Archive for November, 2012

27 de noviembre: una lección aprendida

Tuesday, November 27th, 2012

Yo sé que hay cosas que no sé. Y esta vez me costó 1500 pesos aprender algunas:

  • Decir la verdad no es saludable ni conveniente
  • Debes negar cualquier cosa que te vincule con cualquier hecho
  • Hay que asumir una posición de víctima ante las autoridades (sobre todo si son hombres)
  • Hay que aprender a transar

No quiere decir que vaya a poner esto en práctica, pero sí que nunca me presentaré como testigo de lo que sea.

Uno siemppre habla de la falta de responsabilidad civil de los mexicanos. Pero hasta que me involucraron en un argüende y me hicieron pagar por daños que no cometí, me doy cuenta de que en este país, por lo menos, uno es culpable desde el principio y sin que haya la menor de las evidencias. Basta una denuncia, un picapleitos muy amigo del agente del Ministerio Público y, para cuando lo citan a uno, el caso está armado y la decisión tomada.

Lo peor es confiar en que diciendo la verdad se resuelven las cosas. No es el caso: decir que uno estuvo cerca del lugar de los hechos o que recuerda algo, es la declaración tácita de culpabilidad.

Tampoco es sensato argumentar, sobre todo si uno es mujer. Aparentemente, por lo que vi, hay que mostrar vulnerabilidad, parecer víctima y hablar con ese modito que a mí me enferma. En este caso, el MP dejaba hablar a la mujercita pero no a mí.

Pensar en llevar a cabo el proceso de demostrar la inocencia es lo menos acosejable. Desde el mismo MP (quien ya tenía todo arreglado con el abogado de la doña) que me dijo explícitamente que le estaba quitando mucho tiempo con mis alegatos,  el abogado que me explicó lo que sería el proceso completo, y el defensor de oficio quien me aseguró que lograr un arreglo con el fin de no perder tiempo en diligencias no era equivalente a corrupción (la corrupción es ilegal, dijo). Lo correcto es transar para no cansarse. Evitar el pleito a toda costa. Los principios, la ética, etc. no tienen porqué aparecer.

Que nadie se extrañe entonces de que nadie quiera testificar, apoyar a otros, denunciar atropellos reales. Me queda claro. Y sí aprendí.

20 de noviembre: muchos recuerdos, muchas alegrías

Tuesday, November 20th, 2012

Porque ayer se cumplieron 21 años de que murió mi abuela Hilaria, mi abuela materna y quien siempre vivió a nuestro lado. Le tocó cuidarnos y enseñarnos mucho de lo que sabemos (a los que quisimos aprender escuchándola, claro). Yo he sido privilegiada de muchas maneras.

Ser la mayor de los hijos de mis padres me permitió aprovechar al máximo el año y medio en el que fui hija única y establecer esa relación con mi abuela sabia (ella sí) a través del lenguaje. Muchas palabras que ya no están en uso corriente las aprendí de ella, palabras que luego encontré casi iguales en el francés, por ejemplo. Modos de hablar, modos de ser, y eso que ahora se llama “topología para el jardín de niños” y que mi querido profesor André Revuz me hizo conocer (re-conocer con ese nombre, para mi sorpresa) hace unos 30 años. “Muchacha tráeme ese X que está encima del Y”, o “detrás de” o “debajo de”, etc. Y las primeras letras: “en la caja de FAB está tal, tráemelo por favor”. Pero también las historias que nos contaba, a veces subidos en la cama mientras afuera caía un aguacero, a veces alrededor de una fogata en el rancho de mi tía Margarita, su hermana. Historias que más tarde reconocí en “Las Mil y Una Noches” (edición de Aguilar), entre otros textos.

Mi abuela era de antojos para compartir: las gorditas picadas con asientos, para las que hacíamos fila, el atole tonto, las tacachotas y tantas cosas que preparaba. Mi gusto por el café seguramente también viene de ella que lo cultivaba, recolectaba, tostaba y molía, cuando vivíamos por la calle Zapata, en Tepic. Sin olvidar, por supuesto, los tamales que preparaba en cada uno de mis cumpleaños hasta que cumplí 15… porque entonces me mandaron a estudiar a la Ciudad de México y ya no hubo festejos cumpleañeros. Le gustaba cantar y bailar, y adoraba a sus hermanos y hermanas tanto como a cada uno de nosotros.

Todo eso recordaba ayer, será por eso que me puse a preparar antojos.

Hoy recuerdo que hace 33 años, a esta hora (las 8:00 P.M.) estaba en una cama del Hospital Tenon, en el 20º. Arrondissement de París, esperando la llegada de mi hijo, quien nacería unas 12 horas más tarde. El cambio total de mi vida. No que haya dejado de hacer cosas, todo lo contrario, solamente que el sentido de lo que hacía (lo que hago) cambió. No sé cuál era antes ese sentido, aunque seguramente hacía las cosas por gusto. Pako llegó en el momento justo por más de una razón y, aunque nunca se me había ocurrido ser madre ni estaba preparada para semejante empresa, encontré la mayor de las razones para continuar estudiando, aprendiendo, trabajando y esforzándome.

No sabía cocinar en lo absoluto pero el chiquito me hizo aprender de vegetales, carnes, cereales y demás, con la generosa ayuda de los marchantes del barrio donde vivíamos desde que Pako nació (15º. Arrondissement). La Rue Lecourbe, la calle en la que vivíamos, está(ba) llena de locales comerciales: panaderías, fruterías, verdulerías, carnicerías diversas (res, cerdo, aves, de caza, de caballo), queserías, etc. Una maravilla de barrio y una maravilla de comerciantes que me explicaron desde qué tipo de carne sirve para qué cosa hasta cómo preparar algunas de las delicias de la charcutería francesa. Pako salió ganando, claro.

Muchas cosas he aprendido con/de este hijo que nació con el chip correcto y bien instalado. Muchas alegrías y muchas satisfacciones. Muchos aprendizajes han sido explícitamente sugeridos por él (muchas cosas de tecnología, por ejemplo) y mucho hemos compartido en este camino.

¿Qué más que dar gracias por estos tesoros?

10 de noviembre: un día perfecto

Saturday, November 10th, 2012

Muchas semanas sin pasar por aquí y tantas cosas que han pasado: en las escuelas, en mis vueltas por todos lados y con mis contactos.

La semana pasada estaba en casa de mi madre, festejando por adelantado su cumpleaños. Un viaje rápido a Tijuana para terminar mis trámites con el ISSSTE y aprovechar todo el fin de semana con mi má y mi hermana Nidia, básicamente. Son viajes extenuantes y un poquito caros, pero que valen mucho la pena. Tienen de todo: tristezas, decepciones, y carreras pero, sobre todo, muchas alegrías.

Este fin de semana me corresponde ser madre, el papel que a lo mejor no desempeño tan bien como debiera pero que disfruto enormemente. Desde ayer viernes comenzó el relax que necesitaba. Pako llegó cuando iba iniciando el partido del León contra el Atlas.

Sí me puse en papel de mamá y preparé un desayuno muy casero con jugos y chilaquiles con pollo (a mi cargo) mientras que el ritual del espresso estuvo a cargo de  Pako.  Dulce dice que Pako habla igual que yo (mucho y rápidamente), y así transcurrieron los preparativos, el desayuno y la larga sobremesa, actualizándonos respectivamente sobre nuestros trabajos y experiencias de las últimas semanas. A mí me hacía falta esta conversación.

Luego salimos a Plaza Mayor a poner nuestros celulares en orden y a caminar un rato. Platicar y platicar de ida y de vuelta y mientras una muy atenta señorita descifraba nuestro enredo de cambios de chips, aparatos y números. Ya no tengo teléfono de prepago, y todavía me falta actualizar mi agenda!

Comer, ¿en dónde? Nos decidimos por el “Punta del Este” en el camino a Centro Max.  Muy agradable el ambiente y buena la comida. Lo mejor, por supuesto, la conversación (sí, hablamos mucho). Y de ahí directamente al cine, para ver “Amigos”, traducción de “Intouchables”. Muy divertida! Y ya sé cuál será la siguiente que vea: “Les Miserables” (versión musical). En total pasamos unas 9 horas conversando y compartiendo.

De regreso en casa cada uno se puso a hacer lo que acostumbra a estas horas, respetando como siempre el espacio del otro. Y se nos acabó el día.

Estoy contenta, ralajada y tranquila. Necesitaba mucho esta convivencia y ver a Pako relajado.

Creo que hoy dormirré como Dios manda!