos contaba historias mientras nos repartía “ruido de uña” (cacahuates y pepitas), el vestido hecho a la medida en su máquina instalada bajo la bugambilia o tejido a gancho, y tantas otras cosas. Alegre, hoy estaría cantando desde temprano las viejas canciones de su juventud o escuchando a Lorenzo de Monteclaro. Por la noche, comenzaría la fiesta sacando a bailar a cualquiera de los mayores, reunidos en la tertulia de la familia extendida. Antes, habría preparado los tamales para compartir en la abundannte y variada cena informal que acostumbrábamos. Estaba a punto de cumplir 100 años cuando murió, en 1992. Muchas cosas aprendí de/con ella, muchas otras debí de haberlas aprendido.

 

Tu recuerdo   Es también el recuerdo de la Noche Vieja de 1970. Una canción, mi terquedad sheldoniana (entonces no tenía calificativo) de alegar sobre y rehusarme a lo que para mí no tiene sentido, sin dar cabida a lo que deseo.  Ese año debí terminarlo bailando y experimentando una cercanía que añoro.

Anoche vi Diario de una pasión, por si me hacía falta saber que en algunos momentos hay que dejar la racionalidad de lado.

 

 

 

 

Al mismo tiempo, al cambiar el calendario estaré dando inicio a un año lleno de posibilidades de trabajo, de viajes, de amistades, de nuevos proyectos. Lo que está surgiendo tiene un aspecto muy bueno. Estas dos semanas con mi hijo en casa, compartiendo proyectos y realidades, me proporcionan mucho material para tener la confianza en lo que el nuevo año traerá para nosotros; de entrada, la estancia de Pako es de lo mejor que traen estas fiestas.

Por otro lado, hay que prepararse para continuar en la exigencia de justicia y de legalidad en este país y para ayudar en donde y como se pueda a mejorar el nivel de educación y participación de las personas en las comunidades menos privilegiadas, comenzando en esta misma ciudad y colaborando de los amigos ya involucrados. Y ahí tenemos un montón de trabajo que, estoy segura, será muy disfrutable.

El año que termina ha sido rico en experiencias y aprendizajes y ha traído nuevos y valiosos amigos; la familia permanece, y ya eso es una bendición que hay que contar, entre tantas otras.

Por lo pronto mi lectura para este día es Desobediencia Civil, de Thoreau, uno de los dos textos que me quedaban por leer, de los que compramos en la FIL. Hoy no hay que cocinar, no hay prisas, no hay “tenemos que…”; solamente estar.

2014 in review

Monday, December 29th, 2014

The WordPress.com stats helper monkeys prepared a 2014 annual report for this blog.

Here’s an excerpt:

A San Francisco cable car holds 60 people. This blog was viewed about 900 times in 2014. If it were a cable car, it would take about 15 trips to carry that many people.

Click here to see the complete report.

24 de diciembre: disfrutando de la compañía del hijo

Wednesday, December 24th, 2014

Llegó el domingo en la noche, y se puso a trabajar. El lunes platicamos durante el almuerzo, luego en mi cuarto de trabajo, después en los trayectos de ida y vuelta a La Gran Plaza, a donde fuimos a ver la última entrega de El Hobbit. Muchas opciones, muchos proyectos y a saber por cuál se decidirá al final.

El martes continuamos conversando sobre los avances de sus proyectos, sin saber todavía para donde apuntará la perinola, cuando la suelte. Surgió la posibilidad de viajar a San Francisco, como mi regalo de cumpleaños. Dependerá de lo que haya como trabajo pero, de entrada, es un entusiasta sí.

Un proyecto que define cada vez más claramente es el apoyar la creación/re creación de una cultura nacional a partir de experiencias artísticas. La música, particularmente, sería su apuesta si consigue los medios. Y me siento muy recompensada. No le interesa tener dinero o tener una gran casa o un gran carro. Es generar ingresos suficientes para apoyar la creación de ese tipo de música no comercial. Y claro, hablamos de la música y los músicos; de la canción de protesta a los cantantes actuales, productos comerciales sin propuestas significativas. Hablamos del valor de la canción y los cantantes mexicanos; y me sorprendo agradablemente: Pako no tiene esos prejuicios que me acompañaron (y ni siquiera estoy segura de que sea pasado) por muchos años, impidiéndome valorar mucha de la música popular.

Hoy salí a comprar pan para las tortas de bacalao, y a la librería del Fondo de Cultura Económica. Al entrar me encontré a Jorge Jáuregui y platicamos seguramente por más de una hora: libros, vivencias, películas. Él acababa de comprar un libro sobre la música mexicana: Mi vida, mis viajes, mis canciones, y me pareció el regalo ideal para mi hijo, en función de ese interés manifiesto.

Hace un rato cenamos tortas de bacalao y tamales; yo tomé atole, él prefirió agua de melón. Luego intercambiamos regalos y le gustó su libro 😉 Como siempre, la sobremesa es de lo mejor. Del análisis de Sim City a los resultados de la liga NFL (video juego) en la que participa anualmente con varios de los amigos que tiene desde la prepa. Pero también la inflación, los excesos de Barbarita, el saqueo que llevan a cabo todos los frentes de gobierno, la miseria que observamos…

Pero se acaba el día y yo estoy agradablemente cansada.

Que sea una verdadera Noche Buena.

20 de diciembre: 4 años

Saturday, December 20th, 2014

WordPress me felicita porque hoy se cumplen  4 años de que comencé a escribir en esta plataforma lo que, en el origen, era como mi diario. Lo fue durante mucho tiempo, una entrada cada día, para dar cuenta de lo que acontecía desde que me levantaba hasta antes de irme a dormir: el día a día es el subtítulo. Y lo fue durante un buen rato, hasta que me llegaron comentarios sobre mis notas. Aunque sigue siendo el espacio donde relato detalles de mi cotidianidad, también dio paso a lo que me sacude, me duele, me revuelve.

Nada se edita, excepto los muchos errores que puedo cometer al apretar una tecla por otra cuando, aún en la lap top, pico algo que hace que el teclado cambie de idioma, o mi uña pica la tecla equivocada, o de plano ando desconectada. Del resto, es lo que hay y no busco que sea algo pulido. Debiera, tal vez, pero entonces sería definitivamente algo que ya tiene una intención distinta a la original.

Y, sin embargo, he aprendido a precisar algunas cosas, atendiendo a los orígenes de los veinte y algo de seguidores que dizque tiene el blog y quienes, ocasionalmente, solicitan algún detalle.

Del recuento de mi paseo por el mercado, pasé a contar sensaciones y,  finalmente, mis sentimientos. Un amigo poeta me dijo que si ya no podía decírselo, se lo escribiera, y comencé a hacerlo con sorpresas agradables e inesperadas. Leer La ridícula idea de no volver a verte de Rosa Montero, reforzó este tipo de escritura que lleva toda la carga de las emociones, a veces a rienda suelta.

Gracias por acompañarme.

4 al 15 de diciembre: Tu ausencia

Tuesday, December 16th, 2014
Un amigo le dio “Like” a mi foto de portada, decía una notificación en Facebook. Como siempre, entré a ver la foto, como sí no supiera que mi foto de portada es el escenario donde tú y yo nos encontrábamos cuando el azar lo decidía.  Ver el espacio vacío en el centro de la Alameda de Tepic dolió más que cualquier golpe en la cabeza. El dolor de tu ausencia lo volví a sentir como el día mismo en que Raquel me dijo de qué manera te habían arrancado para siempre de mi vida; justo cuando fui a buscarte.
Más de treinta años y todavía no lo supero, todavía lloro como entonces. Ni siquiera es provocado por la nostalgia; llega así, intenso, peor que la peor de las migrañas, sin aviso, en cuanto algún detalle escapa del control. Recordé el miedo que le tenía a las víboras, ¿te acuerdas? La misma reacción instintiva, pero ahora no es temor sino dolor intenso. Me quiebro, no puedo contenerme por más que la razón, o cualquier cosa que dependa de la voluntad, intente llevarme al otro lado de ese río de llanto, de tristeza infinita, de aullido sofocado.
Intento distraerme, sí, con alguno de los programas que regularmente me entretienen, con los comentarios de lo amigos en las redes. Todo lo observo detrás de mis lentes que necesitarían una especie de limpiaparabrisas para despejar mis lágrimas. Te necesito. Necesito tus palabras, tu caminar junto a mí, tu risa, tus ojos, tu tranquilidad y tu cuidado por mí.
Y mira que el día iba terminando en paz. Con el golpe que me provocó un chichón en la cabeza, con el ajetreo de trasplantar y re acomodar las plantas en mi patio, con la visita sorpresiva de montones de colibríes en parejas y tríos sin que mi presencia los ahuyentara. Ocupada en mil cosas, que es la manera de no ocuparme de mí, de lo que me turba, de lo que me duele.
Estás aquí, en mí, y no quiero que te alejes. No importa si lloro, no importa si me duele, te necesito. Necesito sentirte cerca, a mi lado. Como en aquel poema que me escribiste: no quiero sentirme tan triste al no verte, quiero contemplarte dulce amada mía. Pero es a ti a quien quiero contemplar, aunque sea en mi sueño.
Necesitaba decirte todo esto, y muchas más cosas que de todas formas sabes, porque las has sabido siempre. Eres mi única debilidad, lo único que ha logrado hacerme temblar sin que me hayas tocado ni una sola vez. El punto donde mi supuesta fortaleza, se derrumba.
Y después de decirte cómo me siento y la falta que me haces encuentro un poco de paz. Me calmo, pero no me resigno. Sé que me escuchas mientras escribo; sé que, de alguna manera, me harás sentir que sigues conmigo. Y entonces hasta vuelvo a sonreír, anticipando una sorpresa que sé que llegará pronto.
Te quiero, y será así por siempre.
Postdatas:
1.  Antes de irme a dormir, la luz de mi Android se enciende, como si hubiera entrado un mensaje. Lo abro y quito el “candado”:
Bonjour      Je       Merci
Tres palabras que aparecen en Twitter, como sí estuvieran esperándome. Nunca escribo en francés en esa red, y nunca desde ese celular que solamente se conecta a Internet cuando estoy en casa.
Gracias a ti ❤
Un beso.
(Después quise mostrarle a Alma Rosa lo que había visto, y tuve que llevar a cabo unos tres o cuatro pasos para mostrarle el tipo de pantalla, que ahora mostraba palabras en español).
2.  Diez días después, encuentro este poema de Marguerite Yourcenar, quien sabía de este sentimiento:
Absent, ta figure se dilate au point d’emplir l’univers. Tu passes à l’état fluide qui est celui des fantômes. Présent, elle se condense; tu atteins aux concentrations des métaux les plus lourds, de l’iridium, du mercure. Je meurs de ce poids quand il me tombe sur le coeur.
En Feux. Gallimard.
3. Apenas ahora lo puedo poner acá.

14 de diciembre: el que no me conozca…

Sunday, December 14th, 2014

El que no me conozca, que me compre, dirían en mi casa. Mi mal humor ante algunas cosas es algo que, en principio, todo mundo debiera conocer. Pocas cosas me sacan de mis casillas totalmente; de las más comunes:

  • que me despierten,
  • que me cuenten mentiras,
  • que me pidan que cuente mentiras, para lo cual soy pésima, además.

En esas circunstancias es mejor que me encierre, literal o metafóricamente. Si es imposible, me quedo muda; el silencio es lo que hace evidente mi enojo. De pequeña me iba a mi cama y me hacía la dormida. Después aprendí a ignorar completamente a la(s) persona(s) que me provoca(n) el enojo, tanto como me dure, y pueden ser meses. De esa manera es difícil que explote, aunque la adrenalina tiene algunos efectos sobre mí: baja de azúcar, o de la presión, o ambas cosas; puedo hasta enroncharme completamente, de pies a cabeza, pero eso solamente ocurre después de un periodo prolongado de estrés, de situaciones de enojo frecuentes o recurrentes.

Pero llego a perder la paciencia, claro que sí. No insulto, no grito, pero dejo saber muy claramente lo que estoy pensando. Lo pongo por escrito y lo hago llegar a quién corresponda, para que quede constancia. Y no se me olvida. Cuando eso ha llegado a ocurrir en situaciones laborales, renuncio, tope en lo que tope. Así han terminado también mis dos matrimonios. Hay cosas que no tolero, simplemente. El problema es que uno no puede ir por ahí con una bandera que diga Aguas con la doña, que tiene muy mal genio. Entonces, soy yo la que evita a cierto tipo de personas o de ambientes.

Sé muy bien que nunca hubiera podido trabajar en una institución o empresa que pretendiera tenerme sentada durante 8 horas, o controlar lo que digo o, peor, lo que pienso. O que me pidiera adular a los superiores, de cualquier manera. Nunca. Me declaro incapaz de decir “como usted lo quiera” y ajustar mi pensamiento o mis acciones hacia ese fin. Y me desespero cuando veo a otros hacerlo.Por supuesto que no pretendería que tuvieran actitudes como la mía, pero entraría en conflicto serio si tuviera que colaborar con gente que piensa que a los jefes (los que pagan) hay que complacerlos.

Soy complicada, ya sé, pero prefiero vivir en mi complicación que consentir en tener la tripa hecha nudo todos los días, y enroncharme cada tanto. La cortisona no es algo que se me antoje mucho.

Dicho lo anterior, paso a retirarme 🙂

Del 12/12/1912 al 12/12/2014

Friday, December 12th, 2014

José Guadalupe Parra Ramos decía su acta de nacimiento y sus papeles oficiales como trabajador… y lo fue, intensamente, toda su vida. En cada espacio en el que se movía, y haciéndolo con altos niveles de eficiencia, eficacia, excelencia. Es también el nombre que aparece en mi segunda acta de nacimiento, cuando me volvieron a registrar, esta vez en Xalisco, a los 27 años 🙂

José Ruiz Parra (Jr.) decían todos sus papeles de la escuela, las escuelas, en Los Angeles, donde vivió y estudió desde los 2 años y hasta que mis abuelos decidieron regresar a México, después de que mi padre había concluido sus estudios. Es el nombre que aparece en mi primera acta de nacimiento.

La historia de los nombres cambiados comenzó con mi abuelo, cuyo nombre era José Parra Ruiz; la cacofonía lo motivó a invertir sus apellidos, y así lo conocía toda la gente. En la escuela, en los Estados Unidos, a mi padre le pusieron el nombre de su padre, con el Junior, para distinguirlos. Supongo que eran usos de la época. Mi abuelo organizó la primera huelga en Bellavista, Nayarit, en marzo de 1905. La historia me la contó Emilio M. González Parra, mi tío, en una visita a sus oficinas en la CTM en la ciudad de México, hace unos 25 años. Por eso mi abuelo se vio obligado a agarrar a su familia e ir a refugiarse en Los Angeles, hasta mediados de los años 30. El nombre de mi abuelo ahora lo tiene una calle en Tepic, último homenaje de Emilio a quien, reconocía, lo había formado.

Mi padre se convirtió en el familiar Profe Parra o Parrita, para la gente de la comunidad. Cuando Daniel Alvarez (Jarocho) comenzó a llamarme Parrita, lo agradecí 🙂 Sin embargo, de manera formal la gente lo identificaba por el nombre en sus diploma. De ahí que cuando me registraron (la primera vez) el juez ni siquiera preguntó por el nombre del padre; asentó José Ruiz Parra, y yo me llamé Blanca Margarita Ruiz Mosqueda. Entregada la copia original del acta (a máquina, recuerden que hablamos del siglo pasado) el error fue notorio.”No hay problema”, pensaron: en cada copia que necesiten, corregimos y escribimos Parra en lugar de Ruiz, pequeño detalle. Y funcionó muy bien… hasta que el juez murió, y murió la secretaria del juez, y yo iba a sacar mi título de licenciatura. Y a Xalisco fuimos (7 km desde el centro de Tepic), donde mi padre tenía la mayor parte de sus amistades, y donde estaba la Escuela Normal Rural en la que impartía clases de inglés por las tarde, por el puro gusto, después de su jornada como responsable de la Oficina de la Secretaría del Trabajo en Nayarit.

En documento oficial

En documento oficial

con mi apá

Aunque no fue su día más feliz :

Por las calles de Tepic

Por las calles de Tepic

Nunca aceptó regalos por su trabajo, nunca aceptó las diputaciones u otros puestos que le ofrecieron y que le hubieran dado una seguridad económica de la cual, por otra parte, no sentía necesidad. Tengo amigos y no quiero perderlos, decía. Y entre sus amigo se contaban los taxistas, los trabajadores del Ingenio El Molino, de la tabacalera, y los trabajadores de las otras empresas en el estado, a quienes apoyó siempre.

Exigía de sus hijos que hiciéramos bien las cosas, desde el principio. Si van a ser barrenderos, aprendan a barrer bien, y ponía el ejemplo. Que nos expresáramos con propiedad, dentro y fuera de la casa, era otra de sus urgencias. La exigencia escolar no tenía que ver con calificaciones sino con aprendizajes, y nos ponía a prueba en cuanto tenía oportunidad. Aprendiz incansable, había estudiado toda la física presente en la Enciclopedia Británica, herramienta de consulta que ponía a disposición de sus alumnos, para poder conversar conmigo cuando regresé en mis primeras vacaciones largas de la Vocacional. Cuando me fui a Francia, y a pesar de la enfermedad que lo aquejaba, aprendió francés del Larousse para poder escribirme en un francés que reta al de muchos que pasaron por cursos y diplomados.

Deportista y conocedor de cuanto reglamento había; ampayer, réferi y árbitro cuando se lo solicitaban; redactor de notas para un periódico local; poeta de mi madre; dibujante. Pero, sobre todo, amante y enamorado de mi amá, tal como lo declara en esa última carta, escrita en francés.

Lo que me dio, lo que me dejó, está implícito en lo ya dicho.  El ejemplo es muy difícil de superar, o de igualar por lo menos.

Feliz cumpleaños, profe. Me siguen haciendo falta las conversaciones, las discusiones, las idas al fútbol a ese estadio que Ney destruyó. Te quiero.