3 de marzo: recuperar energía

Monday, March 3rd, 2014

Creo que es el primer día, en varias semanas, en que decido dedicarme al delicioso arte del dolce far niente. Semanas de estar atareada con exámenes, cursos en los que me meto y para los que a veces ni me alcanza el tiempo, la escritura de cuentos que ha resultado una sorpresa. Finalmente este fin de semana fue de convivencia con amigas. El sábado estuvieron aquí Ghislaine y Claudia. El domingo me fui a disfrutar del concierto gratuito de Fernando de la Mora al Fórum Cultural Guanajuato, con Alma Rosa, donde nos acompañaron el Dr. Rivera y su esposa, y José Luis, uno de los ex alumnos a quien regularmente encuentro en estos eventos.

Cierto, en la semana de mi cumpleaños Alma Rosa y yo nos habíamos ido al concierto de Serrat, en el Teatro Doblado. Pero esa reseña la hice ya para Es Lo Cotidiano. Desde entonces, entre las idas a Guanajuato para el proyecto con la SEG, las cuestiones de trabajo en la universidad, el Taller de Cuento y las minucias de la vida diaria he andado como trompo chillador. Claro, también hay que contar las deliciosas idas a caminar al Parque Metropolitano.

Pero mi cuerpo dijo ¡basta! Y entonces hay que hacer caso. El viernes amanecí disléxica y disnumérica; y lo bueno es que ese día no tengo clase y puedo quedarme encerradita para evitar desastres.  Eso sí, almorcé con mi querida Maluca en el Patio Andaluz. Excelente compañía y deliciosa comida. El fin de semana tenía que ser de relajarse, y así fue.

Con Ghis y Claudia, de las 3 de la tarde a las 10 de la noche del sábado conversamos y comimos muy gratamente. Y seguimos en eso hasta que ya estaban arriba del carro para irse. ¡Es taaan saludable!

Ayer el concierto fue una maravilla. Aunque comenzaba a las 7 de la noche, yo llegué poco antes de las 5 de la tarde para reservar lugares en primera fila. Llevaba Leer, de Zaid, pensando en aprovechar lo que pensaba que sería un largo rato muerto. Llevaba también una botana de pepinos y zanahorias, queso, agua y mis aparatos para tomar fotos y compartirlas. Apenas alcancé a leer un par de páginas del libro cuando los músicos comenzaron a ensayar tocando, primero, pedacitos de las piezas del repertorio. Cuando todos los integrantes de la orquesta se habían reunido, ensayaron con la música completa de algunas de las canciones del programa. El tenor llegó temprano para ensayar y, para los que llegamos temprano, fue el pre concierto completo. Hasta una foto con él me pude tomar.

Lo que leí en las dos páginas fue muy significativo. Zaid habla de cómo, cuándo enfrentamos la belleza, somos capaces de reconocer, posteriormente, la fealdad a la que estábamos acostumbrados. Y supongo que para algunas personas eso pudo ocurrir ayer. Según me contó Alma Rosa, alcanzó a escuchar las respuestas que daba una señora a una encuesta que en el lugar estaban haciendo.  ”¿Cómo se enteró del evento?” “Porque pasaba y me quedé a ver qué había”; “¿Le gusta como canta el tenor?” “No sé porque nunca lo he oído”; “¿Qué sugerencias haría?” “Que haiga más eventos de estos”.

El tenor comunica emoción, no se trata solamente de una gran voz y mucha técnica. Algunas canciones (Deja que mis labios te nombren quedo, como se nombra a Dios…) que yo no recordaba, lograron sacarme de mi estado casi usual de oigo pero no escucho y volver a la nostalgia del pasado (dice Serrat en Paraules d’amor). Los danzones, uno de ellos bailado por algunas parejas de asistentes, me hicieron pensar en mis padres bailando  (Dancing with my father again, y la añoranza me envolvió).  La única canción que realmente no soporto, independientemente de quién la cante, es Amor eterno, de Juan Gabriel. Y fue una de las canciones en el encore. La otra fue Granada.

Los 70 minutos que se suponía que duraría el concierto se extendieron hasta completar una hora y tres cuartos. En un ambiente donde se podían corear las canciones, acompañarlas con las palmas y bailar con la música de los danzones, creo que los asistentes solamente pudimos desear que se repitan estos eventos que sí acercan a la gente a la cultura. Muy disfrutable.

Luego, Alma Rosa y yo nos fuimos a tomar un café a Corazón de pan. Regresé alrededor de las once de la noche a mi casa y encontré mensajes de Adrián, que estaba en modo conversador. Es un ex alumno de Tijuana, de los que siento más cercanos, y me da mucho gusto cuando conversamos. Pero a las 12, como la Cenicienta, hay que retirarse a dormir, porque los lunes sí hay clase.

Este día transcurrió entre la clase, la visita al ISSSTE a decir que sigo viva, el súper,  el chat, la música y algo de lectura ligera. Hasta mandé uno de mis textos a un concurso que me sugirió la profesora (esa es una de mis sorpresas: ¡dicen que escribo bien! y sin necesidad de correcciones, lo cual es bastante extraño para mí). Supongo que mañana amaneceré ya en modo de trabajo regular. Y más me vale porque están los pendientes del proyecto.

Por ahora ¡a dormir para poder ir mañana temprano al Metropolitano!

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