22 de octubre: Una luz por Ayotzinapa

Wednesday, October 22nd, 2014

Tomar la calle otra vez. Salir a manifestar la indignación, la repugnancia por los hecho que nos dañan a todos  y a hacer sentir el apoyo a las familias de  las víctimas directas. Es la segunda marcha en León y esta vez fue mucho más numerosa. Inédito que circuláramos por el Blvd. López Mateos en lugar de ir por la calle Madero, que es la ruta más corta para ir del Arco de la Calzada a la Presidencia Municipal, en la Plaza Principal.

Niños, ancianos, minusválidos y muchos jóvenes. Hasta un juglar, que salió ahí por el barrio del Coecillo, se unió para corear las consignas acompañado por su guitarra. Muchos automovilistas acompañaron con el ruido de los claxons. Muchos trabajadores gritaron también al paso de la marcha.

Entramos al centro dando vuelta por Av. Hidalgo. Triste que al pasar frente a la Fuente de los Leones, ya muy cerca de la Plaza Principal, una persona sentada en una de las bancas grito “al cabo ya están muertos, para que marchan”. ¿Asumimos que mucha gente literalmente se tira al gozo después de la muerte de alguien querido? ¿O será que no quieren a nadie realmente? ¿O tal vez que en su medio la vida y la muerte no tienen el mismo significado que tienen en el mío?

Es decir, sé que para morir nací, como dice una de mis canciones definitorias (La chancla), y sé que, eventualmente, todos vamos a morir, los que amamos y los que no. Pero las ausencias duelen, como dijo el Padre Agustín Rozada S.J. cuando murió el Padre Manuel González S. J. Mis ausentes me duelen, mucho, a pesar de los años.  Duelen de una manera especial aquellos que fueron muertos en la flor de la vida, de manera repentina, sin enfermedad que nos preparara para el desenlace, sin edad para decir que estaban llegando al límite.

Así estos jóvenes estudiantes, algunos muertos en plena adolescencia. Sí, yo también creo que están muertos, que la demora en comunicarlo es una estúpida “estrategia” para esperar a que se aplaquen un poco los ánimos confiando en nuestra poca memoria, en que habrá algún tipo de evento o distracción que desviará la atención del horror. Pero no puede evadirse la responsabilidad de denunciar y de pedir justicia y castigo para los culpables, aunque de alguna manera todos lo somos por haber permitido que la impunidad y la corrupción se apoderaran de nuestas ciudades.

Tal vez el mensaje más significativo sea el que portaba esta chiquilla:

Quisieron enterrarnos pero no sabían que éramos semilla

Quisieron enterrarnos pero no sabían que éramos semilla

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