2 de mayo: La memoria

Friday, May 2nd, 2014

No sé la de los demás, pero mi memoria no hace lo que yo quiero. Digo que soy desmemoriada pero recuerdo cada situación por la que me preguntan. Nombres, apodos, situaciones y hasta imágenes. Por supuesto que la mayor parte de todo eso está guardada en algún lugar al que no me asomo con frecuencia.

Ayer recordaba los cursos en ESFM en los que aprendí a programar en Fortran, primero. Y la máquina en la que se perforaba cada línea de código para armar el programa y llevarlo a correr al Centro de Cómputo de Zacatenco. Y las desventuras cuando:
a) dos días después nos entregaban la “corrida” con mensajes de error, y había que repetir el proceso
b) en el camino alguien tenía la mala suerte de tropezar, revolviendo las tarjetas

Recordé también mi primera clase con Cristóbal Vargas. Su ejemplo de algoritmo fue una receta para un pastel de chocolate. Recordé al profesor MacIntosh (la ortografía del nombre puede no ser esa) y su departamento en Lindavista (fuimos algunos de sus alumnos) lleno de libros por todas partes, incluso en el baño.

El asunto es que esos recuerdos están ahí pero no se activan más que cuando en alguna conversación surge algo que los relaciona.

Sin embargo hay recuerdos que aparecen cuando se les pega su gana, y eso es a cada rato, sin que pueda precisar su frecuencia y sin que tenga que haber un escenario propicio. Puede ser que yo haga por llamarlos y sí, voluntariamente voy jalando hilitos, cada uno con una imagen, una palabra, un sonido, pero no pasa nada, es como acercarse a ver una colección de fotos lindas, y nada más. En cambio, puede ser que a media clase o a media comida o mientras camino en el parque o en cualquier otra situación, en pleno medio día o justo cuando pongo la cabeza en la almohada, el conjunto de imágenes aparezca completo bajo un único significado que, generalmente, duele mucho pero que necesito.

En esos casos no hay nada que yo pueda hacer sino dejar que fluya el sentimiento y que la presencia se vuelva casi tangible, dolorosamente real. Y dejar que pase, que se recoja y se vuelva a guardar, hasta la siguiente irrupción incontrolable.

Cuando ocurre en el sueño es mucho más placentero porque da lugar a conversaciones completas con mucho sentido. Entonces las imágenes se organizan en situaciones muy reales que desearía poder hacer que continuaran. Pero tampoco mando en mis sueños.

Para bien o para mal, así funciona. Sí alguien me ve en uno de esos extravíos, que no pregunte. Simplemente estoy viviendo en otra realidad.

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