Archive for December, 2013

2013 in review

Tuesday, December 31st, 2013

The WordPress.com stats helper monkeys prepared a 2013 annual report for this blog.

Here’s an excerpt:

A San Francisco cable car holds 60 people. This blog was viewed about 670 times in 2013. If it were a cable car, it would take about 11 trips to carry that many people.

Click here to see the complete report.

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31 de diciembre: Una historia al azar

Tuesday, December 31st, 2013

Una historia al azar

Mi colaboración del cierre de año para Es Lo Cotidiano.

¡Gracias a todos! Y tengan un muy feliz Año Nuevo.

“Lance los nueve dados y seleccione una de las caras superiores como su punto de partida para crear la historia”, dice en las instrucciones de los Story Cubes (versión “Once upon a time”), uno de los regalos que mi hijo me dio para Navidad. Previamente, para evitar “tendencias”  (defectos de ser profesora de Probabilidad), había decidido que seleccionaría el del centro. Al lanzar los cubos, el del centro muestra, en su cara superior, tres caras de un dado regular: 1, 3 y 5. Estoy acostumbrada al azar, tan caprichoso. Pocas cosas decido con anticipación; es raro que los planes que hago se lleven a cabo de la manera prevista. He aprendido a moverme a ritmo de jazz.

A la derecha del dado está una torre de ajedrez; a la izquierda, una lámpara de mano; al Norte, un reloj que marca las 12:45, por la posición en la que aparece; al Sur, una flor. A la derecha de la torre hay una flecha que asciende; a la izquierda de la lámpara, un candado; a la izquierda de la flor hay un cometa y a su derecha, la  Luna. Margarita, está linda la mar…

La torre del ajedrez, dice Wikipedia, alude originalmente al ejército de la India, lugar donde se originó el ajedrez. No juego ajedrez ni ningún otro juego de estrategia. Detesto pensar para jugar. Y detesto los ejércitos en tanto que organizaciones para reprimir, atacar, dominar. Y lo mismo ocurre con cualquier sistema  o institución que tenga  los mismos propósitos, llámese escuela, iglesia, o lo que sea.

Siguiendo hacia la derecha está la flecha, y la primera asociación que Google me muestra para “flecha ascendente”  es con el crecimiento empresarial. Lo odio cuando se traduce en el avasallamiento del (o de los) empresario sobre los que se encuentran abajo en la pirámide de poder. Tenemos muchos casos en estos días, extranjeros y nacionales que consideran que este país, su gente y sus recursos, son para su uso personal.

Hacia la izquierda del dado, la lámpara de mano y el candado hacen referencia a la seguridad y a la privacidad que para mí son tan necesarias. Aborrezco las intromisiones. Detesto que la gente intente leer  por encima de mi hombro o que husmee en mis documentos, mis fotos, mis recuerdos. Pareciera contradictorio porque publico prácticamente todo lo que me sucede o me ha sucedido. Pero una cosa es que yo cuente todo lo que yo quiera, muy abiertamente, y otra muy distinta que alguien esculque mis papeles o trate de abrir mi computadora en busca de mis secretos ¡que no tengo! También aborrezco no tener la seguridad, laboral o financiera, que me permita tomar decisiones sobre mi vida. Y no es que necesite tener una sustanciosa cuenta en el banco (que no tengo), pero sí saber que puedo afrontar con relativa facilidad cualquier situación. Afortunadamente, y a pesar de las mil locuras que hago y he hecho (a los ojos de los demás), he logrado mantener mi seguridad dependiendo solamente de mí.

En algún ejercicio en el que participé hace unos cuatro años, con el grupo de profesores de la prepa de la Ibero Tijuana, cuyo director era el padre Mario Cisneros S. J. (un excelente directivo y amigo), cada uno de los participantes tenía que escribir en cuatro tarjetas las cuatro cosas más importante en su vida, una en cada tarjeta. Escribí “mi hijo”, “mi familia”, “mi trabajo”, “mi independencia”, en ese orden. Algunas personas que caminaban alrededor de los que teníamos las tarjetas podían tomar las que quisieran de las manos de cada uno. En la primera ronda me quitaron las dos primeras. Me retiré del juego. Sí, mi seguridad laboral y financiera y todo lo demás son importantes si las puedo compartir con mi hijo, en primerísimo lugar, y con mi familia. Nada tiene sentido sin ellos. Así que en tratándose de amores esos son los que van primero.

Mi hijo es la razón de mi vida, lo que me impulsa, lo que me ayuda a crecer, a seguir preparándome, a mantenerme actualizada en casi todos los temas. Es por él que aprendí y sigo aprendiendo a cocinar, por ejemplo. Y es por él, para estar en contacto, que incursioné en las redes sociales desde el inicio. Tener una cuenta en Twitter y seguirlo me permitía 1) saber que estaba bien, a través de sus tuits, y 2) saber de los temas sobre los que girarían nuestras conversaciones. Todavía funciona así, aunque hay muchas otras personas en mi red.

Mi familia es muy importante para mí. Saber quién soy y lo que cada uno de mis mayores aportó a ese ser se ha convertido en una interesante actividad. Por el lado de mi padre, de mi abuela materna y de mi abuelo paterno nunca tuve dudas. De manera intencionada comencé a indagar sobre  la influencia de mi madre en mí, hace unos tres años; siguen apareciendo detalles que me sorprenden. En los últimos años he ido aprendiendo a conocer a mis dos hermanas; hace un año festejé, por primera vez en la edad adulta, el cumpleaños de mi hermano Manuel (el que sigue de mí). Me sorprenden las diferencias entre los seis hijos de mis padres, de los que yo soy la mayor, pero, a pesar de esas diferencias, cuando sucede algún acontecimiento de trascendencia todos estamos reunidos para apoyar al que lo necesite. A este grupo se han unido la mayoría de los sobrinos y sobrinas.

Mis amigos son también parte de mi familia. Los que me ayudaron a criar a mi hijo; los que me han apoyado cuando lo he necesitado; los que me apapachan con un guiso o un café; los que me han ayudado a encontrar mi camino espiritual; los que me escuchan; los que creen en mí.  Muchos ya no están físicamente, todos están en mi corazón. In my life.

Pero volvamos a los cubos. Hacia el Norte del cubo del centro, como dije, está un reloj que marca las 12:45. La tarde ha comenzado. En menos de un par de meses cumpliré los 64 años que tan lejanos parecían cuando escuché por primera vez When I’m sixty four. Y encuentro que amo lo que es y ha sido mi vida. Cada cosa ha ocurrido en el momento justo; cada paso dado ha sido para bien; la ruta que escogí  en cada encrucijada me ha llevado a conocer gente y lugares que me han dejado muchos aprendizajes, grandes experiencias y fabulosas amistades. He tenido el privilegio de encontrar maestros, en toda la extensión de la palabra, que me han incluido entre sus amistades. ¡Amo mi vida y doy gracias por ella!

Para terminar, están los cubos del sur: un cometa, una flor y la Luna. Por ello recordé el poema de Rubén Darío. Por una parte tienen que ver con mis primeros amores: la literatura, la poesía  y la ciencia. Por otro lado también se relacionan con la facilidad con la que me pierdo en divagaciones que no tienen nada que ver con la realidad. O en mis di-vagaciones que me llevan a ir a hacer la compra del mercado a Guanajuato o al D.F., que me conducen en recorridos que siguen las rutas de las jacarandas o de los tabachines. No tiene que ver con lo práctico sino con el gusto por algo: un sabor, una imagen, una idea. Soy errática como un cometa y vivo en la Luna, dice mi madre, y me llamo Blanca Margarita.

Así termina la lectura de estos cubos. El azar puede ser caprichoso, pero la lectura que hacemos de los dados y de las cartas depende del código de cada uno. Supongo que lo mismo ocurre en la vida real: interpretamos cada suceso en nuestra vida y con ello tomamos decisiones para seguir avanzando. A mí me gusta el resultado.

25 de diciembre: una Navidad distinta

Wednesday, December 25th, 2013

Muy distinta, entre la pena y el estrés, pero también con gratísimos momentos.

La noche del 23 de diciembre nos notificaron que mi sobrino Daniel estaba al bordo de la muerte por una infección generalizada. Vivía en Rosarito, B.C. con su mujer, Shana, y la pequeña Karma. Hace dos años mi amá y yo estuvimos con ellos y conocimos a Shana y a la chiquita. Hace un año y medio, cuando organizaba mi mudanza de TJ a León, Daniel me ayudó con algunas cosas. Y no volvimos a vernos. Tenía apenas 32 años y, aunque lo conocí cuando era pequeño, pasaron muchos años para que volviera a verlo, en Buena Park. Lo recuerdo siempre sonriente, a pesar de las tragedias que le tocó vivir. De eso hablamos mientras me ayudaba a deshacerme de algunos muebles y objetos. Pero no tenía rencores. Supongo que el amor de Shana y de Little Karma le ayudaron a sanar sus heridas.

El 24 de diciembre amanecimos con la noticia de que había fallecido. Nadie de su familia cercana pudo viajar a Rosarito. Mi hermano Juan, su padre, llegó hasta Buena Park traído por Sharon, la menor de sus hijas. Pero no podían cruzar a México. Mi madre no fue enterada, por razones de salud, y el día transcurrió con mis hermanos, mis sobrinos y nosotros en espera de los acontecimientos subsecuentes. Pretendimos, en cada casa, hacer vida normal cocinando y pensando en nuestros chiquillos.

Uno se va habituando a que sean los mayores los que se van primero. Duele cada uno, pero las enfermedades o la edad van haciendo que la muerte de nuestros mayores sea vista como natural. Parte del proceso de vida, decimos. Pero cuando es uno de los más jóvenes, ya de la generación que sigue a la nuestra, nos cuestionamos y rebelamos. Supongo que no hay peor tragedia que perder a un hijo. Y he visto familias derrumbarse o amargarse para siempre como consecuencia, mientras veo el ejemplo de mis compadres Abundio y Haydee celebrando la vida de sus dos hijos (Carlos y Melania), arrancados en plena juventud y promesas de vida, y dándose a los demás de una manera total. Por otro lado, creo que asumimos nuestra propia muerte como algo que eventualmente llegará, pero no sé qué tanto sufra la gente  pensando en eso, porque son de las cosas que preferimos no mencionar.

Es la muerte de los otros la que nos angustia, creo. Recuerdo el libro de Simone de Beauvoir Una muerte muy dulce, autobiográfico, sobre la muerte de su madre. Me pareció terrible pero muy revelador. Y recuerdo también El país de  las sombras largas, de Hans Ruesh, sobre la vida de los inuits (esquimales) previa a su “americanización”; particularmente la muerte de los ancianos, sin drama, aceptando la realidad en su durísimo hábitat. En nuestro pasado prehispánico la muerte jugaba un papel muy importante en la vida de todos los días.  “La muerte era parte del cosmos sin cargas morales. Simplemente era.” Será que la influencia española modificó esa consideración y convertimos a la muerte en un acontecimiento dolorosísimo cargado con todos los “si yo hubiera” posibles. Y no es que no duela.

Recuerdo a Agustín (Agustín Rozada Rebollar, S.J.) el día en que las cenizas del Padre Manuelito (Manuel Rubén González Ramírez, S.J) se depositaron en Casa Manresa, la Casa de Oración de la comunidad jesuita en Tiuana. Reconoció que estaba contento porque su compañero de estudios y trabajo durante muchos años había llegado a la casa de “mi papá”; pero, dijo, extrañaría mucho al amigo, y se le quebró la voz. Y luego festejamos la vida del padre Manuelito y dimos gracias por todo lo bueno que sembró y dejó en nuestras vidas. Pero la ausencia es terrible. Probablemente eso sea lo que más tememos cuando pensamos en la muerte de alguien que no somos nosotros.

La tarde/noche del 24 la pasamos en vilo esperando la reacción de mi madre cuando supiera lo de Danny. Todos reunidos a través de mensajes de grupo en Facebook (mis hermanos Manuel, Nidia y Saúl, y yo) con los que estaban al lado de mi amá (mis hermanos Juan e Irma y mis sobrinas Jessica y Sharon). Seguramente es la primera vez en muchos años que todos nos hacemos presentes al mismo tiempo. Mi madre ni podía enterarse de nada. Primero porque el complot fue secuestrarle el iPad y el celular para que la noticia no le llegara a través de Facebook. Y luego, porque apenas podía tenerse en pie, como resultado de una confusión entre las pastillas que toma. Había mezclado las pastillas que ocasionalmente utiliza para poder dormir (un cuarto de pastilla muy de vez en cuando) con el Piroxicam que necesita por su artritis y de las cuales toma una pastilla al día.

Cuando me comuniqué con ella utilizando el iPhone de Jessy (para utilizar el Face Time), la vi como borrachita, recostada y adormilada y con dificultades para articular las palabras. Reconocí mis síntomas: presión y glucosa bajos. Irma le tomó la presión: 91/57, y le dieron líquidos con glucosa para ayudarla. Cuando decidieron llevarla a Urgencias descubrieron el asunto de la confusión de las pastillas. Era pasada la media noche aquí en León. Hoy despertamos sabiendo que está mejor y que le controlarán las pastillas para que no las confunda.

Con todo, la vida tuvo que continuar en cada casa. Yo cociné los tamales, jugué con The Book f Spells en Play Station, con mi hijo, antes de cenar. Intercambiamos regalos y me fascinó verlo entretenerse por casi una hora armando el futbolito que le compré (sí, tiene 34 años pero nos seguimos divirtiendo como siempre), poniendo cada detalle en la madera limpia y ensamblando las piezas. Yo tengo ahora, además del iPad mini, un calendario 2014 con imágenes de El Principito, dos juegos de dados para contar historias (uno para las que comienzan con “érase una vez”, y otro para las que son de acción) y una urna para dulces o galletas. Lo mejor de todo, la convivencia con Pako.

el futbolito mi galletero mis dados

Una Navidad diferente. Una Navidad en la que por razones inesperadas, los hijos de Maggie Mosqueda estuvimos todos juntos, gracias a la tecnología. Tristeza, por supuesto. Pero la vida sigue.

Plus belles photos de Paris la nuit | Blog Paris Insolite

Wednesday, December 25th, 2013

Plus belles photos de Paris la nuit | Blog Paris Insolite.

La plus belle des cités!

22 de diciembre: Tres años de que comencé con este blog

Sunday, December 22nd, 2013

Por lo menos eso me dice WordPress, que hace ya tres años que comencé con ese diario.

Al principio era realmente diario. La reflexión nocturna para ayudarme a procesar lo ocurrido durante el día, antes de irme a dormir. En el último año, desde que llegué a León, la escritura  fue haciéndose menos frecuente. Y no es que no necesite reflexionar. Supongo que tiene que ver con lo que ocurre en este momento. El perro odioso de la casa de atrás de la mía ladra sin parar, y pueden darle las 11 de la noche haciendo eso. El ladrido es muy agudo y molesta, aún con tapones en lo oídos. Intento con los audífonos mientras escucho a Miles Davis, ¡pero sigo escuchando el ladrido! También es que en Tijuana escribía desde mi cama. Aquí no me acomodo con esta lap que es más ancha que la anterior. Pretextos, tal vez.

El asunto es que se termina un año que ha sido intenso. Viajé tres veces a Los Angeles pasando por Tijuana, por supuesto. Pero también viajé a Guadalajara, Tepic y Amatlán de Cañas, para visitar a la familia, y al D.F. con La Morra y Canela para pasear y degustar los antojos chilangos y traer de allá algunas cuantas cosas. Y asistir a las Ferias de Libros en Gdl, el D.F. y el mismo León. A Guanajuato voy a cada rato, aunque solamente sea a caminar y hacer la compra en el mercado, aunque también fui para disfrutar de algo del Cervantino o para trámites y asuntos de trabajo. Como quiera, ir a  Guanajuato siempre es muy agradable, aunque no se me ocurriría vivir allá.

También he trabajado mucho. Desarrollando materiales, impartiendo cursos, participando en MOOCs y talleres varios, webinars y hasta congresos en línea. A veces sí me meto en más cosas de las que sería recomendable. A veces, estando ya en alguna de esas actividades, surgen otros proyectos o necesidades, o solicitudes de apoyo. Entonces hay que hacer malabares con el tiempo y, por supuesto, no hay mucho tiempo para la reflexión, tan necesaria. Sin embargo en este último semestre pude participar con dos conferencias, una en una escuela preparatoria oficial y otra en la Ibero, cerrando el ciclo dedicado al Año Internacional de la Estadística. Y algunos textos publicados en Es Lo Cotidiano, Tachas (el suplemento) y en un dossier del Mexican Cultural Centre que coordina Eduardo Estala Rojas, en Nottingham.

Recibí reconocimientos inesperados. El Tec de Monterrey, nueve años después de que me declaró Ex A Tec (sin haber estudiado ahí) me entregó un reconocimiento por ser uno de los profesores que dejó huella en los alumnos (ahora Ex), en mis 13 años de trabajo en al institución. Fue muy grato ver que de los 20 profesores reconocidos en Campus León (entre profes de prepa y de profesional), cinco pertenecimos al Departamento de Ciencias y Humanidades que yo coordinaba. Nada mal. Por otro lado, las invitaciones a participar en proyectos o apoyando otros proyectos (todo de compas, por supuesto) son también formas de reconocimiento. En ese mismo tenor, Desmos me invitó a participar traduciendo toda la aplicación al español; ahora, cuando abro el sitio de la calculadora, está personalizada con mi nombre sin necesidad de que me registre cada vez. La Guía del Usuario tiene mi nombre y he recibido tres hermosas playeras como recompensa. Hay otros reconocimientos de gente que apenas me conoce, presentando y dándole valor a mi trabajo. No puedo quejarme.

Pero de todo, lo mejor ha sido la convivencia con mi familia, especialmente mi amá y Pako. Mi amá estuvo de gira por Tepic, Amatlán y León durante tres meses. Compartimos muchas cosas y me contó historias que nunca hubiera imaginado. Tuvimos nuestra fiesta navideña antes de que regresara a Los Angeles, en el Concierto Navideño del Teatro Bicentenario, con el cual se festeja el aniversario del Teatro. Vino, canapés y fuegos artificiales al terminar el maravillosos concierto.

Y Pako. Ha pasado aquí un par de meses, luego unas cuantas semanas y algunos eventos tan importantes como la final del campeonato de fútbol. Cada día es una ocasión para dar gracias por este hijo maravilloso que tengo. Cada vez más maduro, más centrado y volviendo la mirada hacia los demás, especialmente sus amigos. Me dice que su propósito es ser mejor persona cada vez, y lo está logrando visiblemente. Trabaja muy conciensudamente y se hizo merecedor a un artículo sobre su trabajo en la revista Negocios ProMéxico. ¡Y ya anda buscando nuevos horizontes! Y ahora está aquí para pasar las fiestas. Cocinamos, compartimos antojos, y festeja con sus amigos. Todo lo que puedo desear lo tengo en este momento.

Yo tengo muchos nuevos amigos. Dentro y fuera de las redes sociales. Y también agradezco los aportes y apoyos de cada uno de los que puedo identificar como amigos verdaderos.

Momentos agrios o semi-amargos, los ha habido. Pero por ellos reconocemos el dulzor de los otros, la paz y la felicidad.

En suma, ha sido un muy buen año.