22 de mayo: Procrastinar

Saturday, May 22nd, 2021

Muchas cosas han ocurrido en los últimos catorce terribles meses previos a este día. Lo más doloroso, sin duda, fue la muerte de mi madre, a mitad de febrero pasado, en esta casa a la que había llegado tres semanas antes para recuperarse de una serie de malestares, creíamos dos de mis hermanos y yo; ella sabía que no había vuelta para atrás, lo supe dos semanas después.

Vinieron para mí semanas de recuperación física y emocional, apoyada por mi hermano médico, su familia y su comunidad, en Amatlán de Cañas, Nayarit. Regresé a la casa, a mi soledad habitual, acompañada de la esencia de Maggie. Recuperar las ganas de cocinar antojos, por ejemplo, ha llevado tiempo.

Había que generar algunas rutinas y poner algunas alarmas para retomar la vida desde el punto anterior al inicio de todos los desastres. Algunas cosas llegan vía los contactos o los excompañeros de trabajo o los amigos, de manera que no ha faltado en qué entretenerme en las últimas semanas. Pero en marzo todavía no encontraba la punta de la madeja y decidí inscribirme al Club de Lectura con Alma y Julia, poetas mexicanas reconocidas, para leer y comentar Don Quijote de la Mancha, ni más ni menos, a razón de cuatro capítulos por mes, comenzando en abril.

Escogí la edición en veinte fascículos publicada por el Fondo de Cultura Económica, comentada y con valiosas entradas en cada uno. El lenguaje de la obra no es una novedad para mí por varias razones: aprendí las primeras palabras y escuché las primeras narraciones de mi abuela Hilaria. Historias medievales (Genoveva de Brabante, por ejemplo), cuentos tomados de las Mil y una noches, aventuras del Quijote, y así.

Los primeros textos propios fueron regalo de mi prima Licho, cuando yo estaba por cumplir seis años, y contienen historias tradicionales, con moralejas de algún tipo, en pequeños libritos (100 pequeños libritos) organizados en cinco volúmenes dispuestos en un estante de cartón prensado.

El Quijote debo de haberlo leído, completo, antes de terminar la secundaria. Y tengo muchos amigos españoles, uno de los cuales recién me hizo llegar un de sus publicaciones, dedicada a sus alumnos de bachillerato; tuve que confesarle que el lenguaje que él utiliza no se parece, en lo absoluto, al que nuestros estudiantes o sus maestros emplean.

La segunda sesión está programada para el 25 de mayo y los capítulos a comentar son los que van del V al VIII. Pocas páginas, realmente. Entre sesiones leo muchas otras cosas y hago manualidades, colaboro en algunos eventos, etc. Lo de hacer taeas nunca se me ha dado y pospongo lo inevitable cuando apenas queda tiempo de asegurarme de que puedo participar en la clase, sesión o discusión sin riesgos.

El asunto es que los fascículos son tan pequeños que terminé extraviando el #2, que contiene los primeros ocho capítulos de la obra. Hoy hice un ejercicio concienzudo de búsqueda. Lo encontré entre una pila de CD’s. Leí la mitad de “la tarea”, aunque la mitad de eso la había leído (releído) hace un mes. Luego me dio por limpiar todos los baños, utilizando todo tipo de desinfectantes, antisarros, etc. Igual voy a tener que utilizar piedra pómez. Todo sea por procrastinar, aunque limpiar baños nunca ha estado entre mis aficiones.

Mientras limpiaba iba reacomodando algunas de las palabras del texto al habla de mi abuela y su hermana mayor, mi tía Margarita, y los nietos de ésta, en el rancho de los Becerra, en la parte alta de la Sierra Madre Occidental, municipio de Compostela, Nayarit. Siendo la mayor de seis hermanos disfruté varios veranos ahí, entre los años 1957 y 1964; los dos menores no tuvieron ese privilegio.

Todos ahí sabían hablar y escribir correctamente/escolarizadamente; los muchachos, primos de nosotros, recogían los libros que nosotros íbamos dejando al terminar cada ciclo escolar y se los llevaban para utilízalos en su educación, sin escuelas próximas pero con la estricta vigilancia de su abuela y sus padres. Pero también hablaban con los vecinos de otros ranchos, con las palabras del castizo de los mayores. Y uno aprendía. Además, recogían los sellos de aluminio que en aquella época cubrían las latas de Choco Milk, bajo la tapadera, para utilizarlas en reparaciones de sus utensilios. Desde ese entonces reciclamos. Los dos principales objetos de reparación eran la pequeña planta de electricidad y el trapiche, también pequeño.

Los veranos, en ese paraíso que era el rancho, uno adquiría montones de habilidades para la vida práctica. Si uno quería una fruta iba y la cortaba del árbol; había un par de ojos de agua que, apenas hace unos 8 años, mi madre recordaba como el agua cuyo sabor prefería; el río que cruzaba la parte baja del rancho (integrado por las tres viviendas familiares) hacía una gran poza, “el Charco Largo”, donde se podía nadar y donde se pescaba camarón de río, por ejemplo. Todo lo necesario para las comidas, excepto la panadería, se producía ahí mismo, pero uno no podía participar en las labores de la cocina si no se trenzaba el pelo. Adivinen quién nunca fue admitida.

Las tardes eran de conversación y juegos tradicionales; al caer la noche se echaba a andar la planta de electricidad para escuchar la radio comunitaria durante la cena y uno atendía/entendía el lenguaje por necesidad; luego, solamente quinqués para alumbrarnos un rato antes de ir a dormir mientras nos contábamos historias de terror, como la de las culebras chirrioneras que mamaban de los senos de las madres mientras metían la cola en las bocas de los bebés, para despistarlos.

Así/ainsi/ansi/ansina, cuando comencé a estudiar francés (ainsi) no necesitaba de mucho para comprender el habla, gracias a mis estancias en esa comunidad. O podía entender y hacerme entender con una señora que nos rentó una habitación en Turín, en el verano de 1979, quien nos dejó el encargo de atender a alguien que iría a bscarla mientras ella se ocupaba de otro pendiente.

Sigo en la procrastinación.

3 de enero: Mi prima Gabriela

Sunday, January 3rd, 2021

Esto es un relato que escribí en junio de 2015. Y ahora es necesario recordarlo.

Llegó a mi casa para acompañarnos en la fiesta de graduación de mi hija. Viaja siempre acompañada de su hija menor, quien debe estar atenta a cada uno de los detalles que llenan la vida de mi prima: lo que se le antoja, lo que le disgusta, o lo que necesita. No es tarea fácil porque a veces ni la propia madre sabe lo que quiere o necesita y se guía más por el antojo del momento, lo que eso signifique.

No pocos desaguisados han surgido de esa manera de llevar la vida, sin atender a razones o condiciones. No importan las consecuencias de un atrancón, o la de perseguir algo sin darse cuenta del camino que recorre. De alguna manera es como una niña que se va detrás de un globo, de una ilusión, sin que medie el menor razonamiento. Eso sí, al final hay un culpable … que generalmente es la hija que está a cargo. Porque no me dijiste que no debía, que no podía, que no era conveniente, dirá. Y ojalá escuchara cuando y cuanto se le dice, pero ni observa ni escucha.

La recuerdo de joven y reconozco cada uno de sus comportamientos. Uno puede platicarle lo que sea; ella retiene solamente lo que le parece relevante para sus fines. “Vamos a ir a la Ciudad de México al sepelio de la hermana de una tía de mi marido”  diría su otra hija; mi prima registra “Vamos a ir a la Ciudad de México” y se prepara para un viaje que imagina lleno de paseos y degustaciones en los lugares que conoce y que gusta de visitar. Llegados a su destino, comenzara por a) decir que no trajo ropa adecuada porque no le dijeron que vendría a un velorio/sepelio; b) que de todas maneras no tiene qué ponerse; c) que los zapatos que trajo ya le cansan porque son muy viejitos; d) que necesita un blusa o un suéter o… porque el único que trae lo compró en un tianguis o se lo regaló alguien, ya usado. Mientras, la ropa y los zapatos nuevos que le han comprado cuando algo le gusta y le acomoda (porque eso es oooootro rollo) aguardan a que haya algún evento de su consideración. Ni siquiera recuerda todo lo que tiene almacenado.

De la misma manera ignora todo lo que ocurre alrededor. Supongo que la frase “No es mi problema” se inspira en ella. “Llovió anoche” significaría para el resto de la familia tomar algunas previsiones. Para ella es una información que en nada altera sus expectativas. “¿Cómo de que no podemos ir al rancho? Yo ya estoy lista”, dirá portando el sombrero y las gafas que la protegerán del solazo que prevé. Y al llegar al rancho se molestará porque hay demasiado lodo y nadie le dijo que así estaría el cerro y que no se podría caminar.
Siempre me sorprendió, y me sigue sorprendiendo, esa capacidad para no darse cuenta del entorno, ni siquiera del propio. Camina esperando que los que van con ella despejen el camino; pero se necesita saber eso antes de acompañarla a cualquier lado, por el riesgo y porque uno terminará siendo el responsable de cualquier percance. Es como si viviera en una burbuja y es irritante, por supuesto.

En lo que percibe no existen el estado de salud, económico o emocional de los otros; ella insistirá siempre en seguir con lo que tiene en mente, se molestará si no le siguen la corriente y culpará a los demás si fue una mala decisión. Si alguien trata de hacerle ver la situación especial de alguno de los presentes cambiará de conversación, cantará muy quedito, decidirá que es hora de tomar una siesta porque le duele la cabeza, o se pondrá a hornear un pastel para celebrar que estamos juntos.

Y sin embargo, es una prima muy especial. Siendo un poco mayor que yo y casada muy joven, supongo que la observación de ese conjunto de comportamientos -que pueden incluir diferentes modos de manipulación, yendo de la lagrimita que resulta “porque algo se me metió al ojo”, si le preguntan, al mutismo cerrado que finge no escuchar absolutamente nada- ayudó a que yo excluyera (por lo menos conscientemente) semejantes conductas en mi trato con mi familia. Su esposo fue, definitivamente, un santo, y sus hijas aprendieron a sobrellevar el caracter de esa pequeña niña caprichosa que les tocó en suerte.

Al final de la semana de convivencia familiar y una vez que las pusimos en el avión, de regreso a su casa, mi hija me abrazó diciendo “gracias por no ser así”. De todas maneras supongo que, con el caracter que tiene mi retoño, de nada me hubiera valido.

31 de diciembre: Noche Vieja

Thursday, December 31st, 2020

Mi collar de perlas se rompió estrepitosamente esta mañana, cuando me di cuenta de que era el último día del año, después de beber el primer café en mi jardín acompañada, como es habitual, por un colibrí. Es el cumple 128 de mi abuela Hilaria, mi ángel de la guarda, pensé. Luego me cayó el otro veinte.

51 años desde aquella Noche Vieja en la que comprendí que nada era posible. Tú lo sabías también; te dijeron que no, que era impensable, e insistieron en ello, pero nunca me lo dijiste. Gradualmente he ido comprendiendo sus razones. También conozco mejor las maneras en que los padres de mi/nuestro pueblo hacían que sus hijos (no digamos las hijas) obedecieran sin chistar.
La última pieza me la proporcionó Lupita Láscares, hace unas dos semanas, cuando conversábamos sobre el uniforme de la secundaria, el de tela de cuadritos que, dice ella, estaba obligada a ponerse cada día. O de su responsabilidad de cocinar para ella y su hermano desde los 9 años. Yo no. Nunca estuve sometida a esas reglas, ni usaba ese uniforme todos los días. El primer platillo lo preparé a los 26 años, como parte de mi curso de francés.
No supe que era mandato regresar al pueblo al terminar la carrera. Ni que era también la expectativa de las jóvenes que esperaban a los novios (o conseguir uno) recién graduados para casarse y establecerse ahí mismo. Nadie me dijo que tenía que regresar, y seguramente tampoco lo hubiese hecho. Y nunca sospeché que fuera una esperanza.
Tarde, 10 años después de terminar mis estudios y 6 después de tener el título, regresé a buscarte; llevaba a mi escuincle, y el doctorado terminado. Llegué dos años demasiado tarde.
Hoy vuelvo a recordar aquella Noche Vieja. Y a lamentar no haber podido bailar contigo. No perdono a quien se plantó frente a nosotros para impedirlo.
Te quiero.
Je t’aime.

28 de diciembre: Recuento de 2020. Un año excepcional.

Monday, December 28th, 2020

A pesar del confinamiento, desde principios de marzo, el tiempo fluyó con rapidez y sin momentos de aburrimiento. Pero hubo de todo: alegrías y penas, preocupaciones y esperanzas, sorpresas y comportamientos predecibles, y así en cada ámbito de mi vida.
Grosso modo separaría los acontecimientos en cinco temas, aunque casi todos están relacionados.

Mapa de ruta

Laboral y académico

De los eventos en 2019 y de las queridas amigas (específicamente) que conocí en el Campus León del Tec de Monterrey o aquellas con quienes he estrechado lazos de amistad más recientemente, derivaron los asuntos laborales y académicos, muy honrosos y disfrutables, de este año. A cada una y cada uno les reitero mi cariño y reconocimiento.

Ignorábamos lo que venía y comenzamos a trabajar en planes que incluían viajes. Nunca digo no a una experiencia que combine el trabajar y vacacionar, casi simultáneamente. A veces el pago apenas cubre los gastos de viaje, como el año pasado en Campeche; a veces da para planear otras vacaciones. A veces hay que pagar por asistir. Las conferencias y los talleres virtuales no causan honorarios. En cualquier caso, es algo grato y con recompensas inesperadas.

Algunos eventos estaban ya programados, algunos fueron surgiendo a medida que avanzaba el confinamiento:

  1. El 7 de febrero presenté la conferencia virtual Disrupción en educación. Origen y prácticas, dentro del I Congreso de Innovación Educativa: Educación Disruptiva, de la Florida Global University. La invitación a participar vino de la mano de la Dra. Milagros Huamán. El evento virtual, originalmente programado para diciembre 2019, fue pospuesto tomando en cuenta los tiempos de los docentes y las celebraciones de fin de año.
  2. Al concluir febrero e iniciar marzo, un curso/taller para docentes de la Universidad de Durango. El contacto fue la Maestra Olinda Ornelas, quien había estado trabajando con ellos sobre la evaluación de sus programas académicos. Propuesto originalmente para mediados de febrero, mi plan incluía estar unos días en la Aldea Ojo de Cielo, entre Tepic y San Blas, como celebración de mi cumpleaños 70. Luego se pospuso para iniciar el 28 de febrero, y mi plan se modificó radicalmente. Las noticias de la pandemia que iniciaba sugerían que era sensato posponer las vacaciones. El viaje por carretera (vía Mazatlán, de ida; vía Zacatecas, al regreso) me permitió estar un par de días en Tepic, saludar a mi tía y a Raquel, pasar un rato en el lugar en el que reside mi alma y tomar café y conversar con mi primo Alonso. La estancia y el curso fueron muy gratos, Olinda me acompañó y me asistió durante el taller y pudimos conversar y conocer un poquito de la ciudad de Durango. Conocí a Paloma, profesora de la universidad pero también emprendedora, a cargo de nosotros e inscrita en el taller, y es un gusto tenerla ahora como amiga.
  3. El 11 de marzo se presentó en la ENES León UNAM nuestro libro, publicado el 9 de diciembre de 2019, Estrategias y prácticas innovadoras. La educación ante el siglo XXI. Fui invitada a trabajar en este proyecto por la Dra. Adriana Martínez, coordinadora y coautora de la obra. Posteriormente, el 4 de octubre, se presentó en la Fenal León. Mientras, sigo colaborando en la Revista Entreciencias: Diálogos en la Sociedad del Conocimiento, coordinada por la misma Adriana y el Dr. De la Fuente.
  4. En marzo recibí una constancia que me acredita como Profesora Invitada Permanente de la ENES León UNAM, extendida por la Dra. Laura Acosta, directora de la institución.
  5.  El 1 de mayo ofrecí una conferencia para docentes de la Universidad del Sinú, en Colombia. El contacto se dio al terminar la conferencia que impartí en el Congreso de la Sociedad Matemática Mexicana, en Monterrey, en octubre 2019. De hecho impartí dos conferencias seguidas, para cubrir el hueco de un conferencista que no llegó. Al finalizar, un profesor colombiano, Dr. Eber Lenes,  se acercó a mí, muy decididamente, para plantearme su interés por que fuera a Colombia a impartir un curso en su Semana Pedagógica, en mayo 2020. En ese momento, sorprendida, dije que sí, pensando en que era buena onda pero que hasta que se concretara no lo consideraría como un hecho.
    En enero llegó la propuesta formal y desarrollé el curso y los materiales. En marzo todavía se pensaba que era viable y envié toda la documentación para formalizar contrato y viaje. Hubo que rendirse ante la realidad. El curso se cambió por una conferencia en modalidad virtual: Un cambio necesario en la enseñanza de las matemáticas, acompañada de una propuesta de Actividades para una unidad de aprendizaje
  6. Para contribuir con la ENES León UNAM, durante el mes de agosto ofrecí un curso de Teoría de decisiones para estudiantes de Economía, en 12 horas distribuidas en seis sesiones, durante dos semanas, vía Zoom. Se trató de un curso adaptativo, sin créditos, sin prerrequisitos formales. A partir de la propuesta inicial los 12 estudiantes inscritos originalmente decidieron que el énfasis lo pusiéramos en los aspectos estadísticos (Bayesiano y no Bayesiano). Fue una experiencia satisfactoria en muchos sentidos.
  7. A la conferencia para la Universidad del Sinú siguió una invitación para participar en el II Encuentro Matemático del Caribe, virtual, coordinado desde Colombia. Se trataba de ofrecer un minicurso y de participar en una mesa redonda en la que se abordarían diferentes aspectos de las matemáticas y de su “enseñanza”. El minicurso La resolución de problemas y la actividad matemática se ofreció a través de Zoom, en dos sesiones de dos horas cada una, los días 9 y 10 de septiembre; lo inesperado fue la audiencia: más de 500 inscritos, me anunciaron unas horas antes de que iniciara el Encuentro. En mi blog de Blogger  se encuentran los enlaces a las presentaciones para las sesiones y un análisis somero de las interacciones de los participantes (Zoom no admitió a más de 150 docentes interactuando).
  8. También en septiembre, el día 2, nos reencontramos AnaKris Bórquez, Daniel Mocencahua, Deya Castilleja y yo, quienes diseñamos y coordinamos Encuentro Tijuana en 2010, un evento virtual (Webex) y presencial para los docentes radicados en Tijuana. Logramos incorporar a algunos de los docentes que participaron en aquella ocasión y compartir la experiencia en una sesión de Radio BUAP trasmitida vía Facebook Live.
  9. El 27 de octubre atendí una nueva invitación de la Universidad del Sinú; esta vez se trataba de ofrecer una conferencia a los estudiantes de las diversas carreras que ofrece la Universidad y a sus docentes, al iniciar el nuevo ciclo escolar. Presenté la conferencia Lectio Brevis.

Probablemente haya omitido algo que no registré en mi calendario, pero el año fue rico en actividades, en contactos y relaciones nuevas y en la consolidación de relaciones y colaboraciones ya existentes.

Evariste Galois

Sunday, October 25th, 2020

Brilliant!

Life Through A Mathematician's Eyes

As you have observed I omitted Evariste Galois born on 25th October 1811 from my daily posts and this is because he is the one that influenced me to start the event ‘Celebrate Mathematicians inOctober‘ and so I decided to make a special post about him .  First of all, I want to say that all the information from this post comes from the chapter ‘The life of Galois’ from the book ‘Galois Theory’ by  Ian Stewart.

New ImagedtrEvariste Galois was born near Paris on 25th October 1811. For his early education, his mom was in charge for educating him (concentrating more on the classics). In October 1823 he entered the lycee Louis-le-Grand, where he obtained first prize in Latin in the first years, and it’s also the time when he become interested in mathematics. He started ‘Elements de Geometrie’ by Legendre (a classic book that broke with…

View original post 993 more words

19 de julio: cuarentena de 130 días

Sunday, July 19th, 2020
El hambre pasó frente a mi casa
Tocando una trompeta y un tambor, simultáneamente, el jefe de familia recorre la calle con pesadez;
Le sigue la mujer, casi niña, tocando a las puertas que no se abren.
Un par de chiquillos caminan a su lado;
Se reparten una naranja y una granada, sonriendo agradecidos.
El vecindario está como ausente.

4 de mayo: sueño del mediodía

Monday, May 4th, 2020

Una anciana (mayor que yo, como las ancianas que veía en los pueblos cuando yo era niña) vendía galletas en la entrada de su casa, dispuestas ya en bolsitas. Pregunté cuánto costaban.

La bolsa pequeña, con 4 galletas, vale 10 pesos, dijo. Tomé una de las bolsas y pagué con una moneda; parecían galletas de alguna mezcla con piloncillo, tal vez, porque eran oscuras, y tenían trocitos de almendra o cacahuate.

¿Están las cuatro?, preguntó sonriente. Sí, dije. Pero en realidad eran cinco. Volví a mirarla y confesé que había cinco galletas en la bolsa. Sonrió guiñando un ojo. Es decir, sabía que eran cinco pero esperaba mi reacción. Sonreí también.

Ya en mi casa, me esforzaba por leer, sentada en un cojín. De pronto caí en cuenta de que ¡mis anteojos no tenían cristales! ¿Cuánto tiempo llevaba esforzándome en leer y sin distinguir el texto completo? ¡Y el cansancio! ¿Tal vez por eso me dolía la cabeza? Busqué unas buenas antiparras, unas que me permitieran ver los detalles que había estado dejando a un lado, sin siquiera reconocerlos. Desperté.

Había dormido casi una hora. Durante ese sueño del mediodía, por demás insólito, mi presión arterial subió para alcanzar los 120/65. Tenía apetito y el pequeño, pero molesto, dolor de cabeza había desaparecido ; en realidad no sé cuál de las dos sensaciones reconocí primero.

Preparé una crema de tomate y un queso fundido con rajas de chile poblano, y cerré con un café turco acompañado de un trozo de cheesecake de mamey, del que preparé ayer. El skyline dibujado en el interior de la taza, por los rastros del café, contrastaba con la nítida espiral que dejó un café semejante la semana anterior. Las curvas y las áreas que encierran, semejantes a distribuciones de probabilidad queriendo ser normales en tiempos de crisis.

Skyline 1
Skyline 2

Interesante lo que uno puede imaginar viendo las manchas. Haré el experimento, en Facebook : ¿Qué observa cada uno en estas imágenes? ¿Qué les sugiere? Yo, por ejemplo, lo primero que vi fue en mano alzada, con el puño cerrado, saliendo del monstruo con dos ojos, muy semejante a ésta, regalo de un amigo jesuita.

Regalo de Mario Cisneros S. J.

En la segunda, casi puedo imaginar una última cena. O varios niveles del inframundo.

Recogí la cocina, me senté a observar a través de la ventana, hacia mi jardincito. Una ventana florida. Recordé « El carro del sol »/« Canción veneciana » que cantaba mi abuela. Esta vez no lloré, nomás di gracias por todo lo que representa.

La vista de mi pequeño jardín

La presión no ha vuelto a bajar, pero sigo en reposo. Hace mucho calor y el cielo cubierto de nubes provoca, en parte, mi malestar. La lluvia que se anunciaba desde la semana pasada se ha ido posponiendo día con día. Viento con tierra es lo único que llega al patio y entra por las ventanas.

Tenemos un apagón, en este momento, para cerrar el día y este recuento.

2 de mayo: cristales rotos

Saturday, May 2nd, 2020

Hay días en que despierto con la sensación de que mi interior, la caja que contiene a mi corazón, está hecha de cristal y se ha roto en mil pedazos. Los trozos, las astillas, apuntan en todas direcciones y lastiman con cualquier movimiento, intencionado o no.

Entonces hay que guardar la calma, ocuparme en lavar con jabón cada uno de los jitomates, los limones, las manzanas, los plátanos, los duraznos y todo lo que ha llegado del Mercado, como cada sábado de esta cuarentena.

La pequeña rutina funciona por un rato. Luego regresa la opresión en el pecho y las afiladas puntas hacen que brote agua de mis ojos. Ahora desinfectemos las fresas, el perejil y el cilantro. Y sequemos cada cosa para guardarla debidamente. Una y otra vez, concentrando la energía en el trabajo manual, sin darle tiempo al cerebro para que se distraiga en sensaciones.

Las naranjas, las cebollas, los aguacates están, ya limpios, en la canasta de las frutas; la harina, el azúcar, las lentejas y las grasas para la panadería casera están en sus respectivos contenedores.

El congelador, en esta necesidad de hacer que quepan ahí las almejas y los filetes de pescado, al lado de las carnes, las preparaciones de salsas y aderezos, me tenía una sorpresa: un buen trozo de queso brie que alguna vez guardé y había olvidado por completo.

Hora de comer, dijo mi estómago, sin hacer caso de mis quebrantos. No fue complicado: había caldo tlalpeño que preparé ayer y que dio para dos comidas, agregué laminitas de queso brie sobre bolillo con mantequilla y media copa de vino blanco; el postre consistió en medio mamey, con cuchara, directamente de su envase natural. El colibrí verde como tus ojos vino a hacerme compañía, como lo hace en cada comida.

Entre la alimentación y el reposo de ayer y hoy estoy casi recuperada de la muy sensible baja en mis niveles de glucosa y presión arterial. Hasta dormí ocho hora seguidas; no he tenido ya sensación de vértigo, ni manos heladas o ansiedad. Ahora hay que restaurar un poquito el interior, al menos lo suficiente como para que no me deshidrate perdiendo líquido por los ojos.

Sin embargo, reconozco que es una buena señal: sigo viva y, conmigo, cada imagen, cada conversación, cada experiencia, cada mirada y cada sonrisa. Y las travesuras y bromas, por supuesto. Al reconocerlo es cuando llega el alivio y puedo, al fin, suspirar hondamente, sin dolor.

Mañana es 3 de mayo, día de los albañiles, como nosotros. Celebraremos.

 

 

18 de abril: días llenos de actividades

Saturday, April 18th, 2020

No sé cómo transcurre la cuarentena para cada uno, cierto, excepto por los que comparten conmigo a través de las redes. Algunos están desesperados por el encierro, algunos no quieren saber de la realidad, algunos anhelan un regreso total a lo que era su normalidad, y así. Yo, para no variar, voy a contracorriente. He disfrutado de, y buscado, el aislamiento social desde que nací. He vivido sola muchos años sin que me haya parecido terrible y, por el contrario, he tenido compañías que me hicieron aislarme de ellos metiéndome de lleno en el trabajo y llevando conmigo, física y amorosamente, a mi único compañerito de vida: mi escuincle.

Mi escuincle me sigue acompañando, aunque desde hace 15 años esté en otra ciudad, en otro país. Las benditas redes permiten que compartamos momentos de nuestras vidas, regalos, música, conversaciones divertidas o profundas, textos, y todo lo que es posible compartir.

Mathematician's Dice

Regalo

En estos días se vuelve el depositario de mis recetas de cocina y panadería y se pone a experimentar con lo que tiene en su despensa y lo que puede conseguir en los mercados de Guilford para preparar antojos mexicanos y pan tradicional de nuestra cocina, la de mi familia.

Yo, para no perder la costumbre, tengo un circo de muchas pistas, que incluyen:

Image may contain: flower

  • cocinar mis propios antojos y hornear el pan que me gusta;
  • mantener mi casa razonablemente limpia;
  • mantener el jardín florido y a los colibríes alimentados;
  • mantener mi página de cursos y apoyos con actividades o notas que a mí me parecen de interés;
  • no descuidar mi red de amigos y familiares muy cercanos (los que me toleran, cierto);
  • atender solicitudes de recetas, de consejos y recomendaciones, de escucha;
  • disfrutar de conciertos, ópera, películas, audiolibros (mientras cocino, son un placer), libros, y toda la oferta gratuita que surge cada día. Hoy, sin falta, estaré en la proyección de Carmen, la última producción de Alonso Escalante para el Teatro del Bicentenario, en 2017, en la versión “Quédate en casa” de la Ópera Picnic. Mañana, también sin falta, el ballet Cendrillon, transmitido por la Ópera Nacional de París;
  • bailar mientras cocino o limpio;
  • retroalimentar las tareas de los docentes del curso/tal impartido en la Univrsidad Tecnológica de Durango, los días 27 y 28 de febrero pasado. Voy con lentitud, ciertamente;
  • estudiar programación (reaprender), esta vez comenzar a utilizar HTML, CSS, Bootstrap y JavaScript. Llevo cubierta la introducción, la instalación y configuración de Sublime y de Visual Studio Code, como espacios de trabajo, y en el proceso voy “traduciendo” del ambiente Mac en el que está diseñado el curso al ambiente Windows de mi lap. De paso, trabajo en la comprensión del iglés hablado;
  • escribo rollos: El Muelle de la Sal me invitó a colaborar, primero con una conferencia, ofrecida el 4 de marzo pasado, y a publicar en su revista en Medium. Van cinco textos, en In #T5eS🌈emergencia y esclavitud digital:
En todo este tiempo, a seis semanas de mi propio aislamiento casi total, interrumpido solamente por las entregas de las compras de lo que requiero para que mis antojos y necesidades sean satisfechos, algunos eventos se han cancelado o pospuesto, por necesidad:
  • mi propio festejo cumpleañero, previsto para la primera quincena de marzo, después de regresar del curso de Durango;
  • la boda de Dulce y Eduardo, en Las Vegas, prevista para el 2 de mayo y cancelada, y la cual se realizóhace un par de días, cerca de su casa, en Santa Cruz, California, sin invitados;
  • el Comic Con, en San Diego, CA, cancelado formalemente ayer, para el cual tenía todo comprado;
  • el curso que ofrecería en Colombia, en la tercera semana de mayo;
  • la renovación de mi visa, en Guadalajara, dentro de cuatro semanas;

Tal vez ocurran otras cancelaciones, para las cuales también tenía boletos comprados, reservacione hechas, etc. Sigo muy de cerca la realidad nacional, y la contrasto con lo que ocurre en otros lados. Prefiro seguir aislada y cancelar eventos.

Excepto por esos detalles, mi vida transcurre casi sin cambios, extrañando solamente lo que simpre extraño. No puedo quejarme.

Y sueño. Sigo teniendo bellos sueños y muchas muestras tangibles de compañía amorosa. Veo el amanecer y las estrellas que pueblan mi cielo:

Arcturus, solitario

 

 

29 de marzo: dos semanas de reclusión

Sunday, March 29th, 2020

Crónica de mi primera salida al supermercado.

Las noticias de ayer no fueron alentadoras y provienen de la autoridad en salud, aunque el jefe del gobierno no atienda las instrucciones y sea su ejemplo lo que guía a la mayor parte de los iletrados que siguen sus pasos. El mensaje del subsecretario de Salud, López-Gatell, fue muy explícito y desesperado: no salgan de sus casas, es nuestra última oportunidad. Cierto, ocurre apenas unos tres días después de que ellos mismos dieran que no había que alarmarse e, incluso, que iba contra los derechos humanos pedirle a la gente que deje de trabajar para aislarse. Lo triste de nuestra sociedad es que mucha gente vive de los que hace o vende día a día, sin posibilidad real de quedarse en su casa.

Esta mañana, al despertar, el tuit de @isidrocorro, quien aparentemente da cuenta de todos tipos de asaltos y sucesos de nota policiaca en CDMX, describía el asalto a un Sanborns en las calles de Tacuba y Eje Central, frente al edificio de correos, ayer por la noche:

#CDMX.

Se suma a otros actos delictivos, organizados a través de las redes, para sembrar caos y cometer atropellos que nada tienen que ver con carencias para sobrevivir.

Como sea, esta mañana yo necesitaba dinero en efectivo, para prevenir cualquier contingencia, y algunos insumos de limpieza regular, además de sal fina. Conociendo los hábitos de esta ciudad, es poco probable que uno encuentre gente haciendo compras antes de las 9 am. Avisé a mi hijo de mi intención y salí a Walmart a las 8 en punto.

Caminar cruzando el parquecito que colinda con mi casa, cubierto de flores de colores, con naranjas agrias tiradas junto al árbol en el que crecieron, y pisar el sutil tapete de jacarandas es reconfortante. Los únicos ruidos, aún a esta hora, son los de los pájaros que ahí habitan.

Como lo esperaba, en todo el recorrido por Francisco de Goya no encontré a persona alguna, excepto por un motociclista que pasó muy rápidamente. La miscelánea que está a unos 80 m desde mi casa estaba cerrada. El parque grande también está engalanado con las flores de la temporada; solamente algunas palomas se desplazan por los prados que ya piden agua.

Casi al llegar a Walmart apareció un señor de unos 50 años cargando una pequeña bolsa del supermercado: un litro de leche y un paquete de galletas; apenas la compra del día.

El estacionamiento de la tienda estaba vacío, y solamente uno de quienes ayudan a los clientes con sus compras esperaba, sentado en una banqueta. No había clientes afuera. Los carritos del mandado atados con cadenas, excepto por una de las filas. Tomé uno de los carros con un kleenex que mojé en gel antibacterial para limpiarlo bien: mugre, no solamente gérmenes. Los cajeros automáticos de los bancos (Banamex y Bancomer) también estaban solos. De nuevo: primero desinfectar el teclado del de Bancomer, y no necesité recurrir al de Banamex adicionalmente.

Los pasillos estaban desiertos en el lado de la ropa, la cocina, etc. Poca gente buscando artículos de aseo personal. No había gente en el pasillo de los artículos de limpieza, pero se nota la ausencia de cloro, por ejemplo. Encontré lo que yo necesitaba.

En el área de abarrotes no hay sal, en cualquier presentación. Yo buscaba sal fina porque de grano, blanca y rosa, tengo buenas cantidades. No hay harina ni de maíz ni de trigo, no hay consomé en polvo o tableta, y esto sí buscaba. Pero encontré vinagre y tortillas, tanto de harina como de maíz.

La panadería se ve desierta; ni siquiera es necesario que haya empacadora: el pan que hay está dispuesto en cajitas; ni bolillo ni teleras, pero sí para hacer capirotada de temporada.

Compré los quesos que necesitaba, y solamente ahí encontré a un par de señores buscando productos; esperé a que se fueran para acercarme a la vitrina porque, evidentemente, eso de respetar distancias todavía no lo incorporan a su rutina.

Había una caja en servicio cuando llegué a formarme y una persona pagando. En ese momento se abrió otra caja y pasé ahí. No hay empacadores voluntarios, de modo que fui poniendo en mis grandes bolsas los artículos de mi compra. Nadie más tuvo contacto con ellos. Salí muy cargada, aunque no es ninguna prueba extrema, todavía.

En mi recorrido de regreso apenas encontré unas cuantas personas, todas caminando por media calle. La miscelánea ya estaba operando; afuera esperaba un señor con su bicicleta y el canasto de pan, asumí que acababa de entregar. Esperé en la entrada a que se desocupara el interior. Un joven con una bolsa entró presuroso, sin esperar su turno, e igualmente presuroso llegó a la caja, donde declaró que solamente llevaba una coca cola en su bolsa. Una señora se entretenía comprando churros, sin empaque, frijoles guisados y tortillas. Otra señora, adulta mayor, se instaló junto a mí y le indiqué que estábamos haciendo fila; se asomó a la vitrina del pan, sin hacerme caso. Le comenté que acababan de decir que era pan de ayer, y que yo pensaba que el señor de la bicicleta estaba esperando surtir. Respondió que no, que ese señor es el que entrega los churros y que ella solamente venía por ese antojo.

La dependienta se desocupó, compré el consomé y la sal que no encontré en el súper. Llegué a mi casa sin contratiempo, dejando los zapatos en la entrada y la ropa que traía en el bote de la ropa para lavar. Los vecinos comienzan a despertar, parece, en punto de las 10:30 am.

En este proceso de relatar el primer día de salida, después de dos semanas de reclusión completa, conversé con mi hijo, vía telefónica, quien esperaba atento mi regreso. Me contó cómo está organizado y cómo está acompañado y cómo se protege. Sus últimas compras: pechugas de pollos que le llevaron, tortillas y harina que pidió en línea. Y una batidora. Estamos bien y estamos en paz, pase lo que pase.