15 de mayo: me felicito por mis buenos alumnos

Sunday, May 15th, 2011

Domingo de relajamiento, por si hacía falta.

Después de toda una semana de festejos y celebraciones, el domingo fue un día para caminar por la playa y acabar de aliviar mi espalda, y para asistir a un concierto invitada por mis amigas, orgullosas madres de algunos de los integrantes de la Sinfónica Juvenil de Tijuana que hoy se presentó dentro de las actividades de la 29 Feria del Libro de Tijuana. A pleno sol, en el espacio de la Plaza Río en que suele haber payasos y mimos para diversión de chicos y grandes, y con una nutrida concurrencia.

Realmente no hice mucho más que eso, y descongelar el refrigerador (era más que necesario). De regreso del concierto, como a las 5:30 de la tarde, saqué todo el hielo que se había soltado (tenía mucho sin descongelar el aparato), saqué lo que había y tiré lo que ya no servía (suele suceder) limpié todo el desastre que se produce cuando llevo a cabo semejante operación, y volví a poner todo en su lugar.

Luego, comencé a preparar una capirotada para llevarle al Voss. Ni idea de cómo va a quedar, pero el olor de la miel, el clavo y la canela hacen un buen efecto en mi ánimo. Recordé la novela de Jorge Amado, Gabriela clavo y canela, mientras describía esto.

Hoy fue Día del Maestro, en México. Comenzamos con la remembranza que mi hermano Manuel hizo de mi papá, que me hizo llorar. Tantas conversaciones que no tuvimos. Y las felicitaciones cruzadas con los amigos que también son docentes, y con los alumnos que se mantienen en contacto a pesar del tiempo y la distancia.

Con mi profesor André Revuz, toda una personalidad, en alguna de nuestras conversaciones durante la revisión y corrección de mi tesis, comentaba yo un día del maestro de matemática que tuve en la secundaria y que yo recordaba como un profesor excelente, impecable en su trabajo y muy preocupado y ocupado en que las alumnas de la Secundaria Miguel Alemán  (Tepic), a las que nos impartía clase en segundo y tercer año, aprendiéramos a demostrar en geometría y a desarrollar correctamente los procedimientos algebraicos que, en aquella época se estudiaban en secundaria (y que hoy difícilmente se cubren en los bachilleratos). El profesor Revuz me dijo: usted se acuerda de eso porque usted era muy buena alumna, pero le aseguro que sus compañeras no lo recuerdan igual ni aprendieron lo mismo. Yo juraba que yo tenía razón: el maestro era excelente y todas aprendimos igualmente bien.

A la distancia y con casi 40 años de docencia, creo que los dos teníamos razón. El profesor era muy bueno (o yo no le hubiera puesto atención) pero yo era muy buena alumna. Eso es lo que he aprendido con mis alumnos. Ellos son la mitad más importante de la ecuación. Los buenos alumnos aprenden mucho, muy bien, de maneras creativas y desarrollan recursos propios. Y nos reconocen a los maestros pensando que nosotros obramos el milagro. Pero es muy fácil darse cuenta de que los alumnos que no desarrollan pensamiento creativo e independiente, que sufren los cursos tratando de memorizar lo que a nadie le importa, difícilmente reconocen la labor del profesor, sea bueno o malo, porque sienten que ellos hacen todo el trabajo y no son recompensados adecuadamente, porque no alcanzan a ponerse al nivel del curso, etc. Así que me felicito por mis alumnos!

Y bueno, la capirotada parece que ya está…cocida. Mañana veremos si también es comestible.

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