6 de agosto: en busca del tiempo perdido, again!

Saturday, August 6th, 2011

La ida a San Diego, sin carro, resulto todo un “circuitazo”! Me explico:

Tepic tenía como 50 mil habitantes cuando yo salí de ahí para ir a estudiar a México, D.F. Hacia el Norte el límite de la ciudad estaba dado por los estadios (futbol y beisbol)  y hacia el Sur por la estación del ferrocarril. Hacia el Oeste por la colonia “Los Fresnos” y hacia el Este por el Río Mololoa y algunos caseríos alrededor de él. Todo eso hoy se llama Zona Centro de Tepic.

Había tres cines: el Alcázar, donde los domingos ofrecían matinés de hasta tres películas; El Azcona, en el mero centro de la ciudad y donde uno asistía a ver las películas de la época de oro del cine mexicano, las producciones gringas que alcanzaban a llegar y las “caravanas” de artistas (Los Panchos, María Victoria, etc.); y el Amado Nervo, que presentaba las películas de corte más moderno. Cabe decir que el Alcázar estaba como a cuatro cuadras del Azcona, yendo hacia el Norte, mientras que el Amado Nervo estaba a tres cuadras, yendo hacia el Oeste.

Fuera de eso estaba el parque de La Loma, con sus canchas de tenis donde mi padre pasaba los sábados y buena parte de los domingos practicando el deporte que era su pasión, y enfrente del cual estaba la nevería del Hotel La Loma a donde nos llevaba después de los partidos (y yo recuerdo la nieve de pistache). En La Loma había también una concha acústica para festivales, resbaladillas y columpios pero,  más que nada,  la extensión del parque permitía los juegos de pelota o de los que implican correr. Casi enfrente de La Loma está la Alameda de Tepic, pero era un lugar que invitaba a la reflexión, a la lectura, a la conversación y no precisamente a ir a correr o jugar pelota. La Alameda es mi sitio preferido por más de una razón.

Claro que también estaba (y ahí sigue) la Plaza principal, frente a Catedral, para ir a “dar la vuelta” y oír la orquesta y/o la banda del pueblo (y mi tío Marcos era músico, ahí), y la plaza frente al Palacio de Gobierno donde la gente también paseaba. Pero no había más. A menos que uno decidiera irse a San Blas, a la playa, o a comer nieves a Xalisco, o llegar hasta la alberca de Compostela. Pero eso ya significaba salir de la ciudad en carro o autobús.

Para los escuincles que ni en bicicleta podíamos alejarnos de “la cuadra”, una opción de paseo era “darse un circuitazo”, que consistía en tomar un autobús urbano de la ruta Llanitos –Mololoa o uno de la ruta Estación – Fresnos  prácticamente en la puerta de la casa para volver al punto de partida después de un buen rato recorriendo toda la ciudad. Digamos de paso que los Llanitos eran esos llanos donde crecían las amapolitas moradas que dicen Las mañanitas. Estaban frente al ingenio El Molino (que de cuando en cuando tiznaba, literalmente, a toda la ciudad) y en esos amplios espacios podían organizarse carreras de caballos, por ejemplo. “Darse un circuitazo” era una diversión barata que permitía irse dando cuenta de los cambios que iban ocurriendo en la ciudad mientras uno crecía. O, simplemente, dejar volar el pensamiento con la mirada en los verdes campos de caña y ese cielo azul de mi pueblo.

Hoy, mi circuitazo fue muy distinto y me permitió observar otros espacios, mirar lugares por los que había pasado viendo pero sin mirar. De Playas a La Revu, en taxi de ruta; de la Revu a la línea, en Mexicoach; de la línea a Old Town, en la Blue Line del trolley, y de ahí a Mission Valley en la Green Line. Salí de mi casa a las 10 A.M. y llegué a Mission Valley a las 4 P.M.  Muchos tiempos muertos.  El regreso fue más rápido: salí de Mission Valley a las 8:20 y llegué a la línea a las 9:40 y a mi casa a las 10:15 P.M.

Mañana será día de recuperar todas las historias de las que me hicieron parte, y de organizar mi casa y mis cosas porque ¡el lunes comienzan las clases!

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2 comments on “6 de agosto: en busca del tiempo perdido, again!

  1. Elías Loyola Campos says:

    ¡Ah, qué hermoso lo platicas!

    Me puse a recordar los barrios de Villa Frontera y los de Monclova, Coahuila, donde pasé de niño y de adolescente muchas de mis vacaciones. También tenían sus cines, sus plazas y estadio, una estación de ferrocarril, además de una loma entre las dos ciudades.

    Conozco Tepic y San Blas, pero eso fue hace… ¡29 años!

  2. My stuff says:

    Gracias, Elías!
    Recordar es volver a vivir. Yo hace mucho que no voy a por mas de un día a Tepic. Hace unos 5 o 6 años, de regreso de Vallarta a León con Pako y una familia amiga, Pako decidió que uno no puede nomás pasar de lado y fuimos derechito al mercado principal a comprar los antojos que heredó de su madre: galletas duras, cañas, tortas de el Flamingos (ooootra cosa) y un elote! La familia (madre e hija) nunca entendió cuál era el chiste de las galletas duras y por qué el empeño en las cañas (Pako dice que en ninguna otra parte son así de dulces).
    La ciudad ha cambiado mucho (some forever not for better), y la Alameda la echaron a perder al quitar su cerco tradicional y abrirla a la circulación de los automóviles. A la Alameda hace 30 años que no voy; hay recuerdos que deben permanecer intactos.
    Te mando un abrazo.

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