11 de febrero: el flamingo con el yo-yo

Friday, February 11th, 2011

Esta mañana tuvimos la proyección de Fantasía 2010 y de Destino, durante la sesión de clase de Cálculo II. Los alumnos se hicieron cargo de toda la instalación, como acordado, y se ocuparon también de que al final  el salón quedara en orden y el equipo en el carro de Eduardo. Muy agradable ver la manera en que colaboran de manera espontánea. Claro, algunos pocos se mantienen al margen pero se nota en su desempeño académico también. Es su decisión y ellos aprenderán de eso, seguramente. Al terminar algunos compartieron lo que les gustó y lo que no, y todavía tendremos un ejercicio sobre la música en la sesión del martes próximo.

A mi me gusta el segmento de la Rapsodia en Azul. Y me identifico con el flamingo con el yo-yo, del segmento El Carnaval de los Animales. Y de Destino, pues la historia completa que me recuerda otra historia.

Sí, ya dije que es la clase de Cálculo II, a la que también prometieron llevar brownies y leche para compartir como ya lo han hecho desde el semestre pasado (Calculo I) y en este semestre. Adrián lleva el pastel o los brownies que él mismo cocina, por el puro gusto de compartir.

Eso es lo que disfruto: la docencia.

Cuando entré a trabajar a la Ibero fue con un contrato de profesor de asignatura, para impartir clases en ingeniería con Magui como directora/coordinadora. Luego, me pidieron apoyo con talleres para profesores. Más tarde, hacerme cargo de Desarrollo Educativo, con funciones de coordinadora del Centro. Entonces aclaré que solamente aceptaba porque de momento no encontraban a nadie para hacerse cargo de eso pero que a mí no me interesan los puestos directivos y que lo que no podían pedirme era que dejara de dar clases. Me interesa la docencia y puedo hacerme cargo de algunos proyectos de formación docente (porque sí puedo y lo hago bien, muy bien, sin falsas modestias). Y hago cosas distintas, y puedo desarrollar un montón de recursos, proyectos y más. Hasta puedo llenar presupuestos poniendo lo que se me ocurre con suficiente coherencia. Pero ¿creer que mi función principal sea la de coordinación, y que parezca natural que le dé prioridad a eso? Pues no.  Simplemente no escucharon bien y no tomaron en cuenta lo que dije. Y lo que digo lo digo muy seriamente, siempre.

Ya lo había dicho antes: lo que me gusta amo y hago. Y nada más.

Seguramente hay más de una persona deseando un puesto de coordinación. Y es evidente (muy evidente) que hay más de una persona deseando ocupar la oficina (que no es lo mismo que desarrollar el trabajo) que actualmente ocupo y que antes fue del padre Manuelito. Las miradas, las visitas, los comentarios. Por mi parte solamente necesito un gis o un plumón y un borrador, o una hoja y un lápiz,  para hacer lo que quiero hacer, lo que me gusta hacer. Y lo haré donde lo pueda hacer, siempre. En un café, en un salón, al bordo de la playa, en la sierra de Guerrero (y ya lo hice, conste), o en una universidad o centro educativo de mucho prestigio y con muchos recursos.

Alex y Liberata me ayudaron mucho en su visita de hace alrededor de un mes. Y lo que ha sucedido desde entonces ha ido definiendo cada vez más mis prioridades, mis alcances, mi orientación. Me siento libre y relajada en ese sentido. Cansada sí. Cansada de lidiar con gente idiota; con gente que trata de controlar la información de la cual depende que se dé cumplimiento a sus propias peticiones; con gente que pone todos los candado y trabas para que se lleve a cabo una tarea que es necesaria para que otros puedan, a su vez, cumplir con su trabajo; con gente que cuestiona que gastes en una servilleta (figurativamente) pero que desperdicia montones de papel imprimiendo lo innecesario.

Venecia me etiquetó en una foto de Sheldon que dice “I cry because others are stupid and it makes me sad”. Pero hoy ya no: la verdad, después de la exposición de estupidez tan contundente ¡me sentí tan tranquila! Hasta terminé lo que hacía falta mientras conversaba con el Voss y Dulce y tomaba decisiones conmigo misma para después corroborarlas con Dulce y Anna. Todo en uno. Porque no tengo que poner prácticamente ninguna neurona en uso para cuestiones absurdas con las que tengo que “cumplir”.

Y ahora sigue dedicarme a lo importante: yo y lo que me interesa. Sesenta horas en mi coccon, más que bienvenidas.

 

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