Archive for May, 2014

23 de mayo: día del estudiante

Friday, May 23rd, 2014

Y recordé el último, en Tepic. Vacaciones de mayo en las que uno regresaba al pueblo.  Las del 67, por ejemplo, viajamos juntos por pura casualidad en los asientos 3 y 4 de un Omnibus de México. Dijiste que me dormí en tu hombro y ahora deseo que haya sido cierto. Al regreso a la escuela, en el grupo A del segundo año, comenzamos a conversar en cada uno de los recesos y tiempos libres. De una columna a otra, hasta que no quedaba espacio por recorrer. Y en la biblioteca del Casco de Santo Tomás. Volvimos a viajar en asientos contiguos, ahora 5 y 6 y otra vez por pura casualidad, en las vacaciones largas. ¿Qué tanto hablamos durante las 12 horas del viaje? Porque no quería dormirme, me apenaba la idea de invadir tu espacio nuevamente. Comimos trozos de naranja cubierta, de las que le llevaba a mi padre, eso sí recuerdo.

Los encuentros aleatorios se sucedieron en Tepic, principalmente en la Alameda. Era mucho más tranquila que ahora, con la barda que la rodeaba, con los barrancos a los lados. Siempre fue uno de mis sitios preferidos de la ciudad y en eso coincidimos. Por eso estábamos ahí el 23 de mayo del 71.

Yo llegué con algunas de las pocas amigas que todavía tenía. Vestía el vestido recto y sin mangas, flores sobre fondo negro, que me hizo mi abuela, y sandalias blancas con tacón. Me quedé en la banca de siempre y ellas se fueron buscando algo en los barrancos. Regresaron con un mango verde con chile,  para mí, y volvieron a irse. Entonces te hiciste presente y tomaste el mango para ponerlo en la basura. “Te hace daño” dijiste. Nadie, nunca, se tomaría la molestia y el atrevimiento de impedirme hacer algo para evitarme un dolor de estómago, o cualquier otro percance. Ni antes ni después. Y a nadie más, nunca, se lo hubiera permitido.

Yo te escuchaba, prendida de cada palabra mientras me platicabas de lo que te había enfermado. Justo entonces aparecieron mis amigas que tenían urgencia por volver: debían regresar el carro que les habían prestado. Una mirada de despedida. Y no hubo más conversaciones aunque sí muchos encuentros aleatorios.

Volviste a sostenerme cuando salía de casa de Raquel, caminando de espaldas, y se me acabó el pasillo. Era la Semana Santa del 72, mis amigos esperándome y tus hermanos expectantes. Un instante de eternidad entre tú y yo, hasta que te jalaron y me llamaron. También recuerdo el vestido y los zapatos que usaba yo ese día, y el detalle de la calle con la guayín prestada por mi tía Cuca y conducida por Luis Ceja, con Lucas, Silvia y su hermano y otra chica parados al lado.

Hoy recordé cada detalle, y hasta el sol que se colaba entre los árboles. Con la tremenda tristeza vino una somnolencia pesada; dormí alrededor de una hora y desperté tranquila (me ha estado ocurriendo en cada uno de estos eventos). Que así siga.

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20 de mayo: Viaje a mi tierra

Tuesday, May 20th, 2014

Regresé de mi viaje a Amatlán. Comenzó porque me ofrecí a llevar a Pako de regreso a Guadalajara, para recortar tiempos, cuando vino a traer su camioneta y sus triques antes de irse a vivir por un rato al D.F.  Pero Pako tenía mucho que dejar arreglado de sus proyectos que seguirá monitoreando, esperando regresar a establecerse a Guadalajara, y necesitaba estar con su novia. Por mi parte, no hay mucho tiempo para vacaciones y tampoco muchos recursos monetarios, al mismo tiempo que la ida a Amatlán ofrece muchos atractivos: el campo, los antojos, la familia, los amigos, los paseos.

Llegamos a comer a Guadalajara, dejé a mi hijo en la oficina y enfilé rumbo a Ameca para seguir hacia Ahualulco de Mercado (tierra de mi abuelo materno), Etzatlán, San Marcos y Amatlán. Los paisajes, el clima, los árboles cargados de ciruelas todavía verdes, … el chiflido de los “aigres”.

Llegar al pueblo es integrarse a la vida de la comunidad, sin más trámite. Una de las cosas que me gustan es que la gente está muy bien enraizada. Muchos son emigrados, pero viven acá y mantienen sus costumbres. Se mueren y los traen de regreso, a donde pertenecen. No son ostentosos en modo alguno. Se organizan y comparten y se divierten jugando cartas, organizando reuniones para comer la variedad de platos que aportan, o las cubetas llenas de mangos de sus corrales, o los elotes recién cocidos, de su milpa. Ni los hombres ni las mujeres se visten “socialmente”. Es una maravilla sentirse libre para ser uno mismo.

Esa tarde fuimos a casa de Lupita, una amiga de mi hermano y su esposa, donde todas las tardes se reúnen a jugar cartas. Café, antojos y risas. Luego cayó un aguacero que agradecimos. Regresamos a la casa bajo la lluvia y yo descalza, recuperando sensaciones de mi infancia.

El sábado acompañé a mi hermano y dos de sus compañeros a Tepic. Iban a una reunión del Instituto Nacional Electoral, porque las elecciones municipales están en puerta. Mi cuñada se iría a Guadalajara a comprar algunas cosas. Mi plan era visitar a mi hermano Saúl y su esposa Cata. Salimos temprano y en el camino, a media sierra,  se tronó una llanta con una de las piedras de los deslaves provocados por la lluvia de la noche anterior. Piedras muy filosas que invaden la estrecha carretera que va de Amatlán a Ahuacatlán, en un camino lleno de curvas. La entrada por Ameca es mucho más plana y sin esas sorpresas. Poco más de una hora estuvimos detenidos, hasta que la llanta de refacción llegó.

A Tepic llegamos alrededor de las 9 :20 A.M. Había que cruzar la Alameda para ir al centro de la ciudad. De todas maneras, es la peregrinación obligada por/para mí.  Me senté en la banca de siempre y escribí una nota a mi ausente interlocutor. Estuve un rato y llamé a Saúl para preguntarle si estaba disponible. Iba saliendo al mercado de abastos, dijo, y se tardaría unas dos o tres horas. Nos comunicaríamos entonces para que pasara por mí o me fuera yo a su casa.

Almorcé, me puse al corriente en mis mensajes y decidí ir a buscar, otra vez, a mi amiga Raquel. El camino corto era recorrer la calle Morelia, que había evitado por casi 40 años. El Parque de la Madre, la “Secundaria Justo Sierra” (en la que estudiaron mis hermanos varones), la casa de Lupita Láscares (en remodelación), la casa que él reconstruyó y donde vivió (solo) hasta el último momento, para llegar a la calle Lerdo. Hacia la izquierda la casa de Raquel y luego la que fue de mi abuela María (paterna); hacia la derecha la escuela “Amado Nervo” donde mis hermanas y yo cursamos la primaria, frente a la que fue la academia de inglés de mi padre (que atendía por las tardes, después de su trabajo oficial), y luego el centro comercial de la ciudad.

Pregunté por Raquel a los vecinos, dado que la ocasión anterior no parecía que siguiera viviendo ahí. Una vecina me dijo que sí, pero que tenía que tocar fuerte y llamarla. En efecto, ahí estaba. Ella no me reconoció, a mí me costó trabajo asumir su deterioro. Empequeñecida físicamente, pero no en su afecto. Me dijo que cada que era su cumpleaños se acordaba del mío y ofrecía la misa por mí. Hay cosas que no recuerda, y es mejor. Pero sigue en tratamiento, con una ridícula pensión por orfandad cuando le negaron lo que le correspondía como hija única de sus padres. Tenía más de 30 años de no verla, y lo lamenté. Me contó de Lupita Láscares,  jubilada ya y que andaba de paseo en Europa; me contó de las Villalobos (Carmelita, que fue nuestra compañera, vive en Estados Unidos) y de Rosario Contreras de quien me dijo que vive en León. El resto de lo que queda de aquel grupo de amigas/compañeras de primaria y secundaria, parecen haberla excluido de cualquier actividad social. A mí me buscaron al iniciar el 2000 que para festejar que todas cumplíamos 50 años,  pero a Raquel (que vive en Tepic) no la contactaron. Yo no asistí porque no se me antoja convivir con gente que ha crecido de otras maneras y con otros estándares y preocupaciones. Con Raquel la amistad se prolongó a lo largo de todos los años que siguieron a la secundaria y conocí muy de cerca sus penas. No la busqué después de que me dio aquella noticia.

Después me fui al mercado, a llenarme los ojos de los colores de las frutas de mi pueblo y a buscar tejuino. Se me antojaba una torta del Flamingos pero había almorzado muy bien. Compré un par de bolsas huicholas y pomada de peyote en los puestos afuera del mercado. Entonces me llamó Manuel para decirme que ya era hora de regresar. Volví al Instituto Electoral y ahí me llegó el mensaje de Saúl, para vernos. Ya no hubo tiempo. Pero iré en la primera oportunidad.

Durante la jugada en casa de Lupita, esa tarde, se organizó la ida a El Salto (uno de los balnearios cercanos) para el día siguiente. Comunicación de boca en boca, el domingo éramos unas 40 personas a la sombra de los árboles disfrutando de un variopinto menú, con lo que cada quien decidió llevar. Tuvimos música de banda, nos refrescamos en las albercas llenadas por el arroyo, caminamos entre los árboles  del cerro, conversamos en grupos y me sentí muy relajada.

El lunes necesitaba estar sola. Me fui a caminar por la calzada que corre paralela al río y que se alimenta de los mantos sulfurosos que hay en Amatlán. Prudencio, el perrito de mi sobrina, fue mi compañero. Caminamos como 50 minutos tomando fotos de las flores, sentada a ratos en alguna piedra, antes de regresar. Mi hermano estaba en su consultorio, al lado de la casa, y mi cuñada en su trabajo. Me llené de la presencia de siempre, y me subí a la cama, como siempre. Cuando Manuel terminó su jornada, alrededor de las 3 P.M. fuimos a comer camarones y tuve un quiebre en público, al escuchar un pedazo de la canción. Mi hermano no dijo nada, la chica que nos atendía no supo qué hacer. Me controlé tanto como pude para terminar de comer. Pero el resto de la tarde lo pasé en aislamiento, leyendo un poco, y no fui a casa de Lupita.

Hoy tomé el camino de regreso. Al llegar a Guadalajara decidí continuar por la carretera libre a León, por los Altos de Jalisco. Solamente me detuve en San Julián a comprar algo de quesos. Poco menos de cinco horas de camino, pero llegué cansada y me dormí un rato.

Ya se acabó el día. Mañana Alma Rosa y yo iremos a la ópera, a ver/escuchar La Traviata. El viernes planeo ir a Celaya al Festival de Palabras al Viento y el sábado viene Martha Márquez, de regreso de San Luis Potosí rumbo a La Paz. Un fin de semana muy atractivo.

Me podría ir el domingo a Tepic para regresar el martes por la tarde, porque el miércoles 28 comienza el curso de verano en la universidad. Veremos si mi energía alcanza.

Tu ausencia

Thursday, May 15th, 2014

Ver en la foto el espacio donde solía encontrarte y saber que nunca más se repetirá el encuentro es un triste recuerdo de lo que puede ser el odio y la estupidez de los alumnos que solamente buscan aprobar un curso.

Al terminar el día te reencuentro en mi memoria.

14 de mayo: Para reconocer a quienes han aportado algo a mi persona

Wednesday, May 14th, 2014

Mañana es Día del Maestro en México. Tantos y tantas a quienes agradecer por lo que aportaron y siguen aportando a mi construcción como persona.

No se trata solamente de lo escolar, de lo académico, sino de todas las cosas grandes o pequeñas que nos ayudan a ir construyendo las herramientas para desenvolvernos en los planos social, sentimental, laboral, ciudadano, etc.

Mis primeros maestros, siendo la primogénita, son mis padres y mi abuela Hilaria, mi tía Cuca, mi tío Gonzalo y mi prima Licho. Mi entourage en la primera infancia. De ellos aprendí el lenguaje, el gusto por la fiesta, los sabores, los antojos, el café, los viajes en tren, las idas al cine y Mazatlán, entre otras cosas. No sé a partir de qué momento fui consciente de la existencia de mis abuelos paternos, separados. Mi abuelo era una persona muy callada y muy sencilla que nos demostraba su afecto construyéndonos papalotes y canastillas para los voláramos en el parque o en la calle, Mi abuela se mantenía lejana aun cuando íbamos a visitarla. Alrededor había otros familiares pero que no tuvieron mayor influencia sobre mí.

De mis hermanos menores (tres hombres y dos mujeres) aprendí que uno puede meterse en dificultades familiares simplemente por no poner atención a algunas reglas, en la escuela o la casa. Pero no aprendí que uno puede romper las reglas por el simple hecho de que para mí no las había, o eran tan naturales para mi estilo de vida que nunca sentí  que las hubiera.

Están también las amigas de los primeros ciclos escolares, hasta la secundaria. No creo haber aprendido gran cosa de ellas, y no tengo recuerdos particulares de nuestras interacciones, excepto al final cuando decidieron que mi desparpajo y pensamiento liberal no convenían en su grupo y a sus afanes por cazar a los solteros de la ciudad.

De mis compañeros en la Vocacional aprendí mi manera de actuar (ese que les molestó a las niñas de mi pueblo) y de relacionarme con los varones, haciéndome parte del grupo y nada más pero sin perder mi identidad. Incluye otros modos del lenguaje, jugar algunos juegos, tener iniciativa y, muy especialmente, verlos como compañeros y nada más. Por supuesto, no aprendí a jugar del lado de las niñas.

Ya en la licenciatura, y a través de mis amigos y compañeros,  aprendí que hay otras maneras de vivir y de divertirse, y otras lecturas y otra música;  junto con ellos aprendí lo que es represión y violencia y a defender mis derechos, a argumentar en público, a ocuparme un poco de los demás, a ser menos egoísta, a manifestar mi indignación y a protestar. Y aprendí mucho sobre respeto y cuidado del otro.

De Norma Díaz, mi roommate en los primeros semestres de la carrera, aprendí a enchinarme las pestañas. Tal vez fue la única contribución a mi formación femenina en todo ese periodo (claro, además de los esfuerzos de mi madre porque me pusiera aretes o me vistiera con vestidos confeccionados por mi abuela).  Pero ni maquillaje, ni pinturas o adornos en el pelo o colguijes en el cuello y los brazos, ni bolsas o carteras. Marco Pardavé, compañero de carrera y amigo de Norma y mío decía que éramos muy coquetas porque siempre nos estábamos riendo. La realidad es que no aprendí el arte del coqueteo. Eso sí, sigo riéndome de todo, incluso de mí misma.

El aprendizaje de lo sentimental es lo que más trabajo me ha costado, sin duda. Sin siquiera un conocimiento teórico, tardé en experimentar y dejé pasar la oportunidad de expresar mi sentimiento. Luego simplemente acepté jugar  algunos juegos  y seguí las reglas, aprendiendo lo esencial poco a poco en el proceso. Nunca aprendí a ser “la señora de”, pero mi hijo me fue ayudando a aprender a ser su madre. Y en ese aprendizaje sigo.

He aprendido de mis compañeras y compañeros de trabajo y de los jefes que he tenido. Lo bueno y lo que no quisiera haber sabido que se podía hacer. Y he aprendido mucho de mis alumnos. Sin formación docente de base, el oficio lo fui aprendiendo de la misma manera que fui aprendiendo a ser la mamá de Pako: por observación y buscando las maneras más adecuadas de apoyar su desarrollo. Luego vino la formación didáctica a fundamentar mi quehacer, pero en esto no hay recetas y cada grupo y cada alumno me descubre problemáticas nuevas que hay que buscar resolver de alguna manera, echando mano de cualquier cosa que pueda ser útil.

En Tijuana tuve, además, las amigas que extraño y que me enseñaron a ver la vida con mucha más libertad, y tuve la fortuna de encontrar jesuitas y laicos que me ayudaron a desarrollar mi parte espiritual, que se complementó con las excursiones que Dulce y yo hicimos al Monasterio Zen en Deer Park.

En León mis amigos y amigas me ayudaron a desarrollar mi afición al fútbol (iniciada por mi padre) y a disfrutar de un estilo de vida más formal, más social en el sentido tradicional, pero que también necesitaba.

En el camino me he encontrado con muchos educadores y colaboradores de todas partes que han contribuido a incrementar mis recursos, a desarrollar nuevas líneas de pensamiento y de acción, a profundizar en algunas áreas del conocimiento y a desarrollar habilidades que me cuesta trabajo creer que tengo.

Y sigo aprendiendo.

Así, en este día doy gracias a todos los que de alguna manera han contribuido a ser la persona que soy, con todo y mis defectos. No los puedo nombrar uno a uno pero todos saben que están In my life.

11 de mayo: Días de fiesta

Sunday, May 11th, 2014

Aunque Pako y yo no celebramos las fechas que el calendario dice que son de fiesta, este fin de semana fue especial.
Vino a traer su moto a la Harley para dejarla a consignación. El jueves vendrá a traer la camioneta para dejarla estacionada aquí en la casa. Mantendrá el espacio en el que vive en Guadalajara porque sus proyectos seguirán vivos, pero se va al D.F. por lo menos por seis meses. Es un buen proyecto y abre las puertas a otras oportunidades que estaba ya visualizando, con algunas empresas. De paso, estará cerca de sus amigos de toda la vida. La empresa y el alojamiento están en Polanco, de manera que no necesita ni la moto ni, mucho menos, la camioneta.

Tiene proyectos nuevos que de manera muy personal le interesan y que para desarrollarse pueden tardar tres o cinco años, por el puro gusto, incorporando sus pasiones de toda la vida, comenzando con la de contar cuentos, que inció por allá de sus cuatro o cinco añitos. Y parte de eso es lo que continúa en Guaadalajara, junto con el desarrollo de los juegos que están en proceso. Sé que le irá bien, pero seguramente lo veré un poco menos en este tiempo, porque sus escapadas serán a Guadalajara o a la playa (una necesidad para él como para mí).

Por lo pronto estos dos días los disfrutamos mucho paseando, conversando, conociendo rutas alternas, yendo al cine y compartiendo las comidas y el fútbol. Su regalo (sí, de mí para él) fue una playera del León, de la Copa Libertadores. Pero hoy se puso la verde regular. Y yo la rosa, por supuesto.

Por mi parte, todo hace suponer que tendré curso de verano en la Ibero. Tres horas al día, lo que significa que todo junio y la mitad de julio no me iré de paseo en fin de semana. Por eso me iré con Pako el jueves, cuando regrese a Guadalajara, y de ahí veremos qué dice el viento. Y luego puedo aprovechar del 22 al 27 (porque el 21 voy a la ópera, con Alma Rosa), para comenzar el curso de verano el 28 de mayo. Al terminar el curso, podría pensar en irme a Tijuana por unos dos o tres días, ir a visitar a mi familia en L.A, antes de regresar para el inicio del siguiente semestre, suponiendo que tenga algún curso para impartir. Aburrida no voy a estar, eso es seguro.

Por lo pronto mañana aplico el examen final y llevo el carro a revisión, mientras califico los exámenes para luego entregar actas. Y quedo libre.

9 de mayo: Un día intenso

Friday, May 9th, 2014

Viernes, fin de semana, fin de semestre (aunque para mí eso ocurrió ayer). Mi primer pendiente a resolver era el diseño del examen final del curso, para enviarlo a mi coordinadora.

Se trataba de hacer un examen comprehensivo, susceptible de resolverse en 100 minutos y que se calificará de manera sencilla. Odio los exámenes en los que se trata de hacer mil cálculos inútiles habiendo tecnología. Seleccioné cinco ejercicios, y en conjunto creo que satisfacen las condiciones para integrar el examen.

Mientras estaba en esa tarea me contactó René, uno de mis ex alumnos de Tijuana (fue mi alumno en la prepa y en la licenciatura, de los chicos que son como mis sobrinos). Se había enterado, por Facebook, de la playera del León, la de la Copa Libertadores, que le envié a Adrián, uno de mis ex alumnos de Ingeniería de la Ibero Tijuana, a punto de graduarse y a quien también quiero mucho; se la envié el martes y la recibió el miércoles por la tarde, a punto para estrenarla para el juego de semifinales del jueves entre León y Toluca. Le prometí a René hacerme cargo en cuanto y terminara y enviara el examen, anticipándole que la recibiría hasta el lunes, porque DHL no hace entregas en sábado. ¡Me dijo que esperaba estrenarla para la final!

Así que terminé y envié el examen, me fui La Guarida de La Fiera a comprar la playera y a DHL a enviarla. Mientras estaba en la fila recibí un mensaje de Rosy diciendo que había recibido el examen y que si podía impartir Probabilidad y Estadística para comunicólogos y psicólogos durante el verano. ¡Por supuesto! dije.

Pero antes, al salir de casa, me di cuenta de que los matacuaces del Municipio de León habían regresado al parquecito a destrozar los árboles, por orden de la doñita que dice que está a cargo de dar mantenimiento a ese espacio, módicos 50 pesos mensuales por casa. Me indigné, les dije que pararan, tomé fotos y las compartí para denunciar el hecho. Retomé el pleito cuando regresé de mi mandado. El recuento de los daños y de mi entripado lo puse en una nota en mi muro de Facebook.

Mientras preparaba algo de comer para recuperarme, porque las broncas me desgastan y me provocan dolor de cabeza, los colibríes (porque son por lo menos tres) aparecieron por turnos frente a la ventana del comedor. Muy agitados, ni siquiera venían a beber. Se mantenían casi suspendido frente al cristal, de frente, y regresaban al parque. Comí y salí al patio a que me diera el aire. Estando ahí pude grabar a cada uno de los tres. Y darme cuenta de que la memoria del Android estaba saturada.

Tarde casi una hora en adivinar cómo descargar el contenido a mi lap, después de instalar el software sugerido por el fabricante y que resultó inservible. Pero ahora tengo espacio para más fotos y vídeos 🙂

Con todo, el día fue muy bueno. Necesitaba descargar el estrés del semestre y era necesario un sparring. Los del Municipio sirvieron, fue un pleito útil y no hubo daños colaterales. Y me falta la doñita, como postre.

Mañana llegará mi escuincle, alrededor del medio día, y no tengo ningún pendiente más que el de ser la mamá de Pako. Será un día de compartir y de comer en casa (nunca ir a comer fuera en día de las madres, día del amor y semejantes). Y de recuperarnos.

6 de mayo: El colibrí, Fluffy, Pako y yo

Tuesday, May 6th, 2014

Hoy fue un día afortunado porque mi amigo colibrí me acompañó durante el desayuno y durante la comida. Después del desayuno desapareció, y supuse que era porque el sol ya estaba alto y ya se sentía el calor (teníamos unos 29 grados). Pero al medio día, justo cuando acababa de organizar la mesa con mi comida, volvió a aparecer, con una temperatura de 33 grados y a pleno sol. Yo estaba de espaldas y escuché su gorjeo, al voltear lo vi revoloteando y luego se fue. Cambié la orientación de mi silla, por si volvía a aparecer, justo a tiempo.  Se posó en el bebedero, ladeo su cabeza para verme, bebió, revoloteo, se fue y regresó. Estuvo en esa actividad todo el rato que duró mi comida. Luego se fue y ya no ha regresado.

de ladito

de ladito

aleteo

aleteo

bebiendo

bebiendo

Mi amiga Rocío dice que poco a poco, y que le dé tiempo. Pero no quiero atraparlo ni que coma de mi mano. Es tan libre como lo era Fluffy, como lo es Pako y como soy yo. Atrapados nos morimos.

Fluffy era el gato de mi sobrina Jessy. Era todo un señor que exigía su silla, que se ponía de modo para que yo le pasara la mano una o dos veces y terminaba con un remedo de mordida, dando por terminada la sesión,  y que llegó a hacerme una caricia en la cara, con su garrita con las uñas escondidas. Estaba un rato en la casa, luego se levantaba y caminaba majestuosamente hacia el patio, y se escapaba. Era muy vago, le gustaba revolcarse en la tierra y en el pasto. En una de sus andanzas lo atropelló un carro y hubo que dormirlo. Nunca he encontrado otro gato tan afín a Pako y a mí.

Porque Pako es igual: se deja hacer un par de caricias, más en forma de lucha libre que de apapacho, y luego gruñe. Está en casa mientras siente que lo necesita, y luego se va. No hay nada que lo detenga. De las tantas cosas que debió aprender viviendo conmigo, leyendo mis libros, escuchando mi música, oyendo mis historias.

Yo tampoco soy de mucho apapacho y me cuesta mucho dejar que la gente invada mi espacio vital. Por eso no bailo, por ejemplo, a menos que sea bailar suelto y solamente en circunstancias y con personas especiales. Tampoco me gusta sentir que alguien crea que soy de su posesión. Mis amigas y amigos saben que pueden contar conmigo, pero no pueden encerrarme ni limitarme ni condicionarme.

Ni Pako ni yo caemos en asuntos de manipulación. Pako es mucho más directo que yo, eso sí; frente a una situación de ese estilo claramente dice “a mí no me manipules”. Yo me río y puede ser que haga una broma dejando claro que no lo consiento, o presento mi renuncia, o anuncio que hasta ahí llegué y que cambio de casa, de ciudad y hasta de país si es necesario. Viceversa, tampoco manipulamos. Si alguien dice que no hacemos lo que espera, en cualquier sentido, y que por eso se va, lo dejamos libre. No dramas, no exposición de razones, no métodos de convencimiento. He visto pasar a mi hijo un par de veces por esos trances y sé, por experiencia, todo lo que duele, pero también sé que no hay vuelta para atrás.

Entiendo que al colibrí le gusta su libertad; que acepta el agua dulce del bebedero o el néctar de las lavandas, nada más; que es extraordinario que se deje tomar foto o video; que cuando ya no necesita nada se va. Hasta la siguiente vez. Entre los dos siempre está la ventana de por medio, y así seguirá. Será bienvenido cada que quiera regresar como lo son, hasta ahora, todos mis amigos y amigas.

2 de mayo: La memoria

Friday, May 2nd, 2014

No sé la de los demás, pero mi memoria no hace lo que yo quiero. Digo que soy desmemoriada pero recuerdo cada situación por la que me preguntan. Nombres, apodos, situaciones y hasta imágenes. Por supuesto que la mayor parte de todo eso está guardada en algún lugar al que no me asomo con frecuencia.

Ayer recordaba los cursos en ESFM en los que aprendí a programar en Fortran, primero. Y la máquina en la que se perforaba cada línea de código para armar el programa y llevarlo a correr al Centro de Cómputo de Zacatenco. Y las desventuras cuando:
a) dos días después nos entregaban la “corrida” con mensajes de error, y había que repetir el proceso
b) en el camino alguien tenía la mala suerte de tropezar, revolviendo las tarjetas

Recordé también mi primera clase con Cristóbal Vargas. Su ejemplo de algoritmo fue una receta para un pastel de chocolate. Recordé al profesor MacIntosh (la ortografía del nombre puede no ser esa) y su departamento en Lindavista (fuimos algunos de sus alumnos) lleno de libros por todas partes, incluso en el baño.

El asunto es que esos recuerdos están ahí pero no se activan más que cuando en alguna conversación surge algo que los relaciona.

Sin embargo hay recuerdos que aparecen cuando se les pega su gana, y eso es a cada rato, sin que pueda precisar su frecuencia y sin que tenga que haber un escenario propicio. Puede ser que yo haga por llamarlos y sí, voluntariamente voy jalando hilitos, cada uno con una imagen, una palabra, un sonido, pero no pasa nada, es como acercarse a ver una colección de fotos lindas, y nada más. En cambio, puede ser que a media clase o a media comida o mientras camino en el parque o en cualquier otra situación, en pleno medio día o justo cuando pongo la cabeza en la almohada, el conjunto de imágenes aparezca completo bajo un único significado que, generalmente, duele mucho pero que necesito.

En esos casos no hay nada que yo pueda hacer sino dejar que fluya el sentimiento y que la presencia se vuelva casi tangible, dolorosamente real. Y dejar que pase, que se recoja y se vuelva a guardar, hasta la siguiente irrupción incontrolable.

Cuando ocurre en el sueño es mucho más placentero porque da lugar a conversaciones completas con mucho sentido. Entonces las imágenes se organizan en situaciones muy reales que desearía poder hacer que continuaran. Pero tampoco mando en mis sueños.

Para bien o para mal, así funciona. Sí alguien me ve en uno de esos extravíos, que no pregunte. Simplemente estoy viviendo en otra realidad.

1 de mayo: fin de semana cancelado

Thursday, May 1st, 2014

Me levanté temprano, tomé café, regué las plantas, hice mi maleta. Entonces sentí entre mareo y hambre y bajé para hacerme mi jugo combinado y tomármelo. Pero de regreso a mi cuarto, mientras comenzaba a organizarme para bañarme y arreglarme antes de irme a la Central de Autobuses, la gripe se hizo presente con fuerza y el mareo continuaba.

Avisé a mi hermano/médico de que no me iría por el malestar. Me mandó a tomar una pastilla para el mareo y un té de limón con pasiflora, esperando que durmiera un rato. Me hice mi té de limones adicionado de jengibre y canela, y le agregué pasiflora. Me sirvió para el malestar general, pero no me hizo dormir.

A partir de ahí éste ha sido el 1 de mayo más relajado de mi vida. No he hecho nada más que comer, chatear a ratos, ver un par de películas en pedacitos y dormir un rato (finalmente) al medio día. Y sí, me siento mucho mejor.

Falta ver a qué hora me dará sueño!

Rosa Delia Guerrero

Thursday, May 1st, 2014

The Mexican Cultural Centre (MCC), Nottingham, United Kingdom

FANTASÍA DEL SILENCIO

Rosa Delia Guerrero

Hay tantas cosas que empiezan y terminan como un juego, en un movimiento ocioso del tiempo, me dije a mí mismo, sentado, solo, en el parque, mientras hilvanaba memoria y olvidos, de cuando esperábamos apenas que llegara la tarde y corríamos para atravesar el extenso bosque liliputiense.

Rosa Delia Guerrero. Foto Cortesía. Rosa Delia Guerrero. Foto Cortesía.

Entonces, seguíamos las señales en el camino, una orquídea aquí, nuestros nombres grabados en el tronco, vuelta a la izquierda hasta toparnos con un fresno, sus pies retorcidos nos servían de escondite. Nos sentábamos sobre de ellos y los cubríamos con unas ramas para conservarlo de incógnito cuando nos íbamos antes del anochecer. Se nos pasaban las horas jugando a inventar mundos ficticios, siempre habitados por personajes surgidos de nuestro mundo infantil. Creábamos historias inauditas narradas sin interrupción salvo cuando se escapaba una carcajada o tal vez sorprendidos por el miedo…

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