16 de marzo: náusea!

Wednesday, March 16th, 2011

Hacía mucho que no sentía náusea como producto de la interacción con otro ser “vivo”. Pero hoy me pasó, para cerrar el día.

Es cierto que fue un día intenso. Primero las horas de clase que son lo más disfrutable, a pesar de que hay que remar contra corriente. Y más en el grupo de primer semestre donde algunos creen que la aplicación Calculus de Wolfram, para el IPhone, es el equivalente de los curso de Cálculo I, II y III. Ojalá fuera así: al inscribirse y pagar por los tres cursos les entregaríamos su IPhone nuevecito y el examen consistiría en que supieran hacer funcionar la aplicación (y seguramente tendríamos reprobados).

Pero luego fue subir y bajar los tres pisos de aulas para solicitar los insumos para el COPLE. Esperanza inútil, flor del desconsuelo. Lo que me llevó a hacer el reporte inmediato y en vivo al Voss y a Heberto. Al regresar a la oficina tenía ya a los grupos de alumnos de Análisis Numérico esperándome para entregar los avances de su proyecto y su coevaluación. El desfile terminó a las dos de la tarde y creo que se vieron progresos, aunque también mostraron lo fácilmente que pierden de vista el objetivo.

Al medio día tuve que ir a “pedirle” prestado a un cajero: ¡amanecí sin gas! Y, la verdad, eso de bañarse a jicarazos no es lo más recomendable cuando el tiempo es escaso y hace frio. De paso, y por la misma escasez de tiempo, fui a la Comer a comprar algo ya preparado para mi comida. ¡Sorpresa! Estaban sacando una charola de capirotada recién hecha, calientita, llena de cacahuates y ciruelas pasas. ¡Estaba buenísima! Apenas entonces recordé que es Cuaresma, lo que significa que este tipo de antojos será frecuente durante este periodo.

La tarde trajo el último grupo de alumnos, bastante más orientados hacia el objetivo que el resto. Pero también trajo una “conversación” telefónica con alguien que exhibe una carencia absoluta de raciocinio; que hace pataletas y emite chillidos como ninguno de mis sobrinos lo ha hecho, en su vida. Una incapacidad patente para hacerse cargo de lo que le compete y la suposición de que habrá alguien que saque las castañas del fuego.

Una cosa es pedir apoyo y otra muy diferente es exhibir semejante comportamiento. Si un alumno lo hiciera, mi respuesta sería muy tajante: razonamos, proponemos y acordamos; sin rabietas. Si un sobrino lo hiciera, pregúntenle a Jessica lo que pasó cuando ella tenía tres años! Y el único berrinche de Pako se resolvió con un regaderazo de agua fría, vestido, cuando tenía entre dos y tres años.  Es muy saludable e instructivo. El agua fría calma los ánimos rápidamente y la mente se concentra en otra cosa. Y, entonces, razonamos.  ¡Lástima que estos métodos no son aplicables en este caso! De ahí, nuevos reportes… y mi náusea.

Estoy cansada, más que nada porque requiero de mucha concentración y energía para mantener la calma y no contestar como quisiera. Algo he aprendido sobre eso de controlar mis impulsos, pero al hacerlo se vuelve contra mi misma y me produce daño físico. Algo habrá que hacer al respecto. Pero me queda claro el sentimiento y la frustración de una muy buena amiga mía que batalla con “eso” ¡TODOS LOS DÍAS!

Trataré de relajarme.

 

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