30 de enero: Prévert y mi mamá

Sunday, January 30th, 2011

Uno de los poemas de Prévert, cantado por Montand :

Malgré moi…

Embauché malgré moi dans l’usine à idées
j’ai refusé de pointer
Mobilisé de même dans l’armée des idées
j’ai déserté
Je n’ai jamais compris grand chose
Il n’y a jamais grand-chose
ni petite chose
Il y a autre chose

Autre chose
c’est ce que j’aime qui me plaît
et que je fais.

 

Y sí, lo que amo  que me gusta y que hago, ¡es otra cosa! Eso es lo que importa.

Este día estuvo dedicado a mi madre: llevarla a desayunar al aeropuerto de Fullerton porque le gusta el café, la tranquilidad del lugar, el servicio. Y luego, llevarla al Mall de Brea para que se desentuma y camine hasta que se canse.

Llovía, pero ya dentro ni nos acordamos de eso. Pudo hacer que le ajustaran sus lentes hasta que le quedaron bien y pudo probar que no le molestaban en las casi cuatro horas que anduvimos recorriendo cada uno de los pasillos del centro comercial. A mí eso me da tranquilidad.

Encontró el molde que quería para hacer sus madeleines, y se entretuvo con cada uno de los utensilios de cocina y las especias de William Sonoma. Si pudiera, ella tendría una casa con una enorme cocina y cada cosa que sirva para cortar, rebanar, moler, cocinar todo lo que se le antoja o lo que quiere cocinar para cada uno de nosotros.

Con las natas y la “cajeta” de membrillo (como se dice en Tepic) que le llevé ya tiene planeadas las galletas para los nietos. Y quiere hacer budín de pan pero necesita el ron (yo se lo llevo con tal de que me invite!). Y claro, las madeleines.

Por la mañana, cuando la recogí para irnos de tour, me  dio una bolsa con limones y paquetitos de café que mi hermano Juan le había traído, y una blusa que me guardó, y los zapatos que compré en Holanda hace más de diez años y que están como el día que se compraron! Y si pudiera pondría en la bolsa un pedacito de ella misma también, para acompañarme en el camino. Así es mi madre, y he aprendido mucho más sobre ella y lo que la mueve en los años que siguieron a la muerte de mi padre que en todos los años que viví en mi/su casa, en Tepic. Los últimos seis años han sido muy especiales porque he estado muy cerca, espacialmente hablando, y porque, además, me ha confiado pensamientos que no comparte con todo mundo. Lo que piensa, lo que siente, lo que lamenta. Y doy gracias a Dios por permitirme estar cerca para acompañarla y, dentro de mis posibilidades, compartir con ella sus placeres.

Sin querer desmiente que la edad la está afectando, porque al escuchar a Yves Montand cantar Les Feuilles Mortes es capaz de comprender las palabras (en francés, que no conoce), de experimentar y reconocer la calidez y la calidad de la voz de Montand, y de dejarse llevar un poquito por lo que él transmite.

Fue un muy buen día. Pero hubo que regresar. Y de nuevo la lluvia que nos acompaño al salir del centro comercial y mientras comíamos en Panera.

La lluvia también me acompañó en el camino de regreso a Tijuana. Y finalmente estoy en casa, lista para dormir como Dios manda, reconfortada por este par de días en los que mi familia, especialmente Nidia y mi mamá, me apapachó y me ayudó a olvidar l’usine à idées a la que regresaré mañana!

 

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