Archive for August, 2014

26 de agosto: Revivir la angustia

Tuesday, August 26th, 2014

“Hijos de su rechingada madre” pensé y grité, golpeando el volante con las manos, convulsionada por un ataque de llanto histérico.

Salí de mi casa rumbo al norte de la ciudad, a una reunión de trabajo. A las 9:40 A.M. tomar el Malecón del Río (de los Gómez) y luego Av. Insurgentes era la mejor ruta.

Iba bajando el puente para incorporarme a la Av. Insurgentes, llegando a la glorieta con Paseo del Moral cuando, justo al concluir una pieza en la radio de la U. de Gto., una descripción terrible interfirió con la calma que la música me provoca mientras manejo. “…un edificio de seis pisos se vino al suelo, en la esquina de …, los vidrios vuelan y todo está en ruinas…” Me alarmé, esperando a que dijeran dónde estaba ocurriendo el desastre. La voz del locutor reflejaba verdadero estrés, angustia y todo lo que uno puede experimentar frente a una tragedia semejante. “… el cine Roble…” alcancé a escuchar en medio de mi propia angustia.

“No hay cine Roble”, pensé, justo cuando una voz femenina anunciaba que habíamos escuchado un fragmento de una transmisión auténtica en la Cd. de México, en medio del temblor de septiembre 19 de 1985.

No se vale. Los que vivimos la tragedia no hemos olvidado lo sucedido, aunque hayamos aprendido de ella y hallamos salido físicamente indemnes.

“Chinguen a su madre”, repetí, tratando de recuperar mi calma.

24 de agosto: Sueño

Sunday, August 24th, 2014

Sigo teniendo sueño.

Desde que nací, dice mi madre y yo creo que es absolutamente cierto, me refugio en el sueño cuando el mundo me parece aburrido, molesto, decepcionate, o cuando no estoy de humor, cuando no tolero gente o situaciones, cuando me siento muy triste.

A veces me duermo, a veces me hago la dormida y entonces no hay poder que me haga “despertar”. Soy consciente de cómo utilizo el recurso desde como los 7 años. Era mi manera de abstraerme, de no discutir, de no participar en lo que no me interesa.

Cuando nos cambiamos a la casa de la Av. Allende, en Tepic, y la habitación de mi abuela estaba en el jardín, separada de la casa, y se cerraba por dentro con una aldaba, me encerraba ahí a leer y escuchar música. Si alguien me buscaba, simplemente no respondía: estaba dormida.

Por otro lado sí requiero de unas 7 u 8 horas de sueño para desperdar en mis cinco sentidos y de un humor razonable. Me duermo temprano y despierto temprano, dependiendo de la luminosidad. En verano puedo despertar a las 5:30 A.M. sin despertador. Pero difícilmente duermo de día, aún cuando esté muy cansada.

Estos días he tenido mucho sueño y he tratado de dormir de día. Lo he logrado a pesar de los ladridos de los perros del vecindario y de las interminables repeticiones de los discos de Vicente Fernández o su hijo o ambos (no los distingo) que mis vecinos tienen a bien compartir con todos. Excepto cuando la señora Silvia tira objetos, azota puertas, etc.; me duermo pero despierto sobresaltada. Mucho sueño para evadirme.

Hoy dormí tal vez una hora después del medio día. Y al despertar, bastante menos “blue”, decidí podar las lavanda y, ya en eso, ver de qué manera aprovechar las ramas y flores cortadas. Ahora tengo infusión de lavanda, para múltiples usos, galletas de lavanda y sablés au citrón. El olor de la lavanda que impregnó la casa ayudó a mejorar mi humor, sin duda.

Y ya casi se acabó el día.

La generosidad de mi amá

Friday, August 22nd, 2014

Un día mi hijo me preguntó la razón por la cual alguien (uno, una, ninguno de sus hijos) que fue educado por mi madre, en la misma casa y rodeado de los mismos cuidados que el resto, actuaba de una manera, a sus ojos, tan absurda. Mi hijo no creció ahí pero le queda clara la generosidad de su abuela, el apoyo familiar y la decencia general en que crecimos.

Mi madre ha sido y es muy generosa, ciertamente. Ninguno le llegamos siquiera a la altura del dedo chiquito. Son su tiempo, sus tesoros puestos a la venta para generar un ingreso necesario para los suyos, su preparación de los antojos y las comidas “personalizadas” en función de las aversiones de cada uno, su compartir desinteresado de lo que hay con los que tienen menos, la paciencia y el amor infinitos con que se hace cargo de los que enferman  incluso si significa vivir con un pie en una casa (la casa familiar, con los hijos más jóvenes) y el otro pie en otra (la de mi abuela paterna, incapacitada para moverse a raíz de una caída a edad avanzada, y  más terca que yo acerca de estar en SU casa, sola) y correr de una a otra de manera que a ninguno le faltara lo necesario. Es también su devoción, pidiendo y haciendo penitencias por la salud de un hijo, de una sobrina o de cualquiera otro de los que ama. Es el amor manifestado en el cuidado de mi abuela materna hasta el último momento y en el cuidado de mi padre (“su amor, su cómplice y todo”) también hasta el último momento, manifestando esa complicidad en el ocultarme su enfermedad y posterior muerte para  evitarme una pena durante mi embarazo.

La familia en la que crecí era también muy generosa, incluso con los que no eran de casa. Los vecinos estaban siempre dispuestos al apoyo y al cuidado de los otros, lo pidiera uno o no. Claro, alguna excepción habría. Pero esos ni los incluyo en mi memoria (por eso digo habría). Y por supuesto que cada uno tenía y tiene sus sombras.

El asunto es que ahora hay más sombras que claros 😦

17 de agosto: domingo casero

Sunday, August 17th, 2014

Día de estar en casa, de mantenerme ocupada limpiando a fondo la estufa, lavando y organizando mi ropa, de retomar la ida al tianguis por el gusto de caminar y de ver los puestos, más que por necesidad de comprar algo.

Por alguna razón todavía no termino de recuperarme del viaje, y del estrés posterior. Pero hay que comenzar la semana con la mente despejada y mucha energía, esperando que los proyectos sigan caminando como hasta ahora. Las expectativas son buenas pero he aprendido que del plato a la boca… Como sea, es necesario estar preparada para cualquier cosa que ocurra. Por eso estos días de hacer como que no hago nada.

La mañana de ayer me entretuve mayormente en el Seminario en la Libería del FCE; además del coordinador solamente éramos dos participantes, comenzamos tarde y conversamos sobre cualquier cantidad de cosas mientras esperábamos a nuestros compañeros que nunca llegaron. La tarde la dediqué a aprender a hacer videos y presentaciones en PowToon, y a editar un video en You Tube, para luego borrarlo. La presentación no, esa ya se queda así y hasta la envié a los de Simbiosys, para lo de la mesa de trabajo del 9 de septiembre. Otra de las cosas de las que no estaré segura hasta que ocurra. Y ojalá que ocurra.

Hoy, después del tianguis, el almuerzo, y de poner orden donde a lo mejor ni era necesario, y luego de una siesta que urgía, me puse a preparar gaznates. Es uno de mis dulces preferidos y algo que solamente encuentro en algunos lugares del D.F. Eso y los muéganos me encantan. Dificilmente sigo una receta al pie de la letra porque la idea es hacer el antojo con lo que hay. Por ejemplo: cortar un palo de escoba, lavarlo a fondo y cubrirlo de papel encerado para armar los gaznates o utilizar tequila, en lugar de mezcal, para la masa (¡casi media taza de tequila para 150 gramos de harina!) o hacer cucuruchos de papel a falta de duyas. El resultado es lo que cuenta. En este caso, descubrí que necesito adicionarle algo al merengue porque así nomás con vainilla no me gusta. Y se me antoja ponerle algo de licor de naranja.
gaznates

Entre la degustación y volver a poner la cocina en orden, se me acabó la tarde. Y sigo teniendo sueño.

Lo bueno es que mañana no hay juntas ni pendientes urgentes.

11 de agosto: la sonrisa de la inteligencia

Monday, August 11th, 2014

Es el título del seminario al que me inscribí y al que comencé a asistir el sábado pasado, en la Librería Efraín Huerta, del Fondo de Cultura. Comentamos textos y compartimos anécdotas, situaciones simpáticas o de plano cómicas que nos han ocurrido o de las que hemos tenido noticia. Y nos preguntamos sobre lo que nos hace reír y las causas de esta risa o sonrisa. Hay mucho más, claro.

Son cosas en las que uno no reflexiona regularmente, por lo menos en mi caso, y estas conversaciones van dejándonos conocer una parte de ese ser que somos. Los autores, actores, comediantes, gente alrededor de uno y, por supuesto, uno mismo con las mil tonteras y ridículos que cometemos, a veces sin ser conscientes. Las situaciones y las historias, verídicas o creadas, y los resquemores que tenemos respecto a algunas de ellas por su contexto, porque aluden a nuestros tabúes, por ejemplo.

Hoy ha muerto alguien a quien el título del seminario le viene excelentemente bien. La sonrisa de la inteligencia sin duda estaba personificada en Robin Williams. Era mucho más que un comediante, era un increíble actor. Seguro que he reído y sonreído con muchas de sus actuaciones y caracterizaciones, y he admirado a personajes como el profesor de La Sociedad de los poetas muertos y al psicólogo de Good Will Hunting, por ejemplo.

Triste que haya muerto teniendo tanto que dar todavía en diferentes ámbitos. Triste que sean los demonios internos los que hayan ganado la batalla. Habiendo pasado por una depresión que requirió de asistencia profesional, pero sin punto de comparación, puedo entender un poco que para una persona llegue un momento en el que no quiere seguir saliendo al mundo. Y a ratos este mundo no ofrece mucho por lo que que valga la pena salir.

Gracias por las risas y las lágrimas. Gracias por la inteligencia.

9 de agosto: Let it be

Saturday, August 9th, 2014

Escucho el disco The Beatles 1, en You Tube. Tantas canciones que me traen tantos recuerdos. La música con la que fui creciendo después de que salí de Tepic para vivir en el D.F. Las primeras baladas bailables.  Los títulos incorporados en algunas cartas. Me siguen gustando, siguen haciendo que salte de mi asiento y baile a mi modo, sin que importe si me ven o escuchan los vecinos.

Hace una semana que regresé de un viaje agotador en más de un sentido. Una semana en la que he organizado todo alrededor mío, en la que he resuelto algunos problemitas con Banamex,  derivados del viaje. Ahorita podría pasarme casi una semana sin salir de mi cueva, escuchando música, leyendo, esccribiendo, dándole la palabra a mis fantasmas. Claro que hay cosas por hacer, proyectos, reuniones, etc. Pero fuera de eso puedo ser y hacer exactamente lo que más me gusta: despertar cuando mi organismo dice que es hora, comer cuando tengo hambre y dormir cuando la pila se me acaba. En ese lapso, hacer cada una de las cosas que realmente disfruto. Las que ya mencioné y salir a caminar sin rumbo. O chorchear en línea con gente que entiende y hasta disfruta de mis tonteras.

Esta mañana el seminario “La sonrisa de la inteligencia” en la Librería Efraín Huerta, del Fondo de Cultura, fue una oportunidad para “practicar” esas conversaciones en vivo. Cinco participantes y el coordinador/facilitador del grupo. Ameno, entretenido. Tres horas que se pasaron volando. Como anticipo, ayer por la noche había entrado a la página en Facebook de este seminario y, al responder a algunas preguntas planteadas ahí por el facilitador, inicié con él una conversación sobre lo que considero que es el humor, lo que me hace reír o sonreír, y algunas fuentes de ese humor. Fue muy grato para cerrar un día que había comenzado con el encuentro con gente que quiero o aprecio. Uno no puede pedir mucho más en un mismo día.

Y hoy va por el estilo. La mañana de conversaciones, la tarde de música y lectura. Al rato, tal vez, conversaciones en línea.

Que así siga 🙂

6 de agosto: A 35 años

Wednesday, August 6th, 2014

Hace 35 años que mi padre se fue. Yo no estuve para despedirme y ni siquiera me enteraron del suceso para no dañar mi embarazo. Ese día estábamos en Venecia, a donde llegamos desde Milán, la primera ciudad que visitamos en un recorrido de varios días por diversas ciudades de Italia, con seis meses de embarazo.

Recuerdo, y tengo anotado en un pequeño diario del viaje, que frente a la Laguna de Venecia vimos pasar una góndola-carroza mortuoria. Nunca se me había ocurrido que así se llevaran a cabo esas ceremonias y por eso lo anoté. Pero claro, todo va a través de los canales.

El viaje siguió a Florencia, luego a Roma y de regreso a Turín. Viajábamos en tren y el punto de partida y de regreso era, por supuesto, París. Durante el viaje, como antes y después de él y hasta diciembre, cuando salí del hospital ya cargando a mi bebé, me comunicaba de vez en cuando con mi familia en Tepic. Mi amá me decía que mi padre estaba dormido, que había salido, que se estaba bañando, de manera que nunca podía hablar con él. Incluso me escribía haciendo comentarios de lo que mi pá me mandaba decir o comentaba.

Sin embargo, yo sabía que algo estaba mal. Estando en el hospital, acabado de nacer Pako, me visitaron los amigos. Guillermo Arreguín, quien hacia su doctorado también en París 7, también en didáctica de las matemáticas, me preguntó cómo habían recibido mis padres la noticia. “Mi papá ya murió”, le contesté. “¿Te avisaron?”, preguntó. “No, pero es algo que yo sé”, respondí. Trató de quitarme la idea de la cabeza, pero era una certeza y yo no podía comentarlo con nadie más.

Llegamos a casa con todo y bebé dos semanas más tarde y entonces quise hablar con mi familia. El padre de Pako me pidió sentarme y luego me dio la noticia. El lo supo todo el tiempo y yo me sentí traicionada. Me enojé, por más que entendiera las razones, por más que supiera que hubiera sido imposible viajar y, mucho menos, hacer algo. Pasaron unos días para que pudiera hablar con mi mamá y el enojo, la frustración, el sentirme traicionada tardaron mucho tiempo en disiparse.

La pena no. De las cosas difíciles es el hecho de que nunca se hayan encontrado mi padre y mi hijo, tan parecidos en el ser. Sé que Pako era ya muy querido por el Profe. Sé que mi hijo respeta mucho su memoria. Pero faltó la convivencia.

Conservo, especialmente, la última carta que me escribió mi padre en su buen francés aprendido con ayuda del Larousse solamente para escribirme en esa lengua y a pesar de su enfermedad. La carta en la que me cuenta de los problemas ocasionados entre él y mi madre por mis dos hermanos menores, pero en la que me aseguraba que amaría a su Chata hasta el último día de su vida. Y lo hizo.

Pako nació tres meses y quince días después de que mi padre falleció. Y ha tomado el relevo en muchos aspectos. Conversamos/discutimos de la misma manera y sobre tópicos semejantes que en las conversaciones/discusiones con mi padre. Valoramos las mismas cosas y hablamos, esencialmente, el mismo lenguaje. El psicólogo de Pako (lo solicitó a los 10 años) dijo que era natural, habiendo sido criado por mí. Debe ser.

Hoy doy gracias por el padre que tuve, por lo que me brindó, por las oportunidades que abrió para mí con la formación y el ejemplo, por apoyar y promover mi desarrollo para llegar a ser como soy, lo que soy. Y porque con ese ejemplo he criado a mi hijo y estoy más que satisfecha con el resultado.

Gracias, Profe. Siempre en mi corazón, siempre a mi lado.