Archive for October, 2013

30 de octubre: vísperas de brujas y muertos

Wednesday, October 30th, 2013

Días llenos de actividades que no dan mucho tiempo para leer, reflexionar, meditar. O siquiera participar en las actividades que ya estaban agendadas. Y sin embargo los recuerdos rondan todo el día por mi cabeza.

Esta mañana asistí al CECYTEG León III para la conferencia que me solicitó Judith Rosillo (ex alumna del Tec y ahora profesora en este plantel) en el marco de unas jornadas de Ciencia y Tecnología, extendidas a la discusión de “ser grande”.  Todo funcionó bien (excepto porque la luz del sol impedía ver con claridad la pantalla) y los alumnos que llenaban el auditorio mostraron un comportamiento ejemplar. Después de la plática nos dirigimos a una salita a tomar café y conversar. Una mañana muy agradable.

De regreso a mi casa, la ruta inmediata pasa por el panteón, donde se organizan ya los puestos de flores para la celebración de los muertos. Me paré a comprar algunas. Un ramo compuesto por cempasúchiles (cempoal-xochitl, veinte-flor) y cordón de obispo. Mientras la marchanta organizaba el ramo, acomodando las flores una a una, por mi memoria cruzaron los nombres/imágenes de todos aquellos que de una manera u otra me han acompañado a lo largo de la vida pero que ya no están aquí físicamente.

Mis recuerdos

Están, por supuesto, mis primeros contactos:

  • Mi padre, quien me formó el caracter y me dio las herramientas para hacer lo que hago y de la manera en que lo hago. Me enseñó a poder decir (en palabras de Machado) “a mi trabajo acudo, con mi dinero pago el traje que me cubre y la mansión que habito, el pan que me alimenta y el lecho en donde yago”
  • Mi abuela Hilaria, quien me ayudó a formar mi lenguaje y las maneras de contar historias y me confeccionó todos los vestidos que usé desde mi infancia y hasta que pude comprar mi propia máquina de coser
  • Mi tía Cuca, desarrollando mi gusto por los viajes en ferrocarril, por las fiestas de los pueblos y por los antojos. Y mi tío Gonzalo, posibilitando los viajes
  • Mi abuelo José, de quien hubiera debido aprender la sencillez, la humildad y el silencio
  • Y mi abuela María, callada y lejana excepto cuando me visitó en la Cd. de México, acompañada por Don Canuto
  • Hermilo, el esposo de mi prima Licho, quien organizó incontables idas a la playa y a pasear y comer en los arroyos. Con ellos, en su carro, con mi madre, mi tía Cuca y otro par de tíos, recorrimos las carreteras para ir de Tepic a Cd. de México y de regreso, a finales de los 50’s
  • Muy recientemente, mi tía Carmen. Ella y mi tío Juan (su esposo) ayudaron también a la formación de mi gusto por la comida y a tratar de aprender a preparar algunos platillos muy nuestros

Solamente me despedí de mi abuela Hilaria, hace casi  21 años. En todos los otros casos estaba en otro lugar, lejos de la familia e imposibilitada para viajar o sin que me avisaran del suceso

Mis otras pérdidas son afectos fuera de la familia:

  • La que ocurrió casi simultáneamente con la de mi padre, de la que me enteré unos tres o cuatro años después y que me dejó muda por meses, y que todavía duele
  • Mis maestros/amigos: Papini, Juanjo, Revuz, Glaeser e Imaz
  • Mi querida amiga Melania, de la que aprendí (sin que sea capaz de practicar) el amor en su más pura y grande expresión, el darlo todo y todavía preocuparse por los otros/nosotros
  • Los jesuitas que me mostraron aspectos que nunca había contemplado o comprendido, y que me ayudaron a crecer: Pablo, Agustín y el padre Manuelito
  • Hace unas pocas semanas Rafa Saavedra, quien me inició en eso de contar cuentos con un poco más de estructura

A algunos los pienso con más frecuencia; algunos aparecen cada noche en mis sueños o en mis pensamientos conscientes. Todos siguen estando en mi memoria y en mi corazón.

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2 de octubre: variopinto

Wednesday, October 2nd, 2013

Mucho recordar a través de posts, fotos, videos, películas completas compartidas en las redes. La desvergÜenza de El Universal Online de compartir la primera página del diario con fecha 3 de septiembre, presumiendo su cobertura del movimiento, utilizando todo el lenguaje y los mensajes del gobierno en sus notas.  Terroristas, nos llamó.

El Universal 3 de octubre de 1968

Saber que las marchas programadas para la conmemoración verán la represión como “respuesta” a los desmanes de encapuchados que se hacen llamar anarquistas, y ni sabemos si lo son y que a lo mejor son justamente los provocadores que propiciarán el rito de sangre. Ocurre una y otra vez. Entre las patas se llevan a los que en un acto de conciencia ciudadana verdadera asisten al evento.

Por otro lado, saber, por los mensajes y las discusiones en Twitter, del orgullo de mi jijito porque su madre participó activamente en el movimiento. Y de su respuesta, a la  que se sumó Leo Aranda, a alguien que cuestiona la importancia de la fecha. Pako ha estado comprometido desde siempre, y sus amigos, como Leo, son también gente consciente. Y me gusta.

Mi remedio para pensar menos en todo lo que duele es … la cocina. Me fui al súper y al mercado a hacer las compras necesarias para la semana, y para preparar el chorizo estilo de mi casa, según la receta de mi amá. Por ahí de las dos de la tarde comencé con los preparativos y terminé alrededor de las cuatro. De paso hice un poco de carnitas y otro poco de mole negro, para mi comida. Me aseguré de tener lo necesario para un mole verde según la receta de la U. de Guadalajara (un mole muy ligero) y para unas tortitas de calabaza. Luego comí.

Entre una cosa y otra revisaba los mensajes en FB. Me di tiempo para poner una foto mía de mi ingreso a E.S.F.M. Eso, porque me preguntaban si yo estaba en alguna de las fotografías que muestran a grupos de jovencitas en las marchas. Y no, no estoy en ninguna foto. Muy reconocible, por otra parte, porque ni me ponía adornos en la cabeza, ni maquillaje ni mucho menos se me hubiera ocurrido ir con faldas a una marcha o mitin. Acabé poniendo una galería de cuatro fotos, comenzando con la que acababa de subir y terminando con una reciente. Mi mirada cambió ya de la primera a la segunda foto, por supuesto.

Pero también preparé materiales para mis clases de mañana y revisé tareas en línea. Con todo, el día se ha terminado. Y me siento agradecida con todos los que hoy compartieron conmigo.

1 de octubre: sacudir los malos recuerdos

Tuesday, October 1st, 2013

Leopoldo Navarro me pidió un texto sobre el 68. Solamente puedo contar mi experiencia, le dije, y aceptó. La publicación en Tachas, el suplemento semanal de Es Lo Cotidiano, apareció el fin de semana pasado.

Hoy comenzaron a aparecer, en Facebook, fotos rescatadas de Google de los terroibles momentos que se vivieron el 2 de octubre de aquel año. Y se han compartido películas. Las imágenes más chocantes son las de Díaz Ordaz. Incluso la foto de una cobra no me causó tanto conflicto, y eso que los animales que se arrastran han sido siempre lo que más me repugna y aterra. El tipo representa lo que más detesto en esta vida.

Por eso me puse a hacer rollitos de membrillo, con la receta que me compartió mi madre. Eso trajo las otras memorias, parte de lo que relato en el texto publicado: mi paso por la cocina de E.S.F.M. En esos tiempos apenas sabía freir un huevo o un bistec, y lo hacía obligada por el médico y mis padres, para evitar una recaída de la anemia que me gané el primer año que viví en el D.F., comiendo tortas y los tacos y merengues que mis compañeros (era la única mujer en mi grupo de primer año de vocacional) ganaban jugando volados.

Hacernos cargo de la cocina del Poli fue divertido e instructivo. Si decidíamos hacer hamburguesas (con la receta que alguien aportaba o inventaba) eran con formas de animalitos o flores, por ejemplo. Para los días en que íbamos a una marcha o un mitin hacíamos tortas. Un día decidí que haríamos chiles rellenos, sin idea de lo que significaba. Los compañeros fueron al mercado y trajeron 100 chiles y el queso y los huevos que sabíamos que eran necesarios, más las naranjas y plátanos que eran parte de la dieta. Luego comenzamos a especular sobre la manera de hacer los chiles rellenos. ¿Había que freírlos? O ¿se ponían a hervir?

En ese predicamento estábamos cuando llegó una de las alumnas de los últimos semestres, del área de matemáticas (no era amiga de ninguno de los que estábamos ahí, pues). Comenzó a regañarnos porque no habíamos lavado con estropajo y jabón las frutas.  Dije que en mi casa no se comían las cáscaras, y que por eso no me parecía importante lavarlas como ella sugería. Se enojó y comenzó a regañarnos porque no hacíamos nada bien, desde su punto de vista. Y entonces hice lo que siempre hago cuando alguien dice que lo sabe hacer mejor o  de manera más eficiente: le dejo todo en las manos para que se haga cargo. Me salí, acompañada de Angel y Raúl, que me decían que no me enojara. Y no, no estaba enojada; pero no compito. Estuve unas semanas  trabajando y aprendiendo en la imprenta y nunca supe lo que era rellenar un chile, hasta hace unos meses (por antojo).

El paso por la imprenta tuvo momentos muy difíciles, como cuando uno de los compañeros (seminarista, venido a apoyar) perdió la mitad de la mano porque, al pasar y golpear una mesa de manera accidental,  alguien hizo caer la guillotina. Lo llevamos a un  hospital privado en Lindavista, donde intentaron volver a conectar la parte amputada, sin éxito. Vino la crisis de fe más terrible que yo haya presenciado, pero al final regresó al seminario. Yo volví a la cocina (la compañera había abandonado el barco).

Afortunadamente, no todo fueron tragedias. Desafortunadamente, el final fue la más trágica de las experiencias. Conservo los amigos de aquellos días.