Octubre 14 de 2021. Mi madre, nuevamente

Thursday, October 14th, 2021

Mi madre falleció hace ocho meses, el 13 de febrero.

El texto que sigue lo escribí hace ocho años; se publicó en Es lo cotidiano, en febrero de 2013. Hoy lo reencontré.

Fui descubriendo muchas más cosas al respecto de ella y de su relación conmigo desde que llegué a vivir a Tijuana y tuve la oportunidad de visitarla con frecuencia en Los Ángeles; llevarla de paseo, asistir a algún evento, o ir de shopping o a comer, tanto en L.A. como en TJ, Tepic y León fueron momentos privilegiados. Sin duda, las tres últimas semanas de su vida, compartidas conmigo, en mi casa, constituyen la experiencia más significativa de mi vida después de mi maternidad.

Del único paseo que ella dijo recordar, organizado para ella por su nieto amado en mayo de 2015, a Puerto Vallarta.

Lo que sigue es el texto original, tomado de Es lo cotidiano, el cual simplemente copio y pego.

Mi madre

Hace casi tres años que comencé con el proyecto de escribir sobre el papel de mi madre en mi formación, en mi carácter, en mi definición como persona. Nada fácil. Durante el taller en el que participé en el Centro de Posgrado y Estudios Sor Juana (Tijuana) con Vianett Medina y un grupo de entusiastas mujeres, todas con mucha más experiencia en estas artes que yo, me sugirieron entrevistar a mi mamá para contrastar y corroborar mis recuerdos. Lo hice de camino a visitar a mi tía Lola, en Los Ángeles. Mis recuerdos y los de ella coinciden, igual que la mayoría de los recuerdos de mi hermano Manuel, el segundo de la familia.

Pero algo no me cuadraba y he intentado escribir pedazos, tratando de hacer un patchwork con ellos, pero no resulta. La clave la tuve esta mañana, mientras chateaba en Facebook.

A propósito de un pensamiento atribuido a Einstein, sobre el valor de leer cuentos de hadas a los niños, y recordando las lecturas que hacía para Pako aun antes de que naciera, comenté que conservo un volumen con los “Contes de Grimm” y otro con los de Andersen, ambos en francés. Leopoldo Navarro, mi amigo editor, comentó al respecto y dije yo que por eso Pako se dedica a lo que hace: juegos para iPhone e iPad. Comenzó a escribir historias desde los 6 – 7 años, dedicadas a sus amigos, y pretendía estudiar Ingeniería Electrónica para tener bases para escribir ciencia ficción.

Para Pako es transparente lo que yo he hecho y lo que hago como madre. Hace un par de años, viajando de Los Ángeles a Tijuana, me decía muy seriamente que todos los jóvenes deberían hacer lo que él hizo: dejar una carrera a medias (Ingeniería Electrónica, en el Tec de Monterrey) para dedicarse a lo que realmente le gusta (Mercadotecnia, en la Ibero). Le comenté que pocos jóvenes tienen una madre que pueda pagar semejantes cosas y que si hubiera tenido un hermano hubiera sido difícil que le costeara esos lujos.

Entonces comentó que todos deberían estudiar inglés desde el principio, como lo hizo él. Corrección: “tu mamá decidió que estudiarías en una escuela 100% bilingüe, desde el jardín de niños”. ¿Y la natación? Ídem. Hace unos días me preguntó si seguía en el SNI y solamente le comenté que dejé todo eso cuando abandonamos el D.F. Me contestó que su papá es Nivel III (ni sé si sea cierto). Y ni siquiera se le ocurre que tomé esa decisión para que pudiera crecer en un ambiente más libre y más seguro.

Mucho de mí misma lo he aprendido a través de Pako. No en balde ha vivido conmigo toda su vida. La Morra (Dulce Karina) dice que hablar con los dos es como hablar conmigo dos veces. Y sí: he visto mis reacciones a través de las reacciones de él. Mis “moditos”, mi habla, etc. Y me sorprendo. Y eso exactamente ocurrió esta vez.

He estado buscando la influencia de mi madre en mí y no había caído en cuenta que es mi primera influencia. He dicho que soy la hija de mi padre y es cierto en muy buena medida. Pero la primera infancia, la que dicen que nos marca, la pasé con mi madre y esa “comunidad hippie/matriarcado” formada por mi abuela Hilaria, mi madre, mi tía Cuca y mi prima Licho (mi tío Gonzalo era ferrocarrilero y estaba pocos días en casa). Los primeros años mi papá nos visitaba pero no vivía con nosotros y trabajaba todo el día, aunque no me faltó nunca su apoyo y siempre estuvo cuando lo necesité.

Entonces, los primeros aprendizajes, las primeras palabras, las primeras lecturas (y los primeros conjuros), deben haber provenido de ese clan. Yo no supe que mi madre era lectora sino hasta que Pako tenía unos 5 años y estábamos en el cumpleaños de alguno de sus amiguitos. Un señor me comentó “qué interesante es esa señora” refiriéndose a mi madre, quien había ido a atender un llamado del nieto. ¿Mi mamá? pregunté. Sí, me dijo, estábamos conversando sobre “La insoportable levedad del ser”, de Kundera. ¿Mi mamá? repetí. Y me sorprendió saber tan poco de ella.

Si veo lo que mi má escribe en Facebook, o las notas que nos manda, o sus cartas, encuentro que tiene muy buena ortografía, con escasísimos errores; que escribe muy ágilmente y de manera muy concreta, organizada y oportuna. Y mi experiencia docente me dice que eso lo adquirió leyendo. Ahora sé que lee mucho porque compartimos algunas lecturas. El año pasado le regalé “Siddhartha”, y lo leyó más de una vez.

Por mi parte, la primera carta que escribí fue para ella, a los tres años, desde Mazatlán (y tengo la evidencia, LOL). Mi tía Cuca (con quien viajaba en el ferrocarril y quien era mi segunda madre) escribió en los márgenes la traducción. Conforme yo crecía iban llegando los hermanitos, cinco después de mí, y mi papá se integró al clan y fue más evidente su participación en mi formación y la de todos mis hermanos (porque lo que llevaba era para todos aunque algunos ni se enteraran). Al mismo tiempo, mi madre tenía que dedicarse más a los pequeños. Mi carácter de gato independiente hizo el resto: recibo lo que necesito y me alejo a leer y a escuchar música en solitario, alejada de los chiquillos y sus amigos que ya comenzaban a invadir la casa.

Con un lenguaje bien desarrollado, con una mente alimentada con las historias de mi abuela, los cuentos que mi padre nos compraba mensualmente, las novelas que llevaba a la casa y mi interés en leer cualquier cosa que cayera en mis manos (tengo que dar gracias porque no existían ni la tele, ni el TV Notas ni similares), la relación con mi padre se fue fortaleciendo con el paso de los años. Discutíamos de libros, de futbol o de política. Conversábamos en la mesa o mientras íbamos camino yo de la escuela y él de su trabajo. Se nutrió con sus lecturas de física y su aprendizaje del francés como muestra del afecto y el orgullo que sentía por su oveja descarriada.

Y en todo ese tiempo mi madre se puso en un segundo plano, apoyando todas las decisiones de mi padre, animándome en el camino que me presentaron y alentando cualquier tontera que me cruzara por la cabeza. Apenas en la entrevista supe del temor y el dolor de llevarme a la Ciudad de México a vivir sola, para estudiar el bachillerato, cuando tenía 15 años, por decisión del Profe.

Mi madre nunca se ha quejado de lo que le haya tocado vivir, aunque le tocaron pruebas muy duras con cada uno de sus hijos, por diferentes razones. En la entrevista me cuenta algunos de esos dolores, que ella minimiza. Ni siquiera recuerda nuestras travesuras, a pesar de que yo recuerdo algunas muy bien (mías y de mis hermanos). Solamente lamenta que uno de los seis no la quiera. Por lo menos es lo que ella siente, y eso es lo que importa.

Escuchando la entrevista me doy cuenta de que también hablo como ella, cuento cosas a su manera. Comienzo en un lado, divago y de alguna manera regreso al punto de partida. Y a veces el divague me lleva por sitios que parece que a nadie le importan. Pero todo está conectado.

Así, me cuenta de la flor que mi padre le llevaba cada día. Me dice que cuando entró a estudiar inglés a la academia del Profe (año 1948 o 49), sus amigas le decían que ella le gustaba al Profe. Y me dice muy seria: “pero claro que no”. Mi turno: Amá, ¡tuvo seis hijos con el profe! Y sí, al Profe Parra le gustaba Margot, como la llamaba por escrito. No solamente le gustaba: la amaba. En su última carta, mi padre me escribió en el francés que aprendió en el Larousse (bastante bueno, por cierto):

Votre mère et moi dans nôtres relations sommes comme mes maladies.Les questions de votre frère qui boit et de votre sœur qu’elle croit qu’est la reine, sont motif de très difficiles moments, qui aussi donnent à votre mère des mauvais jours. Mais j’aime avec tout mon cœur votre mère et je vivrais à son côté tout ce que j’ai de vie devant moi.

No pudo volver a escribir. La enfermedad lo desgastó tanto que ni siquiera puedo imaginarlo. En los meses que siguieron apenas pude escucharlo alguna vez por teléfono. Luego mi madre, otra vez con su entereza, se encargó de decirme que se estaba bañando, que había salido al médico, que estaba dormido, etc. de agosto a diciembre de 1979. Mi padre no quería que la gravedad de su enfermedad alterara mi embarazo. Mi madre no quiso que supiera de su muerte hasta que el chiquito estuviera ya en casa y yo me hubiera recuperado.

Esa es mi madre. Muchas cosas de ella reconozco ahora en mí. Las renuncias, las angustias, las tristezas que le causé y le causo, y las que le causamos todos, ella las ha borrado… casi todas. Pako me ha ayudado a ver muy claramente que yo no sería quien soy si mi madre (apoyada por su hermana Cuca, por mi abuela y por Licho) no me hubiera ayudado a desarrollarme.

Solamente me queda darle las gracias por todo ese apoyo, por creer en mí, por apoyar mis luchas, por solidarizarse con mis causas (incluida la del 68), por estar siempre cuando la necesito, y por respetar mi carácter y mi independencia.

Te quiero amá, y sé que debí decírtelo con mucha más frecuencia. Por cierto, extraño tus buenos días y tus porras en el Feis.

15 de agosto: Destino manda

Sunday, August 15th, 2021

Fue una mañana de finales de abril de 1985. Lo sé porque antes de iniciar mayo, mientras atendíamos la celebración de la obtención del doctorado de una compañera, M. André Revuz, director del IREM de París (IREM que ahora lleva su nombre) me comunicó que la siguiente sería yo. Se me atragantó el petit four y protesté: ¿Yo? Pero creo que todavía me falta, dije como si la dictaminadora fuera yo misma. Agregué que la renta del departamento estaba pagada ¡por todo el mes de junio! Mediados de junio será, dijo impasible mi querido profesor y me sugirió que hablara con mi casera.

A principios de febrero habíamos comenzado a reunirnos al menos dos veces por semana, en su oficina del IREM, para afinar mi redacción (casi totalmente hecha en México, sin mayor supervisión). Al principio, a las sesiones me acompañaba mi pequeño de cinco años porque no encontraba escuela que lo admitiera a medio curso, todas con cupo completo. Pero a finales de febrero se abrió un espacio en una escuela privada, dependiente de la Abadía de Saint-Germain-des-Prés, llamada Cours Adeline Désir, sobre la Rue de Rennes, muy cerca del Boulevard Saint Germain. Una escuela que ya no existe, como tampoco existe el departamento en que vivimos durante ese semestre, en el número 14 de la Rue Lincoln, a 20 metros de la avenida des Champs-Élysées.

Esa mañana de abril, todavía con rastros de invierno (el 8 de mayo nevó, para darse una idea), nos levantamos temprano, desayunamos y lo llevé a la escuela. Para entonces ya se había ambientado, hablaba, leía y escribía en francés y con caligrafía francesa; la maestra estaba sorprendida de su capacidad de razonamiento que, incluso desde los primeros días ahí, le permitía resolver los ejercicios de matemáticas sin siquiera tener que leer el texto que los acompañaba. Siendo la escuela una institución de orientación católica, los chiquitos del grupo se preparaban para su bautizo; lo supe el día que entramos a conocer el templo de Saint Germain y el hijo cayo de rodillas rezando el Padre Nuestro en francés, obviamente.

Excepto los miércoles, día en que los padres de familia se hacen cargo de darles la orientación religiosa de su preferencia, los chiquillos permanecían en la escuela de 8:30 am a 5 pm. Ahí les proporcionaban la comida, el refrigerio de la tarde, y los llevaban al circo, o a nadar, o les daban lecciones de ¿violín?, por ejemplo. Yo debía recogerlo en punto de las 5 pm.

Desde el momento en que M. Revuz me alertó sobre la inminencia de la defensa de mi tesis, comencé a trabajar febrilmente sobre los últimos detalles, tecleando en la pequeña máquina electrónica, con características fantásticas, en cuanto dejaba al hijo en la escuela; apenas me levantaba de la mesa para comer algo, atenta al reloj para ir a recoger al escuincle de mis amores.

Esa mañana, antes de que me levantara para preparar algo para comer, las cosas sobre la mesa (lápices, plumas, etc.) comenzaron a “reptar”. Me levanté, incrédula, puse las cosas en perspectiva y decidí que tenía que salir a que me diera el aire. Tomé mi pequeño bolso con apenas las llaves, mi cartera y mis documentos oficiales, por aquello de que uno nunca sabe si será objeto de control en el metro (nunca me ocurrió, por cierto), pero no había que cargar con celulares, anteojos, etc. Fui directamente a la escuela y pedí que permitieran que llevara a mi hijo a comer, dando por terminada la sesión del día. El antojo del hijo fue de comer hamburguesas, y encontramos una especie de McDonald’s (o ¿era un McDonald’s?) para satisfacerlo. Después fuimos a un parque y terminamos caminando por Champs-Élysées, deteniéndonos de cuando en cuando, hasta llegar a casa. Fue mi único episodio psicótico durante todo el proceso.

El documento ya completo pasó a revisión de los expertos, quienes enviaron su reporte a la rectoría. Un reporte confidencial que el estudiante o cualquier otra persona no debe conocer. Se fijó el 13 de junio para la defensa, la cual tuvo un giro inesperado, divertido, insólito, que condujo a que me otorgaran la mayor de las menciones honoríficas. Después de la defensa, mientras entregaba los sobres con estampillas para que me hicieran llegar todos los documentos a mi casa, la secretaria del Instituto me entregó una copia del reporte, dado que nunca había leído algo tan elogioso, haciéndome jurar que nadie lo sabría. Han pasado 36 años y supongo que ya a nadie la importa.

Siguió la impresión de los ejemplares necesarios para la Universidad y el Conacyt, más un par que conservo y que nunca volví a leer. Hubo quienes lo leyeron y, por ejemplo, tomaron “prestada” mi definición de variable, la que yo construí, aprobada por M. Revuz, M. Lacombe y Mlle. Adda, para utilizarla en sus trabajos de maestría y doctorado. Un honor ser plagiada por n-ésima vez.

Todo esto pasó por mi cabeza anoche, mientras ese escuincle, a punto de cumplir 42 años, dejaba este país después de dos semanas de vacaciones que disfrutó junto con su esposa aquí en León, Guanajuato, y en Isla del Carmen, Quintana Roo. Hoy deberían de haber llegado a Londres, pero el Reino Unido cerró sus fronteras a los viajantes que salen de México y Aeroméxico (la aerolínea que les vendió los boletos Londres- México-Londres) ya no viaja a Londres y solamente los podía llevar a París. La cuarentena impuesta por Reino Unido la pasarán en la ciudad natal de mi niño. Cierto, mañana él tiene que regresar a la oficina virtual, full time, pero nadie dice que no pueden pasear por las tardes y disfrutar de, por los menos, los dos próximos fines de semana. Hoy enviaron fotos de los alrededores del hotel que eligieron: Los Inválidos y la Torre Eiffel.

Destino manda y uno agradece. Y yo soy feliz.

22 de mayo: Procrastinar

Saturday, May 22nd, 2021

Muchas cosas han ocurrido en los últimos catorce terribles meses previos a este día. Lo más doloroso, sin duda, fue la muerte de mi madre, a mitad de febrero pasado, en esta casa a la que había llegado tres semanas antes para recuperarse de una serie de malestares, creíamos dos de mis hermanos y yo; ella sabía que no había vuelta para atrás, lo supe dos semanas después.

Vinieron para mí semanas de recuperación física y emocional, apoyada por mi hermano médico, su familia y su comunidad, en Amatlán de Cañas, Nayarit. Regresé a la casa, a mi soledad habitual, acompañada de la esencia de Maggie. Recuperar las ganas de cocinar antojos, por ejemplo, ha llevado tiempo.

Había que generar algunas rutinas y poner algunas alarmas para retomar la vida desde el punto anterior al inicio de todos los desastres. Algunas cosas llegan vía los contactos o los excompañeros de trabajo o los amigos, de manera que no ha faltado en qué entretenerme en las últimas semanas. Pero en marzo todavía no encontraba la punta de la madeja y decidí inscribirme al Club de Lectura con Alma y Julia, poetas mexicanas reconocidas, para leer y comentar Don Quijote de la Mancha, ni más ni menos, a razón de cuatro capítulos por mes, comenzando en abril.

Escogí la edición en veinte fascículos publicada por el Fondo de Cultura Económica, comentada y con valiosas entradas en cada uno. El lenguaje de la obra no es una novedad para mí por varias razones: aprendí las primeras palabras y escuché las primeras narraciones de mi abuela Hilaria. Historias medievales (Genoveva de Brabante, por ejemplo), cuentos tomados de las Mil y una noches, aventuras del Quijote, y así.

Los primeros textos propios fueron regalo de mi prima Licho, cuando yo estaba por cumplir seis años, y contienen historias tradicionales, con moralejas de algún tipo, en pequeños libritos (100 pequeños libritos) organizados en cinco volúmenes dispuestos en un estante de cartón prensado.

El Quijote debo de haberlo leído, completo, antes de terminar la secundaria. Y tengo muchos amigos españoles, uno de los cuales recién me hizo llegar un de sus publicaciones, dedicada a sus alumnos de bachillerato; tuve que confesarle que el lenguaje que él utiliza no se parece, en lo absoluto, al que nuestros estudiantes o sus maestros emplean.

La segunda sesión está programada para el 25 de mayo y los capítulos a comentar son los que van del V al VIII. Pocas páginas, realmente. Entre sesiones leo muchas otras cosas y hago manualidades, colaboro en algunos eventos, etc. Lo de hacer taeas nunca se me ha dado y pospongo lo inevitable cuando apenas queda tiempo de asegurarme de que puedo participar en la clase, sesión o discusión sin riesgos.

El asunto es que los fascículos son tan pequeños que terminé extraviando el #2, que contiene los primeros ocho capítulos de la obra. Hoy hice un ejercicio concienzudo de búsqueda. Lo encontré entre una pila de CD’s. Leí la mitad de “la tarea”, aunque la mitad de eso la había leído (releído) hace un mes. Luego me dio por limpiar todos los baños, utilizando todo tipo de desinfectantes, antisarros, etc. Igual voy a tener que utilizar piedra pómez. Todo sea por procrastinar, aunque limpiar baños nunca ha estado entre mis aficiones.

Mientras limpiaba iba reacomodando algunas de las palabras del texto al habla de mi abuela y su hermana mayor, mi tía Margarita, y los nietos de ésta, en el rancho de los Becerra, en la parte alta de la Sierra Madre Occidental, municipio de Compostela, Nayarit. Siendo la mayor de seis hermanos disfruté varios veranos ahí, entre los años 1957 y 1964; los dos menores no tuvieron ese privilegio.

Todos ahí sabían hablar y escribir correctamente/escolarizadamente; los muchachos, primos de nosotros, recogían los libros que nosotros íbamos dejando al terminar cada ciclo escolar y se los llevaban para utilízalos en su educación, sin escuelas próximas pero con la estricta vigilancia de su abuela y sus padres. Pero también hablaban con los vecinos de otros ranchos, con las palabras del castizo de los mayores. Y uno aprendía. Además, recogían los sellos de aluminio que en aquella época cubrían las latas de Choco Milk, bajo la tapadera, para utilizarlas en reparaciones de sus utensilios. Desde ese entonces reciclamos. Los dos principales objetos de reparación eran la pequeña planta de electricidad y el trapiche, también pequeño.

Los veranos, en ese paraíso que era el rancho, uno adquiría montones de habilidades para la vida práctica. Si uno quería una fruta iba y la cortaba del árbol; había un par de ojos de agua que, apenas hace unos 8 años, mi madre recordaba como el agua cuyo sabor prefería; el río que cruzaba la parte baja del rancho (integrado por las tres viviendas familiares) hacía una gran poza, “el Charco Largo”, donde se podía nadar y donde se pescaba camarón de río, por ejemplo. Todo lo necesario para las comidas, excepto la panadería, se producía ahí mismo, pero uno no podía participar en las labores de la cocina si no se trenzaba el pelo. Adivinen quién nunca fue admitida.

Las tardes eran de conversación y juegos tradicionales; al caer la noche se echaba a andar la planta de electricidad para escuchar la radio comunitaria durante la cena y uno atendía/entendía el lenguaje por necesidad; luego, solamente quinqués para alumbrarnos un rato antes de ir a dormir mientras nos contábamos historias de terror, como la de las culebras chirrioneras que mamaban de los senos de las madres mientras metían la cola en las bocas de los bebés, para despistarlos.

Así/ainsi/ansi/ansina, cuando comencé a estudiar francés (ainsi) no necesitaba de mucho para comprender el habla, gracias a mis estancias en esa comunidad. O podía entender y hacerme entender con una señora que nos rentó una habitación en Turín, en el verano de 1979, quien nos dejó el encargo de atender a alguien que iría a bscarla mientras ella se ocupaba de otro pendiente.

Sigo en la procrastinación.

3 de enero: Mi prima Gabriela

Sunday, January 3rd, 2021

Esto es un relato que escribí en junio de 2015. Y ahora es necesario recordarlo.

Llegó a mi casa para acompañarnos en la fiesta de graduación de mi hija. Viaja siempre acompañada de su hija menor, quien debe estar atenta a cada uno de los detalles que llenan la vida de mi prima: lo que se le antoja, lo que le disgusta, o lo que necesita. No es tarea fácil porque a veces ni la propia madre sabe lo que quiere o necesita y se guía más por el antojo del momento, lo que eso signifique.

No pocos desaguisados han surgido de esa manera de llevar la vida, sin atender a razones o condiciones. No importan las consecuencias de un atrancón, o la de perseguir algo sin darse cuenta del camino que recorre. De alguna manera es como una niña que se va detrás de un globo, de una ilusión, sin que medie el menor razonamiento. Eso sí, al final hay un culpable … que generalmente es la hija que está a cargo. Porque no me dijiste que no debía, que no podía, que no era conveniente, dirá. Y ojalá escuchara cuando y cuanto se le dice, pero ni observa ni escucha.

La recuerdo de joven y reconozco cada uno de sus comportamientos. Uno puede platicarle lo que sea; ella retiene solamente lo que le parece relevante para sus fines. “Vamos a ir a la Ciudad de México al sepelio de la hermana de una tía de mi marido”  diría su otra hija; mi prima registra “Vamos a ir a la Ciudad de México” y se prepara para un viaje que imagina lleno de paseos y degustaciones en los lugares que conoce y que gusta de visitar. Llegados a su destino, comenzara por a) decir que no trajo ropa adecuada porque no le dijeron que vendría a un velorio/sepelio; b) que de todas maneras no tiene qué ponerse; c) que los zapatos que trajo ya le cansan porque son muy viejitos; d) que necesita un blusa o un suéter o… porque el único que trae lo compró en un tianguis o se lo regaló alguien, ya usado. Mientras, la ropa y los zapatos nuevos que le han comprado cuando algo le gusta y le acomoda (porque eso es oooootro rollo) aguardan a que haya algún evento de su consideración. Ni siquiera recuerda todo lo que tiene almacenado.

De la misma manera ignora todo lo que ocurre alrededor. Supongo que la frase “No es mi problema” se inspira en ella. “Llovió anoche” significaría para el resto de la familia tomar algunas previsiones. Para ella es una información que en nada altera sus expectativas. “¿Cómo de que no podemos ir al rancho? Yo ya estoy lista”, dirá portando el sombrero y las gafas que la protegerán del solazo que prevé. Y al llegar al rancho se molestará porque hay demasiado lodo y nadie le dijo que así estaría el cerro y que no se podría caminar.
Siempre me sorprendió, y me sigue sorprendiendo, esa capacidad para no darse cuenta del entorno, ni siquiera del propio. Camina esperando que los que van con ella despejen el camino; pero se necesita saber eso antes de acompañarla a cualquier lado, por el riesgo y porque uno terminará siendo el responsable de cualquier percance. Es como si viviera en una burbuja y es irritante, por supuesto.

En lo que percibe no existen el estado de salud, económico o emocional de los otros; ella insistirá siempre en seguir con lo que tiene en mente, se molestará si no le siguen la corriente y culpará a los demás si fue una mala decisión. Si alguien trata de hacerle ver la situación especial de alguno de los presentes cambiará de conversación, cantará muy quedito, decidirá que es hora de tomar una siesta porque le duele la cabeza, o se pondrá a hornear un pastel para celebrar que estamos juntos.

Y sin embargo, es una prima muy especial. Siendo un poco mayor que yo y casada muy joven, supongo que la observación de ese conjunto de comportamientos -que pueden incluir diferentes modos de manipulación, yendo de la lagrimita que resulta “porque algo se me metió al ojo”, si le preguntan, al mutismo cerrado que finge no escuchar absolutamente nada- ayudó a que yo excluyera (por lo menos conscientemente) semejantes conductas en mi trato con mi familia. Su esposo fue, definitivamente, un santo, y sus hijas aprendieron a sobrellevar el caracter de esa pequeña niña caprichosa que les tocó en suerte.

Al final de la semana de convivencia familiar y una vez que las pusimos en el avión, de regreso a su casa, mi hija me abrazó diciendo “gracias por no ser así”. De todas maneras supongo que, con el caracter que tiene mi retoño, de nada me hubiera valido.

31 de diciembre: Noche Vieja

Thursday, December 31st, 2020

Mi collar de perlas se rompió estrepitosamente esta mañana, cuando me di cuenta de que era el último día del año, después de beber el primer café en mi jardín acompañada, como es habitual, por un colibrí. Es el cumple 128 de mi abuela Hilaria, mi ángel de la guarda, pensé. Luego me cayó el otro veinte.

51 años desde aquella Noche Vieja en la que comprendí que nada era posible. Tú lo sabías también; te dijeron que no, que era impensable, e insistieron en ello, pero nunca me lo dijiste. Gradualmente he ido comprendiendo sus razones. También conozco mejor las maneras en que los padres de mi/nuestro pueblo hacían que sus hijos (no digamos las hijas) obedecieran sin chistar.
La última pieza me la proporcionó Lupita Láscares, hace unas dos semanas, cuando conversábamos sobre el uniforme de la secundaria, el de tela de cuadritos que, dice ella, estaba obligada a ponerse cada día. O de su responsabilidad de cocinar para ella y su hermano desde los 9 años. Yo no. Nunca estuve sometida a esas reglas, ni usaba ese uniforme todos los días. El primer platillo lo preparé a los 26 años, como parte de mi curso de francés.
No supe que era mandato regresar al pueblo al terminar la carrera. Ni que era también la expectativa de las jóvenes que esperaban a los novios (o conseguir uno) recién graduados para casarse y establecerse ahí mismo. Nadie me dijo que tenía que regresar, y seguramente tampoco lo hubiese hecho. Y nunca sospeché que fuera una esperanza.
Tarde, 10 años después de terminar mis estudios y 6 después de tener el título, regresé a buscarte; llevaba a mi escuincle, y el doctorado terminado. Llegué dos años demasiado tarde.
Hoy vuelvo a recordar aquella Noche Vieja. Y a lamentar no haber podido bailar contigo. No perdono a quien se plantó frente a nosotros para impedirlo.
Te quiero.
Je t’aime.

28 de diciembre: Recuento de 2020. Un año excepcional.

Monday, December 28th, 2020

A pesar del confinamiento, desde principios de marzo, el tiempo fluyó con rapidez y sin momentos de aburrimiento. Pero hubo de todo: alegrías y penas, preocupaciones y esperanzas, sorpresas y comportamientos predecibles, y así en cada ámbito de mi vida.
Grosso modo separaría los acontecimientos en cinco temas, aunque casi todos están relacionados.

Mapa de ruta

Laboral y académico

De los eventos en 2019 y de las queridas amigas (específicamente) que conocí en el Campus León del Tec de Monterrey o aquellas con quienes he estrechado lazos de amistad más recientemente, derivaron los asuntos laborales y académicos, muy honrosos y disfrutables, de este año. A cada una y cada uno les reitero mi cariño y reconocimiento.

Ignorábamos lo que venía y comenzamos a trabajar en planes que incluían viajes. Nunca digo no a una experiencia que combine el trabajar y vacacionar, casi simultáneamente. A veces el pago apenas cubre los gastos de viaje, como el año pasado en Campeche; a veces da para planear otras vacaciones. A veces hay que pagar por asistir. Las conferencias y los talleres virtuales no causan honorarios. En cualquier caso, es algo grato y con recompensas inesperadas.

Algunos eventos estaban ya programados, algunos fueron surgiendo a medida que avanzaba el confinamiento:

  1. El 7 de febrero presenté la conferencia virtual Disrupción en educación. Origen y prácticas, dentro del I Congreso de Innovación Educativa: Educación Disruptiva, de la Florida Global University. La invitación a participar vino de la mano de la Dra. Milagros Huamán. El evento virtual, originalmente programado para diciembre 2019, fue pospuesto tomando en cuenta los tiempos de los docentes y las celebraciones de fin de año.
  2. Al concluir febrero e iniciar marzo, un curso/taller para docentes de la Universidad de Durango. El contacto fue la Maestra Olinda Ornelas, quien había estado trabajando con ellos sobre la evaluación de sus programas académicos. Propuesto originalmente para mediados de febrero, mi plan incluía estar unos días en la Aldea Ojo de Cielo, entre Tepic y San Blas, como celebración de mi cumpleaños 70. Luego se pospuso para iniciar el 28 de febrero, y mi plan se modificó radicalmente. Las noticias de la pandemia que iniciaba sugerían que era sensato posponer las vacaciones. El viaje por carretera (vía Mazatlán, de ida; vía Zacatecas, al regreso) me permitió estar un par de días en Tepic, saludar a mi tía y a Raquel, pasar un rato en el lugar en el que reside mi alma y tomar café y conversar con mi primo Alonso. La estancia y el curso fueron muy gratos, Olinda me acompañó y me asistió durante el taller y pudimos conversar y conocer un poquito de la ciudad de Durango. Conocí a Paloma, profesora de la universidad pero también emprendedora, a cargo de nosotros e inscrita en el taller, y es un gusto tenerla ahora como amiga.
  3. El 11 de marzo se presentó en la ENES León UNAM nuestro libro, publicado el 9 de diciembre de 2019, Estrategias y prácticas innovadoras. La educación ante el siglo XXI. Fui invitada a trabajar en este proyecto por la Dra. Adriana Martínez, coordinadora y coautora de la obra. Posteriormente, el 4 de octubre, se presentó en la Fenal León. Mientras, sigo colaborando en la Revista Entreciencias: Diálogos en la Sociedad del Conocimiento, coordinada por la misma Adriana y el Dr. De la Fuente.
  4. En marzo recibí una constancia que me acredita como Profesora Invitada Permanente de la ENES León UNAM, extendida por la Dra. Laura Acosta, directora de la institución.
  5.  El 1 de mayo ofrecí una conferencia para docentes de la Universidad del Sinú, en Colombia. El contacto se dio al terminar la conferencia que impartí en el Congreso de la Sociedad Matemática Mexicana, en Monterrey, en octubre 2019. De hecho impartí dos conferencias seguidas, para cubrir el hueco de un conferencista que no llegó. Al finalizar, un profesor colombiano, Dr. Eber Lenes,  se acercó a mí, muy decididamente, para plantearme su interés por que fuera a Colombia a impartir un curso en su Semana Pedagógica, en mayo 2020. En ese momento, sorprendida, dije que sí, pensando en que era buena onda pero que hasta que se concretara no lo consideraría como un hecho.
    En enero llegó la propuesta formal y desarrollé el curso y los materiales. En marzo todavía se pensaba que era viable y envié toda la documentación para formalizar contrato y viaje. Hubo que rendirse ante la realidad. El curso se cambió por una conferencia en modalidad virtual: Un cambio necesario en la enseñanza de las matemáticas, acompañada de una propuesta de Actividades para una unidad de aprendizaje
  6. Para contribuir con la ENES León UNAM, durante el mes de agosto ofrecí un curso de Teoría de decisiones para estudiantes de Economía, en 12 horas distribuidas en seis sesiones, durante dos semanas, vía Zoom. Se trató de un curso adaptativo, sin créditos, sin prerrequisitos formales. A partir de la propuesta inicial los 12 estudiantes inscritos originalmente decidieron que el énfasis lo pusiéramos en los aspectos estadísticos (Bayesiano y no Bayesiano). Fue una experiencia satisfactoria en muchos sentidos.
  7. A la conferencia para la Universidad del Sinú siguió una invitación para participar en el II Encuentro Matemático del Caribe, virtual, coordinado desde Colombia. Se trataba de ofrecer un minicurso y de participar en una mesa redonda en la que se abordarían diferentes aspectos de las matemáticas y de su “enseñanza”. El minicurso La resolución de problemas y la actividad matemática se ofreció a través de Zoom, en dos sesiones de dos horas cada una, los días 9 y 10 de septiembre; lo inesperado fue la audiencia: más de 500 inscritos, me anunciaron unas horas antes de que iniciara el Encuentro. En mi blog de Blogger  se encuentran los enlaces a las presentaciones para las sesiones y un análisis somero de las interacciones de los participantes (Zoom no admitió a más de 150 docentes interactuando).
  8. También en septiembre, el día 2, nos reencontramos AnaKris Bórquez, Daniel Mocencahua, Deya Castilleja y yo, quienes diseñamos y coordinamos Encuentro Tijuana en 2010, un evento virtual (Webex) y presencial para los docentes radicados en Tijuana. Logramos incorporar a algunos de los docentes que participaron en aquella ocasión y compartir la experiencia en una sesión de Radio BUAP trasmitida vía Facebook Live.
  9. El 27 de octubre atendí una nueva invitación de la Universidad del Sinú; esta vez se trataba de ofrecer una conferencia a los estudiantes de las diversas carreras que ofrece la Universidad y a sus docentes, al iniciar el nuevo ciclo escolar. Presenté la conferencia Lectio Brevis.

Probablemente haya omitido algo que no registré en mi calendario, pero el año fue rico en actividades, en contactos y relaciones nuevas y en la consolidación de relaciones y colaboraciones ya existentes.

19 de julio: cuarentena de 130 días

Sunday, July 19th, 2020
El hambre pasó frente a mi casa
Tocando una trompeta y un tambor, simultáneamente, el jefe de familia recorre la calle con pesadez;
Le sigue la mujer, casi niña, tocando a las puertas que no se abren.
Un par de chiquillos caminan a su lado;
Se reparten una naranja y una granada, sonriendo agradecidos.
El vecindario está como ausente.

4 de mayo: sueño del mediodía

Monday, May 4th, 2020

Una anciana (mayor que yo, como las ancianas que veía en los pueblos cuando yo era niña) vendía galletas en la entrada de su casa, dispuestas ya en bolsitas. Pregunté cuánto costaban.

La bolsa pequeña, con 4 galletas, vale 10 pesos, dijo. Tomé una de las bolsas y pagué con una moneda; parecían galletas de alguna mezcla con piloncillo, tal vez, porque eran oscuras, y tenían trocitos de almendra o cacahuate.

¿Están las cuatro?, preguntó sonriente. Sí, dije. Pero en realidad eran cinco. Volví a mirarla y confesé que había cinco galletas en la bolsa. Sonrió guiñando un ojo. Es decir, sabía que eran cinco pero esperaba mi reacción. Sonreí también.

Ya en mi casa, me esforzaba por leer, sentada en un cojín. De pronto caí en cuenta de que ¡mis anteojos no tenían cristales! ¿Cuánto tiempo llevaba esforzándome en leer y sin distinguir el texto completo? ¡Y el cansancio! ¿Tal vez por eso me dolía la cabeza? Busqué unas buenas antiparras, unas que me permitieran ver los detalles que había estado dejando a un lado, sin siquiera reconocerlos. Desperté.

Había dormido casi una hora. Durante ese sueño del mediodía, por demás insólito, mi presión arterial subió para alcanzar los 120/65. Tenía apetito y el pequeño, pero molesto, dolor de cabeza había desaparecido ; en realidad no sé cuál de las dos sensaciones reconocí primero.

Preparé una crema de tomate y un queso fundido con rajas de chile poblano, y cerré con un café turco acompañado de un trozo de cheesecake de mamey, del que preparé ayer. El skyline dibujado en el interior de la taza, por los rastros del café, contrastaba con la nítida espiral que dejó un café semejante la semana anterior. Las curvas y las áreas que encierran, semejantes a distribuciones de probabilidad queriendo ser normales en tiempos de crisis.

Skyline 1
Skyline 2

Interesante lo que uno puede imaginar viendo las manchas. Haré el experimento, en Facebook : ¿Qué observa cada uno en estas imágenes? ¿Qué les sugiere? Yo, por ejemplo, lo primero que vi fue en mano alzada, con el puño cerrado, saliendo del monstruo con dos ojos, muy semejante a ésta, regalo de un amigo jesuita.

Regalo de Mario Cisneros S. J.

En la segunda, casi puedo imaginar una última cena. O varios niveles del inframundo.

Recogí la cocina, me senté a observar a través de la ventana, hacia mi jardincito. Una ventana florida. Recordé « El carro del sol »/« Canción veneciana » que cantaba mi abuela. Esta vez no lloré, nomás di gracias por todo lo que representa.

La vista de mi pequeño jardín

La presión no ha vuelto a bajar, pero sigo en reposo. Hace mucho calor y el cielo cubierto de nubes provoca, en parte, mi malestar. La lluvia que se anunciaba desde la semana pasada se ha ido posponiendo día con día. Viento con tierra es lo único que llega al patio y entra por las ventanas.

Tenemos un apagón, en este momento, para cerrar el día y este recuento.

2 de mayo: cristales rotos

Saturday, May 2nd, 2020

Hay días en que despierto con la sensación de que mi interior, la caja que contiene a mi corazón, está hecha de cristal y se ha roto en mil pedazos. Los trozos, las astillas, apuntan en todas direcciones y lastiman con cualquier movimiento, intencionado o no.

Entonces hay que guardar la calma, ocuparme en lavar con jabón cada uno de los jitomates, los limones, las manzanas, los plátanos, los duraznos y todo lo que ha llegado del Mercado, como cada sábado de esta cuarentena.

La pequeña rutina funciona por un rato. Luego regresa la opresión en el pecho y las afiladas puntas hacen que brote agua de mis ojos. Ahora desinfectemos las fresas, el perejil y el cilantro. Y sequemos cada cosa para guardarla debidamente. Una y otra vez, concentrando la energía en el trabajo manual, sin darle tiempo al cerebro para que se distraiga en sensaciones.

Las naranjas, las cebollas, los aguacates están, ya limpios, en la canasta de las frutas; la harina, el azúcar, las lentejas y las grasas para la panadería casera están en sus respectivos contenedores.

El congelador, en esta necesidad de hacer que quepan ahí las almejas y los filetes de pescado, al lado de las carnes, las preparaciones de salsas y aderezos, me tenía una sorpresa: un buen trozo de queso brie que alguna vez guardé y había olvidado por completo.

Hora de comer, dijo mi estómago, sin hacer caso de mis quebrantos. No fue complicado: había caldo tlalpeño que preparé ayer y que dio para dos comidas, agregué laminitas de queso brie sobre bolillo con mantequilla y media copa de vino blanco; el postre consistió en medio mamey, con cuchara, directamente de su envase natural. El colibrí verde como tus ojos vino a hacerme compañía, como lo hace en cada comida.

Entre la alimentación y el reposo de ayer y hoy estoy casi recuperada de la muy sensible baja en mis niveles de glucosa y presión arterial. Hasta dormí ocho hora seguidas; no he tenido ya sensación de vértigo, ni manos heladas o ansiedad. Ahora hay que restaurar un poquito el interior, al menos lo suficiente como para que no me deshidrate perdiendo líquido por los ojos.

Sin embargo, reconozco que es una buena señal: sigo viva y, conmigo, cada imagen, cada conversación, cada experiencia, cada mirada y cada sonrisa. Y las travesuras y bromas, por supuesto. Al reconocerlo es cuando llega el alivio y puedo, al fin, suspirar hondamente, sin dolor.

Mañana es 3 de mayo, día de los albañiles, como nosotros. Celebraremos.

 

 

18 de abril: días llenos de actividades

Saturday, April 18th, 2020

No sé cómo transcurre la cuarentena para cada uno, cierto, excepto por los que comparten conmigo a través de las redes. Algunos están desesperados por el encierro, algunos no quieren saber de la realidad, algunos anhelan un regreso total a lo que era su normalidad, y así. Yo, para no variar, voy a contracorriente. He disfrutado de, y buscado, el aislamiento social desde que nací. He vivido sola muchos años sin que me haya parecido terrible y, por el contrario, he tenido compañías que me hicieron aislarme de ellos metiéndome de lleno en el trabajo y llevando conmigo, física y amorosamente, a mi único compañerito de vida: mi escuincle.

Mi escuincle me sigue acompañando, aunque desde hace 15 años esté en otra ciudad, en otro país. Las benditas redes permiten que compartamos momentos de nuestras vidas, regalos, música, conversaciones divertidas o profundas, textos, y todo lo que es posible compartir.

Mathematician's Dice

Regalo

En estos días se vuelve el depositario de mis recetas de cocina y panadería y se pone a experimentar con lo que tiene en su despensa y lo que puede conseguir en los mercados de Guilford para preparar antojos mexicanos y pan tradicional de nuestra cocina, la de mi familia.

Yo, para no perder la costumbre, tengo un circo de muchas pistas, que incluyen:

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  • cocinar mis propios antojos y hornear el pan que me gusta;
  • mantener mi casa razonablemente limpia;
  • mantener el jardín florido y a los colibríes alimentados;
  • mantener mi página de cursos y apoyos con actividades o notas que a mí me parecen de interés;
  • no descuidar mi red de amigos y familiares muy cercanos (los que me toleran, cierto);
  • atender solicitudes de recetas, de consejos y recomendaciones, de escucha;
  • disfrutar de conciertos, ópera, películas, audiolibros (mientras cocino, son un placer), libros, y toda la oferta gratuita que surge cada día. Hoy, sin falta, estaré en la proyección de Carmen, la última producción de Alonso Escalante para el Teatro del Bicentenario, en 2017, en la versión “Quédate en casa” de la Ópera Picnic. Mañana, también sin falta, el ballet Cendrillon, transmitido por la Ópera Nacional de París;
  • bailar mientras cocino o limpio;
  • retroalimentar las tareas de los docentes del curso/tal impartido en la Univrsidad Tecnológica de Durango, los días 27 y 28 de febrero pasado. Voy con lentitud, ciertamente;
  • estudiar programación (reaprender), esta vez comenzar a utilizar HTML, CSS, Bootstrap y JavaScript. Llevo cubierta la introducción, la instalación y configuración de Sublime y de Visual Studio Code, como espacios de trabajo, y en el proceso voy “traduciendo” del ambiente Mac en el que está diseñado el curso al ambiente Windows de mi lap. De paso, trabajo en la comprensión del iglés hablado;
  • escribo rollos: El Muelle de la Sal me invitó a colaborar, primero con una conferencia, ofrecida el 4 de marzo pasado, y a publicar en su revista en Medium. Van cinco textos, en In #T5eS🌈emergencia y esclavitud digital:
En todo este tiempo, a seis semanas de mi propio aislamiento casi total, interrumpido solamente por las entregas de las compras de lo que requiero para que mis antojos y necesidades sean satisfechos, algunos eventos se han cancelado o pospuesto, por necesidad:
  • mi propio festejo cumpleañero, previsto para la primera quincena de marzo, después de regresar del curso de Durango;
  • la boda de Dulce y Eduardo, en Las Vegas, prevista para el 2 de mayo y cancelada, y la cual se realizóhace un par de días, cerca de su casa, en Santa Cruz, California, sin invitados;
  • el Comic Con, en San Diego, CA, cancelado formalemente ayer, para el cual tenía todo comprado;
  • el curso que ofrecería en Colombia, en la tercera semana de mayo;
  • la renovación de mi visa, en Guadalajara, dentro de cuatro semanas;

Tal vez ocurran otras cancelaciones, para las cuales también tenía boletos comprados, reservacione hechas, etc. Sigo muy de cerca la realidad nacional, y la contrasto con lo que ocurre en otros lados. Prefiro seguir aislada y cancelar eventos.

Excepto por esos detalles, mi vida transcurre casi sin cambios, extrañando solamente lo que simpre extraño. No puedo quejarme.

Y sueño. Sigo teniendo bellos sueños y muchas muestras tangibles de compañía amorosa. Veo el amanecer y las estrellas que pueblan mi cielo:

Arcturus, solitario