6 de junio: Mayo en Tepic de Nervo

Thursday, June 6th, 2019

El Tepic tuyo y mío. La ciudad donde nacimos, donde te quedaste para siempre tú, que no querías vivir en un lugar tan lleno de sol. Tal vez todos esperaban que yo también regresara, tal vez tú lo pensaste. A mí nunca me pasó por la cabeza.

Llegué el 22 por la tarde, para descansar merendar algún antojo y estar lista temprano, el 23, para ir a nuestro sagrado santuario; tú y yo en la Alameda, que es el objetivo de esos viajes: estar presente una y otra vez para encontrarte en cada detalle y sentir que estás muy cerca.

DSC00006

La confirmación de mensaje recibido llegó al día siguiente, mientras tomaba mi primer café en el portal. En una mesita al lado de la mía un grupo de adultos mayores, varones, conversaba sobre sus achaques y preocupaciones. Se integró uno más, a quien felicitaron por su desempeño cantando en alguna reunión el día anterior; entonó Cien años. Siempre, en cualquier lugar y en cualquier momento, como siempre. Lo felicité, se sentó frente a mí y me dijo que me cantaría, completa, otra canción; le dije que lo grabaría y estuvo de acuerdo. En el último momento me anunció: “le voy a cantar la misma canción, Cien años”. Lo escuché un momento pero no pude aguantar las lágrimas, le di las gracias y me fui al hotel.

Después de la Alameda visito a Raquel. Esta vez comí con ella en la fonda donde acostumbra. Me sorprendió la manera en que me presentó, haciendo referencia a las innumerables veces que ha hablado de mí con la dueña, como una hermana orgullosa. Nos tomamos una foto, lo cual fue algo extraordinario. Ya en su casa me puso en contacto telefónico con Lupita, con quien acordé vernos el 25, en Tlaquepaque. Por la mañana, muy temprano, había ido a saludar a mi tía y por la tarde regresé  para llevarle churros y tomar con ella un vaso de leche. De nuevo sorprendida: me contó cómo me presume con sus parientes y amigas, y no solamente ella sino hasta mi tío Chuy, dijo, a quien por cierto hace décadas que no veo. Se nos hizo de noche en la chorcha. Y es grato conversar de la vida con gente que ve la vida de manera semejante a como la veo yo, más allá de mis excentricidades. Gente que se alegra por uno y con uno. El afecto dado sin esperar recompensa. Casi a punto de llamar un taxi para ir al hotel, llegó mi primo Ocho y se unió brevemente a la conversación, para luego llevarme a tomar algo antes de irme a dormir.

El 24, centenario de la muerte de nuestro paisano, la ciudad se veía en calma y sin anuncios de ceremonias conmemorativas, ni siquiera frente al monumento al bardo, a un costado del Palacio Municipal.

IMG_1911

Temprano, después de ir a comprar mi provisión de café nayarita, había pasado frente a la escuela Amado Nervo, mi escuela primaria de la que he hablado en La escuela pública según sus maestros, páginas 153 a 169, y la había encontrado cerrada, sin actividades.  Luego mi primo y yo fuimos a San Blas para almorzar y caminar un rato por la playa. San Blas, ahora pueblo mágico, adicionado de detalles copiados y repetidos en cada localidad de las que integran este tipo de destinos turísticos y, por ende, con una sustancial alza de precios en los restaurantes del centro del pueblo. De regreso, ante la imposibilidad de entregársela digitalmente, fui a imprimir la foto que me tomé con Raquel mientras comíamos el día anterior, y a llevársela inmediatamente.

Era un muy buen día: me preguntó por ti por primera vez en 35 años, 30 de los cuales no quise ni verla (matando al mensajero que trajo la espantosa noticia de tu muerte); durante los cinco años que han pasado desde que volví a buscarla se había resistido a responder cualquier cosa sobre el tema, tratando de evitarme un dolor extra. Esta vez quiso saber si tú y yo habíamos «vivido» juntos, entre otras cosas. Le conté algunas vivencias, dando cuenta de nuestra inocencia, idiotez, falta de malicia, ignorancia y exceso de compromiso con nuestras familias. Le narré la historia de Una naranja cubierta en mayo de 1967. Inesperadamente, para mí, abrió su corazón y me contó de su relación con José Luis Laos, mientras estudiaba en Guadalajara, algo que doña Juanita, su madre, rechazó tajantemente condenándola a vivir sola, para siempre. Nos abrazamos. Dijo «soy testigo de tu historia». Prometí llamarla más frecuentemente.

Caminé hacia el hotel, ubicado sobre la misma calle, nomás pasando la Plaza Principal. Al pasar por la escuela vi que entraba gente vestida de gala, mujeres en trajes largos, negros y con adornos huicholes, hombres de riguroso traje formal. Pregunté de qué se trataba: la celebración del Centenario, respondieron permitiéndome entrar; dije que era exalumna, con mucho orgullo y alegría, y me indicaron que podía sentarme en la mesa que yo escogiera (porque habría cena). Recorrí con los ojos el espacio, me senté en una de las mesas al fondo del corredor, cerca del punto donde te ubicabas aquel 24 de mayo en que asistí al evento solamente para verte, hace 50 años.

Todo estaba decorado con suntuosidad, muchas flores, muchos trabajos elaborados por alumnos (ahora es escuela mixta) en honor al poeta nayarita.

Reviví mis impresiones cuando, siendo alumna, era participante en la ceremonia a la que asistía la sociedad en su conjunto. Una señora joven se sentó a mi lado, también era exalumna y también recordaba cuán grande le parecía el escenario en sus participaciones. Casi inmediatamente dio comienzo el evento, con la formación de la banda de guerra del Batallón de Infantería del Ejercito Mexicano, en Tepic; honores a la bandera en los que todos, siguiendo el comando de la banda, cantamos el Himno Nacional Mexicano. Siguieron las ofrendas florales y las guardias de honor. Para mí fue suficiente. Estuve donde debía estar y en el momento correcto. Hubo otras ceremonias, una a cargo del municipio, ese mismo día, por la tarde, y otras a cargo de gobierno estatal y hasta del nacional. La significativa, para mí, es esa a la que asistí por pura buena suerte que tengo.

Al día siguiente, 25, partí rumbo a Guadalajara y me reuní con Lupita, después de 54 años, para conversar de nuestras vidas.  Lupita vive en Guadalajara, a donde se fue a estudiar desde que terminamos la secundaria; me dijo que en pleno movimiento del 68 estuvo lista para irse a CDMX y unirse a la causa, a mi lado; pero su hermano la delató y su padre lo impidió. Recordamos los nombres de nuestros maestros y de nuestras excompañeras en la Secundaria Alemán, fundada en 1952 ; ella recuerda los de cada una de las que formamos parte de esos grupos de alumnas, porque, dijo, era la encargada de pasar lista en las clases de Biología que impartía el maestro Chucho Reyes, invidente. Recordamos algunas travesuras, como tronarle bolitas de eter al Prof. de Geografía, Francisco Villegas Loera (fundador y director de la Escuela Normal en Tepic), y las clases maravillosas de Historia de México y de Literatura Hispanoamericana, a cargo del Profe Everardo Peña Navarro, entonces cronista de la ciudad.

Con Raquel, formamos un trío que trasciende la amistad. Sharon era parte del grupo, pero no tengo idea de qué es de su vida.

IMG_1572.JPG

Lupita, Sharon, Yo, Raquel

El plan era salir de Guadalajara rumbo a León a más tardar a las 8 pm. La conversación hubiera podido seguir indefinidamente, pero cortamos pasadas las 10 de la noche y me quedé a dormir muy satisfecha de seguir recuperando a la gente que es como yo, con la que comparto el amor a nuestra tierra, la amistad entrañable que no requiere de reiteraciones, el lenguaje llano, y con quienes tengo historias maravillosas y recuerdos de todos sabores.

Muy disfrutable, mayo todavía me trajo gratas sorpresas en su última semana.

Advertisements

21 de mayo: Lectura de café no planeada

Tuesday, May 21st, 2019

“Usted viene de fuera, mujer”, dijo.
¿Perdón?, respondí
“No nació aquí, viene de un lugar cerca del mar, donde hay un río y un volcán”. Todo eso, con referencia a las marcas sobre la servilleta.
Y entonces tuvo mi atención y mi curiosidad.

De regreso de la oficina del contador, un ritual mensual para cumplir con el SAT, había decidido pasar por el restaurante Beirut para comprar jocoque seco y pastelillos. Pero el pequeño placer de disfrutar un café turco y un dedo de novia no podía esperar. Mientras saboreaba mi pastelito y bebía mi café llegó un hombre mayor al restaurante; entró hasta la cocina/oficina, literalmente, a dejar todo lo que traía en las manos. Luego salió y se puso a conversar con los empleados. Supuse que era el dueño o un tío del dueño joven, que no andaba por ahí.

Pedí el jocoque seco y dos dedos de novia, para llevar, y la cuenta. Cuando me trajo la nota, el mesero me susurró que el señor leía el café. Dije: pues bueno, que me lo lea.

El hombre se acercó a la mesa, tapó la taza con el platito, me pidió que le diera tres vueltas y lo volteara. Luego tomó la taza y la dejó escurrir en una servilleta, mientras dejaba el platito inmóvil, sobre la mesa. Fue entonces que determinó que mi lugar de origen no es León, a partir de las marcas sobre el platito. Y sí: Tepic está muy cerca del mar, cruzado por el río Mololoa y protegido por el Sangangüey.

 

 

Esperó unos momentos para que el escurrimiento terminara y, seguramente, se dio cuenta de que había despertado mi curiosidad. Luego se sentó a mi izquierda, tomó la taza y comenzó a examinarla por todos lados, cada detalle, cada marca, en las cuales yo no había reparado.

“Ha tomado usted decisiones muy fuertes e importantes que la han puesto donde está, comenzando por irse de su casa muy joven”; interrumpí: no me fui, me mandaron. “Pero usted aceptó irse, y eso es lo que importa. Tiene un amplio repertorio de habilidades y saberes. Y no le pide nada a nadie, aunque la han tratado mal, en ocasiones. No necesita de bules para nadar”, dijo y recordé ese dicho de mi padre.

“Ha llorado mucho, llora mucho. ¿Qué la hace llorar?”, preguntó. La vida, respondí. “Un gran amor”, continuó; “un gran amor que terminó. ¿Por qué?” Expliqué brevemente: los tiempos, su familia, su muerte. No dije que no ha terminado, por supuesto. “Quien hizo este daño pagará dos veces por el crimen, sentenció”. No cambia en nada las cosas, dije. “Aunque no sirva para nada saber que lo hayan castigado, él recibirá doble castigo”.

“Usted es una mujer muy espiritual. Es maestra”. Bueno, sí, dije; es lo que he hecho por más tiempo. “Pero escribe”, interrumpió, “y escribe bien y mucho. ¿Qué escribe?” Hice un pequeño resumen.

“Estuvo casada. Y tuvo una relación de 5 años”; más o menos, dije yo. “No, 5 años”, aseguró (¡!). Recordé mi sueño de hace unas noches (narrado en Facebook la semana pasada): 21 años, me decías en referencia al tiempo transcurrido desde que tú y yo nos habíamos reconectado a través del sueño. Te escribí en Evernote: ¿fue tu nombre lo que pronuncié aquella noche mientras dormía en la cabaña en Ruidoso, en las vacaciones en que mi hijo aprendió a esquiar, en diciembre de 1997? ¿Conversamos en sueños por primera vez? Ese fue el final de mi relación con el difunto, por cierto: 5 años después de que nos instaláramos en León, aunque haya tardado más el hacerlo público.

“Es una mujer exitosa y le quedan muchos más años; diría que unos 40, por lo menos, para seguir haciendo. ¿Qué planes tiene en ese sentido?” Ninguno, dije, hace rato que terminé con lo que yo creo que son mis responsabilidades y lo que venga está bien, estoy lista para irme en cualquier momento. “Sí, dijo, y no sufrirá en lo absoluto cuando llegue el momento, pero faltan muchos años y hay que organizar los planes”. No se apure, respondí, siempre tengo muchas cosas qué hacer.  “También su mamá es una mujer fuerte y la tendrá por muchos años más. Usted debe seguir trabajando. Y debe cuidar su salud. Y viajar, porque viajar le gusta y la enriquece. Le han ofrecido trabajo viajando, pero esa primera propuesta no es la que usted quiere” (¡algo que solamente he conversado con mi vecina y creo que con Moony!, aunque lo había anticipado con Beatriz, a fines de febrero).

“Tiene tres reuniones próximas (me mostró tres puntos en el exterior de la taza), una de ellas en el extranjero. ¿A dónde va?” Al Comic Con, dije. Y las otras dos son más cerca, ¿verdad?”.  Sí, una es conmigo misma, dije sin revelar mis planes de viaje a Tepic.

“Tiene mascotas, pero ¿son libres?”. Le expliqué de los colibríes. “Sí, dijo, ellos no se comunican con cualquier persona, eso habla de su espiritualidad y respeto”.

Me mostró el fondo de la taza, con una gruesa capa de asientos solidificados en ella: “eso representa todo lo que ha dejado atrás, lo que ya superó y por lo que puede avanzar como lo hace. Es una mujer que se mueve con mucha rapidez y agilidad. Es bueno dejar atrás lo que no sirve”, dijo.

“Tiene un hijo muy exitoso, muy brillante y apuesto. Tiene una inteligencia extraordinaria. Un excelente muchacho que no tiene vicios, aunque disfruta de una copa de vino de vez en cuando, y tiene muchos amigos y amigas. Y la adora. Le tiene toda la confianza del mundo y sigue muy de cerca lo que usted hace. Es como una versión masculina de usted (me mostró dos formaciones idénticas, en el interior de la taza, como dos estalagmitas juntas); muy fuerte, con mucho carácter y que permanecerá siempre muy cerca de usted (recordé al psicólogo de Pako: aunque usted asesinara a alguien, su hijo nunca se sentirá defraudado por usted). Para algunos es tan extraordinario como un dinosaurio, algo difícil de entender. Vea la imagen”:

IMG_1666[1].JPG

“¿Su hijo hace un videojuego de futbol?” No, dije, sorprendida por lo específico de la pregunta. Produce videojuegos y le gusta el futbol, añadí.
“Pero, ¿no está trabajando en un videojuego sobre futbol?”, repitió
Pos no que yo sepa, respondí.

“Su hijo le va a dar muchas satisfacciones en el futuro. Vienen unos cinco cambios importantes para él, siempre ascendiendo. Y usted los disfrutará. Usted le ha dado todo para que lo logre”. No más que lo que me dieron a mí, dije. “Sí, pero usted continúa estando ahí para apoyarlo en cuanto lo necesita. A usted le dieron mucho sus padres, su padre que se esforzó por que no les faltara nada y su madre que los ha apoyado a todos; pero usted ha sido el soporte total de su hijo”.

Me felicitó. Me recomendó que tratara de portarme mal de vez en cuando.
El asunto es que nunca he sabido lo que es portarse mal, tomando en cuenta que mi padre creía y me hizo darme cuenta de que, como Lucifer Mornigstar recomienda ahora, solamente es malo lo que te hace sentir mal y/o daña a otros. Lo que significa portarse mal a los ojos de los otros me tiene totalmente sin cuidado desde que yo soy yo. Las muchas descalificaciones no han modificado en nada mi comportamiento ni mis convicciones. Entonces ¿cómo puedo portarme mal?

Ningún nubarrón a la vista, aparentemente. La reunión a la que había sido invitada para la tarde del mismo día, 17 de mayo, lo confirmó. Cuando el hombre me insistía en que se veían tres reuniones próximas yo no tenía en la cabeza precisamente esa, aunque tuviera ya todo preparado para asistir. Fue muy relevante. Y estoy más que agradecida y honrada por la invitación y por todo lo que ahí ocurrió.

De nuevo: gracias a a vida!

 

16 de mayo: Endgame

Thursday, May 16th, 2019

Había comprado boleto para ver la película el 2 de mayo, en Altacia VIP, por la mañana, porque estaba en idioma original con subtítulos en español (no, aquí en León nunca hay solamente en idioma original). Se presentó otro evento, uno que no podía ser reprogramado, y cancelé mi ida al cine. Decidí no planear y dejar que las cosas ocurran. Sucedió ayer: tenía que pagar agua y luz, además de un par de pendientes extra. Altacia era la mejor opción tomando en cuenta que, siendo día del maestro, Plaza Mayor estaría saturado; Galerías las Torres, además de parecerme una zona de riesgo, no ofrece lo que necesito.

Terminé mis pendientes y ya casi de salida subí a comprar alguna bebida al área de comidas, por el excesivo calor que hace en estos días. Entonces vi el cine y me acerqué para ver los horarios: faltaban 10 minutos para que iniciara (son 15 de comerciales, me explicaron) y había promoción: sala VIP, subtitulada. Lo que no logré fue comprar mi bebida porque “todos nuestros compañeros están atendiendo en las salas y ahí puede hacer su orden”. Lo malo es que su comida chatarra no es muy buena y sí es muy cara. La sala no estaba ni siquiera llena al 50% y tenía un buen lugar, en la última fila.

Primera impresión: ver a los súper héroes, conforme van llegando, acusando el paso del tiempo en sus rostros. Si ellos no han logrado evitarlo, nadie puede. Por más cremas maravillosas que las vendedoras de Liverpool promuevan.

Segundo comentario: El lenguaje matemático suena como si entendieran. Lo interesante es la concordancia con una nota de antier sobre un experimento (real) de haber hecho retroceder en el tiempo una partícula cuántica por un instante, antes de regresarla a su posición normal.

Tercer comentario: Como Howard Stark, yo dije de muchas maneras (y lo tengo escrito en este blog, supongo que más de una vez) que, sabiendo que estaba embarazada, no quería tener una hija porque no quería que se pareciera a mí, con todas mis broncas. Pero tampoco podría criar a una niña que fuese todo lo contrario. Un hijo varón, pensé y deseé, sería lo ideal.

Tengo un hijo varón, cierto pero …

Después conversé con mi hijo:
1) Por mi parte, habría recortado unos buenos minutos de reencuentros con el yo y con los padres.

Al decirlo me di cuenta de que la película apela a los sentimientos de pérdida y de culpa por no haber estado o no haber tenido una relación con alguno de los padres, o al menos eso me pareció. No es mi caso. Con mi padre he tenido una muy estrecha relación, aunque no haya estado en su funeral por razones sabidas. Conservo su última carta y la certeza de lo que yo era para él y sabiendo lo que es, lo que sigue siendo, en mi vida. Con mi madre hago lo que puedo, aunque a veces no logre mucho por la distancia y porque el carácter de cada una pone algunas trabas. Con mi hijo sigo creando momentos, y aprendiendo a respetar lo que siempre exigí, y exijo, que respeten en mí: la pinche manera de hacer las cosas a mi modo.

Si acaso me encontrara un día con mi yo más joven, en cualquier etapa, recordaría que mientras más atrás en el tiempo más terca y cerrada sería. Y uno no discute ni pelea con gente así. Tengo un pequeño espejito que me lo recuerda.

2) Por otro lado, ver esa reunión del universo Marvel me pareció entre fantástica y excesiva. Un tanto forzada la reunión de heroínas, para mi gusto. Como si uno reuniera toda su colección de juguetes para presumir. Cierto, es la película final, … pero como ya saben viajar al pasado y recomponer el mundo, personalmente y para la humanidad, basta con regresar al momento correcto con un plan correcto. Porque en ningún punto de la trama se usa o se menciona el punto débil de Thanos (que debe tener).

Mientras los héroes eran vencidos se escuchaban llantos. Y un niño chillaba a media película sin que sus padres decidieran abandonar la sala.

  • Thor, en su depre extrema, no me pareció gracioso ni tierno, aunque a la gente sí.
  • Capitán América regresa al pasado porque no tiene nada que lo ate en el presente; hace lo que tal vez podría uno desear si pudiera viajar en el tiempo, pero tampoco me engancha. Yo iría a evitar una tragedia, todo mundo sabe cuál, y luego haría una pregunta. Evidentemente no he podido viajar en el tiempo … o la pregunta se respondió negativamente.
  • Tony Stark recuerda, sin duda, la razón por la que su padre quería una niña y no un hijo varón. Y se sacrifica en homenaje. Sabe, sin embargo, lo que puede lograr la tecnología “futura”.
  • A la Viuda Negra la vimos tirada en el fondo de un pozo pero… ¿estaba realmente muerta?

Todos tendrán otras oportunidades, digo yo. Aunque sea como entrenadores de nuevos héroes. Thor cedió el cetro, por ejemplo; lo raro es embarcarlo en esa nave.

Los demás, cada uno en su mundo, están completos y listos para seguir defendiendo el universo, ¿no?

16 de mayo: Breve recuento de cuatro meses

Thursday, May 16th, 2019

Hace cuatro meses y medio que no escribía en este espacio. Muchas cosas han pasado, de todos sabores y colores. El registro lo lleva Facebook, y en un año me estará recordando las noticias, las imágenes, las conversaciones que he tenido con la gente con la que comparto.

A grandes rasgos:
A fines de enero me enganchó Oscar O’Farril (SOLE México) para impartir dos cursos de PBL en Campeche (de lo cual no tiene la menor idea, y no es lo único). Diseñé el curso (20 horas, entre presencial y virtual, para cada grupo), preparé materiales, cree aulas virtuales, etc., y todo se lo di a conocer vía WhatsApp (tengo tooooodas las capturas de pantalla y las otras evidencias) sin que se diera por enterado ni de la organización ni de lo que implicaba, ni de que es imposible meter a trabajar 10 horas continuas a un grupo de profesores. Ahí debí darme cuenta de que lo que le interesaba era el dinero, y nada más. Hice el viaje, impartí los dos cursos durante el tiempo en que los profesores estuvieron dispuestos a permanecer y posteriormente terminamos lo previsto de manera virtual. Pagó mis pasajes y el hotel, y me entregó 500 pesos que no alcanzaron ni para taxis. Ni siquiera mis alimentos. No me pagó mis honorarios. Todo está documentado.

Fue un viaje muy cansado con un resultado decepcionante en varios sentidos. Sin embargo volví a caminar por el Malecón de la ciudad y a degustar la deliciosa comida local. Regresé endeudada, por supuesto.

Febrero fue generoso: mi hijo me envió regalos por mi cumpleaños y otros festejos. Un set de cuatro tomos sobre ser Jedi, la organización del Imperio, y así, y el vinil de Queen “Jazz” porque fue el primer LP que le compré, a los 5 años, mientras estábamos en París. Lo mejor, siempre, son las conversaciones en torno a los temas que nos interesan.

jazz queen

Con Beatriz, Oscar, Clau y Lizzeth festejamos mi cumple y el de Clau, en casa, a nuestro estilo, incluida la pinche vela. Con Moony me reuní para festejar mientras conversábamos, en algún café.

Marzo y abril trajeron reuniones con amigos cercanos (Yanza, Alma Rosa y Laura), pero también recibí visitas de amigos que viven en otros lugares: Claudia y su ingeniero, desde Tijuana, y Milagros desde Perú. También un curso completo, impartido por Javier Sicilia, sobre poesía y silencio, extraordinariamente bueno. Llegó ya mi diploma, pero creo que lo más importante es lo que removió y lo que aprendí.

La reunión más organizada, más esperada, se dio en CDMX, donde me encontré con mis hermanos de vida (Filio, José Luis y el Flaco, y la presencia querida de Lucas que ya no está), incluyendo a Silvia, Irma y Marco y a un invitado especial que pidió estar presente: Ángel Verdugo, nuestro profesor de Teoría de Ecuaciones en ESFM, en el curso que inició en junio de 1968 y que fue interrumpido por el Movimiento del 68. Una fantástica experiencia en la que nos reencontramos con gente que no habíamos visto en un período de ¡30 a 50 años! Muchas cosas quedaron pendientes, sin duda, pero fue muy grato renovar los lazos.

Por supuesto, aproveché la ocasión para pasear un poco por algunas zonas de la ciudad y para conversar y compartir con dos queridas amigas, por separado: Maluyi y Natalia. Siempre es un placer deambular por zonas que eran cotidianas en otros tiempos, comerse un gaznate, mirar una puesta de sol desde alguna glorieta.

Mayo ha sido de apapachos muchos con el hijo, planeando la no prevista asistencia al Comic Con 2019, en San Diego, con el apoyo de Paty Linares y sus hijos. Cuando ya parecía que su itinerario estaba organizado compré mis pasajes de ida y vuelta. Mi plan es ver primero a mi querida tía Lola, y luego bajar a Tijuana para saludar y conversar brevemente con las amigas que se dejen ver de carrerita, antes de asistir a San Diego para el evento, el jueves 18 de julio. Y regresar al día siguiente. Hoy, mi niño hizo cambios a su itinerario y lo único que sé de cierto es que nos veremos el 18 de julio. Y será la celebración que englobe todas las celebraciones del año … excepto si llegara a sacarme la lotería o algo semejante. LOL. Pero está bien. Y viendo ayer Endgame sé que está más que bien. Pero eso es otro post.

Por otro lado, no han faltado los eventos de corte académico, con Adriana en la ENES-UNAM; o los culturales como la Fenal, donde me encontré con otros amigos; y las reuniones que convocan amigos (Toño) y en las que hacemos nuevos amigos. Y mientras descubro que hay “amigos” que han desaparecido de mi lista, se agregan muchos más a ella.

Lo que no me abandona son mis sueños, y los seres queridos que en ellos habitan; la certeza de su compañía y los detalles que los manifiestan. Y eso me hace feliz cada día.

 

 

 

 

 

3 de enero: Esperanza y fe

Thursday, January 3rd, 2019

Fue mi primera ida al centro de la ciudad después de un par de meses, por lo menos.

En el Descargue Estrella realicé mis compras, las previstas y algunos antojos imprevistos,  y luego me acerqué a una sencillísima birriería. Mientras esperaba que el taquero y su mujer, cualquiera de los dos, escuchara mi pedido de dos tacos, sentí una mano dándome una ligera palmada en la espalda. Volteé a mi lado izquierdo para encontrar la cara risueña de una chiquilla, con algunas pecas y unos dientecillos más torcidos que los míos. Cómpreme una bolsita de té de limón por diez pesos, dijo muy amistosamente. Le ofrecí un taco, como respuesta; lo pensó y aceptó. Hasta entonces le pagué la única bolsita que traía en su mano, con tres manojitos de té de zacate limón como el que mi abuela cultivaba en su jardín para prepararnos bebidas confortantes. Dijo, sin embargo, que “allá” todavía tenía mucho más para vender.

Por fin, la mujer del taquero se acercó para tomar mi orden: dos tacos para mí y uno para la niña, pedí. Antes le había preguntado si quería algo más y había negado con la cabeza. Lo que quería era conversar, definitivamente, y me eligió a mí, lo cual no es poco honor.

¿Eres de aquí?, preguntó. Le respondí que no, que soy de Tepic pero que hace un rato que vivo en León. Pregunté a mi vez y dijo que es de Don Francisco, un pueblo o rancho cerca de San Miguel de Allende. Luego, respondiendo a mis preguntas, dijo que vive con sus padres y que ellos cultivan las plantas que luego traen para vender a este mercado, en forma de tés y otras hierbas; viene y regresa con ellos a su pueblo. El lunes hay que estar en la escuela, aseguró.

Hablamos de la familia: yo conté que somos seis y que soy la mayor; ella me dijo que son siete, que la mayor es una niña (sic) de 16 y que ella es la cuarta, tiene ocho años; son cinco niñas y dos niños. Una chiquilla muy desenvuelta, muy abierta, muy honesta; recargaba ligeramente su cuerpo sobre su brazo izquierdo mientras conversaba.

Le pregunté por la escuela: sabe leer bien, dice, y no lo dudo porque se ven las chispas titilando a través de su mirada. Las miradas no se fingen a esa edad. Le gusta la escuela, va en segundo año y quiere estudiar “la secu” y convertirse en maestra. Comenté que yo soy maestra y me hizo detallarle mi trabajo y mi recorrido, si estoy de vacaciones y cómo trabajo. En su escuela, dijo, tienen biblioteca, buenos maestros y conexión a Internet. Una niña satisfecha, contenta, es algo muy precioso en estos tiempos.

Había comido su taco con lentitud, alargando la conversación (había desayunado con sus padres), pero en ese punto se levantó sin haber terminado lo que le sirvieron, dio las gracias y se fue.

Regresé a mi casa, animada por lo que representa una chiquilla que sabe lo que quiere a una edad en la que yo (creo) iba a la escuela porque me hubiera aburrido mortalmente dentro de mi casa.

Mis compras, incluido el té de limón:

IMG_7088.JPG

 

 

30 de diciembre: evento de cierre, en el Tec

Sunday, December 30th, 2018

Me contactaron por Messenger, cuando mi hijo acababa de llegar a casa a pasar sus vacaciones. Carla Pons quería saber en dónde andaba yo antes de enviarme una invitación a un evento del Tec Campus León. Imaginé de qué se trataba pero no quise adelantar vísperas, aunque se lo hice saber a Pako. Antes que cualquier otra cosa lo había felicitado por el premio que obtuvo el juego que estuvo produciendo para Outplay durante su primer año de trabajo en Dundee. Hacia el 16 de noviembre, me enviaron la invitación oficial:

Por medio del presente tenemos el gusto de comunicarle que usted ha sido de los profesores seleccionados por sus exalumnos como una persona que marcado su vida, siendo acreedor al reconocimiento Profesores que Dejan Huella.

La entrega de reconocimiento será el día 15 de diciembre del 2018 a las 9:00 horas en auditorio principal.

Nos encantaría que compartiera este momento con sus seres queridos por lo cual podrá asistir con 4 acompañantes al desayuno, favor de confirmar su asistencia.

image001

El evento

Siguieron tres mensajes de correo, uno del director del campus, para reiterar la invitación y asegurar mi asistencia. Pensé en quiénes podrían acompañarme al evento y decidí que quien ha estado siempre cerca de mí, apoyándome de muchas maneras y físicamente cerca, es mi hermano Manuel. Lo invité, junto con Alicia, mi cuñada, a acompañarme. Aceptaron. Luego me informaron que su hijo Víctor y la novia querían asistir también. Al final vino mi sobrina Daniela, la mayor de los dos hijos de Manuel y Alicia, con sus bebés, y Norita, sobrina de Alicia pero quien me ve como su tía. Por supuesto, el evento no era para chiquitos y terminaron acompañándome Manuel y Norita.

Es la segunda vez que se entregan estos reconocimientos, uno cada 5 años, y es la segunda vez que me lo otorgan. Viendo la lista de los reconocidos en esta ocasión y la de hace 5 años, comenté con algunos de mis excompañeros y exalumnos que va siendo hora de que se pongan las pilas y contraten a buenos profesores. Es satisfactorio que los exalumnos, sobre todo porque son excelente profesionistas y seres humanos y amigos, reconozcan el trabajo docente que hicimos … hace entre 15 y 25 años, pero esas listas no incluyen profesores nuevos y no es buena señal. Tristemente, mientras preparábamos las tortas para compartir con los familiares de enfermos en los hospitales públicos, el 23 de diciembre, una de las alumnas actuales de la institución, exalumna en el bachillerato del Colegio del Bosque, me comentó que no tenían buenos profesores, y no es la única que lo dice.

7 grupo

La lista completa de profesores reconocidos en esta ocasión

Excepto por el que encabeza la lista, fallecido muy recientemente, muy joven y a quien no conocí, el resto pertenecemos al grupo de docentes que hizo que el campus tuviera primer lugar en calidad académica, a nivel nacional, hasta 2004. Entonces cambiaron las prioridades.

Cuatro de los trece profesores de profesional enlistados (los otros tres trabajaban en el bachillerato), yo incluida, formábamos parte del Departamento de Ciencias y Humanidades que yo creé y del que estuve a cargo hasta que renuncié a él por agotamiento, y entonces el director general desapareció esa entidad y reasignó a los docentes a otros departamentos académicos. Los cuatro, en las áreas “duras”: Muyshondt y Maritza solamente en temas de cálculo y álgebras; Garibay y yo, además de las matemáticas, en temas de estadística y sus aplicaciones, y de física. Muyshondt falleció hace unos años. Enrique Garibay desapareció en Los Ángeles después de aterrizar en esa ciudad y de rentar un carro, proveniente de Hungría, su lugar de residencia, hace unos 18 meses, sin que tengamos noticias de lo que le haya sucedido a él o al carro. Maritza vive en Estados Unidos, desde hace años. Yo salí del Tec en 2004.

Decidí portar las perlas que me regaló mi hijo en su primer viaje a la India, hace unos cuatro años, como manera de tenerlo a mi lado. Pako ya había regresado a Escocia después de sus vacaciones y de festejar su cumpleaños. Complementé mi atuendo con ropa sencilla y zapatos formales, y un rebozo guanajuatense, porque ese día amanecimos a 2° Celsius.

3 familia

Norita y mi hermano, acompañándome

A mi mesa llegaron a saludar muchos excompañeros y algunos exalumnos que ahora laboran en este campus, y hasta el director, a quien no conocía. Mis queridas Cony y Anita habían pedido acompañarme en mi mesa, lo cual fue una gratísima sorpresa.

Después del desayuno vino la entrega de reconocimientos (idénticos a los de hace 5 años). Saludé con mucho cariño a Aceves, a las hijas del Lic. Muyshondt, a Gerardo (quien además fue el orador por parte de los profesores reconocidos), y a otros más. Solamente evité a uno.

Las fotos del evento y mi agradecimiento se encuentran el álbum que publiqué en Facebook.

Después del evento regresamos a la casa, cambié mis zapatos por unos “de caminar”, para usar con calcetines, y la familia completa nos fuimos a recorrer los outlets de calzado, completitos. Comimos en el recién inaugurado Panteón Taurino, en los outlets, por la tarde recorrimos los locales de calzado y bolsas frente a la Central de Autobuses de León, y todavía hicimos un recorrido en camioneta por la Calzada de los Héroes, la calle Madero y luego la Pedro Moreno, para atravesar todo el centro y mostrarles los monumentos y edificios representativos de la ciudad. Era un hervidero de gente y salmos tan rápidamente como fue posible para regresar a casa. Ellos pidieron una pizza para cenar, la Norita y yo trabajamos sobre algunas dudas que tenía con su curso de matemáticas en la universidad a la que recientemente ingresó. Terminamos alrededor de las 11 de la noche.

Ellos regresaron a Guadalajara y Amatlán el domingo 16, muy temprano. Yo seguí empijamada todo el día, comí en mi cama, y todavía el lunes fue de acciones mínimas.

El martes retomé el estudio formal de la Teoría de grupos y compré un libro de Cédric Villani, Birth of a Theorem, que ha resultado un deleite a pesar de que la introducción podría desanimar a cualquier persona. El jueves 27 fui a la Librería del FCE y compré La tregua, de Benedetti, que terminé de leer en dos días; ayer, leyendo las últimas páginas lloré mucho; impensable que encontrara una descripción tan cabal de mi caso.

la tregua

Mañana será día de recogimiento. Se cumplen 49 años de que yo me alejé pensando en evitarle un conflicto, creía yo, pero también por ignorancia y estupidez de mi parte. Y son 37 años de su muerte a manos de uno de sus estudiantes. Sigue siendo todo, para mí.

El martes, comenzaré a poner en un disco duro externo todo el contenido útil de esa laptop para migrar a la que me dejó mi hijo.

Mucho por agradecer en este año. Y muchas conversaciones que han comenzado, augurando un excelente inicio del 2019.

Una vez más, ¡Gracias a la vida!

27 de diciembre. Sesión 3 y la tarea final

Thursday, December 27th, 2018

Tercera sesión. 20 de noviembre

Bien tus textos. De hecho hoy vamos a trabajar con la descripción de ciertas emociones.

  • OK

Hay, según los expertos, 6 emociones básicas.

  • La ira, por ejemplo. LOL

Exacto: felicidad, tristeza, ira asco, sorpresa y miedo. En este momento, ¿sientes alguna de ellas?

  • Estos días son de felicidad, aunque no solamente estos. Para mí son el equivalente de las fiestas grandes. Es como si fuera mi Navidad, por decir.

Muy bien. Qué te parece si tratas de describir la felicidad

  • La foto de mi perfil, en Facebook, es de hace un par de días
con Pako, en su visita de diciembre

Con mi hijo: parrillada para recibir a los amigos, tradiciones en esta casa

  • La felicidad se presenta de mil manera en mi vida: el colibrí, verde como aquellos ojos verdes, que entra por mi ventana y revolotea sobre mi cabeza, o que me acompaña en el jardín mientras riego las plantas. En el medio sueño en el que aparece quien amo, conversa conmigo y me da un beso en la mejilla, mientras yo nos observo y me veo exactamente como estoy vestida y recostada, y entonces abro los ojos maravillada. Al escuchar el concierto que me recuerda la hora de la comida con mi padre, porque era la entrada del programa en la radio, en el momento. En compartir con mi hijo un café, una película, una extensa conversación. En despertar y encontrar la luna en mi patio en el que todavía no se escuchan los ruidos de los vecinos. En caminar en mi pueblo, Tepic, bajo la lluvia, o en sentarme en la Alameda del mismo lugar y saber que no estoy sola. Es calma y dicha.

Ok, muy bien. Todas esas son experiencias y acciones que te hacen sentir feliz. Pero, a nivel físico, ¿cómo es la felicidad para ti?

  • El agua que corre por mi cuerpo, mientras me baño, el primer café del día, el olor al pan que horneo.

Bien, ¿cómo es tu respiración?

  • Generalmente es relajada, y solamente una persona ha logrado que se acelere mi respiración y el flujo sanguíneo y que se me doblen las rodillas.

Ok, muy bien. Tu temperatura, ¿sube o se mantiene estable?

  • Lo único que puede descender es mi nivel de glucosa, o la presión arterial

Ok. Ahora dime, cuando estás feliz, ¡qué te dan ganas de hacer?

  • Pongo CD de Queen o Rock o Swing o … Puedo hasta bailar en la calle. Pero no bailo en fiestas (que no me gustan) porque no me gusta que me saquen a bailar.

Muy bien. Excelente. Hagamos una descripción imaginaria. Si ahora estuvieras en la calle, describe ese baile y esa emoción

  • Habría música saliendo de alguna bocina (el estacionamiento del Queen Mary, en L.A., es una maravilla, por ejemplo), y tendría que ser música que sienta. Estoy feliz por alguna razón y comienzo a caminar al compás de lo que suena y a moverme hacia los lados; hasta doy una vuelta o cambio el sentido de mi caminata; sonrío a quienes me observan al pasar. Mis dedos chasquean marcando el compás; mis hombros participan subiendo y bajando. También puede terminar en llanto, porque un pensamiento lleva a otro.

Excelente. Muy bien. La felicidad si fuese un elemento cuál sería? (fuego, agua, aire, tierra)

  • Sería la luz, que alguna vez he recibido como descarga sobre mi pecho, como entrando a través de mi ventana, justo cuando acabo de llegar a ese punto. Si no, el agua del mar
  • Todo está muy conectado

Muy bien, va tomando forma todo eso que has sentido. Ahora, esa luz podría entrar en el agua del mar y fundirse?

  • De hecho entra, en cada atardecer. Y a veces voy a San Blas (Nayarit), solamente para ser testigo. En Tijuana era todas las tardes, y lo repito cada vez que voy.

Muy bien. ¿Podrías escribir un poema sobre eso? La luz del sol entrando en las aguas de San Blas

  • Trataría, eso seguro. Desde el muelle viejo

¿Lo dejamos para tarea?

  • Perfecto

Quiero que pongas todo tu esfuerzo en este poema. No te sientas presionada sino por el contrario, libre, ¿vale?

  • Perfecto

El poema tiene que ser un testimonio de tu felicidad. Quiero que leas un poema de Oliverio Girondo que se llama Gratitud

  • ¡Me encanta!

Quieres que nos veamos el lunes?

  • Nos veremos el lunes. Mi terremoto acaba de despertar ¡Gracias!

Sale y vale; un abrazo, y cárgate de felicidad

Hice mi tarea. La cuarta y última sesión estuvo dedicada a la revisión de ella, a modificar la sintaxis un poquito, a evitar lo superfluo y lo redundante, a limitar los lugares comunes. El resultado lo compartí en una publicación anterior.

No me convertí en poeta, pos supuesto, y ese no era el objetivo. Pero agradezco a Jair por cada uno de los aprendizajes.

27 de diciembre. Sesión 2 y sus tareas

Thursday, December 27th, 2018

Iniciamos puntualmente la segunda sesión.

Jair: Bien, ya leí tus textos.

  • Me extendí en los contextos, creo

¿Qué crees que fue el mayor problema para escribirlos?

  • Sobre Pako, la cantidad de detalles, gestos, expresiones con las manos, entonaciones. No podría describir todo eso. Dulce (quien era mi asistente en Tijuana) dice que hablar con él es como hablar conmigo, intensificado

Oh, ok. Muy bien. Bien. Los textos están bien, pero veamos primero algunos detalles que podrían estar en detrimento del proceso de escritura.

  • De mi padre, las meriendas eran como momentos de intimidad con mi madre. No recuerdo nada en mis primeros años (siempre me he ido a dormir muy temprano, y a la secundaria entrábamos muy temprano a clases), entonces era como estar un poquito al margen, leyendo, cuando iba de vacaciones a la casa.
  • En el último, quise escapar a la emoción, y encendí la tele para escuchar la música que prometía Canal 22, Camerata, que resultó ser un recital de canciones que me regresaron a lo emocional
  • Me había mantenido trabajando, esperando el momento adecuado, y no resultó

 

Ok. Muy bien. Hay un detalle que predomina en los tres. En sí no es algo negativo pero sí parece ser recurrente. Cuando propuse elaborar retratos fue con la intención de que el yo quedara lo más fuera posible de la escritura.

  • Lo sé. Por eso dije que me extendí en el contexto

Pero parece que más bien predomina en tu escritura. Tenemos dos opciones

  • Por supuesto

La primera es insistir en describir algo “fuera” de ti.

  • Como si viera un retrato ajeno

Sí. Vamos a trabajar en este:

retrato

¿Conoces ya el cuadro?

  • Lo he visto antes, cierto. ¿Te lo describo?

Ok; sí. vamos a hacer de cuenta que no lo conozco.

  •  Sentada y observando al frente, sólo se puede mirar su blanco perfil; una mujer de unos 45 o 50 años, totalmente cubierta de negro excepto por la cofia de gasa y encajes que cubre sus cabellos entrecanos. El perfil de una dama viuda, probablemente, la cual conserva los rasgos de su belleza física: la nariz recta, la barbilla afilada, aunque la edad se hace evidente en el cuello y las líneas caídas a los lados de la boca. El pelo recogido y sin más adorno en el traje que el discreto y albo cuello del vestido. Las manos, sin embargo, muestran algo de crispación, apretando un pañuelo fino.

Ok; bien, eso está mucho mejor. Ahora quiero que describas un objeto sin que me digas qué es y veremos qué tanto me puedes comunicar en palabras lo que ves, ¿vale?

  • Verde casi fosforescente, un par de ojos blancos excepto por los puntitos negros en el centro de cada uno, que fungen como pupilas. Una pequeña línea del tamaño de un paréntesis, volteado hacia abajo, dan a su cara un aspecto de sorpresa no muy bienvenida. Su cuerpo semeja estar formado por dos bolas, la menor haciendo las veces de cabeza, con un par de orejitas triangulares en la parte alta, alineadas con los ojos. En la esfera que forma el cuerpo, dos pequeños promontorios redondeados indican que hay extremidades, aunque solamente esas son visibles.

¿Una rana?

  • No.

¿?

Intentemos con algo que pudiera ser más “conocido”…

  • Regalo de mi hijo, hace un año. No recuerdo cómo se llama, pero en el Comic Con de este año la gente hacía largas filas para comprar uno de peluche.
    P.D. Se llama Kuchi Kopi, y a esta casa llegó en una caja de Loot Crate.

Ah, ya

  • Va: Describe casi un semicírculo en color chocolate con rayos de madera clara recogidos en el centro; muy amplio, extendido en un diámetro de casi 75 cm, me recuerda que lo primero es estar en paz con mi mente, y luego con el mundo.

¿Un abanico?

abanico

Recuerdo de Deer Park Monastery, en Escondido, CA

Excelente, vamos bien.

  • Del Monasterio de Deer Park, con caligrafía de Thich Nhat Hanh

Lo importante del lenguaje es la precisión. Ahora describe su uso

  • Va: Es un objeto de ambientación en mi cuarto de trabajo, para recordar lo esencial. Encabeza la pared frente al escritorio, los libreros y el sofá.

Ok, ese el uso que le das, pero ¿el uso para el que fue creado? ¿o desde el inicio fue concebido para ser decorativo?

  • Supongo que es ese. La otra opción eran cuadros para enmarcar, con esa caligrafía y algunas de las citas de Thay

Ok. Bien. Describe el uso que se le da a un abanico.

  •  Tengo tres abanicos.

Ah, qué bien. ¿Los tres decoran las paredes de tu casa?

  •  No. Decorativo tengo otro, pero todavía no lo saco de su caja.
  • Ahí voy: El abanico se utiliza, comúnmente, para refrescarse en tiempos de calor o en lugares cerrados y llenos de gente; por supuesto, hay quienes los usan con mucha destreza para comunicar, como hacen las geishas y algunos gitanos, por ejemplo. También son útiles cuando uno conversa con personas que dicen disparates de manera que creen seria y circunspecta; entonces uno cubre suficientemente la cara para que la mirada y la sonrisa no delaten los pensamientos, y nadie se sienta ofendido

Bien. Vamos a trabajar con estos elementos.

  • De los tres que tengo, el formal (eventos) es de Final Fantasy. El de reuniones con amigos, es un regalo de Pako, de Star Wars; el otro es el de diario, regalo de Dulce. Cuando hace frío me cubro con mascadas y pashminas

Trata de escribir un poema describiendo el abanico, sus múltiples usos, y ahora sí sé tú misma la protagonista del poema.

  • Negro como ala de murciélago, extendido a ratos, recogido en otros, lo sostengo en mi diestra para ahuyentar humores y calores; en mi siniestra, mientras escucho las tonteras de circunspectos y doctos personajes El discreto diseño en tonos grises anima a conversar al que entiende el lenguaje de los signos, aleja a quienes solamente parlotean o se lucen; En mi infancia aprendí el arte de mover uno moviendo mis manos al son de mis pies; desistí de hacerlo con la gracia de una geisha.

Ok, muy bien. De tarea vas a tratar de explayarte mucho más en el poema. Creo que tienes un muy buen inicio.

  •  ¡Gracias!

Pero harás dos versiones; una en la que sólo describas (sin ti de por medio) el abanico. Y la segunda donde tú seas el personaje usándolo.

  •  Trataré, lo prometo

Lo lograrás. Te paso un tip. Primero haz el que te parezca más sencillo, quizá donde tú seas el personaje

Y así quedaron los textos de tarea:

  1. Mi yo incorporado
    Negro como ala de murciélago, extendido a ratos, recogido en otros, lo sostengo en mi diestra para ahuyentar humores y calores; en mi siniestra, mientras escucho las tonteras de circunspectos y doctos personajes; vela mi rostro cuando es conveniente ocultar lo que cruza por mi mente. Proporciona un lenguaje de comunicación silenciosa y cómplice hacia quien atentamente sigue mis movimientos y gestos, pero es de un mutismo absoluto para al resto de los presentes. En espacios abiertos, su discreto diseño en tonos grises anima a conversar al que entiende el lenguaje de los signos, mientras aleja a quienes solamente parlotean o buscan exhibirse; se convierte así en un fiel escudero, pequeño y discreto. En mi infancia aprendí el arte de acompañar el taconeo de mis pies sosteniendo y moviendo uno con mis manos, pero desistí de tratar de alcanzar los delicados y seductores movimientos que le imprime una geisha. En gran formato, exhibiendo su media luna de tela y sus costillas de madera, las inscripciones que los adornan son elocuentes recordatorios soportados sobre alguna de las paredes que me rodean: Paz interior, ante todo.
  2. El puro objeto
    Regalo bienvenido en lugares calurosos, adorno de tradicionales trajes, femeninos o masculinos, agitados al compás de un son, en un tablao, en delicado aleteo oriental y hasta en modernas coreografías. Se mueve según las manos expertas de hombres o mujeres que con él simbolizan aves, vientos o caricias, al ritmo de alguna melodía. Confeccionado en materiales suntuosos o en simple cartoncillo, adornado con exóticas plumas, finos encajes o un mero listón entre sus costillas. Decorado a mano o impreso comercialmente en mayoreo, disponer de uno ayuda en los trances de ansiedad, cuando las manos no encuentran en qué ocuparse. Pueden servir para castigar a algún impertinente con un sonoro e inofensivo golpe. Pueden enviar, a quien entiende el lenguaje, mensajes devastadores o llenos de esperanza. La destreza en su uso habla de la cultura y sensibilidad de quien lo porta. Su diseño ayuda a identificar gentilicios, estilos, y clases, y abre conversaciones sobre los lugares donde se adquirieron: Japón o Madrid, souvenirs de viajes y aventuras, o simple regalo de la tienda de abarrotes. Pueden atizar un fogón, ayudando a crear el calor que los cuerpos necesitan; pueden, al contrario, sofocar y ocultar los rubores inoportunos e indiscretos. Que sea regalo o que sea compra, que adorne una pared o sea accesorio de un atuendo, el abanico exhibe el lado práctico y el estilo de su dueño.

26 de diciembre: Tarea 1 del Taller 2. El amor

Wednesday, December 26th, 2018

Tercera parte de la tarea, la que duele.

Vivir con el alma aferrada
A un dulce recuerdo
Que lloro otra vez.

Volver. Tango
Carlos Gardel.

Una naranja cubierta en mayo de 1967

Era la segunda vez que el azar nos hacía viajar juntos en un Ómnibus de México, yendo a Tepic a pasar vacaciones; esta vez eran las de mayo y viajábamos en los asientos contiguos 5 y 6. La primera vez había sido en Semana Santa, en las primeras vacaciones del ciclo escolar, iniciado en enero; entonces habían sido los asiento 3 y 4, y ese había sido el inicio de nuestra amistad, el momento de conocernos reamente, a pesar de ser del mismo pueblo y de muchos otros detalles. En enero de ese año nos habíamos encontrado al iniciar los cursos en el grupo A de segundo año en Voca 3, en el Politécnico. El azar y sus caprichos.

Entre los dos viajes habíamos ido convirtiéndonos en amigos de tiempo completo … dentro de la escuela. No había manera de que nos encontráramos fuera de ella, dadas nuestras restricciones económicas.

Habiendo llegado de Tepic a CDMX en enero del año anterior, y viviendo casi en la esquina de Puente de Alvarado y Guerrero, mi diversión consistía en salir a caminar por el centro de la ciudad sin tener que gastar gran cosa. Así conocí y recorrí las librerías de viejo de Donceles y pude comprar lo necesario para entretenerme. En los cafés de chinos, de comida económica, encontré unos bisquets buenísimos. Al transitar por las calles de Madero y de Tacuba encontré una dulcería tradicional.

Preparando ese viaje de mayo había gastado mis últimos centavos en comprar algunas naranjas cubiertas de la dulcería de la calle de Tacuba y unos bisquets de los cafés de chinos, para llevarle a mi padre.

El autobús salía a las 5 de la tarde de la central de Ómnibus de México, situada en contra esquina de las oficinas del PRI. El viaje duraba entre 13 y 15 horas, de manera que uno llegaba a Tepic al clarear el día siguiente.

Instalada en el asiento 5, me sorprendió verlo aparecer y sentarse a mi lado, otra vez. Sonreímos y retomamos la conversación que habíamos iniciado por la mañana, en la última hora de clases. Solamente las cabezas se inclinaban ligeramente, una hacia la otra, mientras conversábamos; los brazos de cada uno dentro del espacio asignado, sus largas piernas extendidas. El autobús se detuvo en algún restaurante sobre la carretera, para que los pasajeros descendiéramos a cenar. No teníamos ni un centavo, de manera que nos quedamos arriba del autobús para seguir conversando. Recordé las naranjas y los bisquets que llevaba en el pequeño maletín de mano. Me ayudó a bajarlo y saqué mi carga para ofrecerle. Dijo no al pan, pero aceptó compartir una naranja.

En la penumbra del autobús, los cuerpos girados uno hacia el otro, comenzamos a cortar pequeños trozos con los dedos, para llevarlos a la boca, reconociéndonos. Una comunión. Sus ojos verdes reflejaban las luces exteriores que entraban por la ventanilla, a mi espalda. La figura delgada se recortaba en la sombra mientras conversábamos quietamente, relajadamente, mordisqueando los pedacitos de cáscara dulce. Un mechón de pelo lacio caía sobre su frente, al inclinarse hacia mí. Media hora, tal vez, antes de que el autobús reemprendiera el viaje. Retomamos nuestras posiciones de viajero sin dejar de conversar hasta llegar a nuestro pueblo. No dormimos, pero vimos el amanecer mientras cruzábamos el puente de San Cayetano.

 

26 de diciembre: Tarea 1 del Taller 2. Mi hijo

Wednesday, December 26th, 2018

Segundo texto de mi tarea.

Cena con Pako el 24 de diciembre de 2014

A mediados de ese año se había ido a trabajar a Hyderabad, pero había venido a pasar aquí (y Guadalajara y CDMX) dos semanas de vacaciones. Primero los amigos, siempre.

Salió de casa después de almorzar, hacia el mediodía, para ayudar a Luis Alejandro en el depósito de cerveza, mientras conversaban. Llamó para avisar que Luis Alejando y su novia cenarían con nosotros. Usualmente preparo diferentes antojos para su estancia: tamales, carnitas, galletas de nata, rollitos de membrillo, tacos de pollo para dorar, ravioles, etc.; en diciembre añado buñuelos y hasta una cacerola de bacalao (para hacer tortas) más por los amigos que pueden caer a pasar la tarde/noche, jugando dominó o videojuegos, que por nosotros. Nunca hago pasteles, flanes o gelatinas. Vinos, mezcal, tequila y otros licores nunca faltan; ni los paquetes de café para cualquier tipo de preparación, en su respectiva cafetera.

Iban a dar las 6 de la tarde cuando llamó para “recordarme” que había salido muy temprano de casa y sin desayunar, respondí con un recuento de su mañana en casa. Insistió y acabé con un “OK”, sin entender. Hay dos cosas prohibidas en esta casa: las mentiras y las faltas de respeto.

Llegó a casa acompañado por la novia que todavía tenía en Guadalajara, quien había decidido “caer” sin invitación a lo que ella suponía un festejo en forma. Le expliqué que nuestra celebración, en cualquier época del año, consisten en estar juntos y disfrutar de las actividades que nos interesan: cine, música, libros y largas conversaciones. Apenas llegando, mi hijo anunció que Luis Alejandro y su novia habían cancelado la visita.

Una hora más tarde puse la mesa y enlisté el menú. Pako se sentó en su lugar habitual, la esquina derecha frente a la ventana, y procedió a servirse un tamal verde mientras hacía elogio de mis preparaciones. Al tamal siguió una torta de bacalao, y un par de buñuelos en miel de piloncillo para acompañar el café. Durante ese tiempo conversamos, como siempre, tratando de incorporar a la chica a las conversaciones.

Pako disfruta de la comida de una manera muy zen, degustando cada bocado y disfrutando de la compañía, cuando está en confianza. En su decir, si se trata de comer de carrera, vamos al Oxxo por unos tacos o por una hamburguesa a McDonald’s. Conversa mientras come, y sus ojos almendrados se entrecierran al reír o al recordar vivencias, especialmente las que involucran amigos que conserva desde la infancia y adolescencia; al color café de sus ojos se agregan destellos dorados. Un “¡Ah!, ¿Sabes a quién me acabo de encontrar?” anticipa anécdotas, risas, exclamaciones y gestos de incredulidad, sorpresa, satisfacción o, en algunos casos, pesadumbre. Ocasionalmente se chupa un dedo que acabó metido en la torta o cubierto de miel, sin que le pase por la cabeza que otros pueden incomodarse. Es también regla de la casa: cada uno come a su modo, como se sienta cómodo y no como visita formal. Nunca comemos de mal humor, de manera que la conversación es muy animada, llena de sonrisas y complicidades comunicadas con los ojos y alguna mueca elevando las rectas cejas; la boca puede acompañar el gesto, curvándola hacia abajo y, en ese movimiento, la barbilla recta se adelantará un poco.

Cruza una pierna sobre la rodilla de la otra, la espalda descansando sobre el respaldo de la silla, durante el disfrute del café que siempre prepara él mismo, manteniendo en todo momento la conversación y el recuento de todo lo que ha hecho. Durante esa cena hablamos de los libros que habíamos comprado un año antes, en la FIL de Guadalajara, en la que habíamos recorrido varias veces los pasillos hasta encontrar Persépolis, como regalo para la novia, quien no nos había acompañado en ese evento. Mi hijo y yo seguimos conversando y sacó el iPad para mostrarme los avances del juego en el que trabajaba. En momentos como ese la mirada y la actitud cambian denotando concentración en los detalles, los codos sobre la mesa y la cabeza y las manos dirigidas hacia mí para involucrarme no en el juego mismo sino en el diseño. Mientras, me contaba las dificultades de la interacción con su equipo indio. Hice un alto con la mano (uno de los gestos que aprendió de mí) para señalarle la hora, y decirle que habían pasado casi dos horas desde que su chica había abandonado la mesa, y que le tocaba ir a hacerse cargo. Dejó salir un ¡Ah! acompañado de unos ojos como platos, dándose cuenta de lo abstraído que había estado; guardó el iPad, ayudó a recoger la mesa; agradeció, me dio un beso en la frente y dijo buenas noches.

Solos, sin visitantes, hubiéramos merendado algo hacia las 7 P.M. y luego hubiéramos hecho un bonche de palomitas de maíz o hubiéramos pedido una pizza, antes de subirnos a la cama para ver un montón de películas (compradas para la ocasión). Esa ha sido nuestra manera de celebrar, lo que ocurre cada vez que nos reencontramos. Netflix ha sustituido la compra de películas desde hace un tiempo.

En este momento (4 P.M del 8 de noviembre) está llegando a Cancún. El martes próximo volará para llegar a casa. Mientras, me organizo para tener los antojos listos.