8 de abril: Los mejores tres días. Sábado y domingo

Sunday, April 8th, 2012

A pesar del cansancio del viernes, nos fuimos a la zona turística de Palm Springs después de desayunar. Recorrimos las galerías, las tiendas de curiosidades, y una exposición con los trabajos de artistas de la región, en un parque. A eso de las 10:30 un carillón se dejó escuchar durante un buen rato, aparentemente conmemorando el Sábado de Gloria, aunque no había ninguna iglesia a la vista.

Poco a poco la calle se iba llenando de visitantes. La noche anterior Pako había observado la cantidad de banderas  arcoiris en los locales y nos preguntábamos si había alguna suerte de reunión. Pero no. En una de las librerías más elegantes, con muchos objetos de los museos de Arte Moderno a la venta, encontramos un libro que describía, desde la portada, cómo Palm Springs había sido creada como un paraíso gay por artistas en el siglo pasado.

La ciudad está muy extendida y no hay espectaculares, para proteger la arquitectura y el estilo de la ciudad. El GPS es una maravilla en esos casos. O Siri.

Todavía hicimos un recorrido por los alrededores antes de regresar a Mexicali, a donde llegamos hacia las cinco de la tarde directamente a comer unas hamburguesas muy buenas, recomendadas por mi hijo. Luego nos fuimos al cine, a ver The Hunger Games, y de ahí a comentar la película en un café.

Como a las 10 de la noche nos fuimos a dormir, Pako a su depa y yo al hotel. Necesitábamos dormir tranquilamente y recuperarnos del cansancio del viaje.

Esta mañana de domingo desayunamos en el restaurante del hotel y luego Pako me llevó a la Central de Autobuses para que regresara a Tijuana. El tenía trabajo que resolver con sus colegas de la India (que no están de vacaciones, por supuesto) y necesitaba organizar algunas cosas. Yo tenía que llegar a mi casa para comenzar con la medicación que me recomendó mi hermano-médico Manuel, para combatir una alergia en la mitad derecha de mi cuerpo.

Pero lo primero es lo primero: preparar la masa para una pizza (en la máquina, por supuesto) mientras desempacaba, para luego hornear la pizza y comer. Y luego revisar mis mensajes y subirme a mi cama a relajarme.

Han sido tres días maravillosos, con las actividades que mi hijo y yo solemos compartir: caminatas, cine, música, arte, conversaciones. Cuándo tendremos tiempo de pasar otros cuantos días así, no sé. Pero por lo pronto me siento plena. No me hace falta absolutamente nada para ser feliz. Y por eso, y muchas más cosas, doy gracias a la vida, otra vez.

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