Archive for March, 2014

30 de marzo: domingo de hacer nada

Sunday, March 30th, 2014

Es domingo y el fin de semana se me ha hecho largo. Como sí estuviera esperando que ocurriera algo, no sé qué. El ejercicio de ayer, plantando árboles, me ayudó a dormir muy bien; ni siquiera amanecí adolorida. Eso sí, desperté muy temprano.

Así que temprano revisé los trabajos de los alumnos, muy malos. Luego les dediqué un rato a mis plantas. Después del desayuno me fui al mercadito, antes de que el sol lo hiciera difícil. Y al Sam’s, por las cosas que no son del mercado. Para el medio día ya había regresado de mis mandados y guardado todo. Y limpiado el refrigerador, como consecuencia. La señora Silvia no hace nada aunque lo vea, y me tardo más en decirle y explicarle que en hacerlo; y me enojó menos. Hasta cocí el pollo para el consomé de mi sopa de lima.

La comida fue sencilla: un taco de camarón (habían quedado del jueves) y una guacamaya. Y una copa de Riunite. De postre, fresas (ni azúcar ni crema). En principio todo está listo para comenzar la semana sin carreras.

A las 3 de la tarde ya había terminado de recoger la cocina y de sacar la basura. Comenzó una punzada (muscular, supongo) a la altura del corazón, que ya sé que no duele. Y sigo como esperando algo, pero no sé qué.

Ahora son las 8, a las 9 veré un episodio de Cosmos, en Nat Geo. Mientras, me “arreglo” las uñas, organizo cosas, veo pedazos de películas sin decidirme a ver una completa. Algo va a ocurrir, creo. Pero no sé que.
Mañana sabremos si hubo algo.

26 de marzo: Reconstruir mi historia

Wednesday, March 26th, 2014

De los archivos de mi madre me traje un montón de fotos, de la familia y mías. En realidad estaba buscando la única foto (de esas que le hacían a uno para las credenciales de la escuela) que quisiera recuperar y que no es ni de mi familia ni mía, sino una que me regalaron. Esperanza inútil.  Comencé por organizar las que me traje

  • las de mis mayores
  • las mías
  • las de las “tribus” familiares

y por subirlas en Facebook, para ponerlas al alcance de los chavos de las generaciones que siguen a la mía e, incluso, de mis hermanos.

Para mí es interesante e importante reconstruir mi pasado. Quién soy y de dónde vengo. Y cada vez me sorprendo de lo mucho que había olvidado sobre mí misma. Mis fotos las organicé por edades aunque hay muchas otras en otros álbumes de épocas pasadas y recientes. Pero no pienso hacer un merge con ellas. Estas son las fotos de las que no tenía copias y que, por supuesto, no fueron tomadas con cámaras digitales.

Al ver las fotos recordé muchos de los vestidos que usé en mi adolescencia. Uno azul marino, con bolas blancas, por ejemplo. O aquel de flores sobre fondo negro, casi recto,  que vestía en uno de esos encuentros no planeados en la Alameda de Tepic, con sandalias blancas de tacón. O el fucsia, de corte imperio con la parte superior resaltada por un tejido blanco, y que usaba para ir a una fiesta en Tepic, con mis amigos del D.F. que habían ido a pasar Semana Santa de 1972, cuando caí de espaldas saliendo en reversa y sin fijarme de la casa de mi amiga Raquel. Unos brazos me cacharon. Otra vez por pura casualidad. Un instante que duró no sé cuánto hasta que a mí me volvieron a la realidad mis amigos y a él lo jalaron sus hermanos.

Recordé un vestido de fiesta para una graduación en ESFM (no mía), para la que me mandaron el cuaderno de modas, enorme, para que seleccionara el modelo. Elegí un pantalón negro acampanado, de tela fluida, con una blusa blanca de vuelos en las mangas y cuello y una banda rosa en la cintura. Cuando la caja con el vestido llegó, me infarté: era un vestido línea A, minifalda, de mangas de campana largas, elaborado en un delicadísimo y sutil brocado ¡ROSA! Y venía acompañado de un abrigo blanco, guantes y zapatos plateados. Y no había de otra.

Otra sorpresa al ver las fotos, es que yo me recuerdo como tímida, por lo menos en la época de la secundaria.  Evidentemente no lo era tanto, porque parece que desde muy pequeña disfrutaba que me tomaran fotos. Aunque en muchas no parezco sonriente. Es decir que soy más narcisista de lo que creía. Probablemente mi recuerdo de la época de la secundaria tiene que ver con esa etapa en la que no sabía si iba o venia, si sentarme o quedarme de pie, y dónde poner las manos. Y de la conciencia de que mi pelo no está hecho para peinarlo según las modas. Hay que dejarlo ser, y me tomó tiempo aprenderlo. Supongo que estaba tan incómoda con mi experiencia de crecimiento, que trataba de pasar desapercibida en donde fuera, excepto frente a la cámara, por lo que se ve.

Años después, cuando ya cursaba la carrera, en unas de las vacaciones decembrinas fuimos a una de las tantas posadas en el Casino de Tepic (había una cada día y mis padres no se perdían ni una). Un joven me invitó a bailar. Vivía en la misma calle que nosotros, una cuadra más hacia el centro de la ciudad, y había sido el novio de una compañera/amiga de la secundaria. Mientras bailábamos me preguntó ¡de dónde era! Y seguí el juego. De aquí, contesté. “pero no estudiaste aquí”, me dijo. Hasta la secundaria sí,  y luego me fui a México a hacer la prepa, contesté. “¿En qué secundaria estabas?” me preguntó. En la Alemán, dije. “¡Ah! ¡Yo tenía amigas ahí!” exclamó. Sí, fulanita era tu novia y alguna vez nos fuimos de pinta a los barrancos de la Alameda, yo de chaperona, confesé. Nos reímos. No, nunca se dio cuenta de que yo existía porque yo hacía todo lo posible porque nadie me viera.

Y luego todo cambió cuando entré a la Voca 3 y, por necesidad, tuve que hacer puros amigos hombres. Y aprender su estilo y sus maneras de socializar, que copié en buena medida. Hasta intenté aprender a fumar, sin éxito. Y sin embargo seguí utilizando los vestidos que mi abuela me hacía y que ahora recuerdo con tanto cariño y que me gustaban tanto.

Mi pelo, de acuerdo con las fotos, lo he tenido de todos los largos posibles. De muy corto, como de niño, a muy largo, a media espalda. Rizado, cuando mi mamá decidía dejar de batallar con lo lacio.  A los 17 años lo tenía justo del largo que lo tengo ahora, y lo “peinaba” de la misma manera. Y es que no tengo muchas opciones. He aprendido a vivir con él y a no preocuparme de si se ve peinado o no.

Ha sido bueno recomponer mi idea de mí. Y todavía me falta contrastar esa idea con la que de mí tiene la familia.¡Uy!

22 de marzo: A TJ y LA en cuatro días

Saturday, March 22nd, 2014

Me fui de viaje sólo a ver si así… OK. ¡No!

Necesitaba ir a visitar a mi familia y a mis amigos. Lo que se pudiera en el breve espacio de un fin de semana largo y alargado a fuerza, perdiendo una sesión de clase que tendría que recuperar después.

Los viajes salen muy caros. Más, cuando le sacan a uno la bolsa y lo despojan del efectivo. “No era mucho”, me dijo un amigo. Pero esos 250 dólares era todo lo que tenía en mi cuenta de nómina y que había convertido a billetes verdes. Eso sí, mis tarjetas y credenciales estaban completas, aunque todas revueltas. Y me dejaron 20 dólares. Recuperar la cartera fue casi un milagro pues quien “la encontró tirada” fue a dejarla a la otra punta del aeropuerto de Los Ángeles. De la Casa de Cambio  a donde la fueron a entregar llamaron a mi hijo, en Guadalajara, para decirle que la tenían. De los males el menos.

Y de ahí a reunirme con mi familia, que me esperaban en un restaurante de hamburguesas. Habían pasado tres horas desde mi llegada al aeropuerto, y yo había caminado mucho cargando la maleta y con el estrés de la desaparición de mis documentos y dinero. Se suponía que mi mamá me estaría esperando en LAX y que, al llegar,  yo rentaría un carro para irnos directamente a Bakersfield, a visitar a mi hermanita Nidia y sus hijo y nietos, y a mi hermano Juan. Para cuando por fin me reuní con mi mamá, mi hermana Irma, y mis sobrinas Jessy y Desi, estaba toda adolorida: mi rodilla, mi rabadilla y mi cabeza me causaban mucha molestia. Y las ronchas del estrés comenzaban a aparecer en mi brazo. Pastillitas, relax. Pero dejamos la ida a Bakers para el día siguiente. Jessy nos prestaría su carro para el viaje.

Todo de carrerita. Llegar el viernes por la mañana a casa de mi sobrino Carlos y su familia (y nos atendieron excelentemente, como siempre) para salir de regreso a Buena Park, pasando por Burbank, el sábado temprano. Excepto porque los del Comic – Con decidieron que el sábado a las 7 A.M. había que hacer el registro para la compra de los boletos, y que a partir de las 9:00 A.M. iniciaría la venta. Y ahí estuve, en la fila virtual, esperando alcanzar a comprar boletos para mí y para Pako. Esperanza inútil: “Está usted en la fila”, “se están agotando los boletos del Preview, y los del viernes”, “se están agotando los del sábado”, “ya no hay”. Hora y media estuve en la fila.

Y entonces nos organizamos para el regreso, con las bellas plantitas que nos regaló mi hermano y previa visita a la casa de mi sobrina Karla que preparaba la fiesta de cumpleaños de su hijo menor. Con la perdida por la falta de señales claras  (a pesar de Google Maps), acabamos saliendo de  Bakers casi a la una de la tarde. A Burbank llegamos como a las 4 P.M., a comer con mi sobrina Mónica y a disculparnos vía Facebook con mi amiga Teresa Garza porque no alcanzaríamos a llegar al screening al que nos había invitado, en Santa Mónica. Por el lugar pasamos después de las 6 de la tarde.

Ni siquiera alcancé a visitar a mi tía Lola, aunque había dicho que trataría de hacerlo. Entre lo tarde que era y que me pierdo en los freeways, resultó imposible. Llegamos a Buena Park casi a las 8 P.M. y solamente alcanzamos a dejar el carro de Jessy para ir con la familia a cenar algo antes de dormir. Nos divertimos con los juegos de Miss Desi, con un par de naranjas.

El domingo salimos al COSTCO y al centro comercial, casi al medio día. Mi idea era salir en autobús a San Ysidro/Tijuana entre las 5 y las 7 P.M. En autobús porque sale más barato y porque no tenía razones ni dinero para llegar a los oulets. Pero mi hermana propuso que mejor me llevaran Jessy y Chris, cuando Chris regresara de trabajar. Entre los diversos incidentes que le sucedieron en el camino de regreso, acabamos saliendo como a las 9:30 P.M. y llegando a San Ysidro a las 11:30. Ellos se regresaron después de un café en el Denny’s frente al hotel.

El lunes crucé a Tijuana caminando y muerta de sueño. Llegué al McDonald’s de la línea justo cuando Paty Linares llegaba a recogerme. Con ella y Marychuy tuvimos un muy agradable almuerzo en Italianni’s, en la nueva Plaza que abrieron con puros restaurantes. De ahí a Playas, a encontrarme con mi comadre Haydee, Gaby, Magui Saucedo y la  Morra (Dulce) para la comida y el cafecito.  Más apapachada no se puede. Mi comadre guisa riquísimo y uno siente el afecto en cada detalle. Un grupo de mujeres que lo hacen sentir a uno muy bien.

La Morra me llevó al City Junior de Otay, donde ya me había registrado desde la mañana, y de ahí nos fuimos al TRES (a la vuelta del hotel) por un té y los encargos de Rodrigo Guerra. ¡Y ya! Yo estaba muerta de cansancio y sueño. Había quedado de ver a Judith y Rocío, pero los mensajes se cuatrapearon y ya no fue posible.

El martes fue el regreso, muy temprano. Y llegar a Guadalajara para comer con mi chaparrito y ponernos al corriente. Decir que quiero a mi hijo cada día más puede parecer exagerado, pero es la realidad. Me había recogido en la Central de Autobuses de Guadalajara en la ida, y de ahí habíamos ido a cenar mientras me contaba sobre el avance del nuevo juego y sus expectativas. Al regreso del viaje me recogió en el aeropuerto de Gdl, comimos en un lugar que me tenía prometido y me llevó a la Central, para que regresara a León.

Apenas me estoy recuperando del zangoloteo, aunque aproveché muy bien el escaso tiempo.  Me quedé sin ver a mucha gente querida. Por ejemplo, me hubiera gustado estar un día laborable para almorzar con mis amigos de Servicios Generales y del personal de la Ibero.  Y ver a mi tía. Ir de shopping. Caminar por la playa. Ir al CECUT.  Y muchos etc. Será para la próxima.

Gotas de ayer

Saturday, March 22nd, 2014

Mi primer cuento.
http://mexicanculturalcentre.com/2014/03/22/gotas-de-ayer/
Se agradecen los comentarios.

The Mexican Cultural Centre (MCC), Nottingham, United Kingdom

Blanca Margarita Parra Mosqueda

“Un día escribiré sobre lo que sueño”, me dijo. “Por lo menos sobre las palabras y las imágenes que están en mi mente cuando estoy a punto de despertar”. Era como una confesión de alguien usualmente muy reservado. No podía preguntar sino dejarlo que siguiera hablando, haciendo lo posible por no interrumpir su reflexión. 

Arte de José Santos. http://www.jsantos.co.ukArte de José Santos.http://www.jsantos.co.uk

“La única canción que me cantó alguna vez, su risa, sus ojos verdes, la imagen de la muchacha joven y alegre que conocí a nuestros diecisiete años. Esta mañana lo que escuché era que debíamos estar juntos, vivir esa relación de la manera en la que debimos haberla vivido hace muchos años, si no nos hubieran pesado tanto la formación familiar y las responsabilidades hacia nuestros padres”. Era la primera vez que se refería a este amor adolescente. Me miró como si acabara de darse cuenta de…

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7 de marzo: Ser mujer y no morir en el intento

Friday, March 7th, 2014

Mañana  se conmemora el Día de la Mujer, y espero no recibir felicitaciones ni tarjetitas. Disfruto mucho ser mujer, y por supuesto que no quisiera ser hombre, pero no se trata de un festejo sino de conmemorar las luchas por los derechos que aún en esta época se niegan a muchas mujeres.

Muchas veces he tenido que revolverme contra alguna manera de discriminación o de abuso, aunque no me siento particularmente vulnerable. Aunque fui criada en un ambiente donde no se establecían diferencias entre los hijos y las hijas, donde las mujeres tenían voz y voto y donde mi padre no ofendería de ninguna manera a mi madre, a mi abuela o cualquiera de las mujeres de la familia, aprendí que fuera de mi entorno las agresiones por ser mujer se presentan de muchas maneras:

  1. Las niñas que debían dejar la escuela apenas aprobado el tercer grado de primaria, porque estaban destinadas a apoyar el trabajo de sus padres y hermanos, primero, y luego el de sus maridos, y ocuparse de sus casas y de criar a sus hijos. Ninguna esperanza de formación  o de libertad e independencia
  2. El paisano que comenta que es un gasto innecesario el que mis padres hacen en mi educación, y que voy a terminar siendo una perdida (pero al que nadie le hace caso en mi familia)
  3. El escuincle que le roba a uno un beso, y cree que hay que agradecerle cuando lo que uno quiere es matarlo
  4. Las “amigas” que nos sacan del grupo porque no actuamos como “señoritas de sociedad” (y mejor me quedo sin amigas)
  5. El profe que nos dice que ocupamos, indebida e innecesariamente, un lugar en la vocacional (bachillerato) buscando marido, en lugar de estar en nuestras casas aprendiendo a cocinar (y repruebo Química para aprobarla en Extraordinario)
  6. El otro profe, que me cita en la escuela, en sábado a las 8 de la mañana, que porque “no entiendo la física” y se va a encargar de darme clase a solas (y llegué acompañada por mis amigos)
  7. El candidato a novio que me dice que nunca pensó que una novia suya se pondría pantalones y se sentaría en el pasto (y lo mandé… a por una silla)
  8. Los que administraban Olivetti, que me dan empleo pero me dicen que no pueden pagarme lo mismo que a un hombre porque “las mujeres no pueden viajar” (lo que por supuesto no acepté)
  9. La Secretaría de Educación Pública, que obligaba a las candidatas a ser profesoras a hacerse una prueba de no embarazo (a lo cual me niego, y les urgía contratarme)
  10. El CONACYT que le quitó su beca a una compañera divorciada porque su ex marido tendría obligación de apoyarla
  11. El mismo CONACYT que daba montos de beca diferentes a hombres y mujeres en la misma situación y con el cual tuve que pelearme para que me pagara igual que a un compañero y que me reembolsara el retroactivo
  12. La gerente de El Palacio de Hierro que pedía una carta aval de mi marido para darme una tarjeta de crédito porque en sus políticas las mujeres eran dependientes del marido (y los mandé por un tubo)
  13. El jefe que cree que su trabajo es “protegerme” invalidando mi trabajo y luego trata de manipularme ¡llorando en público!
  14. El otro jefe que cree que mi trabajo es para que él se lo apropie impunemente (una de las razones por las cuales renuncio)
  15. El policía que dice que yo tengo la culpa en un choque a mi carro, ¡porque soy mujer! (y entonces hago venir al gestor de la oficina)
  16. El marido que me descalifica por cada cosa que él cree importante (vestirse bien, estar bien maquillada, etc.) para tratar de hacerme sentir inferior (sin saber que me fomentaron una especie de soberbia que hace que me valgan las opiniones de los demás)
  17. El mismo marido que cree que una explosión de violencia (sin tocarme, afortunadamente para él) va a hacer que reconozca su superioridad (precisamente porque era a la inversa)
  18. El agente del Ministerio Público de León que me dice que, como mujer, debo permitir que mi ex marido vaya a mi casa a buscar a mi hijo menor de edad del que tengo la absoluta patria potestad (y entonces recurro a una instancia superior que dice que ni madres)
  19. El jefe que trata de pasar por encima de mis derechos laborales (y le sale el tiro por la culata)
  20. El otro marido que abre mi correspondencia, que me cela y me dice que desde el momento en que nos casamos yo debería de opinar igual que él (desconociendo totalmente la manera en que fui educada)
  21. El jefe que me pide firmar una carta de obediencia (¡lo cual es perfectamente ridículo! y me lleva a renunciar)

Y todo lo que no me ha pasado, como las insultantes maneras de hostigar sexualmente a las mujeres en el metro o los autobuses, o negarme un servicio por ser mujer.

Afortunadamente en mi familia me dieron las bases y las herramientas para responder en cada una de estas situaciones haciendo valer mi integridad y mi derecho. Ni siquiera se podría decir que he sufrido como mujer. Me he peleado, eso sí. Y me sigo peleando.

En mi experiencia no son solamente los hombres (no todos, afortunadamente) los que niegan o violan los derechos de las mujeres. Hay mujeres que hacen eso también. Es un problema de educación muy severo. Esther Vilar dice, en El Varón Domado, que somos las madres las que formamos las maneras en que nuestros hijos varones tratan a las mujeres y en las que responden al trato de las mujeres. Pero también las de las hijas, digo yo.

Así que seguimos peleando. Y creo que, además, he formado un hijo que sabe respetar a las mujeres, basado en el único principio que rige en esta casa: No hagas a otros lo que no quieras para ti.

3 de marzo: recuperar energía

Monday, March 3rd, 2014

Creo que es el primer día, en varias semanas, en que decido dedicarme al delicioso arte del dolce far niente. Semanas de estar atareada con exámenes, cursos en los que me meto y para los que a veces ni me alcanza el tiempo, la escritura de cuentos que ha resultado una sorpresa. Finalmente este fin de semana fue de convivencia con amigas. El sábado estuvieron aquí Ghislaine y Claudia. El domingo me fui a disfrutar del concierto gratuito de Fernando de la Mora al Fórum Cultural Guanajuato, con Alma Rosa, donde nos acompañaron el Dr. Rivera y su esposa, y José Luis, uno de los ex alumnos a quien regularmente encuentro en estos eventos.

Cierto, en la semana de mi cumpleaños Alma Rosa y yo nos habíamos ido al concierto de Serrat, en el Teatro Doblado. Pero esa reseña la hice ya para Es Lo Cotidiano. Desde entonces, entre las idas a Guanajuato para el proyecto con la SEG, las cuestiones de trabajo en la universidad, el Taller de Cuento y las minucias de la vida diaria he andado como trompo chillador. Claro, también hay que contar las deliciosas idas a caminar al Parque Metropolitano.

Pero mi cuerpo dijo ¡basta! Y entonces hay que hacer caso. El viernes amanecí disléxica y disnumérica; y lo bueno es que ese día no tengo clase y puedo quedarme encerradita para evitar desastres.  Eso sí, almorcé con mi querida Maluca en el Patio Andaluz. Excelente compañía y deliciosa comida. El fin de semana tenía que ser de relajarse, y así fue.

Con Ghis y Claudia, de las 3 de la tarde a las 10 de la noche del sábado conversamos y comimos muy gratamente. Y seguimos en eso hasta que ya estaban arriba del carro para irse. ¡Es taaan saludable!

Ayer el concierto fue una maravilla. Aunque comenzaba a las 7 de la noche, yo llegué poco antes de las 5 de la tarde para reservar lugares en primera fila. Llevaba Leer, de Zaid, pensando en aprovechar lo que pensaba que sería un largo rato muerto. Llevaba también una botana de pepinos y zanahorias, queso, agua y mis aparatos para tomar fotos y compartirlas. Apenas alcancé a leer un par de páginas del libro cuando los músicos comenzaron a ensayar tocando, primero, pedacitos de las piezas del repertorio. Cuando todos los integrantes de la orquesta se habían reunido, ensayaron con la música completa de algunas de las canciones del programa. El tenor llegó temprano para ensayar y, para los que llegamos temprano, fue el pre concierto completo. Hasta una foto con él me pude tomar.

Lo que leí en las dos páginas fue muy significativo. Zaid habla de cómo, cuándo enfrentamos la belleza, somos capaces de reconocer, posteriormente, la fealdad a la que estábamos acostumbrados. Y supongo que para algunas personas eso pudo ocurrir ayer. Según me contó Alma Rosa, alcanzó a escuchar las respuestas que daba una señora a una encuesta que en el lugar estaban haciendo.  ”¿Cómo se enteró del evento?” “Porque pasaba y me quedé a ver qué había”; “¿Le gusta como canta el tenor?” “No sé porque nunca lo he oído”; “¿Qué sugerencias haría?” “Que haiga más eventos de estos”.

El tenor comunica emoción, no se trata solamente de una gran voz y mucha técnica. Algunas canciones (Deja que mis labios te nombren quedo, como se nombra a Dios…) que yo no recordaba, lograron sacarme de mi estado casi usual de oigo pero no escucho y volver a la nostalgia del pasado (dice Serrat en Paraules d’amor). Los danzones, uno de ellos bailado por algunas parejas de asistentes, me hicieron pensar en mis padres bailando  (Dancing with my father again, y la añoranza me envolvió).  La única canción que realmente no soporto, independientemente de quién la cante, es Amor eterno, de Juan Gabriel. Y fue una de las canciones en el encore. La otra fue Granada.

Los 70 minutos que se suponía que duraría el concierto se extendieron hasta completar una hora y tres cuartos. En un ambiente donde se podían corear las canciones, acompañarlas con las palmas y bailar con la música de los danzones, creo que los asistentes solamente pudimos desear que se repitan estos eventos que sí acercan a la gente a la cultura. Muy disfrutable.

Luego, Alma Rosa y yo nos fuimos a tomar un café a Corazón de pan. Regresé alrededor de las once de la noche a mi casa y encontré mensajes de Adrián, que estaba en modo conversador. Es un ex alumno de Tijuana, de los que siento más cercanos, y me da mucho gusto cuando conversamos. Pero a las 12, como la Cenicienta, hay que retirarse a dormir, porque los lunes sí hay clase.

Este día transcurrió entre la clase, la visita al ISSSTE a decir que sigo viva, el súper,  el chat, la música y algo de lectura ligera. Hasta mandé uno de mis textos a un concurso que me sugirió la profesora (esa es una de mis sorpresas: ¡dicen que escribo bien! y sin necesidad de correcciones, lo cual es bastante extraño para mí). Supongo que mañana amaneceré ya en modo de trabajo regular. Y más me vale porque están los pendientes del proyecto.

Por ahora ¡a dormir para poder ir mañana temprano al Metropolitano!