2 de junio: la visita al Canal

Thursday, June 2nd, 2011

La experiencia del día de hoy ha sido terriblemente reveladora, tremendamente  cuestionadora, increíblemente humana. En el primer momento, ya de espaldas a la realidad, lo que quería era llorar. Después del largo recorrido por cada eslabón de la miseria de Tijuana (y no es privativo de Tijuana, ni de México, me queda claro) y de ir acumulando vivencias, imágenes e información y de, irremediablemente, contrastar todo eso con la realidad en la que yo vivo, lo que experimenté fue un cansancio infinito y una tristeza profunda, traducidos en las molestias de una contractura en el cuello y el inicio de una migraña. En este momento es el cansancio lo que me invade.

A las 8 de la mañana, en punto, nos reunimos todos los que asistiríamos al recorrido del día, dentro de las actividades de Border Issues: coordinadoras, alumnos, conferencistas de USD. En el camioncito tipo Calafia que se contrató para estas salidas nos fuimos al Hospital General de Tijuana, en el que se encuentran las oficinas de un programa internacional de salud pública. Ahí nos ofrecieron una conferencia sobre los programas que se desarrollan en Tijuana/San Diego con fondos de proyectos de los Estados Unidos. Alicia, la coordinadora a cargo, nos explicó las características, limitaciones y resultados de estos programas. Un planteamiento y análisis metodológico muy formal y cuidado para obtener resultados válidos (y valiosos) y que pueden extenderse a comunidades completas. Las dificultades que supone la estigmatización a los usuarios de drogas por los elementos policiacos de cualquier corporación, aunado a la corrupción, la falta de educación, el origen sociocultural de los mismos elementos policiacos, etc. Las acciones tomadas por las autoridades de todos los niveles que buscan ganar votos en una población con las características de la nuestra (moralista-mocha-conservadora, etc.) que, además, busca lo vistoso y no lo sustancial.

Entonces nos llevaron al “Canal”, es decir la canalización del Rio Tijuana, que recorre una parte de la ciudad y topa con los muros/cercas de la frontera. Al lado de esta canalización (hacia el lado sur, obviamente) y de manera paralela, corre la Carretera Internacional que va de Tijuana (Centro) a Playas de Tijuana. Si, cada vez que uno cruza la Internacional, en cualquiera de los dos sentidos, puede ver a los migrantes corriendo de un lado a otro de la carretera, o los mira sentados en los bordos del canal; a veces hasta puede ver cómo son atropellados por algún conductor que no se dio cuenta de que había hombres cruzando a toda carrera.

Pero uno nunca ve a los hombres y mujeres que habitan en el fondo del canal. Yo ni siquiera podía imaginar que ese fuera “su hogar”. Suponía que vivían en alguno de los albergues para migrantes y que estaban ahí a la espera de un descuido para cruzar al otro lado. Seguramente para algunos éste será el caso. Pero los que conocimos hoy viven en carpas muy pequeñas hechas de cartón y bolsas de plástico, entre montones de tierra, basura, y el agua sucia que lleva la canalización. Algunos, dentro de las compuertas o tuberías de la canalización del río.

Dentro de las acciones de los programas de salud que nos presentaron está el de repartirles jeringas nuevas a cambio de las usadas, y condones. Adicionalmente, agua en vasitos desechables. Se trata de prevenir las enfermedades de transmisión sexual y por el uso de jeringas “compartidas”. En esta ocasión solamente había condones y agua.

En cuanto llegamos y Alicia y su equipo descendieron de la Calafia, los hombres de la comunidad se formaron. Hubo una petición de orden, de formar fila, de utilizar un lenguaje adecuado, de parte de ellos mismos porque, dijeron “somos personas y no animales”. Y así fueron pasando a recoger lo que había, de lo que necesitaban, y a dejar sus cuetes (jeringas) usados en los contenedores que se llevaron para ese efecto. Nos saludaron muy respetuosamente y algunos incluso de mano. Y algunos de ellos entablaron conversaciones con la gente del equipo de Alicia, a quienes ya conocen, o con nosotros “los nuevos”.

Elías, un alumno de Comunicación del ITESO, se quedó a mi lado y uno de los migrantes se acercó a conversar con nosotros. Fuera de ese contexto yo lo hubiera considerado simplemente como uno más de los miles de trabajadores que habitan en la ciudad; se veía limpio, bien rasurado, muy articulado y coherente en su discurso. No sé exactamente cómo inició la conversación, pero en un momento dado dijo que sería bueno que un día les llevaran una pipa de agua como las de los bomberos para poder bañarse, vestidos con un short; porque, dijo, “andamos todos mugrosos y barbones”. Elías le contesto que él se veía muy aseado y el migrante contesto que sí, porque había encontrado tres rastrillos en la basura. Entonces nos contó su historia.

Es de Tuxpan, Nayarit. Y desde el 86 anda vagando sin poder regresar a su lugar de origen ni encontrar la manera de rehabilitarse, de ver a su familia, de tener una compañera; la que tenía la perdió y no sabe dónde, hace como 20 años, dice. También cuenta que sabe que tuvo hijas, pero que afortunadamente no se quedaron con él porque, seguramente, andarían viviendo en las calles.  Me pregunta si me acuerdo del “Golden Gate” de Tuxpan, el puente sobre la carretera que lleva a su pueblo y que llama así acordándose de San Francisco, CA, donde estuvo un tiempo. Me muestra sus brazos, llenos de delgadas cicatrices transversales, muchas en cada brazo: heridas provocadas para escapar de la rehabilitación forzosa, cada vez que fue necesario. Quiere regresar con su familia y dice que tal vez algún día se irá a Mexicali a tomar el tren de carga rumbo al sur. Pero también dice que en cuanto salga del canal los policías lo detendrán para llevarlo o a la cárcel o a internarlo en rehabilitación. Es un callejón sin salida, literalmente. Me cuenta que a veces los obligan a correr por la carretera para que sean atropellados, intencionalmente. Y me cuenta cómo, junto con una pareja, construyeron dos camas grandes con llantas y tablas, en una de las compuertas, para cohabitar; y cómo el sentimiento filial que tenía por la chica se fue convirtiendo en otro tipo de afecto, a fuerza de abrazos para confortarse y sentirse queridos. La chica está en la cárcel desde hace un rato, y él extraña su presencia.

Nos despedimos, teníamos que seguir con nuestro recorrido. Es un momento de impotencia en el que uno no puede hacer absolutamente nada aunque quisiera tener la pipa, los recursos y los papeles para cambiarles la vida. En el grupo hay como 10 mujeres que dejaron sus casas porque no se sentían queridas o respetadas y encuentran aquí, según dice, el espacio que necesitaban para vivir, por contradictorio que parezca. Una de las mujeres cantaba mientras lavaba su carpa en las aguas sucias de la canalización. Un hombre bailaba en círculos, sin que nadie lo importunara. Uno se sostenía el costado porque, me dice mi amigo migrante, “se arranco la tripa” (alguna curación o sonda) y “aquí lo curamos con algodón”.

La familia de mi amigo migrante, de Tuxpan, se apellida Ibarra, como mi tía Cuca; y una de sus hermanas nació en Santiago Ixcuintla, como mi padre. ¿Qué  tan lejanos somos él y yo? Y sin embargo, lo que la vida nos ha dado, hasta hoy, ha sido tan diferente!  Igual y en un espacio paralelo hoy un profesor universitario, de Tuxpan,  escribe sobre su experiencia de conocer a una mujer migrante que es de Tepic, y que vive en el lecho de un río o debajo de un puente.

Pero todavía, en otro lado de la canalización, a la altura de la zona turística de Tijuana, conocimos otro grupo de migrantes con más carencias y ni siquiera carpas de plástico. Temerosos, huyendo rápidamente a la vista de lo que creyeron eran patrullas. Fueron también muy respetuosos, aunque mucho más tímidos.

Otro boleto es lo que conocimos en el centro de Tijuana, pero esta vivencia de hoy con los migrantes, expulsados de los Estados Unidos y contenidos en la franja que constituye el Canal, segregados y estigmatizados por la autoridad, invisibles para la sociedad, definitivamente cuestiona mucho mi hacer y mi quehacer.

Mañana será una experiencia totalmente distinta. Iremos a conocer una fábrica de guitarras a Tecate. Va siendo hora de prepararme para dormir.

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2 comments on “2 de junio: la visita al Canal

  1. Elías Loyola Campos says:

    ¡Levanta el ánimo, amiga! Es bueno, importante y necesario cuestionar la actuación propia, pero

    “esta vivencia de hoy (…) definitivamente cuestiona mucho mi hacer y mi quehacer”

    delata un profundo desánimo, la tristeza que sientes sí puede ser profunda, pero no tú ánimo. El mundo está lleno de problemas que no hemos podido resolver, pero trabajamos con la esperanza de solucionarlos, cada quién en lo suyo y en algo más, pero nuestra catadura debe mostrarles a los demás nuestra decisión y el empeño de hacerlo, si aún así no lo creen y por ello no nos acompañan en la tarea, nuestras acciones son las que mostrarán nuestra convicción.

    Escribes muy bien, ya te lo dije una vez. Pero relatas mejor. Lograste captar la impotencia y desesperanza del Sr. Ibarra quedan muy bien plasmadas. Con un poco más de información que seguramente tienes (¿quiénes los obligan a corre por la carretera y por qué?, por ejemplo), harías un excelente reportaje al respecto de esa gente. Al publicarlo en alguno de los diarios locales (cada uno de los que fueron podría escribir para uno de los diarios) seguramente lograrían una modificación de ctitud en quienes los leyeran.

    Gracias por tu blog. En ocasiones tiene joyas muy valiosas, como ésta.

    • My stuff says:

      Gracias, Elías.
      Por diversas razones, una es la doñita que tiene el control de la Directora de Ingeniería, ya no voy a dar clases ni de matemáticas ni de física en la universidad. Me paso al lado de Reflexión Universitaria. Por eso cuestiona mi quehacer. Chance y en unos 8 meses las cosas cambien. Por lo pronto si tengo que pensar en los contenidos y los contextos de la reflexión.
      ¿Quién los hace correr? La misma policia. Me cuentan que en ocasiones les dejan caer llantas ardiendo dentro de los canales donde duermen: o corren o mueren quemados. Parte de la misma ignorancia y la misma violencia a la que son sometidos los elementos policiacos de las diferentes corporaciones que dominan Tijuana.
      Dos horas despues de nuestra visita hubo una balacera en la que policias de una corporacion persiguieron a policias encubiertos, en el mismo canal y cerca del espacio en el que estuvimos.
      Aquí la militarización es más que evidente. Por eso se han reducido las ejecuciones, dicen.

      Pero no estoy triste sino cansada. Esto es el extra de mi semana laboral regular.

      Un abrazo, Elías!

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