26 de marzo: Reconstruir mi historia

Wednesday, March 26th, 2014

De los archivos de mi madre me traje un montón de fotos, de la familia y mías. En realidad estaba buscando la única foto (de esas que le hacían a uno para las credenciales de la escuela) que quisiera recuperar y que no es ni de mi familia ni mía, sino una que me regalaron. Esperanza inútil.  Comencé por organizar las que me traje

  • las de mis mayores
  • las mías
  • las de las “tribus” familiares

y por subirlas en Facebook, para ponerlas al alcance de los chavos de las generaciones que siguen a la mía e, incluso, de mis hermanos.

Para mí es interesante e importante reconstruir mi pasado. Quién soy y de dónde vengo. Y cada vez me sorprendo de lo mucho que había olvidado sobre mí misma. Mis fotos las organicé por edades aunque hay muchas otras en otros álbumes de épocas pasadas y recientes. Pero no pienso hacer un merge con ellas. Estas son las fotos de las que no tenía copias y que, por supuesto, no fueron tomadas con cámaras digitales.

Al ver las fotos recordé muchos de los vestidos que usé en mi adolescencia. Uno azul marino, con bolas blancas, por ejemplo. O aquel de flores sobre fondo negro, casi recto,  que vestía en uno de esos encuentros no planeados en la Alameda de Tepic, con sandalias blancas de tacón. O el fucsia, de corte imperio con la parte superior resaltada por un tejido blanco, y que usaba para ir a una fiesta en Tepic, con mis amigos del D.F. que habían ido a pasar Semana Santa de 1972, cuando caí de espaldas saliendo en reversa y sin fijarme de la casa de mi amiga Raquel. Unos brazos me cacharon. Otra vez por pura casualidad. Un instante que duró no sé cuánto hasta que a mí me volvieron a la realidad mis amigos y a él lo jalaron sus hermanos.

Recordé un vestido de fiesta para una graduación en ESFM (no mía), para la que me mandaron el cuaderno de modas, enorme, para que seleccionara el modelo. Elegí un pantalón negro acampanado, de tela fluida, con una blusa blanca de vuelos en las mangas y cuello y una banda rosa en la cintura. Cuando la caja con el vestido llegó, me infarté: era un vestido línea A, minifalda, de mangas de campana largas, elaborado en un delicadísimo y sutil brocado ¡ROSA! Y venía acompañado de un abrigo blanco, guantes y zapatos plateados. Y no había de otra.

Otra sorpresa al ver las fotos, es que yo me recuerdo como tímida, por lo menos en la época de la secundaria.  Evidentemente no lo era tanto, porque parece que desde muy pequeña disfrutaba que me tomaran fotos. Aunque en muchas no parezco sonriente. Es decir que soy más narcisista de lo que creía. Probablemente mi recuerdo de la época de la secundaria tiene que ver con esa etapa en la que no sabía si iba o venia, si sentarme o quedarme de pie, y dónde poner las manos. Y de la conciencia de que mi pelo no está hecho para peinarlo según las modas. Hay que dejarlo ser, y me tomó tiempo aprenderlo. Supongo que estaba tan incómoda con mi experiencia de crecimiento, que trataba de pasar desapercibida en donde fuera, excepto frente a la cámara, por lo que se ve.

Años después, cuando ya cursaba la carrera, en unas de las vacaciones decembrinas fuimos a una de las tantas posadas en el Casino de Tepic (había una cada día y mis padres no se perdían ni una). Un joven me invitó a bailar. Vivía en la misma calle que nosotros, una cuadra más hacia el centro de la ciudad, y había sido el novio de una compañera/amiga de la secundaria. Mientras bailábamos me preguntó ¡de dónde era! Y seguí el juego. De aquí, contesté. “pero no estudiaste aquí”, me dijo. Hasta la secundaria sí,  y luego me fui a México a hacer la prepa, contesté. “¿En qué secundaria estabas?” me preguntó. En la Alemán, dije. “¡Ah! ¡Yo tenía amigas ahí!” exclamó. Sí, fulanita era tu novia y alguna vez nos fuimos de pinta a los barrancos de la Alameda, yo de chaperona, confesé. Nos reímos. No, nunca se dio cuenta de que yo existía porque yo hacía todo lo posible porque nadie me viera.

Y luego todo cambió cuando entré a la Voca 3 y, por necesidad, tuve que hacer puros amigos hombres. Y aprender su estilo y sus maneras de socializar, que copié en buena medida. Hasta intenté aprender a fumar, sin éxito. Y sin embargo seguí utilizando los vestidos que mi abuela me hacía y que ahora recuerdo con tanto cariño y que me gustaban tanto.

Mi pelo, de acuerdo con las fotos, lo he tenido de todos los largos posibles. De muy corto, como de niño, a muy largo, a media espalda. Rizado, cuando mi mamá decidía dejar de batallar con lo lacio.  A los 17 años lo tenía justo del largo que lo tengo ahora, y lo “peinaba” de la misma manera. Y es que no tengo muchas opciones. He aprendido a vivir con él y a no preocuparme de si se ve peinado o no.

Ha sido bueno recomponer mi idea de mí. Y todavía me falta contrastar esa idea con la que de mí tiene la familia.¡Uy!

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2 comments on “26 de marzo: Reconstruir mi historia

  1. Elías Loyola Campos says:

    Bonito escrito, claro y muy descriptivo. Gracias.
    Tengo por ahí, en el DF, varias fotos que estoy escaneando con la misma idea que tú. A ver cuándo termino, porque lo hago cada vez que voy. Sin embargo, tuve que volver a empezar: mi hermano formateo la máquina.

    • Blanca Parra says:

      Uno se sorprende, al menos yo, al contrastar los recuerdos con lo que dicen las fotos. Y seguramente los otros (familia, amigos, maestros) todavía podrían añadir otras luces. Eso sería muy interesante, pero muy arriesgado, no?

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