21 de diciembre: Mi viaje relámpago a Guadalajara

Friday, December 21st, 2012

Pues me fui a Guadalajara el jueves 20, o sea ayer. Tres horas de viaje para llegar allá a las 12 de mediodía y tomar un autobús urbano para acercarme al centro de la ciudad. Se trataba de ver a mi sobrina Daniela, quien mañana viaja a Los Ángeles, de modo que pudiera llevar unos encargos.

Hacía mucho que no iba al centro de la ciudad, pero recuerdo mucho sus calles y sus parques. Me gustó estar un rato recorriéndolo, aunque haya sido a paso veloz; tanto que mi almuerzo fue en un 7 Eleven, para no perder tiempo. Es una maravilla que vendan esos taquitos al vapor.

Después de los edificios emblemáticos, al dar la vuelta encontré una calle llena de jugueterías que venden al mayoreo pelotas de colores, muñecas, carritos, futbolitos, etc. Me sorprendió lo económico de los juguetes que ofrecían. Pasé varias calles antes de volver a preguntar por el Hospital Civil Nuevo. Primero me habían dicho que eran como siete cuadras, en ese momento me dijeron que eran un poco más. Pasé un mercado y llegué a la calle del Hospital, donde se encuentra la Escuela de Medicina y un hermoso parque que me recordó la Alameda de Tepic, en los tiempos en que sus jardines y veredas invitaban al paseo… y a la conversación con alguien especial.

Después de caminar alrededor de una hora llegué al Hospital que buscaba. Mi sobrina Daniela, quien hace trabajo voluntario con los chiquitos con cáncer, bajó a recibirme y me invitó a entrar al festival navideño que los voluntarios prepararon para los enfermitos. Estaban reunidos en el auditorio, excepto los chicos a los que la enfermedad obliga a estar recluidos. Familias completas que disfrutaban de la pastorela, la comida y los regalos como cualquier otra familia. Las edades de los pacientes van de los 4 meses a los 18 años. Algunos ya tienen su pelo crecido, muestra de la etapa de recuperación en la que están; otros, usan gorros para cubrir sus cabecitas pelonas. Todos llevan brazaletes que los identifican como pacientes.

Los voluntarios no paraban ni para comer, atendiendo a las familias, reencontrándose con algunos de los chicos y tomándose fotos con ellos, asegurándose de que cada uno tuviera sus tamales, sus tacos, su pastel, su nieve… y sus juguetes. Las caritas al recibir lo que pidieron en sus cartitas (que los voluntarios les ayudaron a escribir) eran de felicidad pura. Nadie estaba triste ni se quejaba, todo lo contrario. Al ritmo del Gagnam style bailaban incluso en silla de ruedas, de las manos de los voluntarios que se habían disfrazado de diablos, ángeles y pastores. Una experiencia de vida!

Luego fue hora de decir adiós, y me encaminé (en taxi esta vez) a Plaza del Sol para comer, recargar la batería del cel y descansar. Por eso me gusta Sanborns. Esta vez, además, descubrí que tengo un 10% de descuento por el INAPAM! Ventajas de la edad dorada. Desde ahí le avisé a Pako (que estuvo en junta casi todo el día) que regresaba a León.

Tomé el autobús frente a la Plaza, con rumbo a la Central. El recorrido tomó como una hora y media, y eso que el chofer no hacía más paradas que las que los que iban a descender exigían. La verdad es que no me animaría a manejar al lado o delante de un camionero como ese. ¡Vaya agresividad! Eso sí, el recorrido es muy agradable: todo López Cotilla, pasando por la zona de restaurantes very nice, hasta Chapultepec, para entrar luego a la zona del Carmen donde alcancé a ver librerías de viejo y otras maravillas. Va por Prisciliano Sánchez y luego entra a Aldama y sigue por Medrano hasta llegar a Avenida Patria para, finalmente, llegar a la central de Autobuses.

En ese largo (y sinuoso) camino vi barrios donde venden ropa nueva al mayoreo, en otros se ofrecen zapatos al mayoreo también, o ropa de segunda, o aparatos para carros (alarmas, estéreos, etc.), o piñatas, o celulares y accesorios (incluido el servicio de Internet sin necesidad de Wi-Fi, para cualquier celular), o tapicerías que se anuncian como “muy chingones” porque en dos horas hacen las cubiertas para los asientos de cualquier carro o avión (dicen ellos).

Me gustó observar que la gente en esos barrios mantiene la costumbre de sacar sillas al frente de sus casas y sentarse a ver pasar el mundo. Eso se hacía en el Tepic que me tocó vivir. Es otro el universo cuando uno solamente pasea por los centros comerciales y las grandes avenidas del Guadalajara moderno. Descubrí mi lado andariego y aventurero (Mosqueda, pues) porque más de una vez me hubiera gustado bajarme para recorrer y explorar algunas de las zonas por las que pasé, pero necesito ir más ligera de equipaje para hacerlo. Lo bueno es que ya sé a dónde quiero ir y cómo llegar.

Llegué a León a las 10 de la noche. Fue un excelente día.

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