Evariste Galois

Sunday, October 25th, 2020

Brilliant!

Life Through A Mathematician's Eyes

As you have observed I omitted Evariste Galois born on 25th October 1811 from my daily posts and this is because he is the one that influenced me to start the event ‘Celebrate Mathematicians inOctober‘ and so I decided to make a special post about him .  First of all, I want to say that all the information from this post comes from the chapter ‘The life of Galois’ from the book ‘Galois Theory’ by  Ian Stewart.

New ImagedtrEvariste Galois was born near Paris on 25th October 1811. For his early education, his mom was in charge for educating him (concentrating more on the classics). In October 1823 he entered the lycee Louis-le-Grand, where he obtained first prize in Latin in the first years, and it’s also the time when he become interested in mathematics. He started ‘Elements de Geometrie’ by Legendre (a classic book that broke with…

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19 de julio: cuarentena de 130 días

Sunday, July 19th, 2020
El hambre pasó frente a mi casa
Tocando una trompeta y un tambor, simultáneamente, el jefe de familia recorre la calle con pesadez;
Le sigue la mujer, casi niña, tocando a las puertas que no se abren.
Un par de chiquillos caminan a su lado;
Se reparten una naranja y una granada, sonriendo agradecidos.
El vecindario está como ausente.

4 de mayo: sueño del mediodía

Monday, May 4th, 2020

Una anciana (mayor que yo, como las ancianas que veía en los pueblos cuando yo era niña) vendía galletas en la entrada de su casa, dispuestas ya en bolsitas. Pregunté cuánto costaban.

La bolsa pequeña, con 4 galletas, vale 10 pesos, dijo. Tomé una de las bolsas y pagué con una moneda; parecían galletas de alguna mezcla con piloncillo, tal vez, porque eran oscuras, y tenían trocitos de almendra o cacahuate.

¿Están las cuatro?, preguntó sonriente. Sí, dije. Pero en realidad eran cinco. Volví a mirarla y confesé que había cinco galletas en la bolsa. Sonrió guiñando un ojo. Es decir, sabía que eran cinco pero esperaba mi reacción. Sonreí también.

Ya en mi casa, me esforzaba por leer, sentada en un cojín. De pronto caí en cuenta de que ¡mis anteojos no tenían cristales! ¿Cuánto tiempo llevaba esforzándome en leer y sin distinguir el texto completo? ¡Y el cansancio! ¿Tal vez por eso me dolía la cabeza? Busqué unas buenas antiparras, unas que me permitieran ver los detalles que había estado dejando a un lado, sin siquiera reconocerlos. Desperté.

Había dormido casi una hora. Durante ese sueño del mediodía, por demás insólito, mi presión arterial subió para alcanzar los 120/65. Tenía apetito y el pequeño, pero molesto, dolor de cabeza había desaparecido ; en realidad no sé cuál de las dos sensaciones reconocí primero.

Preparé una crema de tomate y un queso fundido con rajas de chile poblano, y cerré con un café turco acompañado de un trozo de cheesecake de mamey, del que preparé ayer. El skyline dibujado en el interior de la taza, por los rastros del café, contrastaba con la nítida espiral que dejó un café semejante la semana anterior. Las curvas y las áreas que encierran, semejantes a distribuciones de probabilidad queriendo ser normales en tiempos de crisis.

Skyline 1
Skyline 2

Interesante lo que uno puede imaginar viendo las manchas. Haré el experimento, en Facebook : ¿Qué observa cada uno en estas imágenes? ¿Qué les sugiere? Yo, por ejemplo, lo primero que vi fue en mano alzada, con el puño cerrado, saliendo del monstruo con dos ojos, muy semejante a ésta, regalo de un amigo jesuita.

Regalo de Mario Cisneros S. J.

En la segunda, casi puedo imaginar una última cena. O varios niveles del inframundo.

Recogí la cocina, me senté a observar a través de la ventana, hacia mi jardincito. Una ventana florida. Recordé « El carro del sol »/« Canción veneciana » que cantaba mi abuela. Esta vez no lloré, nomás di gracias por todo lo que representa.

La vista de mi pequeño jardín

La presión no ha vuelto a bajar, pero sigo en reposo. Hace mucho calor y el cielo cubierto de nubes provoca, en parte, mi malestar. La lluvia que se anunciaba desde la semana pasada se ha ido posponiendo día con día. Viento con tierra es lo único que llega al patio y entra por las ventanas.

Tenemos un apagón, en este momento, para cerrar el día y este recuento.

2 de mayo: cristales rotos

Saturday, May 2nd, 2020

Hay días en que despierto con la sensación de que mi interior, la caja que contiene a mi corazón, está hecha de cristal y se ha roto en mil pedazos. Los trozos, las astillas, apuntan en todas direcciones y lastiman con cualquier movimiento, intencionado o no.

Entonces hay que guardar la calma, ocuparme en lavar con jabón cada uno de los jitomates, los limones, las manzanas, los plátanos, los duraznos y todo lo que ha llegado del Mercado, como cada sábado de esta cuarentena.

La pequeña rutina funciona por un rato. Luego regresa la opresión en el pecho y las afiladas puntas hacen que brote agua de mis ojos. Ahora desinfectemos las fresas, el perejil y el cilantro. Y sequemos cada cosa para guardarla debidamente. Una y otra vez, concentrando la energía en el trabajo manual, sin darle tiempo al cerebro para que se distraiga en sensaciones.

Las naranjas, las cebollas, los aguacates están, ya limpios, en la canasta de las frutas; la harina, el azúcar, las lentejas y las grasas para la panadería casera están en sus respectivos contenedores.

El congelador, en esta necesidad de hacer que quepan ahí las almejas y los filetes de pescado, al lado de las carnes, las preparaciones de salsas y aderezos, me tenía una sorpresa: un buen trozo de queso brie que alguna vez guardé y había olvidado por completo.

Hora de comer, dijo mi estómago, sin hacer caso de mis quebrantos. No fue complicado: había caldo tlalpeño que preparé ayer y que dio para dos comidas, agregué laminitas de queso brie sobre bolillo con mantequilla y media copa de vino blanco; el postre consistió en medio mamey, con cuchara, directamente de su envase natural. El colibrí verde como tus ojos vino a hacerme compañía, como lo hace en cada comida.

Entre la alimentación y el reposo de ayer y hoy estoy casi recuperada de la muy sensible baja en mis niveles de glucosa y presión arterial. Hasta dormí ocho hora seguidas; no he tenido ya sensación de vértigo, ni manos heladas o ansiedad. Ahora hay que restaurar un poquito el interior, al menos lo suficiente como para que no me deshidrate perdiendo líquido por los ojos.

Sin embargo, reconozco que es una buena señal: sigo viva y, conmigo, cada imagen, cada conversación, cada experiencia, cada mirada y cada sonrisa. Y las travesuras y bromas, por supuesto. Al reconocerlo es cuando llega el alivio y puedo, al fin, suspirar hondamente, sin dolor.

Mañana es 3 de mayo, día de los albañiles, como nosotros. Celebraremos.

 

 

18 de abril: días llenos de actividades

Saturday, April 18th, 2020

No sé cómo transcurre la cuarentena para cada uno, cierto, excepto por los que comparten conmigo a través de las redes. Algunos están desesperados por el encierro, algunos no quieren saber de la realidad, algunos anhelan un regreso total a lo que era su normalidad, y así. Yo, para no variar, voy a contracorriente. He disfrutado de, y buscado, el aislamiento social desde que nací. He vivido sola muchos años sin que me haya parecido terrible y, por el contrario, he tenido compañías que me hicieron aislarme de ellos metiéndome de lleno en el trabajo y llevando conmigo, física y amorosamente, a mi único compañerito de vida: mi escuincle.

Mi escuincle me sigue acompañando, aunque desde hace 15 años esté en otra ciudad, en otro país. Las benditas redes permiten que compartamos momentos de nuestras vidas, regalos, música, conversaciones divertidas o profundas, textos, y todo lo que es posible compartir.

Mathematician's Dice

Regalo

En estos días se vuelve el depositario de mis recetas de cocina y panadería y se pone a experimentar con lo que tiene en su despensa y lo que puede conseguir en los mercados de Guilford para preparar antojos mexicanos y pan tradicional de nuestra cocina, la de mi familia.

Yo, para no perder la costumbre, tengo un circo de muchas pistas, que incluyen:

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  • cocinar mis propios antojos y hornear el pan que me gusta;
  • mantener mi casa razonablemente limpia;
  • mantener el jardín florido y a los colibríes alimentados;
  • mantener mi página de cursos y apoyos con actividades o notas que a mí me parecen de interés;
  • no descuidar mi red de amigos y familiares muy cercanos (los que me toleran, cierto);
  • atender solicitudes de recetas, de consejos y recomendaciones, de escucha;
  • disfrutar de conciertos, ópera, películas, audiolibros (mientras cocino, son un placer), libros, y toda la oferta gratuita que surge cada día. Hoy, sin falta, estaré en la proyección de Carmen, la última producción de Alonso Escalante para el Teatro del Bicentenario, en 2017, en la versión “Quédate en casa” de la Ópera Picnic. Mañana, también sin falta, el ballet Cendrillon, transmitido por la Ópera Nacional de París;
  • bailar mientras cocino o limpio;
  • retroalimentar las tareas de los docentes del curso/tal impartido en la Univrsidad Tecnológica de Durango, los días 27 y 28 de febrero pasado. Voy con lentitud, ciertamente;
  • estudiar programación (reaprender), esta vez comenzar a utilizar HTML, CSS, Bootstrap y JavaScript. Llevo cubierta la introducción, la instalación y configuración de Sublime y de Visual Studio Code, como espacios de trabajo, y en el proceso voy “traduciendo” del ambiente Mac en el que está diseñado el curso al ambiente Windows de mi lap. De paso, trabajo en la comprensión del iglés hablado;
  • escribo rollos: El Muelle de la Sal me invitó a colaborar, primero con una conferencia, ofrecida el 4 de marzo pasado, y a publicar en su revista en Medium. Van cinco textos, en In #T5eS🌈emergencia y esclavitud digital:
En todo este tiempo, a seis semanas de mi propio aislamiento casi total, interrumpido solamente por las entregas de las compras de lo que requiero para que mis antojos y necesidades sean satisfechos, algunos eventos se han cancelado o pospuesto, por necesidad:
  • mi propio festejo cumpleañero, previsto para la primera quincena de marzo, después de regresar del curso de Durango;
  • la boda de Dulce y Eduardo, en Las Vegas, prevista para el 2 de mayo y cancelada, y la cual se realizóhace un par de días, cerca de su casa, en Santa Cruz, California, sin invitados;
  • el Comic Con, en San Diego, CA, cancelado formalemente ayer, para el cual tenía todo comprado;
  • el curso que ofrecería en Colombia, en la tercera semana de mayo;
  • la renovación de mi visa, en Guadalajara, dentro de cuatro semanas;

Tal vez ocurran otras cancelaciones, para las cuales también tenía boletos comprados, reservacione hechas, etc. Sigo muy de cerca la realidad nacional, y la contrasto con lo que ocurre en otros lados. Prefiro seguir aislada y cancelar eventos.

Excepto por esos detalles, mi vida transcurre casi sin cambios, extrañando solamente lo que simpre extraño. No puedo quejarme.

Y sueño. Sigo teniendo bellos sueños y muchas muestras tangibles de compañía amorosa. Veo el amanecer y las estrellas que pueblan mi cielo:

Arcturus, solitario

 

 

29 de marzo: dos semanas de reclusión

Sunday, March 29th, 2020

Crónica de mi primera salida al supermercado.

Las noticias de ayer no fueron alentadoras y provienen de la autoridad en salud, aunque el jefe del gobierno no atienda las instrucciones y sea su ejemplo lo que guía a la mayor parte de los iletrados que siguen sus pasos. El mensaje del subsecretario de Salud, López-Gatell, fue muy explícito y desesperado: no salgan de sus casas, es nuestra última oportunidad. Cierto, ocurre apenas unos tres días después de que ellos mismos dieran que no había que alarmarse e, incluso, que iba contra los derechos humanos pedirle a la gente que deje de trabajar para aislarse. Lo triste de nuestra sociedad es que mucha gente vive de los que hace o vende día a día, sin posibilidad real de quedarse en su casa.

Esta mañana, al despertar, el tuit de @isidrocorro, quien aparentemente da cuenta de todos tipos de asaltos y sucesos de nota policiaca en CDMX, describía el asalto a un Sanborns en las calles de Tacuba y Eje Central, frente al edificio de correos, ayer por la noche:

#CDMX.

Se suma a otros actos delictivos, organizados a través de las redes, para sembrar caos y cometer atropellos que nada tienen que ver con carencias para sobrevivir.

Como sea, esta mañana yo necesitaba dinero en efectivo, para prevenir cualquier contingencia, y algunos insumos de limpieza regular, además de sal fina. Conociendo los hábitos de esta ciudad, es poco probable que uno encuentre gente haciendo compras antes de las 9 am. Avisé a mi hijo de mi intención y salí a Walmart a las 8 en punto.

Caminar cruzando el parquecito que colinda con mi casa, cubierto de flores de colores, con naranjas agrias tiradas junto al árbol en el que crecieron, y pisar el sutil tapete de jacarandas es reconfortante. Los únicos ruidos, aún a esta hora, son los de los pájaros que ahí habitan.

Como lo esperaba, en todo el recorrido por Francisco de Goya no encontré a persona alguna, excepto por un motociclista que pasó muy rápidamente. La miscelánea que está a unos 80 m desde mi casa estaba cerrada. El parque grande también está engalanado con las flores de la temporada; solamente algunas palomas se desplazan por los prados que ya piden agua.

Casi al llegar a Walmart apareció un señor de unos 50 años cargando una pequeña bolsa del supermercado: un litro de leche y un paquete de galletas; apenas la compra del día.

El estacionamiento de la tienda estaba vacío, y solamente uno de quienes ayudan a los clientes con sus compras esperaba, sentado en una banqueta. No había clientes afuera. Los carritos del mandado atados con cadenas, excepto por una de las filas. Tomé uno de los carros con un kleenex que mojé en gel antibacterial para limpiarlo bien: mugre, no solamente gérmenes. Los cajeros automáticos de los bancos (Banamex y Bancomer) también estaban solos. De nuevo: primero desinfectar el teclado del de Bancomer, y no necesité recurrir al de Banamex adicionalmente.

Los pasillos estaban desiertos en el lado de la ropa, la cocina, etc. Poca gente buscando artículos de aseo personal. No había gente en el pasillo de los artículos de limpieza, pero se nota la ausencia de cloro, por ejemplo. Encontré lo que yo necesitaba.

En el área de abarrotes no hay sal, en cualquier presentación. Yo buscaba sal fina porque de grano, blanca y rosa, tengo buenas cantidades. No hay harina ni de maíz ni de trigo, no hay consomé en polvo o tableta, y esto sí buscaba. Pero encontré vinagre y tortillas, tanto de harina como de maíz.

La panadería se ve desierta; ni siquiera es necesario que haya empacadora: el pan que hay está dispuesto en cajitas; ni bolillo ni teleras, pero sí para hacer capirotada de temporada.

Compré los quesos que necesitaba, y solamente ahí encontré a un par de señores buscando productos; esperé a que se fueran para acercarme a la vitrina porque, evidentemente, eso de respetar distancias todavía no lo incorporan a su rutina.

Había una caja en servicio cuando llegué a formarme y una persona pagando. En ese momento se abrió otra caja y pasé ahí. No hay empacadores voluntarios, de modo que fui poniendo en mis grandes bolsas los artículos de mi compra. Nadie más tuvo contacto con ellos. Salí muy cargada, aunque no es ninguna prueba extrema, todavía.

En mi recorrido de regreso apenas encontré unas cuantas personas, todas caminando por media calle. La miscelánea ya estaba operando; afuera esperaba un señor con su bicicleta y el canasto de pan, asumí que acababa de entregar. Esperé en la entrada a que se desocupara el interior. Un joven con una bolsa entró presuroso, sin esperar su turno, e igualmente presuroso llegó a la caja, donde declaró que solamente llevaba una coca cola en su bolsa. Una señora se entretenía comprando churros, sin empaque, frijoles guisados y tortillas. Otra señora, adulta mayor, se instaló junto a mí y le indiqué que estábamos haciendo fila; se asomó a la vitrina del pan, sin hacerme caso. Le comenté que acababan de decir que era pan de ayer, y que yo pensaba que el señor de la bicicleta estaba esperando surtir. Respondió que no, que ese señor es el que entrega los churros y que ella solamente venía por ese antojo.

La dependienta se desocupó, compré el consomé y la sal que no encontré en el súper. Llegué a mi casa sin contratiempo, dejando los zapatos en la entrada y la ropa que traía en el bote de la ropa para lavar. Los vecinos comienzan a despertar, parece, en punto de las 10:30 am.

En este proceso de relatar el primer día de salida, después de dos semanas de reclusión completa, conversé con mi hijo, vía telefónica, quien esperaba atento mi regreso. Me contó cómo está organizado y cómo está acompañado y cómo se protege. Sus últimas compras: pechugas de pollos que le llevaron, tortillas y harina que pidió en línea. Y una batidora. Estamos bien y estamos en paz, pase lo que pase.

 

 

 

22 de marzo: recuerdo de la marcha del 8 de marzo

Sunday, March 22nd, 2020

Parece tan lejano en estos momentos y solamente han pasado dos semanas, precisamente. Lo escribí entonces y puse las fotos en un álbum de Flickr. En avalancha se vino el problema del Covid-19 y el mundo cambió. Aunque siguen vigentes las demandas, aunque no han parado los feminicidios, lo urgente en este momento es resguardarnos y ayudar a evitar la propagación; hacer conciencia entre los muchos que, al día de hoy, siguen yendo de paseo a playas y balnearios; a los que hacen fiestecitas privadas o en bares o siguen yendo a gimnasios y parques. Y silenciar a los conspiracionistas, los del “no pasa nada porque estamos curtidos”, etc.

Va el pequeño texto, y el enlace a las fotos.

Se sentían corderos dispuestos a morir, mártires lanzados a los leones en un coliseo pagano. Rodeaban los templos del centro de León, Guanajuato, por donde pasaba la marcha de las mujeres. Con sus pañuelos azules indicando su filiación pro vida, integrantes del catolicismo recalcitrante, rezando con los ojos cerrados, cantado “Viva Cristo Rey”, como debe ser en el lugar de origen de la cristiada. Seguramente se hubieran sentido realizados si alguien los hubiera agredido. A mí se me antojaba tomar a uno de la mano, jalando a toda la cadena enlazada por las manos, para jugar/cantar “a la víbora de la mar”. Solamente los grabé, porque tenía que documentar lo que me sigue pareciendo inconcebible.

Que éramos unas cinco mil, dice una nota de periódico; eran dos mil, dice otra. No sé. Pero si sé que nunca ninguna manifestación, convocada por cualquier colectivo, incluido Amnistía Internacional local, cualquiera que fuera a bandera, había convocado y hecho llegar a la Plaza Principal de León una marcha de semejante magnitud. El espacio abarrotado por miles de mujeres sin líder, sin templetes, sin oradores.

A mí me contactó una amiga:

¿Irás a la marcha?

Sí, respondí, ¿y tú?

Sí, pero llévame; nunca he ido a una, contestó.

Y procedimos a ponernos de acuerdo sobre el lugar para reunirnos, revisando la convocatoria a la marcha, las recomendaciones, etc.

Más tarde me comentó que un par de amigas comunes se uniría a nosotros. Y surgió un colectivo en torno a ellas, y un contingente. Así nomás. Y así fue que marché con ellas. Fue un privilegio compartir con ese contingente y con la pequeña activista de la que me declaré fan total. Cinco añitos y encabezando consignas, dictando modos de hacer pancartas y con su bote de aerosol rosa para decorar la manta del contingente, previamente al inicio de la marcha. El futuro visto de frente, y es un privilegio y un lujo haberlo visto florecer.

Compré lo necesario para hacer pancartas y busqué la manera de portarlas llevando las manos libres; me colgué el cargador solar para el celular, y la cámara Narrative. Manos libres significaba poder sacar mi botella de agua del backpack, y cualquier otro elemento de supervivencia y confort, y utilizar el celular para documentar y transmitir. Porté un pañuelo verde y uno morado. Mientras el contingente se formaba y la manta era pintada, una mujer de mis contactos en las redes pasó frente a nosotras, vestida en un “primorosamente floreado” vestido; me lanzó una mirada de desaprobación. Nada que me quite el sueño o el hambre, ciertamente.

Evento histórico. Haber estado ahí, compartiendo con mi hijo vía WhatsApp los detalles de la marcha, y a través de Facebook Live con quienes por cualquier razón no asistieron, es más de lo que podía yo esperar en este día.

Gracias a la vida por permitirme volver a participar activamente en un movimiento trascendente.

 

 

 

 

 

 

1 de enero: con el viento a favor

Wednesday, January 1st, 2020

En mi blog de Blogger hice un recuento de lo acontecido en 2019 y de la manera en que comenzará este 2020, en términos académicos y de trabajo docente: Recuento 2019.

En este blog fui contando el detalle de las experiencias a lo largo del año con amigos, colegas, familia y, muy particularmente, con mi hijo. De los muchos regalos que recibo así nomás, por el privilegio de ser parte de comunidades fantásticas.

En ese sentido, para 2020 también están organizados una serie de encuentros/experiencias de los que disfruto anticipadamente:

Una estancia en la aldea Ojo de Cielo, muy cerca de Tepic, combinada con la visita a mi pueblo y a la casa de mi hermano, entre enero y febrero, una vez que concluya con los compromisos académicos ya previstos.

En mayo, presumiblemente, iré a Colombia en viaje de trabajo y, por supuesto, breve vacación.

Viaje a las Californias, en julio, para visitar brevemente a una parte de mi familia y extrañando la presencia de mi tía Lolita, y para asistir al Comic Con 2020. Esta vez llevaré conmigo a un chiquito de 10 años, hijo de un par de mis ex alumnos de la Ibero TJ.

Viaje a Tijuana/Rosarito, en agosto, porque mi madrina de micheladas me invitó a su boda y ¡es algo que no puedo perderme!! Nomás me falta comprar el vestido para la ocasión.

Pero también planeo una visita a CDMX, para ver la exposición de la obra de Da Vinci, en las primeras semanas del año, sin que pueda precisar fechas

Y, por supuesto, mis imprescindibles viajes a Tepic en mayo (23) y en septiembre (14).

Difícilmente me reuniré con mi escuincle durante este año, por lo que implica el cambio de trabajo y de residencia que tendrá en febrero. Una vez que se estabilice, que se integre, que defina su agenda de trabajo y comience a desarrollar sus nuevos proyectos, podremos comenzar a explorar posibilidades, aunque desde julio pasado el acuerdo era vernos en París en 2021. Mientras, seguimos compartiendo textos, películas y música. Y conversando por horas.

Eso es lo previsible, de momento. La realidad es que, alrededor de lo que yo organizo, el universo que me rodea decide darme sorpresas y me propone otras experiencias, algunas de ellas en mi entono muy cercano, y todo lo que necesito es dejarme fluir y disfrutarlas. Hay otras que nunca voy a aceptar, ciertamente, no importa cuántas veces se me ofrezcan y de qué manera se vistan.

En todo este proceso han ocurrido cambios en mí y en la gente que me rodea, como es normal. Nos alejamos de unos y nos acercamos a otros; dejamos de lado lo que no aporta nada positivo para centrarnos en lo que vale la pena para nosotros. No es de la noche a la mañana ni porque haya cambio de año o cambio de década o cualquier otro hito que nos inventemos. Es, solamente, seguir la ruta de nuestro crecimiento interior.

La primera hoja de mi calendario recuerda un diálogo en Star Wars Episode V: The Empire Strikes Back:

C-3PO: Sir, the possibility of successfully navigating an asteroid field is approximately 3,720 to 1!
Han Solo: Never tell me the odds!”

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So, vamos a navegar con viento a favor y a sortear lo que venga.

13 de diciembre: 22 años de la nevada en León

Friday, December 13th, 2019

Hoy hace 22 años de la nevada en esta ciudad (1997). El preaviso de un cambio significativo en mi vida.

La caída de nieve emocionó a chicos y grandes en León el sábado 13 de diciembre de 1997.(Archivo.)

Plaza pincipal de León, el 13 de diciembre de 1997. Foto del periódico am

Era sábado. Al abrir la ventana de mi recámara noté la inusual estampa de los techos blanqueados de las casas vecinas. La capa de nieve que los cubría no era muy densa, pero suficiente para ser notada. Después del desayuno Pako y yo salimos a pasear para ver/capturar algunas postales alrededor de la ciudad. Plaza Mayor estaba llena de amigos y conocidos, justamente para rencontrarse y comentar la bella sorpresa. Los jóvenes ya estaban de vacaciones, pero los docentes no, de modo que nuestro paseo de vacaciones comenzaría una semana más tarde. Iríamos por primera vez a El Paso, TX, donde el ex, ahora difunto, llevaba ya un par de años trabajando; de ahí a Ruidoso, NM, para que Pako aprendiera a esquiar. Mi hijo acababa de cumplir 18 años, había terminado la prepa y había tenido su primer trabajo formal, como profesor de un curso de computación para alumnos de nuevo ingreso a profesional, en el Tec de Monterrey Campus León. Estaba más que listo para comenzar a volar sin red protectora y ya libre de temores.

A El Paso debimos haber llegado el viernes 19, por la tarde/noche. Del aeropuerto fuimos directamente a las tiendas para comprar ropa adecuada para la aventura: botas de nieve, chamarras, guantes y gorros, e inmediatamente enfilamos rumbo a Ruidoso, a donde llegamos en la madrugada. Después de desayunar, el 20 de diciembre estuvimos muy temprano reconociendo las pistas y las instalaciones del centro Ski Apache y el parque de nieve. Pako adquirió el equipo necesario para esquiar por primera vez. Llevaba, además, una cámara recién comprada para la ocasión; sí, pretendía tomar fotos mientras descendía la montaña (es hijo mío, por si tenían dudas). No quiso instructor; mi hijo Sheldon había aprendido a esquiar de la misma manera que ha aprendido otras cosas: en Internet. Ahora dice que no fue así, pero él mismo seleccionó la pista más larga y difícil.

Nosotros (el ex y yo) caminamos, tomamos chocolate y perdimos el tiempo observando a los esquiadores. Pako apareció cubierto de nieve y sin cámara, evidentemente. Mi niño estaba aturdido, helado y preocupado por su cámara. Había esquiado un rato sobre los esquíes, pero también de espalda, sentado, etc.; una moto lo encontró sentado bajo un árbol, en el camino de regreso, y lo trajo hasta la base. Seguía insistiendo con lo de la cámara. Lo hice tomar un vaso de chocolate caliente y le mostré el depósito de objetos perdidos. Mira, ahí dice “objetos perdidos”, anda a ver qué te dicen, le sugerí, asumiendo que no iba a encontrar nada pero que se quedaría más tranquilo. La cámara estaba ahí.

Después de la aventura del hijo regresamos al pueblo a comer, a pasear por las calles nevadas (unos 30 cm de alta la capa de nieve que las cubría), mirar escaparates llenos de arte de los pueblos nativos y de artistas locales; compramos algunos objetos. Por la noche, después de la cena, regresamos a la cabaña. A mitad de la noche me despertó la luz encendida y el ruido que hacia el señor. ¿Qué pasa? pregunté. Tú has de saber, respondió. No sabía, por supuesto, así que me tapé la cabeza e intenté dormir. Pero el ruido continuó y volví a preguntar qué pasaba, enderezándome sobre la cama. Misma respuesta, pero ahora vi que estaba empacando sus ropas. Te dejé una carta, dijo, y me voy.

OK, dije, y me levanté. Tomé mi cartera y saqué la tarjeta de Amex que me había dado cuando nos instalamos aquí, en la casa que yo compré; quité una medalla con mi nombre (su primer regalo) de la cadena de la que pendía y se la entregué también. La cadena me la regaló mi madre, dije, y no tengo nada más tuyo; cierras bien al salir, pedí con más sueño que amabilidad. Y me dormí. La carta que dejó también decía que yo debía saber la razón de su decisión. Pero no, yo no tenía ni idea aunque supuse que habría hablado dormida, cosa que es normal en mí desde que comencé a hablar, hace más de 60 años. Lo que no podía saber era el tema de mi conversación en sueños.

Esa noche fue, exactamente, el punto final de una relación que duró realmente unos tres años (el ex tenía ya dos años viviendo en El Paso) en los cuales hubo muchos viajes de trabajo a EU, en fin de semana, por parte del señor. Una relación necesaria para darle a mi escuincle el respaldo físico que necesitaba ante los temores que lo acosaban acerca de mi seguridad y la de él, una decisión que tomé con el respaldo del psicólogo que mi niño había pedido al exigir la separación de su padre. Duró cinco años, a contar desde que yo llegué a cohabitar aquí, en León en agosto de 1992. No fui consciente de eso hasta hace unos meses, cuando el señor que me leyó el café hizo énfasis en que había yo tenido una relación que había durado exactamente cinco años. Más o menos, dije yo en ese momento; NO, dijo con energía, exactamente cinco años. Sin embargo, formalmente, para conocimiento de todos, eso terminó el mismo día que mi hijo se graduó en la Ibero León, en 2006, viviendo en ciudades diferente todo ese tiempo.

Por la mañana, cuando mi hijo despertó, le dije simplemente que las vacaciones las continuaríamos solamente él y yo, a donde quiera que él quisiera ir. Vamos a Roswell, dijo, quiero ir a conocer el museo. Buscamos un medio de transporte seguro, tomando en cuenta la cantidad de nieve en los caminos, y nos dispusimos a partir en un viaje de ida y regreso en el mismo día.

El hombre reapareció para disculparse e intentar el regreso. Mi hijo y yo seguimos nuestro paseo solos. En los últimos días de diciembre tomamos el Chepe para disfrutar el viaje en tren por la sierra de Chihuahua, hasta Mochis, y ahí nos subimos a un autobús para viajar hasta Tepic, estar con la familia en la celebración de Año Nuevo y regresar a León.

A principios de este mismo año, 2019, escuché la voz del amor de mi vida, en mi sueño, diciéndome que hacía 21 años que nos habíamos vuelto a conectar, conversando en sueños. Al despertar yo no entendía lo de los 21 años. Con la lectura posterior del café, y lo de los cinco años, caí en cuenta: otoño (agosto-diciembre) de 1992 + 5 años = otoño de 1997; diciembre de 2019 -21 años = diciembre de 1997.

21 años, dijo mi dulce fantasma. Y ahora sé de qué trataba mi conversación en sueños. Saberlo fue una enorme alegría. La pregunta es ¿por qué tardaste tanto?

 

 

1 de diciembre: noviembre acelerado

Sunday, December 1st, 2019

Si octubre fue acelerado, noviembre no dio respiro.

El viaje a Monterrey, aunque muy muy disfrutable, agotó mi energía en cada uno de sus aspectos. Glucosa y presión muy bajas y anemia (soy anémica crónica también, de origen). Los primeros días del mes fueron de sobrealimentación, reposo y poco trabajo. Volver a comer hígado de res, incorporar betabel y espinacas a mi licuado mañanero y checarme tres o cuatro veces al día presión y glucosa. La ventaja de esta colonia es que tiene una clínica a dos cuadras de mi casa, y acudí a ella para confirmar las mediciones hechas con mis aparatitos personales. Otra ventaja: una vecina, a media cuadra de casa, vende comida recién preparada, bien hecha y a buen precio. Y mi vecina Carmen, quien está atenta por si se me ofrece algo.

Con el mareo, el cansancio y la ligera migraña que producen esos bajos niveles, trabajar era prácticamente imposible y todo lo que hice fue ir tomando notas de lo que se me iba ocurriendo para cada uno de los proyectos en puerta:

  • Armar la presentación para el Congreso Internacional de Innovación Educativa: Educación Disruptiva, al que fui invitada para participar como ponente -modalidad virtual- por mi querida amiga, Dra. Milagros Huamán Castro, una de las organizadoras del evento el cual es auspiciado por la Florida Global University. Mi participación estaba prevista para el martes 3 de diciembre, y tan pronto estuve en condiciones de trabajar me puse a organizar mis notas, elaborar el rollo y el documento en Power Point correspondiente. Para el 15 de noviembre tenía lista mi presentación: Disrupción en educación. Origen y prácticas, peer review incluido. Sin embargo, el 20 de noviembre fuimos informados de que las sesiones virtuales se posponen hasta los días 7 y 8 de febrero 2020. Como quiera, eso está terminado.
  • Organizar el Taller de Evaluación, para una universidad del norte del país, que tendría que realizarse entre el 9 y el 14 de diciembre o al iniciar enero 2020, dependiendo de que reciban “el recurso” federal. A estas alturas está prácticamente terminado, y hasta tengo previsto mi viaje en autobús, que es lo más sensato en todos los aspectos. Lo mejor de todo es el trayecto de regreso, también en autobús y con escalas costeras. Solamente falta que den el banderazo de salida.
  • Las conversaciones con el profesor colombiano que me contactó después de mi ponencia en el Congreso en Monterrey van progresando. La propuesta es para asistir en mayo 2020 para ofrecer un taller de didáctica de las matemáticas a sus profesores. Falta hacer un merge de algunos materiales y adecuar la propuesta a las necesidades puntuales que me hagan saber, pero tenemos cuatro meses para desarrollarlo (diciembre no cuenta).

Mientras todos los rollos circulaban por mi cabeza sin aterrizar ninguno, Netflix y Crome Cast ayudaron a hacer más llevadera la convalecencia con algunas series y películas. Por su parte, el jijito de mi corazón dio inicio a una de nuestras tradiciones de fin de año: discutir de temas de ciencia. Así, de buenas a primeras, me soltó un párrafo (WhatsApp) sobre la medición del universo, el principio antropométrico, la probabilidad bayesiana, y la sugerencia de ver los episodios de PBS Space Time en YouTube. Y esta mamá tuvo que responder inmediatamente con Terry Tao y su conferencia en UCLA, hace 10 años, The Cosmic Distance Ladder (a la que asistí en calidad de invitada). Y a los fractales, y a un libro que hemos comprado unas ocho veces (dice Amazon), The Mystery of the Aleph. Mathematics, the Kabbalah, and the Search for Infinity; pero también a los libros de Koyré y al curso Introduction to Kabbalah que tomé hace un año. Debate intenso, como un partido de ping pong.

Tomamos un break de 24 horas antes de la segunda ronda, pero mientras le hice llegar mi regalo de cumpleaños (21 de noviembre): una suscripción a Scientific American Space and Physics por un año. A cambio me envió un audiolibro: Stars Wars, Thrawn. Ahora estamos leyendo, escuchando audiolibros (yo le envié American Gods) y viendo videos cada uno, y comentamos sobre nuestros avances a un paso más relajado mientras me va contando de los planes muy próximos a cumplirse y de los cambios que significan. Y estoy/soy feliz.

No todo es tan dulce: respondiendo a una reiterada invitación para asistir a una obra de teatro, de parte de una de las integrantes de la troupe, y a punto de entrar a la sala, un desnivel en el piso hizo que mi tobillo derecho se doblara y que yo cayera de rodillas primero, y luego casi hasta llegar al piso, de frente.  Lo que más ha tardado en sanar es el tendón que va del tobillo al dedo chiquito. La mano izquierda, particularmente el pulgar desde su base, molestó los primeros tres o cuatro días. Las rodillas se desinflamaron muy rápidamente con ayuda de las pomadas huicholas, aunque el dolor por los golpes internos tardó más de una semana en desaparecer. La costra de la herida en la rodilla derecha acaba de caerse.

Noviembre trajo también la reconexión con mi amiga, mi confidente, mi roommate, Norma Díaz. La que conoció a quien amo, la que escuchó la lectura de nuestras cartas y con quien conversé hasta altas horas de la noche haciendo la glosa de ellas. Sabe que siempre he estado enamorada de él, aún ahora. Hablamos por teléfono una media hora. Lo mejor es que vive en Aguascalientes, muy cerca de León.

Trajo una pena enorme: mi tía Lolita nos dijo adiós. También ella sabía, desde siempre, quién soy y a quién amo.

En las últimas horas de noviembre recibí una invitación para una sesión colaborativa en Delhi, vía mi querida Deepti. Hay muchas razones para ir y otras tantas para no hacerlo. Pero si mi hijo dice que podría venir de vacaciones (las cuales no estaban contempladas) por las mismas fechas del evento, la respuesta es no. Participaré en línea, como ya acordamos.

Terminó noviembre, y abrió muchas puertas. Y de nuevo: doy gracias por tanto.