7 de marzo: Ser mujer y no morir en el intento

Friday, March 7th, 2014

Mañana  se conmemora el Día de la Mujer, y espero no recibir felicitaciones ni tarjetitas. Disfruto mucho ser mujer, y por supuesto que no quisiera ser hombre, pero no se trata de un festejo sino de conmemorar las luchas por los derechos que aún en esta época se niegan a muchas mujeres.

Muchas veces he tenido que revolverme contra alguna manera de discriminación o de abuso, aunque no me siento particularmente vulnerable. Aunque fui criada en un ambiente donde no se establecían diferencias entre los hijos y las hijas, donde las mujeres tenían voz y voto y donde mi padre no ofendería de ninguna manera a mi madre, a mi abuela o cualquiera de las mujeres de la familia, aprendí que fuera de mi entorno las agresiones por ser mujer se presentan de muchas maneras:

  1. Las niñas que debían dejar la escuela apenas aprobado el tercer grado de primaria, porque estaban destinadas a apoyar el trabajo de sus padres y hermanos, primero, y luego el de sus maridos, y ocuparse de sus casas y de criar a sus hijos. Ninguna esperanza de formación  o de libertad e independencia
  2. El paisano que comenta que es un gasto innecesario el que mis padres hacen en mi educación, y que voy a terminar siendo una perdida (pero al que nadie le hace caso en mi familia)
  3. El escuincle que le roba a uno un beso, y cree que hay que agradecerle cuando lo que uno quiere es matarlo
  4. Las “amigas” que nos sacan del grupo porque no actuamos como “señoritas de sociedad” (y mejor me quedo sin amigas)
  5. El profe que nos dice que ocupamos, indebida e innecesariamente, un lugar en la vocacional (bachillerato) buscando marido, en lugar de estar en nuestras casas aprendiendo a cocinar (y repruebo Química para aprobarla en Extraordinario)
  6. El otro profe, que me cita en la escuela, en sábado a las 8 de la mañana, que porque “no entiendo la física” y se va a encargar de darme clase a solas (y llegué acompañada por mis amigos)
  7. El candidato a novio que me dice que nunca pensó que una novia suya se pondría pantalones y se sentaría en el pasto (y lo mandé… a por una silla)
  8. Los que administraban Olivetti, que me dan empleo pero me dicen que no pueden pagarme lo mismo que a un hombre porque “las mujeres no pueden viajar” (lo que por supuesto no acepté)
  9. La Secretaría de Educación Pública, que obligaba a las candidatas a ser profesoras a hacerse una prueba de no embarazo (a lo cual me niego, y les urgía contratarme)
  10. El CONACYT que le quitó su beca a una compañera divorciada porque su ex marido tendría obligación de apoyarla
  11. El mismo CONACYT que daba montos de beca diferentes a hombres y mujeres en la misma situación y con el cual tuve que pelearme para que me pagara igual que a un compañero y que me reembolsara el retroactivo
  12. La gerente de El Palacio de Hierro que pedía una carta aval de mi marido para darme una tarjeta de crédito porque en sus políticas las mujeres eran dependientes del marido (y los mandé por un tubo)
  13. El jefe que cree que su trabajo es “protegerme” invalidando mi trabajo y luego trata de manipularme ¡llorando en público!
  14. El otro jefe que cree que mi trabajo es para que él se lo apropie impunemente (una de las razones por las cuales renuncio)
  15. El policía que dice que yo tengo la culpa en un choque a mi carro, ¡porque soy mujer! (y entonces hago venir al gestor de la oficina)
  16. El marido que me descalifica por cada cosa que él cree importante (vestirse bien, estar bien maquillada, etc.) para tratar de hacerme sentir inferior (sin saber que me fomentaron una especie de soberbia que hace que me valgan las opiniones de los demás)
  17. El mismo marido que cree que una explosión de violencia (sin tocarme, afortunadamente para él) va a hacer que reconozca su superioridad (precisamente porque era a la inversa)
  18. El agente del Ministerio Público de León que me dice que, como mujer, debo permitir que mi ex marido vaya a mi casa a buscar a mi hijo menor de edad del que tengo la absoluta patria potestad (y entonces recurro a una instancia superior que dice que ni madres)
  19. El jefe que trata de pasar por encima de mis derechos laborales (y le sale el tiro por la culata)
  20. El otro marido que abre mi correspondencia, que me cela y me dice que desde el momento en que nos casamos yo debería de opinar igual que él (desconociendo totalmente la manera en que fui educada)
  21. El jefe que me pide firmar una carta de obediencia (¡lo cual es perfectamente ridículo! y me lleva a renunciar)

Y todo lo que no me ha pasado, como las insultantes maneras de hostigar sexualmente a las mujeres en el metro o los autobuses, o negarme un servicio por ser mujer.

Afortunadamente en mi familia me dieron las bases y las herramientas para responder en cada una de estas situaciones haciendo valer mi integridad y mi derecho. Ni siquiera se podría decir que he sufrido como mujer. Me he peleado, eso sí. Y me sigo peleando.

En mi experiencia no son solamente los hombres (no todos, afortunadamente) los que niegan o violan los derechos de las mujeres. Hay mujeres que hacen eso también. Es un problema de educación muy severo. Esther Vilar dice, en El Varón Domado, que somos las madres las que formamos las maneras en que nuestros hijos varones tratan a las mujeres y en las que responden al trato de las mujeres. Pero también las de las hijas, digo yo.

Así que seguimos peleando. Y creo que, además, he formado un hijo que sabe respetar a las mujeres, basado en el único principio que rige en esta casa: No hagas a otros lo que no quieras para ti.

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2 comments on “7 de marzo: Ser mujer y no morir en el intento

  1. Elías Loyola Campos says:

    ¡Uy, qué grave está casi todo! Es ridículo y lamentable que se piense así contra las mujeres. Pero más grave es que muchas de ellas piensan que así debe ser. Yo tuve algunos disgustos con mi madre por causa de su manera de pensar. Fueron años de discusiones. Casi al final de su vida me decía “Ya sé que tú piensas distinto, pero quiero opinar sobre lo que piensas hacer” [comprarle un departamento a mi hija menor para que se fuera a estudiar su carrera al DF]. “Las mujeres deben estar con sus padres hasta que ellas se casen”. Esa manera de ver las cosas fue uno de nuestras mayores desavenencias cuando mi hermana menor creció.

    Desde luego que hay que respetar a todas las personas, pero sólo puedo apoyar a quien está dispuesto a luchar por sus derechos.

    • Blanca Parra says:

      Lo más grave es que las leyes se aplican con esos criterios, particularmente en este estado. Y que al casarse, a las mujeres se les sigue leyendo la Epístola (como pistola) de Melchor Ocampo, y firman aceptando el rol que ahí se les asigna.
      Yo, afortunadamente, vengo de una familia de gente rara. Mi amá, en el 48, entró a estudiar inglés con mi apá (ahí se conocieron) porque quería seguir estudiando, en un pueblo que todavía en 1967, por lo menos, solamente tenía una prepa (casi puros hombres), media carrera de Leyes, y la Normal. Y mi abuela (madre soltera de dos hijas, por voluntad propia) la apoyó. Así que la decisión de mis padres de mandarme a estudiar al D.F. solita y mi alma, a los 15 años, solamente sorprendió a los parientes del círculo externo.
      Fue uno de mis enojos en el Colegio del Bosque. Una conferencia donde se estableció el rol de las mujeres exactamente como Wikipedia define la feminidad, porque “el divorcio es lo peor que le puede pasar a una mujer”.
      Pero algunas de esas niñas me siguen 🙂

      Saludos!

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